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Su
amigo Gastón Bourniquel se ocupó de dar a conocer la vida y obra de
Gustave Geley, científico, médico e investigador de la psiquis humana.
Aparentemente, la falta de datos familiares y personales de su infancia y
adolescencia se debió a que a las pocas semanas de nacido, sus padres se
trasladaron con él a Ginebra, Suiza y allí se establecieron.
Gustave Geley nació el 13 de abril de 1868 en Monceau-les-Mines, región
industrial de la Borgoña francesa, en el departamento Saône-Loira; es
decir, donde estos ríos se encuentran en una tierra de castillos e
iglesias romanas, de viñedos, ganado y labrantíos. Abandonó su tierra
natal y a su regreso de Suiza se estableció en Lyon, donde comenzó sus
estudios de medicina. Su adolescencia y juventud se desarrollaron,
entonces, en el marco antiguo de la metrópoli bimilenaria, fundada 43 años
antes de nuestra era y al mismo tiempo con el empuje de la modernidad.
Podemos imaginarnos que disfrutó de sus amplios vestigios romanos, de los
incomparables barrios renacentistas, de las altas torres, las oportunas y
altas escaleras, de sus patios con galerías unidos por amplios pasillos
que permiten transitar de una calle a otra; y también, habrá admirado la
catedral de Saint Jean del siglo XII que luce un basamento de mármol
extraído del foro Trajano y sus cuatro torres ubicadas al pie de la colina
de Fourrière.
La ciudad de Lyon, comercial e industrial, pero también con una gran
actividad intelectual, era el marco propicio para acunar el desarrollo de
ese espíritu ávido de conocimiento. El arte y la cultura han tenido en esa
ciudad un lugar importante desde antiguo, y numerosas manifestaciones
atrajeron siempre a un público joven y entusiasta que encontró cabida en
su ópera, sus teatros y auditorios, como en sus museos que albergan obras
de arte romanas muy antiguas. Este ambiente cultural dió el escenario
adecuado para contribuir a la formación de su personalidad. Por otra
parte, la ubicación de la ciudad en la confluencia de los ríos Saône y
Ródano, permite gozar de un paisaje espectacular; y en el suburbio de Lyon,
al pie de las montañas de Beaujolais, el río Saône, plateado y lleno de
pesca, es un paseo obligado y habitual de los jóvenes. Por lo que estamos
seguros que en sus años de estudiante, Gustave habrá disfrutado de la
belleza de los campos con granjas y viñedos.
Ingresó a la Facultad de Medicina de Lyon donde cursó sus estudios en
forma brillante y los coronó con una tesis de grado titulada "Las
aplicaciones periféricas de ciertos alcaloides o glucósidos", por la que
recibió el premio máximo otorgado por esa casa de estudios. A los 28 años
de edad comenzó su práctica médica como interno del Hospital de Lyon, y
para ese entonces ya estudiaba con pasión los fenómenos psíquicos
paranormales, y era miembro de la Sociedad de Estudios Psíquicos de
Ginebra, dirigida en aquel entonces por Daniel Metsger; interesándose
también por el Espiritismo, extendido por Francia y otros países de
Europa.
En 1897 publicó, bajo el pseudónimo de Dr. Gyel, su primera obra titulada:
"Ensayo de revisión general y de la interpretación sintética del
Espiritismo"; libro, notable por sus conceptos, que permitía apreciar ya,
al filósofo y al observador ansioso de encontrar una nueva verdad; y es
todavía, un curso metódico de filosofía espírita sumamente completo y
claro, en cuya conclusión decía: "La doctrina espírita es muy grandiosa
para no imponer a los pensadores una discusión profunda. Buen número de
ellos concluirán apreciando seguramente, que una doctrina basada sobre
hechos experimentales tan numerosos y tan precisos, acordes con todos los
conocimientos científicos en las diversas ramas de la actividad humana,
dando solución muy clara y muy satisfactoria a los grandes problemas
psicológicos y metafísicos, es verosímil; mucho más: verdadera; es muy
probablemente verdadera. Esto le corresponde decírnoslo a la ciencia; a la
ciencia, que desde ahora, no puede desentenderse de los estudios
psicológicos".
Finalizado su internado en el hospital de Lyon, se trasladó a la ciudad de
Annecy ubicada en los Alpes franceses; muy antigua y coqueta, con decorado
de opereta, con sus casas llenas de flores asomadas sobre las verdes aguas
del río Thion y frente a las austeras construcciones medievales conocidas
como Palacios de l'Isle. Allí ejerció su profesión hasta 1918, es decir
durante 20 años, llevando una vida regida por la más absoluta integridad
moral y conquistando el aprecio de sus amigos, pacientes y conocidos.
Al principio de su carrera dictó conferencias en la Universidad Popular de
Annecy, luego recopiladas en un pequeño volumen titulado: "Las pruebas de
la transformación y las enseñanzas de la doctrina evolucionista",
publicado luego por Alcan - París en 1901.
