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“Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he
guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor”. Jesús
(Juan 15:10)
La vida tiene su origen en Dios y está plenamente impregnada de su amor
integral y absoluto. Todos los seres y todas las cosas están integrados e
impregnados del divino concierto de la vida que nació de su inmenso y
poderoso amor. Dios es la inteligencia suprema del Universo. Crea,
organiza y mantiene todas las vidas en grandilocuencia de armonía, belleza
y fuerza. Es amor profundo e intensamente dinámico que ínterpenetra,
dirige y sustenta todos los fenómenos, todos los seres, todas las cosas y
todas las fuerzas de la vida en el inconmensurable Universo. El inagotable
amor de Dios envuelve todas las existencias, alimenta todo impulso de
vida, por más sencillo, primitivo y frágil que sea, sustenta todas las
criaturas, ampara a todos los espíritus desorientados y perdidos en las
pruebas, yergue a todas las almas débiles y abatidas, alimenta a todos los
seres con el pan material y el pan espiritual, abraza con cariño
imperceptible a todos sus hijos, socorre a todas las almas perdidas en la
criminalidad, vicios y sombras, protege todas las vidas en la áspera
caminata evolutiva, corrige con misericordia infinita a todas las almas
rebeldes, educa a todos los espíritus, a través de las experiencias
asimiladas en los incontables siglos, para la conquista de la felicidad
eterna.
AMAR A DIOS
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda
tu mente y con todas tus fuerzas”. Jesús (Marcos, 12:30)
Si aceptamos a Jesús como Nuestro Maestro y Señor, si creemos en Dios como
Padre de Amor infinito, Misericordia permanente y Justicia perfecta,
necesitamos, con urgencia, ser más fieles de mente, corazón y conciencia
al Padre Creador. La necesidad más inmediata del hombre tecnológico del
Tercer Milenio será buscar a Dios con raciocinio lógico y sentimiento
elevado. Aplicar las fuerzas del alma en la vida cotidiana: pensar en
Dios, sentir a Dios, conocer a Dios, sintonizarse con Dios, obedecer a
Dios, vivir a Dios, actuar con las leyes de Dios, sumisión a su voluntad,
y por fin, amar a Dios con grandeza de alma y belleza espiritual.
Jesús descendió a la densa esfera de los hombres ignorantes e infelices
por amor, para enseñar a los espíritus terrestres a luchar, superar,
eliminar y vencer las sombras atormentadoras dentro de sí mismos. Debemos
reflexionar con sentido de madurez moral, estudiar con profundo respeto y
aprender con seriedad, para que podamos vislumbrar la profundidad e
inmensa belleza espiritual en las palabras de gran sabiduría del Cristo de
Dios: “AMARÁS AL SEÑOR VUESTRO DIOS, CON TODO VUESTRO CORAZÓN, CON TODA
VUESTRA ALMA Y CON TODO VUESTRO ENTENDIMIENTO”. (Mateo, 22:37) Observemos
que Jesús nos dirige esta enseñanza sobre el amor a Dios rogando que
amemos al Padre con todo el corazón, con toda el alma y con todo el
entendimiento. Con estas tres fuentes de energía del espíritu: CORAZÓN,
MENTE y CEREBRO, Jesús fundió y unificó las fuerzas del espíritu para que
podamos amar a Dios de manera completa e integral.
A – EL CORAZÓN: es la principal fuerza motriz del ser humano o del
espíritu inmortal. El Divino Señor nos enseñó con claridad y didáctica:
“Pero lo que sale de la boca, del corazón sale, y esto contamina al
hombre. Porque del corazón salen los malos designios, los adulterios, la
prostitución, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. (Mateo,
15:18-19) Si del corazón salen los malos sentimientos, las malas acciones
y los malos hábitos, haciendo a las personas infelices, seguramente
también deberán salir de él las virtudes morales (amor, humildad,
abnegación, renuncia, coraje, bondad, etc.) que harán que las personas
sean realmente felices. Para alcanzar este bello fenómeno de
transformación moral en lo íntimo, bastará la BUENA VOLUNTAD de la
criatura humana para aprender, sentir, obedecer y practicar las lecciones
de la fe superior, amor fraternal y humildad sincera.
