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Humberto
de Campos nació en una pequeña localidad de Piritiba, en el Maranhâo,
Brasil, en 1886.
Fue un niño pobre. Estudió con esfuerzo y sacrificio. Quedó huérfano de
padre a los 5 años de edad. Su infancia fue marcada por la miseria. En sus
“Memorias”, él cuenta algunos episodios que le dejaron marcado. Tiempo
después, se mudó para Río de Janeiro, entonces Capital de la República,
donde se hizo famoso. Brillante periodista y cronista perfecto, sus
páginas fueron “columnas” en todos los periódicos importantes del País.
Se dedicó enteramente al arte de escribir, y por eso eran escasos los
recursos financieros. A cierta altura de su vida, cuando la economía se
volvió menguada, tuvo la idea de cambiar de estilo. Adoptando el
pseudónimo de Consejero XX, escribió una crónica chistosa al respecto de
la figura eminente de la época – Medeiros y Alburquerque -, que se volvió
así motivo de risa, de burla y de gracia de los cariocas por varios días.
El Consejero, sibilino y mordaz, hirió hondo el orgullo y la vanidad de
Medeiros, poniendo en la boca del pueblo los argumentos que todos deseaban
imputar contra Alburquerque. El éxito fue total.
Habiendo hecho, por experiencia, aquella crónica, de un momento para otro
se vio en la contingencia de mantener el estilo y escribir más, pues sus
lectores multiplicaron, lloviendo cartas a las redacciones de los
periódicos, solicitando nuevas materias del Consejero XX. Además de
mantener el estilo, Humberto se fue profundizando en el mismo, volviéndose
para algunos, en la época, casi inmortal, saciando el paladar de toda una
mentalidad que deseaba más libertad de expresión y ser más explicito en el
abordaje de los problemas humanos y sociales.
Cuando enfermó, modificó completamente el estilo. Sepultó al Consejero XX,
y de las cenizas, cual Fénix luminoso, nació otro Humberto, lleno de
piedad, comprensión y entendimiento para con las flaquezas y sufrimientos
de su semejante.
El alma sufridora del País buscó ávidamente a Humberto de Campos y de él
recibió consuelo y esperanza. Eran cartas de dolor y desesperación que
llegaban a sus manos, pidiendo socorro y auxilio. Y él, tocado en las
fibras más sensibles del corazón, a todas respondía, en crónicas, por los
periódicos, alcanzando millares de lectores en circunstancias idénticas de
pruebas y lágrimas. Se hizo amado por todo el Brasil, especialmente en
Bahía y San Pablo. Sus padecimientos, con todo, aumentaban día a día.
Parcialmente ciego y sometiéndose a varias operaciones, viviendo en una
pensión, sin el calor de la familia, su vida era, en sí misma, un cuadro
de dolor y sufrimiento. No desesperaba sin embargo, y continuaba
escribiendo para consuelo de muchos corazones.
El 5 de diciembre de 1934, desencarnó. Partió llevando de la Tierra
amargas decepciones. Jamás Maranhâo, su tierra natal, lo aceptó. Sus
coterráneos llegaron incluso a ser hostiles. Tres meses después de
desencarnar, volvió del Más Allá, a través del joven médium
Chico Xavier,
este, con 24 años de edad solamente, y comenzó a escribir, sacudiendo al
país entero con sus crónicas del más allá de la tumba. Humberto de Campos
en la fotografía. El hecho sacudió la opinión pública. Los periódicos de
Río de Janeiro y otros estados estamparon sus mensajes, despertando la
atención de toda la gente. Los periódicos gritaban. ¡Extra, extra!
¡Mensajes de Humberto de Campos, después de muerto! Y el pueblo leía con
avidez…
Agripino Griego y otros críticos literarios famosos examinaron con
atención la producción de Humberto, ahora en el Más Allá. Y atestiguaron
la autenticidad del estilo. “¡Sólo podría ser Humberto de Campos!”–
afirmaron ellos. Comenzó entonces una fase nueva para el Espiritismo en el
Brasil. Chico Xavier y la Federación Espírita Brasileña ganaron
notoriedad. Varios libros fueron publicados. Ocurrió lo inesperado. ¡Los
familiares de Humberto movieron una acción judicial contra la FEB,
exigiendo los derechos de autor del muerto! Tal fue el griterío, que la
historia de todo esto está hoy registrado en un libro cuyo título es “La
Psicografía ante los Tribunales”, escrito por Miguel Timponi.
La Federación ganó la causa. Humberto, presionado, se ausentó por un largo
periodo y, cuando volvió a escribir, usó el pseudónimo de Hermano X. En
las dos fases del Más Allá, escribió 12 obras por el médium Chico Xavier.
“Crónicas del Más Allá”, “Brasil, Corazón del Mundo, Patria del
Evangelio”, “Buena Nueva”, “Nuevos Mensajes”, “Luz Arriba”, “Cuentos y
Apólogos” y otros fueron libros que escribió para deleite de muchas almas.
En los primeros mensajes tenemos a un Humberto bien humano, con
características propias del intelectual del mundo. Después, él se va
espiritualizando, sutilizando las ideas y expresiones, volviéndose
entonces el escritor espiritual predilecto de millares. Los que leyeron
sus obras de antes, y de después, de muerto, podrán constatar la realidad
del fenómeno espírita y la autenticidad de la mediumnidad de Chico Xavier.
¡El mismo estilo, el mismo entusiasmo!
Fuente: Revista Reflexões - Edición n.º 5 - Mayo de 1999 - Fernandópolis /
SP - Brasil
Trad. al español
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