Inquieto por adquirir conocimientos, estudió las grandes filosofías y
religiones, en especial las doctrinas pitagóricas y platónicas que lo
atraían sobremanera, y profundizó en los planteamientos presentados por el
Espiritismo codificado por Allan Kardec, con el que se identificó
plenamente.
En 1899 apareció su obra "Ser inconsciente, ensayo de síntesis explicativa
de los fenómenos oscuros de la psicología normal y anormal", en la que
formuló conclusiones netamente reencarnacionistas, fruto del estudio de
las profundas reservas psicológicas que existen en forma latente en los
archivos subconscientes del ser humano. Estas reflexiones lo llevaron a
considerar a la palingenesia como la solución más satisfactoria para
entender el problema de las desigualdades humanas, de los sufrimientos
supuestamente inmerecidos y en general, de todas las vivencias y
condiciones de los seres.
Decía estar seguro, que llegaría el momento en que esta doctrina dominaría
los sistemas filosóficos y reemplazaría los dogmas religiosos. Era un
hombre de ciencia y un filósofo profundo, y sin lugar a dudas, en el campo
de las investigaciones metapsíquicas inauguró lo que se puede denominar
"filosofía científica del ser". Como hombre de su tiempo, educado en el
método positivista, Geley extrajo del mismo cuanto le podía ofrecer; pero
supo separar lo útil de lo cuestionable y su razonamiento se moldeó en una
forma profundamente científica, no aceptando jamás aquello que no pudiese
ser probado por medio de la experimentación. Evidentemente, su preparación
académica era necesaria para el trabajo importantísimo que más tarde
realizaría con habilidad y eficiencia.
En 1912 comenzó una serie de experiencias y actividades que le reportaron
fama internacional y se produjo un hecho que se comentaría en toda Francia
y en gran parte de Europa, ya que Geley era muy respetado por sus trabajos
científicos. Escribió una respuesta al doctor Innocenzo Calderone,
director fundador de la revista "Filosofía de la Ciencia" de Palermo,
Italia, y autor de la obra "Libre Albedrío, Determinismo, Reencarnación",
donde reafirmaba su posición reencarnacionista y la examinaba desde el
punto de vista moral, filosófico y científico.
Con relación al primer aspecto expresaba que "La palingenesia se basa en
la fórmula de la justicia inmanente que es el resultado del juego normal y
regular de la vida terrena. Puesto que el ser es siempre lo que se ha
hecho por sí mismo, en el curso de su evolución, en la serie de sucesivas
existencias, de ello resulta que su inteligencia, carácter, facultades,
buenos o malos instintos, constituyen su propia obra y sobre él recaen las
consecuencias de dicha obra. Somos entonces recompensados o castigados, no
por lo que hemos hecho, sino simplemente porque lo hicimos".
Reflexionaba que la sanción natural de la palingenesia no es únicamente
personal sino también colectiva, extendiéndose a una familia, a un pueblo
o a una raza; por lo tanto, los grupos de seres que se han aproximado en
una o varias existencias se unen en estrecha solidaridad y de allí, se
imponen las consecuencias prácticas, resumidas en cuatro factores
primordiales:
El trabajo y el esfuerzo solidario, ya que todo lo que propicie o retrase
la evolución de cada uno favorecerá o retardará la de cualquier miembro de
la colectividad y la general. La tolerancia con los errores ajenos, los
cuales deben interpretarse como signo de poca evolución y progreso. La
comprensión ante las desigualdades naturales y transitorias que indican el
resultado de la ley del esfuerzo individual; pero haciendo lo posible por
ayudar a superarla. La aceptación del olvido relativo y momentáneo durante
la encarnación, necesario y beneficioso para el progreso y la superación
de las pruebas; pero admitiendo que en espíritus más evolucionados el
olvido ya no será necesario porque el consciente y el inconsciente ya no
estarán aislados ni serán distintos. Desde el punto de vista filosófico
creía que se podía resumir en la frase: "Suprime todas las dificultades
opuestas por el materialismo al idealismo y todas las objeciones que, en
nombre de la lógica, se hacen a la noción de la supervivencia". Mientras
explicaba que:
"El mal no tiene su origen en la voluntad, la impotencia o la imprevisión
de un Creador responsable, sino que es, simplemente, la medida de la
inferioridad de los seres y mundos, o la sanción del pasado y en ambos
casos, irá disminuyendo conforme al progreso evolutivo y proporcionalmente
a dicho progreso; y en los dos casos resulta útil, pues constituye el
principal factor de nuestro adelanto, ya que es el aguijón que nos impide
inmovilizarnos en el estado presente y que, por medio de sus reacciones
dolorosas, nos conduce o nos devuelve al recto camino, pero tiene un
carácter relativo, transitorio y siempre reparable. En consecuencia, la
felicidad suprema no será privilegio de unos pocos "elegidos", sino el
patrimonio de todos, y no será el efecto de una gracia sobrenatural ni de
vanas prácticas rituales.
