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La
pluma de oro del Espiritismo.
En el nordeste de Francia, situada junto a la frontera con Alemania, se
encuentra una antigua provincia que lleva por nombre La Lorena. Es ésta
una zona de mesetas, que sufre inviernos fríos y veranos tórridos y fue
testigo de una dilatada historia de ducados, reinos, luchas, disputas,
conquistas y usurpaciones. En este escenario, Juana de Arco comenzó a oír
las voces que la inspiraron a combatir contra las fuerzas invasoras. Lucha
que finalmente la condujo a la hoguera, y más tarde a los altares. Lugares
cargados de la historia de la antigua Galia... La zona surcada por el río
Mosela y sus afluentes, disfruta de bosques y bellos paisajes, lo que
motivó a alguien a llamar a esta región "la sonrisa de La Lorena". Hacia
el oeste y cercana a la conocida ciudad de Nancy, se encuentra Toul,
población ubicada a orillas del río, que cuenta con una pequeña localidad
de nombre Foug.
En los albores del siglo XIX, Francisco Louville, se trasladó, con su
familia para instalarse en ese lugar. Con su esposa y sus dos hijas, dejó
atrás una vida campesina, buscando mejor suerte como oficial especializado
en cielo-rasos. En la ciudad, las niñas Ana Lucía y Emelia pudieron
recibir una educación más esmerada y la familia comenzó a prosperar.
En Foug vivía la familia Denis. Francisco, su esposa y dos hijos llamados
José y Luis, quienes, trabajaban con su padre, como maestros de obras.
Ambas familias trabaron conocimiento y amistad; el joven José se enamoró
de Ana Lucía, la menor de las muchachas, y se casaron el 3 de abril de
1845.
Era un momento difícil para comenzar una familia, la situación económica
era crítica y la construcción estaba muy deprimida. José era decidido y
valeroso, pero no demostraba mucha perseverancia en el trabajo y sus
modales toscos y rudos no despertaban confianza. Intentó, sin éxito,
buscar clientela fuera de la ciudad, mientras Ana Lucía, joven de carácter
dulce, reservado y tranquilo, se dedicó a su hogar. A los 9 meses de
celebrada la boda, el 1 de enero de 1846, la pareja recibió con gran
felicidad el nacimiento de un niño, al que le pusieron por nombre León.
Desde entonces, la madre se dedicó a él; y su hijo recordaría toda la vida
la abnegación, ternura, vigilancia y educación que recibió de ella.
La primera infancia de Léon transcurrió en una vivienda modesta con un
entorno silvestre. Muy cerca había un pequeño arroyo, que desaguaba en un
estanque donde frecuentemente concurrían bandadas de patos y la diversión
del niño era escaparse de la vigilancia materna para disfrutar chapoteando
con las aves. Pero su gran felicidad era recibir la visita de su abuelo
Francisco, ex-soldado de Napoleón, ir con él a pasear a los bosques y oir
sus historias fascinantes. Esta vida al aire libre era probablemente, su
única alegría, ya que la pobreza de la familia no permitía mucho más.
La empresa de José Denis no marchaba bien y fue necesario cerrarla.
Consiguió entonces un trabajo en la cercana ciudad de Estrasburgo, donde
ingresó como empleado en la Casa de la Moneda. Momentáneamente habían
obtenido un medio de vida, pero la situación continuaba difícil y no
perdían la esperanza de encontrar una mejor oportunidad.
León tenía ya 9 años y sólo había recibido la educación impartida por su
madre. Leía y contaba, pero Ana Lucía estaba muy preocupada porque no era
posible su asistencia a una escuela formal. En Estrasburgo, encontró a un
maestro, el Sr. Haas, pero León disfrutó esta enseñanza por muy poco
tiempo, porque su padre fue trasladado a la Casa de la Moneda de Burdeos.
La situación económica era crítica. José trabajaba desoxidando y limpiando
el metal y recibía la paga dependiendo de la cantidad procesada; por esta
causa, León se encontró obligado a abandonar sus estudios para ayudar a su
padre en ese trabajo inapropiado para un niño.