El corazón es un departamento ultrasensible del espíritu y la más
importante fuente de energías psíquicas para la vida de relación con
nuestros semejantes. Es a través de él que nos comunicamos unos con los
otros, que amamos y somos amados. Están almacenadas en él todas las
energías psíquicas de sentimientos del Bien y del Mal, de las virtudes o
de las imperfecciones. Jesús designó como BUEN TESORO (las buenas
cualidades) y como MAL TESORO (las malas cualidades) las energías
psíquicas del corazón, dependiendo de la naturaleza íntima de esas
energías. En el corazón espiritual están contenidas todas las
imperfecciones morales que causan tanta infelicidad al ser humano, como
también pueden estar las virtudes morales que dan equilibrio y paz, salud
y felicidad.
Es en este santuario del espíritu que deberán nacer las virtudes
evangélicas, las cuales ejemplificó y enseñó tan bien el Divino Maestro.
Las virtudes morales tan pregonadas por Nuestro Señor nacen de la fuente
sublime del amor, bajo la acción determinante, perseverante y valerosa, de
la buena voluntad, transformando el corazón en un granero de energías
saludables, luminosas y poderosas. Con nuestro perfeccionamiento moral
enriquecemos abundantemente el corazón de energías electromagnéticas de la
mente saturadas de amor puro, fraternal y universal, construyendo el nuevo
mundo de paz, luz, armonía y felicidad en nuestro espíritu, para siempre.
Tan solo con la excelente realización del Evangelio del Cristo en nuestros
corazones conseguiremos alcanzar la meta segura para la permanente
felicidad íntima. A través de luchas, sufrimientos, educación y conquistas
morales, abonaremos con AMOR el terreno árido del corazón, transformando
en belleza, iluminación y fortaleza las entrañas más profundas del
espíritu.
B – LA MENTE: constituye la compleja organización psíquica del
espíritu. Ella se deberá impregnar en su totalidad, a través del
perfeccionamiento moral, de las energías armoniosas del amor universal que
ilumina, fortalece y engrandece las fuerzas de la mente. El amor que Jesús
nos enseñó deberá tomar cuenta de toda la organización espiritual con el
desarrollo moral, en el proceso evolutivo del espíritu. La luz de Dios
deberá envolver, penetrar y dominar todas las funciones y potencialidades
del alma. Dice Jesús: “Brille vuestra luz delante de los hombres…”¡Esa luz
es el amor puro, la verdad divina, la sabiduría espiritual, la humildad
auténtica, la bondad ejemplificada, la alegría de hacer siempre a alguien
más feliz!
C – EL CEREBRO: es el departamento inteligente del espíritu para
razonar la verdad, reflexionar sobre la verdad, meditar en la verdad,
asimilar la verdad, sentir la verdad espiritual, informarse de la verdad
racional, aplicar la razón y la lógica, el buen sentido y el
discernimiento, la meditación intensa y la prolongada reflexión. Es la
gerencia del inestimable tesoro del conocimiento profundo, buscando
entender la vida, a sí mismo, la presencia de Dios en nuestras vidas, las
leyes divinas materiales (ciencia humana) y divinas espirituales (cultura
espiritual, sabiduría de la vida). Es el campo de actuación del
raciocinio, del análisis, de la reflexión, de la imaginación, de la
memorización, de la elevación del pensamiento, del enriquecimiento del
conocimiento de la verdad que se transformará de forma definitiva en luz
imperecedera en el amplio sagrario de la inteligencia cósmica.
