La obsesión


Desde la antigua Grecia hasta el día actual, la influencia de los espíritus en todas las épocas del pensamiento ha estado presente; observamos el intercambio entre el plano físico y el espiritual.

Sócrates, Platón, Aristóteles, Horacio, Virgilio, etc., en sus relatos presentan documentación del intercambio espiritual hablando sobre apariciones, casas encantadas, etc. Más tarde, Lactancio, Orígenes, Ambrosio, Basilio y Arnobio, dieron abundantes testimonios de comunicaciones con los desencarnados.

La escuela Neoplatónica de Alejandría predicó la continuidad de la vida. La Edad Media aportó pruebas sobre los desencarnados, aparecen la imagen de los ángeles, de los espíritus malvados, surgiendo las brujas invadiendo Europa. Desde las primeras luchas entre empirismo y racionalismo intelectual hasta la Era Atómica, filósofos y científicos no permanecieron indiferentes. En el siglo XIX, la supervivencia del alma era el tema debatido entre psicólogos y psiquiatras.  Fue en este periodo donde Allan Kardec esclareció con un método científico los misterios del oscurantismo, dando el nombre de “obsesión” a la mayoría de disturbios psíquicos, elaborando procesos de recuperación.

Con la moderna parapsicología, nuevos caminos se abren para logran un conocimiento que siempre estuvo en la humanidad, pero que no se estudió hasta la llegada de Allan Kardec.

A través de la investigación y del estudio, llegó a la conclusión de un estado psíquico que los psicólogos y psiquiatras dejaban a un lado, pero que sería fundamental investigar para el equilibrio psíquico del hombre.

Allan Kardec lo denominó “obsesión”, mediante la investigación descubrieron un dominio de algunos espíritus inferiores que ejercían en la mente de algunas personas que quieren dominar, se apegan a los individuos a quienes pueden convertir en sus víctimas.

Esta obsesión, o “influencia perniciosa constante”, puede ocurrir cuando un espíritu envuelve a un médium dominándolo, inmiscuyéndose en sus comunicaciones, impidiéndole la comunicación con otros espíritus, reemplazando a veces a aquellos a quienes se evocan. La obsesión depende de la tenacidad del espíritu del cual es imposible desembarazarse. En este tipo de obsesión, el médium sabe perfectamente que es un espíritu que no se oculta, no disimula sus intenciones. Este tipo de obsesión la denominaremos “obsesión simple”, la cual puede manifestarse tanto en los fenómenos intelectuales como en los físicos.

Pasaremos a un grado donde la obsesión se manifiesta con más intensidad, es la “fascinación”, donde el espíritu influye en el pensamiento del médium a través de una acción directa, paralizando la capacidad de juicio sobre las comunicaciones. Normalmente en estos casos el médium no cree ser engañado. Por último, dentro de estos grados, hablaremos sobre la “subyugación”, en la cual el espíritu paraliza la voluntad del médium y le hace actuar de una determinada manera, como si la “victima” estuviera unida a un yugo.

Puede ser de dos tipos:

- Moral Cuando el médium es llevado a tomar decisiones absurdas, creyendo ser sensatas.

- Corporal Cuando el espíritu actúa sobre los órganos del cuerpo y provoca movimientos involuntarios. Un ejemplo sería cuando un médium siente deseos compulsivos e insistentes de escribir.

Podremos identificar diferentes características de la obsesión en el médium, citando las más comunes:

- Persistencia de un espíritu en comunicarse
- Ilusión que impide reconocer la falsedad y ridiculez de los mensajes.
- Creencia del médium en la infabilidad e identidad de los espíritus comunicantes.
- Aceptación de elogios por parte de los espíritus.
- Tendencia a distanciarse de las personas que puedan ofrecer opiniones útiles.
- Enfado por críticas hacia las comunicaciones.
- Necesidad de escribir.
- Toda necesidad física que influya en la voluntad del médium a actuar en contra de sus deseos.
- Ruidos y trastornos persistentes.

