José Castillo Bravo
Pastor y Profeta


Hace muchos años vivió en tierras andaluzas un hombre extraordinario que hizo profecías muy relacionadas con el Apocalipsis, que se están cumpliendo. También por aquel entonces dio unas enseñanzas muy profundas sobre el más allá y la ley de la Reencarnación. En un tiempo de subdesarrollo e ignorancia donde imperaba el oscurantismo del catolicismo, este personaje transmitió un código moral, una forma de conducirse en la vida, basado en el más puro cristianismo y en tener conocimiento del cambio trascendente que llegaría a nuestro mundo. Este hombre se llamó José Castillo Bravo, y ésta es su historia:

Nació José Castillo en Bérchules, un pueblo de las Alpujarras, cuya comarca se encuentra en la provincia de Granada, entre la bella Sierra Nevada y la Contraviesa. Su familia llegó a este pueblo cuando él era un niño y su infancia debió transcurrir igual que la de tantos niños de su edad, repartida entre los juegos y el trabajo duro ayudando a sus padres en las arduas tareas diarias. Sus padres se dedicaban a guardar ovejas en calidad de asalariados, de lo que se deduce que José Castillo se iniciase en ese trabajo desde muy niño y como era casi regla normal, no tuviese tiempo de asistir a la escuela y adquirir una mínima cultura.Sin embargo, si no adquirió los conocimientos de las letras y los números, conoció lo que la Naturaleza le dio a conocer entre sierras y caminos pedregosos.

Muchos años después, casado y habiendo tenido dos hijas -una de las cuáles se marchó a América y la otra se quedó en Granada­ abandonó la profesión de pastor y se marchó a vivir, primero en Cenes de la Vega y después definitivamente se quedó en El Albaicín, un antiguo barrio granadino. Fue en esta ciudad donde desempeñó varios trabajos, entre ellos, en el Ayuntamiento. Según unos documentos con fecha de 30 de Noviembre del año 1910, pertenecieron él y su esposa a una hermandad religiosa en la parroquia de El Salvador.

Por muchos motivos, la vida de este hombre debió transcurrir en una gran soledad, donde los elementos de la Naturaleza y los animales fueron sus únicos compañeros. En tantas horas de meditaciones y soledad se fue forjando en él lo necesario para convertirse en un instrumento de una fuerza superior, en el canal por donde manaría el conocimiento que de vez en cuando, y sirviéndose de seres muy humildes, vierten las Potencias Superiores a la humanidad. José Castillo fue un elegido de lo Alto para dejar al mundo materialista e ignorante unas profecías encarnadas en un misterio. Como pasa siempre con estos seres, su mensaje no sería comprendido por todos, pero sí quedaría indeleble en los seguidores de aquella doctrina netamente cristiana. Sus conocimientos y los presagios de lo que esperaba al mundo eran algo asombroso, muy por encima de la comprensión de las mentes de aquellos hombres contemporáneos suyos.

Es a la edad de 67 años, enfermo y cansado debido a una vida de mucho trabajo y privaciones, cuando en José Castillo despierta la mediumnidad y empieza a demostrar para lo que está predestinado. Por aquel entonces José Castillo se traslada, una vez viudo y solo, a vivir con una familia amiga al Albaicín, (Cuesta de San Agustín, n° 13, Paseo de la Harina).

La casa disponía de un pequeño patio al que daba una cueva y fue allí donde el profeta empezó a recibir a todas las personas que iban a verlo. La forma de profetizar, de transmitir las revelaciones de las entidades superiores que le guiaban, consistía en una especie de sacudida muy fuerte, como si de una corriente eléctrica se tratara, que le sacudía su brazo derecho, y hacía que empezara a hablar cosas que no eran normales en un analfabeto. Su intuición de las personas y las cosas, hacía que supiese quien era un verdadero cristiano y quien no, entre las personas que le visitaban. Para él lo más importante era que los seres humanos cayeran en la cuenta de la importancia que tenía el saber los mecanismos del más allá y el comprender la importancia en las vidas de los hombres de la ley de la Reencarnación que explicaba, lo que sin ella, no tenía explicación. Los conocimientos inspirados por lo Alto al padre Pastor, como así empezaron a llamarle sus seguidores, se remontaban al más profundo pasado del hombre, de su comienzo y de la expiación de aquella raza precursora de la humanidad que por un pecado de soberbia encarnó en la Tierra. También reveló parte de la historia de un personaje prehistórico como fue Espartaco, el libertador de los esclavos, cuando la bota romana dominaba el mundo y de cómo este personaje fue un precursor, como tantos otros, de las ideas de la solidaridad y la fraternidad entre los hombres.

Muy al caso de esto que digo, viene la conversación mantenida entre Jesús, el Cristo, encarnado en su misión mesiánica y el gran filósofo Filón de Alejandría sobre un lienzo que expone la crucifixión de seis mil esclavos. El texto se encuentra en la página 158 del segundo volumen de la obra mediúmnica ARPAS ETERNAS:

"- Maestro Filón - dijo por fin Jhasua -, ¿qué significa este conjunto de horrores que ostenta toda la belleza de la realidad llevada a la perfección? - ¡OH, hijo mío! ... - le contestó el filósofo -; ese lienzo es la venganza de los reyes Tuareghs, descendientes de Aníbal, el heroico defensor de Cartago. Y para que mejor lo comprendas te traduciré esta leyenda que está al margen del lienzo:

Un biznieto del gran Aníbal, fue testigo ocular de la crucifixión de seis mil esclavos que se unieron al heroico Espartaco, pidiendo al gobierno romano su libertad que les fue negada. Después de dos años de lucha, refugiados en el Vesubio, fueron capturados y crucificados a lo largo de la Vía Apia, el camino real que une con Roma todo el sur de Italia.

Jhasua parecía no escuchar ya más. Con sus ojos dilatados, húmedos de llanto contenido, miraba fijamente aquel lienzo que desmentía el mediano buen concepto que hasta entonces tuviera de la Roma conquistadora y poderosa". Sin embargo, lo más importante de las profecías que dijo José Castillo, fue lo relacionado con lo que al mundo esperaba y lo que los seres humanos deberían hacer, consiguiendo una perfección moral que les capacitara para el advenimiento de un nuevo mundo y una nueva sociedad basada en la fraternidad y el amor a Dios y a todas sus criaturas. Sus enseñanzas no estaban tan sólo basadas en reglas sociales y humanas, sino que eran un medio seguro de conocer el verdadero cristianismo y conocer el gran proceso evolutivo que nos espera. José Castillo decía que nuestra humanidad había tenido una transformación, se degeneraría moralmente conforme pasara el tiempo, y aunque la ciencia alcanzara un progreso impresionante, los seres humanos no serian capaces de solucionar los graves problemas derivados de su grave irresponsabilidad.

José Castillo desencarnó a la edad de 82 años y sus restos mortales se encuentran en el cementerio de Granada, en el patio de Santiago, Nº 22, sección 56. Pero su gran Espíritu, permanece sobre los seguidores de su doctrina, conocidos como Los Pastoreros.

Información extraída del libro "Mediumnismo y Espiritismo" Juan Luis Sánchez

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