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204. ¿Puede el alma humana elevarse hacia Dios sólo por medio del progreso
moral, prescindiendo de los valores intelectuales?
El sentimiento y la sabiduría son las dos alas con que el alma se elevará
hacia la perfección infinita. En el ámbito restringido del orbe terrestre,
ambos son clasificados como adelanto moral y adelanto intelectual; pero,
como estamos analizando los valores específicamente del mundo, en
particular, debemos reconocer que los dos resultan imprescindibles para el
progreso, aunque es justo tomar en cuenta la superioridad del primero de
ellos con respecto al segundo, por cuanto la parte intelectual sin la
moral puede ofrecer numerosas ocasiones de caída, en la repetición de las
experiencias, al paso que el adelanto moral nunca será excesivo y
constituye el núcleo más importante de las energías evolutivas.
205. ¿Podemos formarnos una idea de la extensión de nuestra capacidad
intelectual?
La capacidad intelectual del hombre terráqueo es sumamente reducida, en
comparación con los elevados poderes de la personalidad espiritual
independiente de los lazos de la materia. Los eslabones de la
reencarnación desempeñan el rol de pantalla sobre todas las conquistas
anteriores del Espíritu reencarnado. Bajo esa sombra está el conjunto de
vagas reminiscencias, de vocaciones innatas, de experiencias numerosas, de
valores naturales y espontáneos, a los que denomináis subconsciente.
El hombre común es una representación parcial del hombre trascendente, que
será reintegrado a sus adquisiciones del pasado una vez que haya cumplido
la prueba o la misión exigidas por sus condiciones morales, de acuerdo con
el mecanismo de la justicia divina. A más de esto, la incapacidad
intelectual del hombre físico tiene su origen en su propia situación,
caracterizada por la necesidad en que está, de sufrir pruebas amargas. El
cerebro humano es un dispositivo frágil y deficiente, donde el Espíritu
caído debe valorizar sus realizaciones de trabajo.
Imaginaos la caja craneana, donde se alojan células microscópicas,
completamente preocupadas por su necesidad de oxigeno, que no prescinden
ni por un milésimo de segundo de la corriente sanguínea que las irriga;
pensad en la fragilidad de los filamentos que las ligan, cuyas conexiones
son de unos cien milésimos de milímetro, y tendréis entonces una idea
cabal de la pobreza de la máquina pensante de que dispone el sabio de la
Tierra para hacer sus orgullosas deducciones. Comprobaréis que, por su
condición de Espíritu caído en la lucha expiatoria, todo tiende a
demostrar al hombre del mundo lo humilde de la posición en que se
encuentra, de manera que en todas las condiciones pueda cultivar los
auténticos valores del sentimiento.
206. ¿En qué concepto se tiene, en el plano espiritual, la situación
intelectual de la Tierra a la hora presente?
En los tiempos modernos, los valores intelectuales del planeta se ven
humillados por todas las fuerzas corruptoras de la decadencia. La
generación actual, que tantas veces se ha entregado a la jactancia,
atribuyéndose las más altas conquistas en el terreno del raciocinio
positivo, ha causado los mayores desequilibrios en las corrientes
evolutivas del mundo, debido a su injustificable divorcio del sentimiento.
Nunca como ahora los círculos educativos de la Tierra poseyeron tanta
facilidad de divulgación, visto el progreso operado en las artes gráficas.
jamás el libro y el diario fueron tan ampliamente difundidos. Sin embargo,
la prensa, casi de un modo general, es un órgano de escándalo para la
comunidad y un centro de intereses económicos de particulares, en tanto
que son pocos los libros que triunfan, sin el favor de la fortuna privada
ü oficial, en caso de ventilar los problemas elevados de la vida.