En 1857, la Casa de la Moneda terminó la refundición de las piezas de
metal y José se quedó sin esa ocupación; pero consiguió ser admitido como
empleado vendedor de boletos en la empresa de ferrocarriles en la misma
estación de Burdeos. Al poco tiempo, lo transladaron a la estación de
Morcenx, y mejoraron sus condiciones de vida, pues tenían una casa mejor
en un lugar muy solitario sólo perturbado por el paso de los trenes; donde
León pudo seguir estudiando y su madre se sintió más tranquila. Encontró
un maestro identificado con las teorías de Rousseau, que intentaba
llevarlas a la práctica. Le enseñaba afectuosamente durante largos paseos
al aire libre, poniéndolo en contacto con la Naturaleza y mostrándole en
forma directa todas las cosas. Esto duró poco tiempo porque el padre de
León fue trasladado nuevamente, esta vez a la estación de Moux, y fue
necesaria otra adaptación.
El trabajo de José era mucho más intenso, debido a la mayor importancia de
esa línea, pero él no tenía la suficiente entereza y no cumplía sus tareas
con eficiencia. León lo apoyó y en más de una ocasión lo suplantó para
evitar su destitución; pero, José no toleraba su situación y renunció en
1862. Afortunadamente, obtuvo un puesto de capataz de obras en la
construcción de una nueva línea de ferrocarril y la familia Denis se
radicó definitivamente en Tours. Pero de todas formas, su salario no era
suficiente y León, un adolescente de 16 años, tuvo que emplearse en una
fábrica de loza para ayudar en el ingreso familiar, con la única opción de
asistir a algunas clases nocturnas.
Desde hacía algún tiempo había mostrado una gran afición a la geografía.
Le apasionaba la idea de recorrer países lejanos, conocer sus pueblos y
sus costumbres, pero como no podía adquirir libros, atlas y otros
materiales, se había adiestrado en la copia de mapas y planos, llegando a
dibujarlos con gran precisión y perfección; trabajo de cartografía que le
fue útil para aumentar en algo los ingresos de la familia. Con gran
esfuerzo, adquirió los conocimientos necesarios para obtener un empleo en
tareas de oficina en una empresa de cueros. Poco a poco, se encontró con
la responsabilidad de mantener a sus padres, ya que la pensión mínima de
los ferrocarriles y los trabajos irregulares de su progenitor no eran
suficientes.
Su inteligencia, sus méritos, su responsabilidad y su dedicación le
permitieron desempeñar labores cada vez más importantes, mientras
estudiaba durante las noches, quitándole horas al reposo. Se interesaba
por todo; pero la geografía, la historia y las ciencias naturales lo
fascinaban. Se convirtió en insaciable autodidacta y su inquietud por
saber lo llevaba a hacerse miles de preguntas, mientras buscaba
incansablemente las respuestas sobre la vida, la muerte y el universo.
Era un hábito para él, recorrer librerías y un día encontró un libro que
suscitó su curiosidad: "El Libro de los Espíritus" de Allan Kardec; lo
compró y lo leyó con interés. Más tarde diría que sintió que se despejaban
sus dudas. Su convicción fue inmediata y comprendió que había encontrado
la solución clara y lógica para explicar el sentido del universo. Tenía
entonces, 18 años y era una preocupación para su madre lo que ella
consideraba una rebeldía de su hijo. Por eso vigilaba sus lecturas,
tratando de que no se apartara de las ideas aceptadas como ortodoxas en
esa época. León leyó ese libro a escondidas, pero pronto advirtió que su
madre también lo hacía, cuando él estaba ausente.
En el año 1864, estaban de moda en Francia las llamadas "mesas parlantes"
que habían comenzado con los fenómenos que se propagaron por Estados
Unidos diez años antes, llegando incluso a inquietar a las autoridades,
quienes encargaron a un grupo de notables una exhaustiva investigación.
