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Aunque este título sea de origen periodístico,
es el mismo que ha estampado el semanario France Dimanche en la entrevista
que la aviadora Adrienne Bolland concedió al regresar de su viaje en el
que consiguió cruzar la Cordillera de los Andes. Esta entrevista también
ha sido relatada en La Revue Spirite de julio-agosto de 1961. Cuenta la
aviadora:
«Transcurría
el día 31 de marzo de 1921 y yo debía despegar a las 6 horas de la mañana
siguiente. Casi no tenía esperanza alguna en mi intento. Antes de mí,
Newsheny, Lint y varios otros habían muerto en la tentativa. Nadie
conseguía vencer a la Cordillera de los Andes, la cual no permitía el
vuelo directo entre la Argentina y Chile. En mi cuarto de hotel, en la
provincia de Mendoza, me preguntaba cómo podría volar con éxito entre
montañas de 4200 metros con un avión que a lo sumo llega a los 4280
metros, cuando llamaron a la puerta: era una joven vestida de negro, que
entró y dijo con voz clara:
–No me hagas preguntas y escúchame. Voy a decirte cómo volar con éxito. Me
enteré que quieres cruzar la Cordillera de los Andes en avión. Esto es
peligroso. Cinco pilotos han muerto. Lleva este paquete: con él
triunfarás.
Ella puso el pequeño paquete en
la mesa y prosiguió:
Llegarás al centro de la Cordillera sin dificultades, pero cuando estés
allá deberás abrir bien los ojos. Verás un lago en forma de ostra. A la
derecha encontrarás un valle en el fondo. Si sigues a la derecha estarás
perdida. Es lo que han hecho los cinco pilotos que no volvieron. Al
contrario, si te diriges a la izquierda, llegarás a una montaña – que
tiene la forma del respaldo de una silla – que te parecerá infranqueable,
pero si continúas en vuelo recto encontrarás un pasaje.»
Después, antes de irse, ella se refirió al pequeño paquete sobre la mesa.
– No lo abras hasta que regreses, me ordenó.
Al
día siguiente, a bordo de su pequeño Caudron G3 de 80 CV, Adrienne Bolland
se encontraba en el centro de la Cordillera de los Andes, cuando se deparó
con el lago en forma de ostra. En el momento de maniobrar a la derecha,
ella sintió una resistencia en su «palanca de mando», como si alguien
tomase los controles de la dirección del avión. En lugar de dirigirse
hacia el valle, el pequeño Caudron giró bruscamente a la izquierda.
Entonces, de repente surgió ante el monomotor una enorme montaña, que
tenía la forma del respaldo de una silla.
«Estoy perdida, pensó Adrienne. Pero algunos segundos después, un amplio
pasaje apareció, y el avión siguió a través del mismo. Al cabo de un
tiempo ella llegaba a Santiago de Chile y alcanzaba la victoria. Adrienne
Bolland consiguió cruzar los Andes gracias a las indicaciones de
vuelo de una mujer vestida de negro. Se trataba de una modesta enfermera:
Marie Ignarte. A su regreso, la aviadora abrió el misterioso paquete. Su
contenido era una medalla de una Sociedad Espírita Argentina.
Cuando ambas se volvieron a ver en Río, por ocasión del 40º aniversario de
su hazaña, Adrianne le preguntó cómo una simple enfermera pudo darle
aquellas indicaciones de pilotaje, a lo que Marie respondió:
– No sé nada de aviación, ni tampoco conocía esa región. No hice más que
transmitir las órdenes del Más Allá.
A través de este modo de cotejar los hechos, igualmente periodístico,
encontramos una vez más el conmovedor testimonio de la ayuda extrahumana
que ha recibido la célebre y valiente heroína de la Cordillera de los
Andes, altamente beneficiada en ese crucial momento de su vida.
(Traducción del original francés al español por:
Enrique Eliseo Baldovino. Título del artículo: Les Esprits pilotaient mon
avion).
Fuente bibliográfica: La Revue Spirite de julio-agosto de 1961.
La revista espirita Nº12 |