207. La decadencia intelectual ¿puede perjudicar el equilibrio del mundo?
A no dudarlo. Y por esa razón observamos en el panorama político-social de
la Tierra las aberraciones, los absurdos teóricos y los extremismos, que
producen la inversión de todos los valores. Demasiado absorbidos por sus
extravagancias, los misioneros del intelecto cambiaron su labor junto al
Espíritu por una posición de dominio, así como los sacerdotes de la
religión permutaron la luz de la fe por las prebendas tangibles del status
económico. Como es natural, semejante situación ha acarreado el más grave
desequilibrio en el organismo social del planeta, y, como prueba real de
este aserto, debemos recordar que la guerra de 1914-18 costó a los pueblos
más intelectualizados del mundo una cantidad de dinero que supera los cien
mil billones de francos, siendo de destacar el hecho de que, con menos de
la centésima parte de esa suma, aquellas naciones podrían haber ahuyentado
el fantasma de la sífilis del escenario de la Tierra.
208. ¿Existe una tarea especializada que deba realizar la inteligencia en
el orbe terrestre?
Así como a muchos Espíritus toca la prueba de la fortuna, del poder
transitorio y de la autoridad, del mismo modo hay los que reciben el
encargo sagrado -en luchas expiatorias o misiones santificadoras- de
desarrollar la buena tarea de la inteligencia en provecho real de la
colectividad.
No obstante, de la manera que la riqueza y la posición social destacada
son ambientes de lucha, en que todo triunfo espiritual se torna más
porfiado y difícil, la fama intelectual oscurece muchas veces, en el
mundo, la visión del Espíritu encarnado, conduciéndolo a la injustificable
vanidad, donde las intenciones más puras quedan aniquiladas.
209. El escritor de una obra determinada ¿será juzgado por los efectos que
produzca su labor intelectual en la Tierra?
El libro es igual que la sementera. El escritor correcto, sincero y bien
intencionado es el labrador previsor que obtendrá por su actividad,
cosecha abundante y la elevada retribución de las leyes divinas. El
literato fútil, aficionado a la insignificancia y vanidoso, viene a ser
como el trabajador holgazán y nulo que "siembra vientos y recoge
tempestades". Y el hombre inteligente que vende su pluma, su opinión y
pensamiento en el mercado de la calumnia y el interés, de la ambición y la
maldad, es el agricultor culpable que rebaja las posibilidades generosas
de la Tierra, roba a sus vecinos, no siembra ni permite el desarrollo del
sembradío ajeno, cultivando espinos y agravando sus responsabilidades, de
las que un día responderá, cuando se haya quitado la indumentaria del
mundo para comparecer ante las verdades de lo Infinito.
210. Los trabajadores del Espiritismo ¿deben buscar a los intelectuales
para llevarlos a la comprensión de sus deberes espirituales?
Los obreros de la Doctrina deben hallarse siempre bien dispuestos, en el
taller del esclarecimiento, cada vez que sean buscados por aquellos que
deseen colaborar sinceramente en sus esfuerzos. Pero llamar la atención de
los demás con el propósito de regenerarlos, cuando todos nosotros
-inclusive los desencarnados- estamos en función de perfeccionamiento y
aprendizaje, no parece ser muy adecuado, pues nos cabe todavía un deber
esencial, que es el de la edificación de nosotros mismos.
En la labor de la Doctrina hemos de convenir en que el Espiritismo es el
Cristianismo redivivo, mediante el cual necesitamos proveer el testimonio
de la verdad, y (dentro de la relatividad de nuestro concepto) todo el
fundamento de la verdad de la Tierra reside en Jesucristo.
La verdad triunfa por sí sola, sin ayuda de las frágiles posibilidades
humanas. Ningún alma deberá buscarla suponiéndose el elemento
indispensable a su victoria. Como órgano suyo en el planeta, el
Espiritismo no necesita de determinados hombres para consolar e instruir a
los Seres, de lo cual se desprende que los mismos intelectuales del mundo
son los que deben buscar espontáneamente, en el manantial de conocimientos
de la Doctrina, el beneficio de su iluminación.
Del libro "El consolador que prometió Jesús"
Espíritu Emmanuel.
Médium Francisco Cândido Xavier. |