Las veladas familiares o de amigos acostumbraban finalizar con reuniones
alrededor de una mesa para obtener esos fenómenos. En Tours, una de las
primeras ciudades donde comenzaron estas prácticas, se habían formado
grupos en los que participaban personas llamadas médiums, quienes tenían
sensibilidad para recibir mensajes inteligentes y lo hacían sin mayores
conocimientos ni preparación.
Algunos grupos, como el dirigido por el Sr. Chauvet, hacía ya tiempo que
actuaban y habían logrado experiencia en los trabajos. León hubiera
querido participar, pero su juventud y el poco tiempo que le dejaban sus
ocupaciones no se lo permitieron. Decidió entonces experimentar por su
cuenta, y lo hizo acompañado de algunos jóvenes amigos, buscando una
confirmación de la doctrina espirita; pero sus resultados no fueron
satisfactorios y más tarde, se daría cuenta de los peligros a los que se
habían expuesto.
En 1867, ocurrió algo importante para León. Allan Kardec visitó Tours
invitado por unos amigos para que dictara una conferencia sobre la
obsesión. Se alquiló una sala para un público de 300 personas, pero a
último momento, la Prefectura no dio la autorización y León Denis, que
había llegado temprano al lugar, fue encomendado para que informara a los
asistentes y les indicara la dirección del lugar donde se realizaría la
reunión. Luego, asistió él también y quedó sensiblemente impresionado por
la personalidad y la elocuencia de Allan Kardec. Al día siguiente volvió
al lugar, lo encontró acompañado de su esposa Amelie, recogiendo cerezas y
recordaría siempre el afecto y la calidez con que lo recibió. En los años
siguientes, León tuvo dos oportunidades de encontrar nuevamente al
maestro, cuando concurrió a Tours a dictar conferencias. Después de esa
visita memorable para León, se creó un grupo mediúmnico en una casa de la
calle El Cisne y él fue el secretario, aunque los resultados tampoco
fueron exitosos.
Estas actividades quedaron interrumpidas por la conmoción de la guerra
provocada por la invasión alemana de 1870. Denis se alistó en el ejército,
lo nombraron sargento y rápidamente llegó a subteniente, demostrando gran
habilidad. Mientras tanto no abandonaba sus estudios y lecturas; hizo
muchas amistades entre las que había algunos jóvenes que demostraban
sensibilidad psíquica y mediúmnica con los que tuvo algunas experiencias.
Firmadas las negociaciones de paz, León se reintegró a su trabajo en la
empresa de cueros e ingresó a la Logia masónica de los Demófilos donde se
destacó presentando conferencias sobre temas que interesaban mucho en
aquellos días, sobre todo con relación a la Libertad y el Patriotismo.
Al mismo tiempo, continuó la actividad con el grupo mediúmnico que
sesionaba en la casa del Dr. Aguzoly, quien actuaba como médium vidente.
El mundo espiritual, mientras tanto, hacía su trabajo. Poco a poco, León
desarrollaba la mediumnidad escribiente y comenzaba a tener
manifestaciones de videncia. Llegaron a su conciencia conocimientos de
vidas pasadas en tiempos antiguos y medievales; como jefe de una tribu
franca, como hijo de un vikingo célebre, como guerrero... Y encontró
concordancia con algunos recuerdos del Dr. Aguzoly, descubriendo así que
se habían conocido en experiencias anteriores.
En estas sesiones se expresaron entidades espirituales que se convirtieron
en sus guías: "Sorella" deseaba apoyarlo en sus estudios y "Durand" le
brindó sus consejos morales. Más tarde, en el transcurso de los trabajos,
se manifestó Jerónimo de Praga, apóstol checo quemado por el Concilio de
Constanza en 1416, quien se convertiría en su guía espiritual,
acompañándolo durante 50 años.
Estas sesiones siguieron semanalmente hasta 1877 y durante esa época,
obtuvo una gran satisfacción espiritual. Estudió, se preparó y con gran
dedicación adquirió destreza en la oratoria, logrando un estilo suave,
sencillo y atractivo, mientras hacía también, nuevas presentaciones en la
Logia de los Demófilos con los temas "Materialismo", "Evolucionismo",
"Dios", "Alma" y "Vida".