La ley de Dios, que vigoriza la ley de evolución para los Espíritus del
Universo infinito, no quiere que ningún espíritu ame de forma incompleta y
defectuosa, fraccionada y limitada, fanatizada y empobrecida. LA META
IDEAL PARA TODOS LOS ESPÍRITUS ES LA CONQUISTA DE LA PERFECCIÓN EN LA
SABIDURÍA Y EN EL AMOR. Jesús nos enseñó todo lo que precisábamos, con la
finalidad de que manifestemos toda la grandeza espiritual que ya podamos
expresar. Él espera que los seguidores fieles crezcan en el grande y bello
Amor Incondicional de forma continua, permanente y creciente, penetrando
en los inefables misterios del Reino de Dios, con la aplicabilidad
integral de las fuerzas divinas del espíritu. Nos invita pacífica y
amorosamente a la caminata ardua y ascensional de la perfección espiritual
que todos nosotros podremos alcanzar con buena voluntad, fe poderosa y
perseverancia imbatible.
Necesitamos conocer a DIOS, el Dios verdadero, el DIOS-VIVO sobre quien
habló Jesús: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para
él todos viven”. (Lucas, 20:38). ¡Dios está participando en todas las
manifestaciones de la vida, desde el mínimo corpúsculo a las grandiosas
organizaciones estelares y galácticas, en el inconmensurable organismo
vivo del Universo! El Padre Creador, al que Jesús nos enseñó a AMAR muy
bien, está presente en la vida de todas las cosas y de todos los seres,
muy especialmente de los seres humanos, ciegos aún en la fe, frágiles en
la voluntad para amar y empobrecidos de amor verdadero. Solamente quien
ama, desarrolla y da testimonio de la fe viva a través de su corazón
sincero y sumiso, humilde y bueno.
Debemos amar a Dios en espíritu y verdad, pues Dios no se identifica con
las cosas materiales ni tampoco con los objetos sagrados de los cultos
religiosos. Tenemos que amar a Dios con todas las fuerzas de nuestra alma,
de nuestros pensamientos, de nuestros mejores sentimientos. Con los
conocimientos del Espiritismo, debemos aprender a desarrollar nuestras
mejores energías del pensamiento y del corazón para amar a Dios. “Mas la
hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre
en espíritu y en verdad; porque son estos que el Padre busca para que sean
sus adoradores”. (Juan, 4:23) La luz divina de Dios deberá impregnar los
diversos departamentos del espíritu: en el altar sublime de la conciencia,
en el templo supremo del alma, en el edificio complejo de la inteligencia,
en el santuario de las prodigiosas energías del corazón y en los
resplandecientes talleres de la mente. A través del amor sentido,
comprendido y vivido, nos sintonizaremos y comunicaremos cada vez más
directamente con Dios, porque Dios es el amor presente, activo y eficaz en
la vida universal.
Aunque Dios está presente en nuestras vidas, nosotros, los humanos, aún no
podemos ver a Dios. Entonces, ¿cómo conseguiremos alcanzar ese maravilloso
y esplendoroso poder? ¿Será que obtendremos algún día la capacidad
espiritual para lograr esa visión celestial? ¡Sí, la conseguiremos! Jesús
–el Médico Divino– nos enseñó el camino, dio las orientaciones y ofreció
los medios seguros para que podamos participar de esa visión iluminada.
Enseñó Jesús: “BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN EL CORAZÓN PURO, PORQUE
ELLOS VERÁN A DIOS”. Jesús (Mateo, 5:8) Para ver a Dios con lucidez,
pureza y grandeza, es necesaria la adquisición de cierta cuota de amor
puro en nuestro propio corazón. El amor puro constituirá la sustancia
divina del poderoso lente que amplía nuestra visión en el microscopio de
lo infinitamente pequeño, así como en el telescopio de lo infinitamente
grandioso para que podamos ver a DIOS en toda su belleza y grandeza en la
Creación universal, en toda la Naturaleza, en todas las fuerzas de la Vida
y muy en especial, en lo íntimo de cada criatura humana.
AMAR AL PRÓJIMO
“Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a los otros; así como yo
os he amado, que también os améis unos a otros”.
