La Visión Espírita de la Asistencia Social


"...Cuando lo hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”. (Jesús)

“La caridad, según Jesús, no está reducida a la limosna, sino que comprende todas las relaciones que tenemos con nuestros semejantes”. (Kardec, LE. Comentario - 886).

La asistencia a personas necesitadas es un hecho presente en las culturas de todos los pueblos y de todos los tiempos. Las motivaciones, las metodologías y las instituciones constituidas para llevarla a cabo, han venido cambiando a lo largo de la historia, siempre en la noble búsqueda de hacerla mejor.

Podemos destacar un momento en esta larga trayectoria, que se constituye como el punto de inflexión en su comprensión y práctica: el advenimiento del concepto de caridad en el cristianismo. Palabra derivada del latín: carus (querido) - caro (amor) - cáritas, que sintetiza la propuesta evangélica de amor al prójimo, que los primeros cristianos la ejemplificaron en su dimensión individual y institucional a través de la Casa del Camino, donde, más que todo, se vivía las enseñanzas, transmitiendo el legado del evangelio y asistiendo a los que necesitaban, que tan pronto pudiesen se volvían trabajadores amorosos. Sin embargo, después, muchos confundieron caridad con limosna, que viene del latín limo (lo que sobra), o sea, de este punto de vista asistencia seria “dar lo que sobra”. Construyó todo una cultura alrededor de esta imperfecta comprensión de la acción caritativa, lo que dio lugar al surgimiento de instituciones asistenciales que aislaban al necesitado de la convivencia social.

La doctrina espírita, como legitima heredera de la autentica doctrina cristiana, se demarca de esta concepción aisladora de asistencia y recupera el sentido original de caridad, justificando porqué y cómo debemos asistir socialmente a nuestros hermanos sufridores. La justificación filosófica se encuentra en toda obra de la codificación de Kardec, especialmente en la tercera parte de El libro de los Espíritus (De las Leyes Morales) y la clasificamos en tres dimensiones: moral, social y institucional.

Las dos primeras dimensiones las sacamos de la comprensión de que los espíritus son “los seres inteligentes de la creación” (Libro de los Espíritus.- 23) y que les corresponde: -“llegar a la perfección” a través de las sucesivas encarnaciones; - “cumplir su tarea en la obra de la creación, de manera que concurriendo a la obra general, el espíritu progrese también” (Libro de los Espíritus. 132). Por supuesto, toca aún al espíritu encarnado la tarea de hacer progresar la sociedad, de hacerla una civilización completa, cuyo reconocimiento se dará cuando “se viva como hermanos, practicando la caridad cristiana (...) y donde todo hombre de buena voluntad esté siempre seguro de no carecer de lo necesario” (Libro de los Espíritus. 793). Todo está sometido a ley de evolución, por tanto el espíritu avanza intelectual y moralmente concurriendo para el perfeccionamiento de la sociedad en que vive (Libro de los Espíritus. 540), combatiendo la desigualdad social que “desaparecerá junto con el predominio del orgullo y del egoísmo, y no subsistirá más que la desigualdad de mérito” (Libros de los Espíritus. 806).

La justificación institucional tiene que ver con el papel social de los centros espíritas. Cuando Kardec afirma que “la beneficencia colectiva posee ventajas incontestables y, muy lejos de censurarla, la incentiva...” (Revista Espírita de julio de 1866), no está sólo indicando una manera más eficaz de organizar la asistencia social, sino que presenta una directriz de coherencia moral para las organizaciones espíritas.

En cuanto al tema de como hacer la asistencia, la encontramos en el Evangelio Según el Espiritismo, especialmente en La Parábola del Buen Samaritano, que sintetiza el tipo de relación que debe ser construida entre el Samaritano y el Caído. El Samaritano (fue movido de misericordia... se acercó... vio las heridas... echó aceite y vino... cuidó de él... llevó a un mesón... regresó), o sea, él se compromete con el caído, establece una relación solidaria con él. El maestro lionés esclarece que “la caridad comprende todas las relaciones que tenemos con nuestros semejantes” y se adelanta a la limosna porque, como nos enseña Vicente de Paúl, “el hombre precisado de pedir limosna se degrada moral y físicamente, se embrutece” (Evangelio según el Espiritismo. Cap. XIII).

El modo espírita de concebir la asistencia se distingue vivamente en este punto, porque muy al contrario de aislar al necesitado se aproxima a él; aún más, “sale al encuentro de la infelicidad, sin esperar que le tienda la mano” .

Cheverus nos presenta una preciosa orientación practica sobre el modo espírita de hacer la asistencia social cuando afirma: “primero alivia, después infórmate y mira si el trabajo, los consejos, el afecto no serian más eficaces que tu limosna” (Evangelio según el espiritismo. Cap. XVI).

En síntesis, la visión espírita de asistencia, sea individual o colectiva (centro espírita), entraña una necesaria relación solidaria entre asistente y asistido, comprendidos ambos como espíritus en evolución, que lejos de significar jerarquía moral, menos aún religiosa, significa compartir el camino hacia la evolución espiritual y social, como auténticos hermanos, sin otro interés que el del necesario “cumplimento de nuestra parte en la obra de la creación”.

Ahí está la razón porque Kardec puso el deber de la caridad como lema mayor de la doctrina espírita, que hace resonar la dulce invitación del maestro nazareno: “Cuando lo hicisteis a uno de estos hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”

 

Artículo de Reinaldo Nobre Pontes

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