En 1876, la empresa en la que trabajaba le encargó actividades comerciales
fuera de la ciudad y viajó por Francia, Córcega, Italia, Suiza, Argelia y
Túnez, cumpliéndose sus sueños de la época en que dibujaba mapas y viajaba
con la imaginación. Le envió a sus padres cartas emocionadas describiendo
todo lo que veía, paisajes y seres con diferentes culturas y costumbres.
En 1878 se luchaba en Francia por la enseñanza obligatoria, gratuita y
laica; con este objetivo se creó el Círculo de la Liga de la Enseñanza y
León Denis fue designado como secretario. Sus discursos fueron ampliamente
elogiados por la prensa y su elocuencia logró muchos seguidores, al mismo
tiempo que era conocido en toda Francia. Comenzó sus primeras
publicaciones en 1880, relatando sus recuerdos de viajes en cuentos y
novelas cortas que lograron importante aceptación. A los 35 años no tenía
una buena salud, sufría decaimiento, anemia y malestares
gastrointestinales que no le permitían trabajar con la intensidad que él
deseaba. En los últimos meses había tenido planes de matrimonio, pero
confesaría más tarde que su mala salud, la carga que representaban sus
padres y el convencimiento de que la obra que se había propuesto le
impediría una vida familiar responsable, lo hizo desistir.
Inició su labor de divulgador espirita en 1882 y participó activamente en
las diligencias para registrar la Sociedad de Estudios Espíritas, con la
aprobación de Amelie Boudet viuda de Rivail, ya muy anciana. Durante 10
años se había preparado como orador y escritor; y como acostumbraba
escribir todos sus discursos, algunos de ellos aparecieron en la Revista
Espirita con los títulos: "Giovanna", "El Progreso", "El Porqué de la
Vida" y "El médico de Catania".
En 1889, las principales escuela de la época: kardecistas, rosacruces,
teósofos, cabalistas y swedenborgianos, se reunieron en el Primer Congreso
Espiritualista Internacional. León Denis pronunció en esa ocasión, un
discurso exponiendo y defendiendo los principios de la tesis kardeciana,
que fue recibido con gran atención y despertaron el aplauso entusiasta de
los presentes. Desde entonces se multiplicaron las giras dictando
conferencias espíritas, con algunos temas que llegaron a ser famosos,
durante 20 años de labor muy intensa. Presidió el Primer Congreso
Espiritista Internacional realizado en París en 1900 y durante el Segundo
Congreso Espiritista Internacional celebrado en Lieja en 1905, ya era
llamado Apóstol del Espiritismo.
Escribió 5 libros, con una extraordinaria profundidad filosófica y una
admirable prosa poética. El primero de ellos, "Después de la muerte ", con
el subtítulo "Exposición de la Filosofía de los Espíritus, sus bases
científicas y experimentales y sus consecuencias morales", apareció al
final de 1890, recibiendo críticas muy elogiosas. En él hizo un recuento
histórico de las interpretaciones y conceptos que cada cultura, religión o
filosofía ha tenido con relación al misterio más insondable en la vida
humana: la muerte; para luego exponer en forma clara y hermosa la
interpretación racional y científica que el Espiritismo brinda.
En el diario "Journal", el cronista parisiense Alexandre Hepp escribió con
motivo de su primera edición: "Hay un hombre que ha escrito el libro más
hermoso, el más noble, el más precioso que yo jamás haya leído. Se llama
León Denis, y su obra "Después de la muerte". Leedlo y experimentaréis
bruscamente una gran lástima, pero libertadora y fecunda, por todas
nuestras manifestaciones de duelo, por nuestro temor a la muerte, y por el
dolor que nos inspiran aquellos que creemos haber perdido para siempre".