Jesús – (Juan 13:34)
El amor es la ley de Dios que dirige y orienta la vida de todas las cosas,
seres y espíritus, para la perfección. El amor de Dios impera en todas las
leyes que organizan la vida de la materia, en los infinitos grados de
vibraciones y también en todas las leyes que dirigen la evolución de los
espíritus, en su ínfima diversidad de grados de perfeccionamiento
intelectual, psíquico y moral. Jesús nos enseñó la ley mayor del amor al
prójimo, amor a los hermanos en humanidad. El prójimo es hijo de Dios,
como nosotros mismos somos hijos del mismo Padre Amoroso. En esencia,
somos todos iguales – inmensamente necesitados unos de los otros.
Precisamos mucho de aprender a amar al semejante, como necesitamos del
amor de nuestros semejantes para que evolucionemos y seamos felices en
espíritu y verdad. Fuera del amor al prójimo, no existe crecimiento
espiritual ni felicidad del corazón para ningún espíritu. Una reflexión
necesita ser hecha en este momento: Sabemos que el prójimo es la
humanidad. Pero, ¿quién es el prójimo que merece en primer lugar, con
mayor celo, cariño y atención, recibir el beneficio de nuestro trabajo de
amor, de caridad, de cuidados especiales? Declaró Jesús: “Los sanos no
tienen necesidad de médico, sino los enfermos”. (Mateo, 9:12 – Lucas,
5:31) Si Jesús vino para socorrer a los enfermos, fácilmente se llega a la
conclusión de que, para agradar al Señor, debemos atender con solicitud,
atención y cariño a los más pobres, a los enfermos, los desprotegidos, los
desamparados, los necesitados, los abandonados, los que "tienen hambre y
sed de justicia", los perseguidos y los más sufridores de nuestra inmensa
sociedad humana.
El amor es la fuerza más poderosa de la existencia, la única luz de la
vida, el único impulso creador que promueve la felicidad real de quien la
ejecuta y de quien la recibe. Todos los seres humanos fueron creados por
Dios para la felicidad, y el único camino es la caridad verdadera y pura a
nuestros semejantes. Tenemos que aprender a vivir y a mantenernos en el
camino del verdadero amor: No es suficiente para la iluminación del alma
practicar un amor incompleto, un amor parcial, un amor sectario, un amor
partidista, un amor segregacionista, un amor exclusivista. Ese amor con
fronteras definidas y en círculo cerrado es el que más practicamos en la
familia y con nuestras mejores amistades. Ese amor delimitado separa,
desune y divide a la gran familia humana. Es imprescindible que aprendamos
de corazón a vivir el AMOR PURO; VERDADERO; UNIVERSAL que corrige y educa,
liberta e ilumina para la conquista del Reino de Dios en nosotros mismos.
Dios no acepta que sus hijos ejecuten en sí mismos una obra espiritual mal
hecha, incompleta y defectuosa. Esta obra deficiente en el espíritu no
servirá para vigorizar eternamente. Es el amor pequeño que nosotros, los
religiosos en general, guardamos en el corazón: el amor enfermo,
fragilizado, que divide a los hijos de Dios en creencias, clases, castas,
partidos, grupos. Ese amor-egoísta y amor-orgulloso, Nuestro Padre no lo
aceptará como vestidura para la eternidad. Tenemos que revertir ese cuadro
moral empobrecido dentro de nuestro corazón y de nuestra conciencia.