Como sabemos nuestro comportamiento moral tiene sus consecuencias después de dejar la vida física, aquel mal que hacemos a alguien repercute en la vida espiritual, como consecuencia cuando reencarnamos, aún dejamos en el plano espiritual espíritus que dañamos con nuestro comportamiento. La obsesión sería la consecuencia de un comportamiento no ético, nuestros “deudores” se toman la libertad de hacer justicia ante un hecho que ellos ven como un ajuste de cuentas.  Al olvidar el pasado, no recordamos nuestros comportamientos anteriores, y nos extrañamos que nos ocurran estos incidentes; frases como “somos buenos, nosotros ayudamos, etc.,” nos son muy familiares, olvidándonos quizás que nuestros comportamientos no fueron los más adecuados en otras existencias.

Otras veces tenemos una visión errónea de nosotros mismos, creyendo poseer virtudes, las cuales en realidad no tenemos, por esta razón es importante “reflexionar sobre uno mismo”, conociéndonos podremos identificar aquellos aspectos negativos que poseemos, para poder mejorarlos y no atraer de esta forma a espíritus que poseen características similares.

El autoconocimiento es fundamental para poder discernir también cuando somos nosotros o cuando estamos bajo una influencia obsesiva. El perder el miedo de vernos como realmente somos, con todos nuestros defectos, nos dará las directrices más seguras para conocer qué debemos de cambiar en nosotros, identificando nuestros miedos e inseguridades nos hará ser menos vulnerables a manos de espíritus que quieren hacernos mal, por esta razón, la reforma interior y la confianza en el porvenir son algunas de las armas para combatir esta lucha.

Los principales defectos que atraen a espíritus de baja vibración son el orgullo, la vanidad, el egoísmo, la incapacidad de perdonar a quienes nos rodean, el resentimiento, la falta de fe, la confianza en el porvenir, etc., ellos conociéndonos nos influyen temor o miedo, pues saben que en nuestro interior poseemos estos sentimientos, induciéndonos a estados de tristeza, melancolía, miedo, inseguridad, etc.  Estos espíritus solo desean vernos sufrir y usan todo tipo de elementos dentro de nosotros para conseguirlo. De nosotros depende cómo hacerles frente. Una vez asumido este intercambio entre ambos planos a través del pensamiento envolviéndonos con sus fluidos negativos usando cualquier elemento que nos constriña, podremos usar herramientas para combatirlos.

Fundamentalmente, la paciencia debe ser siempre nuestra postura hacia ellos, no recurriendo a las lamentaciones, sino aceptando su presencia en nuestra vida como consecuencia de nuestros actos pasados y como una oportunidad de mejoramiento.

El estudio de la doctrina espírita, así como los mecanismos de la mediúmnidad, conociendo cómo interactúa en nuestra vida cotidiana. La oración como bálsamo hacia ellos y hacia nosotros pidiendo a los espíritus buenos que nos ayuden en las pruebas, fortaleciéndonos con la paciencia y la fe. Es fundamental la meditación diaria, para poder conectar con otros planos más etéreos, donde reposar la mente y cuidar los pensamientos, envolviéndonos en pensamientos de amor y confianza, para así atraer pensamientos afines.

No olvidemos “que el dolor nunca llama a la puerta equivocada” y si nos visita es por alguna razón, bien a poner a prueba nuestra fe, o a intentar reestructurar hábitos o situaciones pasadas que aún permanecen sin resolver. Conociendo que nada ocurre por azar, y que de todo mal siempre se extrae un bien, podremos extraer las lecciones que vienen a enseñarnos.

El obsesor es nuestro “maestro” en el sentido de que a través de él aprendemos a ver nuestros errores, son oportunidades de reparación que la vida nos ofrece. Con fe y confianza en Dios y en el porvenir, actuemos con honestidad siempre, envolviendo a los demás y nosotros mismos con amor, sólo así podremos reparar lo que una vez estropeamos. No temamos, pues sabemos que nos acontecerá lo que Dios crea conveniente en nuestras vidas, de esta forma, aceptando las situaciones que tengamos que vivir andemos con fuerza y alegría, sembrando a cada paso que demos.

Artículo de Mamen Morillo-Velarde Navas
 

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