En 1898 se publicó su libro "Cristianismo y Espiritismo ", donde
reconstruyó los hechos de la historia cristiana, la doctrina desde su
origen y los cambios a través de los siglos, con el agregado de elementos
dogmáticos y significados ocultos. Examinó las narraciones de los
Evangelios, encontrando en ellas las verdaderas creencias del pueblo
judío, así como también, el germen de las nociones espíritas que más tarde
serían dadas a conocer por el mundo espiritual y codificadas por Allan
Kardec. Las controversias fueron intensas y el rechazo de católicos y
protestantes, implacable. Su tercer libro llevó por título "En lo
invisible" y apareció en 1903, el mismo año en que desencarnaba su madre,
pérdida que le causó mucho dolor. Esta obra tiene un gran valor porque es
el resultado de su experiencia de muchos años en el trabajo mediúmnico.
Allí compendió los conocimientos teóricos sobre el fenómeno psíquico y la
mediumnidad, explicó las condiciones adecuadas y necesarias para el
ejercicio práctico, y enfatizó el valor ético imprescindible que debe
guiarlo. Su invitación a trabajar para lograr el progreso espiritual queda
sintetizado así:
"Debe todo adepto saber que la regla por excelencia de las relaciones con
lo invisible es la ley de las afinidades y atracciones. En este campo, el
que busca lo inferior le encuentra, y se rebaja con él. En cambio, quien
aspira a los espíritus elevados, a la corta o a la larga les alcanza y los
torna en un nuevo medio de ascensión para él. Si queréis manifestaciones
elevadas, esforzaos por elevaros vosotros mismos. En cuanto tiene de
hermoso y grande, la experimentación, la comunión con el mundo superior,
no la consigue el más sabio sino el más digno, el mejor, aquel que posee
mayor suma de paciencia, conciencia y moralidad".
Después del Congreso Espiritista Internacional efectuado en Lieja en 1905,
preparó su nuevo libro "El problema del ser y del destino", para muchos su
obra principal y más importante. Planteó ampliamente la oposición entre
materialismo y espiritualismo; y puede considerarse con justicia que
representa el resumen de su pensamiento filosófico y ético, con relación
al gran enigma de la humanidad: su origen, naturaleza y destino.
Inmediatamente después de la aparición de esta obra estalló un escándalo
con un médium de origen francés, apellidado Miller, residente en San
Francisco, California, ampliamente conocido como poseedor de sensibilidad
mediúmnica productora de hermosos fenómenos; pero también de habilidades
de ilusionista y prestidigitador, con pocos escrúpulos para utilizar estas
artes, si lo consideraba necesario. Se prestó a sesiones con retribución
económica y naturalmente esto se convirtió en un elemento de descrédito,
que muchos intentaron atribuirle al Espiritismo. León Denis conocía las
facultades del médium y en un principio lo defendió, pero al conocer su
verdadera actitud, tuvo el valor de denunciarla como reprobable, a pesar
de las consecuencias que pudieran suscitar.
Desde 1877 se interesó en Juana de Arco y dictó conferencias sobre ese
tema. Más tarde, en 1896 dio a conocer su tesis con relación a la misión
de la Doncella de Orleáns en cinco importantes trabajos: "Juana de Arco,
su vida, proceso y muerte","Juana de Arco, sus voces", "Juana de Arco y el
Espiritualismo Moderno", "Juana de Arco en Turena" y "El papel de la
mediumnidad en la historia".
Con todo este material de investigación y estudio histórico, concibió su
obra "La verdad sobre Juana de Arco", que al reeditarse se llamaría "Juana
de Arco, médium", basada en los relatos históricos, en los testimonios de
los dos procesos, tanto el de condena, que la llevó al suplicio, como el
de rehabilitación, que intentó ocultar a los responsables; agregándole
además, las comunicaciones mediúmnicas recibidas por él durante años.
Frente a la posición materialista que la juzgó histérica y a la católica
que la consagró como santa, León Denis presentó su tesis mostrándola como
una médium con alto grado de sensibilidad, guiada en su misión, por las
entidades espirituales. No sorprendieron las controversias y los ataques
de ambas posiciones, que desaprobaron la versión de Denis. Incluso se le
llegó a dar un cariz político y un joven periodista de nombre Pablo Nord
emprendió una polémica en un periódico hasta que el autor de la obra la
concluyó, declarando que no respondería más "puesto que disponía de mejor
uso de su tiempo".