No adelanta nuestra evolución amar únicamente a la Naturaleza, los
animales, los grandes amigos y los familiares queridos, pues ese amor es
aún muy pequeño, teniendo en cuenta el amor que Jesús enseña, ejemplifica
y desea a todos sus discípulos. ¿Cómo seremos felices en la eternidad,
teniendo el corazón egoísta, orgulloso, vanidoso, separatista y endurecido
por mantener en alto nuestros puntos de vista, nuestros principios
religiosos radicales? El Maestro fue bastante enfático cuando predicó y
ejemplificó la importancia fundamental del amor, pronunciándose así: “En
verdad, os digo, todas las veces que hicisteis eso a uno de estos más
pequeños de mis hermanos, fue a mí mismo a quien lo hicisteis”: (Mateo
25:40) Nadie crecerá para Dios solo con frecuentar una iglesia, un centro
espirita, una bella conmemoración religiosa, obedeciendo con disciplina a
todos los rituales del templo. No basta conocer la verdad, profundizar la
verdad, memorizar con brillantez los textos bíblicos, evangélicos y las
enseñanzas morales. ¡Es indispensable aprender a amar, esforzarse por
practicar el amor puro, la caridad desinteresada, las buenas acciones a
los que sufren! Tengamos la atención volcada para estas palabras justas,
palabras de Jesús, en este mismo capítulo del evangelio de Mateo, cuando
explica la separación de las ovejas y de los cabritos en el final de los
tiempos:
“Entonces dirá el Rey a los que estuvieren a su derecha: ¡Venid, benditos
de mi Padre! Tomad posesión del reino que os está preparado desde la
fundación del mundo. Porque tuve hambre y me diste de comer; tuve sed y me
diste de beber; era forastero y me hospedasteis; estaba desnudo y me
vestisteis; enfermo y me visitasteis; preso y me fuisteis a ver”. (Mateo,
25: 34 a 36)
Observemos la dolorosa situación del prójimo colocada aquí por Jesús en
estos versículos: “tenía hambre, sed, era forastero, estaba desnudo,
enfermo y era prisionero” Verdaderamente, ¿qué fue lo que agradó al
corazón amoroso de Jesús? Sus seguidores fieles dieron al hermano que
sufría hambre algo de comer, mataron su sed del cuerpo y del alma,
recibieron con el corazón amoroso y atento aquel desconocido que llegaba
pidiendo ayuda, dieron vestiduras a los desnudos del cuerpo y de la fe,
visitaron con deseo sincero de socorrer a los enfermos en sus lechos de
luchas y de dolores, y aun fueron a visitar a los presos en la cárcel de
la materia y los presidios internos del alma atormentada. La caridad
verdadera es aquella que está junto a la criatura necesitada, a la persona
que sufre, que necesita de socorro, de ayuda, de una mano amiga, de un
corazón bondadoso, de una atención fraternal, de una ayuda de sustancial
calidad para liberar al hermano que sufre en una posición tan desagradable
llevándolo a una situación confortable de más paz, más consuelo, más
armonía, más salud, más alegría, más entendimiento, más optimismo y más
esperanza en su corazón atormentado…
Para quien acepta de corazón el amor de Jesús, el PRÓJIMO es más
importante que nuestro “yo”; el OTRO es nuestro puente seguro hacia DIOS;
el PRÓJIMO es el peldaño precioso en el ascenso evolutivo espiritual; el
OTRO es la herramienta más valiosa para la conquista de nuestra verdadera
felicidad.
La verdadera religión de Jesús es la del amor al prójimo, el amor a los
desprotegidos del confort material, el amor a los tristes, afligidos,
enfermos, enloquecidos, perturbados, infelices, criminales, malhechores,
amor que alcanza incluso a los enemigos, adversarios, a los que nos desean
mal y nos hacen mal. Respondamos a todo mal con bien, siempre, en todas
las circunstancias de la vida.
La mejor escuela del amor no son los libros, no son los estudios
teológicos, filosóficos y doctrinarios, ni las bellas conmemoraciones
religiosas, ni las excelsas reuniones de espiritualidad. LA MEJOR ESCUELA
DEL CORAZÓN ES LA DE LA CARIDAD, EL TRABAJO DE AMOR AL PRÓJIMO, EL
SERVICIO DE AMOR A LOS SEMEJANTES. De tanto repetir las experiencias de
amarnos unos a otros, nos modificaremos mejorando todas las ENERGÍAS DE
LOS SENTIMIENTOS. En esta actuación edificante, desenvolveremos nuestras
energías del sentimiento para el amor fraternal, la comprensión del dolor
ajeno, la paciencia que sabe esperar, el perdón que olvida, la indulgencia
que no condena, comprende y acepta, para el olvido de nosotros mismos,
para servir sin exigir, aprender a SER ÚTILES AL PRÓJIMO. Creceremos en la
real competencia de amar-sirviendo y servir amando, de ayudar sin
descanso, de cooperar con alegría, de donar sin esperar recompensa, de
erguir las almas caídas en la incredulidad de sí mismas, de levantar a los
acostados bajo los puentes y en las cunetas de los vicios materiales o
morales, de amar, enseñar y educar a las almas para Jesús y para Dios…
AMARSE A SÍ MISMO
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
Jesús – (Juan, 14:15
Jesús nos dejó este gran desafío para todos nosotros: APRENDER A AMARNOS A
NOSOTROS MISMOS.
¿Qué será, verdaderamente, amarnos a nosotros mismos? Esta interrogación
sugiere otra pregunta: ¿QUIÉN SOY YO? ¡NECESITO SABER QUIÉN SOY, A FIN DE
CUIDAR DE MÍ MISMO!
La filosofía espirita enseña que la criatura humana es un espíritu
inmortal, poseyendo su individualidad, personalidad propia, cargando un
enorme bagaje de buenas o malas cualidades morales, acusando determinado
grado evolutivo espiritual como resultado de milenios de experiencias
reencarnatorias. Ninguna criatura humana, después de una sola existencia
en que cometió algunas faltas, algunos errores y hasta algunos crímenes,
será castigada injustamente recibiendo la condenación del fuego aterrador
en el llamado infierno eterno. ¡Recibir de Dios una sola oportunidad y ser
condenado al fuego del sufrimiento eterno devalúa nuestra razón y la
lógica del amor infinito de Dios! Dios no nos creó para la condenación
eterna y, sí, para la fatalidad del perfeccionamiento y evolución
espiritual. El espíritu que erró podrá sufrir bastante, habitar por muchos
años y siglos algunas regiones espirituales infernales, pero nunca para
siempre, para el infierno eterno. Nuestro Padre de Misericordia infinita
desea y quiere el crecimiento moral y espiritual de todos sus hijos, por
más pecadores e infelices que ellos sean. Dios quiere que sus amados hijos
construyan por sí mismos la felicidad imperecedera, pura y santa.
¡Cuán extraordinaria no es esta enseñanza, tan repleta de oportunidades,
alegría, optimismo y esperanza! ¡Encontramos estas ideas libertadoras en
las palabras iluminadas del Maestro y Señor Jesús! Valientemente, debemos
APRENDER A AMARNOS A NOSOTROS MISMOS, a cuidar mejor de nuestra alma, a
celar con más cariño de los rincones más recónditos de nuestra
organización espiritual. ¡Es un trabajo muy serio, que debemos emprender
en nuestro interior, no prescindiendo de la urgente necesidad de conocer
los misterios de las leyes divinas, del alma humana y de los principios
morales, para promover nuestro perfeccionamiento íntimo, caminando con
resolución hacia la conquista del Reino de Dios dentro de nosotros mismos!
Para facilitar nuestro trabajo íntimo edificante, eficiente y productivo
necesitamos saber cuáles son los principales departamentos del espíritu.
El espíritu es una organización divina que está sufriendo el proceso
evolutivo incesante desde hace incontables milenios. El hombre encarnado
está formado de ESPÍRITU, PERIESPÍRITU Y CUERPO FÍSICO. ¿Y cómo está
estructurado el espíritu? En su esencia, el ESPÍRITU está formado por:
1º- LA CONCIENCIA – es la esencia, la centella divina;
2º- LA INTELIGENCIA – la capacidad de aprender, registrar, memorizar
infinitamente la ciencia de la vida;
3º- EL CORAZÓN – es la sede de la sensibilidad y de las energías sutiles
de los sentimientos.