Años más tarde, al finalizar la primera guerra mundial, Denis recibió una
solicitud de su gran amigo Arthur Conan Doyle para que lo autorizara a
publicar ese libro en inglés. En abril de 1924 apareció con el título de:
"The mystery of Joan of Arc " (El misterio de Juana de Arco), alcanzando
también gran difusión.
En 1910 se realizó el Congreso Espiritista Universal en Bruselas, donde se
trató el tema del Magnetismo y León Denis asistió como delegado por
Francia. Desde este momento, transcurrieron 17 años hasta su
desencarnación, durante los cuales continuó desarrollando su obra con el
mismo fervor y la misma dedicación, aunque los temas que lo ocuparon
estuvieron dirigidos a otros objetivos.
En 1911 presentó su libro: "El gran enigma-Dios y el Universo ", que según
su propia explicación lo concibió paseando por la playa de la Provenza en
una tarde de invierno, cuando oyó una voz inspiradora indicándole la
conveniencia de escribir todo lo que el ser humano debe saber para
orientarse en la vida terrenal, para comprender su utilidad y la
desventaja de utilizarla vanamente, como también la belleza de conseguir
el perfeccionamiento basándose en la justicia y el amor. Comenzó una etapa
de divulgación popular editando folletos que estuvieran al alcance
económico y cultural de todos. El primero de ellos: "El porqué de la
vida", fue seguido por muchos otros, generando la reacción de las
autoridades eclesiásticas y desatándose una campaña contra lo que llamaban
"la nueva herejía".
Se declaró la guerra mundial en 1914, cuando León Denis tenía 68 años,
estaba cada vez más enfermo y sufría de una antigua afección ocular que lo
indujo a aprender el sistema Braille para ciegos, por el temor de quedar
imposibilitado para leer y escribir. Vivía con la Sra. Forget, médium que
había trabajado con él durante décadas, quien lo acompañaba y asistía
desde la muerte de su madre. Contaba con la ayuda de una secretaria, la
abnegada y servicial Srta. Claire Beaumard, convertida con el tiempo, en
uno de sus biógrafos con su libro: "León Denis. Intime"
La época de la guerra lo apesadumbró enormemente y escribió muchos
artículos sobre ese tema publicados en la Revista Espírita, adquirida e
impulsada entonces por Jean Meyer, después de una interrupción de un año
en las ediciones.
En 1919 apareció una recopilación de esas publicaciones con el nombre de:
"El mundo invisible y la guerra", donde reflejó su concepto de
nacionalismo y patriotismo, mejoramiento del ser y de los pueblos. Mostró
su apego a la justicia, a la verdad y a la libertad, afirmando que estos
valores no tienen latitudes y son universales. Humberto Mariotti,
destacado espirita argentino, en el prólogo de esa obra, en la edición de
1972 expresa que "La obra de Denis, al estar basada en la verdad, deja de
ser nacional para convertirse en universal. Le hace ver al hombre que los
nacionalismos exclusivistas y egolátricos resultan inadecuados para el
bien y el progreso del género humano. Así lo entendió Denis y hay que
reconocerlo como un pensador universal. Así como Francia luchó por la
proclamación universal de los Derechos del Hombre, el gran escritor y
pensador hizo otro tanto por los Nuevos Derechos Espirituales del Hombre".
El año 1922 lo dedicó a escribir sobre la apreciación artística, en su
libro "El Espiritismo y el arte", especialmente sobre la música, una de
sus grandes aficiones que siempre disfrutó mientras trabajaba y en la que
se interesó durante su investigación mediúmnica, logrando la experiencia
de recibir comunicaciones del espíritu conocido en su última encarnación
como el gran músico Massenet, donde le habló de la música terrenal y de la
armonía en el mundo espiritual, percepciones que León Denis supo plasmar
magistralmente, en páginas emocionadas.
En 1924 escribió "El Espiritismo y las cuestiones sociales", dando una
explicación racional del tema, a la luz de la reencarnación sustentada por
la ley de causa y efecto. Su posición en cuanto a las ideas sociales era
análoga a la del filósofo francés Jean Jaurés; es decir, la conveniencia
de poner en práctica el Derecho y la Justicia de acuerdo al esfuerzo y la
moral de cada uno.
El Tercer Congreso Espiritista Internacional realizado en París, en 1925,
dedicado a destacar el aspecto científico de la doctrina, contó con la
Presidencia de León Denis, la Secretaría de Gabriel Delanne, y la
presencia de Arthur Conan Doyle, su amigo entrañable, y de Jean Meyer, al
que llamaron el "mecenas del Espiritismo", reconociendo el gran aporte que
hizo para su divulgación. León Denis ya era muy anciano; sin embargo se
mostró muy activo y como siempre, emocionó con su palabra clara y fuerte.
Finalizado el Congreso se dedicó a investigar y escribir sobre el celtismo
y la tradición. Este trabajo cristalizó en su último libro: "El genio
céltico y el mundo invisible". Es interesante destacar que al final de la
obra se encuentran una serie de mensajes de Allan Kardec (espíritu) que le
transmitiera antes de la realización del Congreso.
Las últimas palabras de León Denis fueron dirigidas a su secretaria,
indicándole que enviara ese libro a Meyer para su publicación, y las
pronunció el 12 de abril de 1927, cuando desencarnó, como consecuencia de
las complicaciones de una neumonía. Fue enterrado en el cementerio La
Salle, acompañado por sus amigos. Según la costumbre, durante su modesto
sepelio, se leyeron fragmentos de su libro "Después de la muerte" y una
comunicación de Jerónimo de Praga, su guía espiritual. Lo recordamos como
un hombre de talla mediana, de contextura fuerte y maciza, el mentón
prominente y voluntarioso, la frente labrada, el mostacho gálico de su
juventud que se completó con una larga y tupida barba en la ancianidad, y
sus ojos vivaces, que con el tiempo fueron perdiendo el brillo y su
ceguera parcial le daba el aspecto de una mirada dirigida hacia su
interior. Trabajador incansable, pasaba horas en su estudio acompañado de
sus gatos; poseedor de una voluntad tenaz para el estudio, se forjó a sí
mismo; con una memoria admirable, era racional y organizado, no dejaba
nada al azar. Su secretaria lo llamaba "el hombre de los papelitos" por la
innumerable cantidad de notas que producía. Sus placeres lo constituían el
mar, la música y la naturaleza; sus hábitos eran sencillos y austeros; y
estaba siempre alegre y sereno. Como orador, tenía la capacidad de seducir
almas y a eso se dedicó en su vida terrenal. Como escritor, nos dejó en
herencia, el fruto de su talento, la hermosura de su prosa, la claridad de
sus conceptos y la honestidad de su ejemplo. Nada mejor que sus propias
palabras, pronunciadas durante el Congreso Espiritista Internacional
celebrado en Ginebra en 1913, para completar esta semblanza del Apóstol
del Espiritismo.
"Día vendrá en que descendamos a nuestras tumbas y comparezcamos ante el
terrible tribunal de la conciencia, desembarazada de las sombras terrenas
y frente a la cual desfilarán la totalidad de nuestros actos, palabras y
pensamientos. Entonces, y confío en que incluso antes de ello, entraréis
en la gran batalla humana, en la lucha titánica de las ideas, en la
importante vía del Espiritismo, y proseguiréis la labor de dar a conocer a
los hombres sus destinos. Sabed pues, que vuestro rol será el mayor y más
bello que pueda caber en suerte a un hombre en la tierra. Sabed que no hay
nada más grande que el ser defensores y servidores de la verdad, y que
para llegar a serlo, y merecer serlo, no existe dolor, amargura, ni
desgarramiento que no hayáis de afrontar y padecer. Y, si sobre vosotros
llueven chanzas, sarcasmos y odios, recordad entonces a cuantos en el
pasado, sufrieron y murieron por el bien, la verdad y la justicia".
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