Cuando Dios nos creó en el Universo, creó la conciencia en su mayor
sencillez e ignorancia. Ella está en incesante desarrollo desde hace
millones de años. La conciencia es el foco central del espíritu.
Las potencialidades psíquicas de la inteligencia forman los tesoros del
conocimiento, de la cultura, de la ciencia y de la sabiduría, que ilumina
y da fantásticos poderes al cerebro. Las energías psíquicas de los BUENOS
O MALOS SENTIMIENTOS crean en el departamento espiritual del corazón el
MAL TESORO o el BUEN TESORO, en el lenguaje didáctico creado por Jesús. EL
MAL TESORO constituye la existencia invisible, desconocida e imperecedera
de todas nuestras energías inferiores, burdas y violentas de los
sentimientos guardadas en nuestro CORAZÓN. EL BUEN TESORO constituye la
existencia invisible, desconocida e imperecedera de todas las energías
educadas del amor, sensibles y serenas guardadas en el CORAZÓN. Las
estructuras energéticas psíquicas corresponden a todas las energías de los
sentimientos más profundos del espíritu, que determinan su armonía o
desequilibrio, paz o aflicción, salud o enfermedad, felicidad o desdicha.
De ese modo, precisamos cuidar con mayor cariño y mayor celo de nuestra
vida íntima, de nuestro corazón, de nuestra vida mental y –¿por qué no?–
del altar de nuestra conciencia.
Es inaplazable trabajar con disciplina, coraje y determinación la
transformación moral, la corrección de nuestros defectos, la mejoría de
nuestros sentimientos y la educación en la formación psíquica del buen
carácter. A nadie corresponderá esta tarea moral sino a nosotros mismos.
Es la “puerta estrecha” que Jesús indicó a todos aquellos que se
interesasen en aprender, renunciar y seguir el derrotero indicado por su
Evangelio de Redención. Dice el Instructor Mayor: “Entrad por la puerta
estrecha, pues ancha es la puerta y espacioso el camino que conduce a la
perdición y muchos son los que entran por ella”. (Mateo, 7:13) No podemos
aplazar indefinidamente este sagrado trabajo personal, en la conquista de
los tesoros del Reino de Dios en nuestro mundo íntimo. Con la debida
urgencia, necesitamos estudiar y conocer las verdades espirituales, las
leyes divinas, los excelentes principios y conceptos morales de Jesús,
para que busquemos COMPRENDER BIEN, SENTIR MEJOR Y PRACTICAR CON ESFUERZO
SINCERO estas educativas y excelentes enseñanzas de la VERDAD DIVINA. A
todos los cristianos les es imprescindible MUCHO VALOR para aprender con
Jesús sus educativas lecciones, cuando nos invita individualmente a seguir
el programa de liberación espiritual: “Si alguno quiere venir en pos de
mí, renuncie a sí mismo, tome su cruz y sígame”. (Mateo, 16:24) El
Espiritismo no inventó nada nuevo, todo lo que enseña es el producto y el
resultado de aquello que Jesús enseñó claramente o de forma alegórica y
practicó con mayor grandeza y belleza de amor, fe y humildad.
Ser espirita solamente por el estudio doctrinario, conocimiento superior,
reuniones confortadoras y prácticas mediúmnicas, lamentablemente, ausente
del aprender, reeducar y vivir las lecciones de Jesús, SERÁ PURA PÉRDIDA
DE TIEMPO, en la ruta indecisa y acomodada de nuestro deficiente
aprovechamiento espiritual en la existencia corporal. Sólo quien ama a
Jesús, oye a Jesús, atiende a Jesús, aprende con Jesús y se esfuerza con
Jesús, deposita confianza, certeza y convicción en sus excelentes
enseñanzas, esclarece la inteligencia, ilumina la conciencia, renueva
definitivamente el corazón para la profunda vivencia evangelizada: el
nuevo mundo de amor, paz y realizaciones edificantes.
Walter Barcelos
Extraído del Anuario Espirita |