La inteligencia, la fuerza y la materia no pueden concebirse aisladamente,
sino como modalidades de la sustancia universal en vías de evolución y el
proceso de encarnación no es un privilegio del hombre, sino que es
consecuencia de una ley natural y general que abarca todo lo que piensa,
vive y es." Desde el punto de vista científico, estaba convencido que el
principal atractivo de la idea reencarnacionista era que no se la
consideraba como el producto de una revelación, sino por el contrario,
como el resultado de una probabilidad científica, que tarde o temprano se
convertiría en una magnífica certidumbre. Afirmaba entonces, que la
palingenesia estaba de acuerdo con todos los conocimientos científicos
vigentes y en un estudio exhaustivo demostró el acuerdo que existía entre
esa filosofía y la astronomía, la historia natural, la geología, la
paleontología, la anatomía y la fisiología comparada; pero sobre todo con
el evolucionismo, que da la clave de una multitud de enigmas de carácter
psicológico como las cualidades innatas, el talento y el genio, y las
desigualdades paradójicas entre la herencia física y la herencia psíquica;
pues esta última, tal vez, exista como consecuencia muy atenuada de la
herencia física, pero en rigor de verdad, el carácter y las facultades que
el ser trae a su nacimiento, son ante todo, el producto de su propia
evolución.
Las demostraciones derivadas de la psicología integral, entendida en el
amplio concepto de psicología normal, anormal y supranormal lo llevaron a
admitir la posibilidad teórica de la reencarnación, que surgía de los
trabajos sobre la subconciencia y la criptomnesia, en los que comprobó que
por influencias diversas, como la emoción, la enfermedad o el peligro,
algunos recuerdos aparentemente olvidados, reaparecen espontánea y
súbitamente.
Por otra parte, el hipnotismo, el sonambulismo o la mediumnidad puso en
evidencia la existencia de la criptomnesia, y el hecho de que ésta se
extienda más allá de la existencia actual es comprensible, lógico y
racional, considerando que ese subconsciente tan misterioso y profundo
contiene en sí el recuerdo y las adquisiciones de las vidas pasadas.
Con toda honradez se refería a la probabilidad de la reencarnación y no a
la certeza, porque hasta esa fecha no se había ofrecido una demostración
directa y suficiente. Estaba convencido que las experiencias del Coronel
Albert de Rochas sobre la regresión de la memoria representaban sólo un
inicio para proseguir las investigaciones en ese sentido. Esta posición
reencarnacionista quedó expresada en su libro "El ser subconsciente",
publicado en 1899.
Desde 1912 hasta 1915 realizó importantes experiencias con diversos
médiums, en los que aplicaba estrictamente el método científico. Buscó
resultados a través de varios sensitivos. Con el conjunto de datos
obtenidos deducía una posible respuesta; examinaba todas las teorías ya
formuladas sobre ese asunto, las analizaba, aceptándolas o no; escogía las
que primasen por la lógica y luego de un segundo examen enfocaba lo
ocurrido, sacando conclusiones sobre su procedencia; por último las
confrontaba, procuraba mostrar los pro y los contra, y finalmente, sacaba
conclusiones. Su alto nivel profesional y su actividad responsable lo
hicieron merecedor de la designación como Secretario del Gabinete de la
Comisión Sanitaria de Higiene de las Naciones Aliadas, durante la guerra
de 1914 a 1918. Fue movilizado a Italia, como Mayor de la Armada y esto le
proporcionó la ocasión de conocer al Profesor Santolíquido, jefe de los
Servicios Sanitarios de las tropas italianas. Las investigaciones comunes
entre ellos les sirvieron de lazo de unión, y cuando se fundó en París el
Instituto de Metapsíquica, con Santolíquido en la Presidencia, el Dr.
Geley ocupó la Dirección.
Desde 1916 a 1918 se dedicó a estudiar a la médium Eva Carrière (Marthe
Bèrand) con quien realizó el mayor número de experimentos de su
investigación. Su obra "Del inconsciente al consciente" se basa
fundamentalmente, en los fenómenos observados en esa sensitiva, con
producción de materializaciones diminutas de rostros, manos y cabezas
enteras. Al sacar sus conclusiones, se limitaba a decir que lo había
visto, tocado, fotografiado y registrado con sus instrumentos, en muchas
ocasiones desde su origen a su terminación porque se formaba, se
desenvolvía y desaparecía bajo sus ojos.
Eva se sometió a todas las exigencias de Geley, en provecho de la ciencia,
razón por la cual el eminente científico le dió su agradecimiento público
en nombre de todos los investigadores. La médium, desarrollada y educada
científicamente por su madre adoptiva Madame Juliette Bisson, aceptó
trabajar con Geley durante más de un año en reuniones bisemanales, en su
casa o en su laboratorio del Instituto Metapsíquico Internacional de
París, donde aproximadamente 150 científicos fueron testigos de los
fenómenos que producía.
La médium era desvestida y luego cubierta con una bata negra, después de
haber sido revisada cuidadosamente por señoras de la confianza de Geley;
luego era amarrada a una silla, amordazada y inmovilizada, mientras Geley
le aseguraba una mano. En un ambiente suavemente iluminado por una luz
roja, se ponía a Eva en estado de hipnosis superficial, con pérdida u
olvido de la personalidad ordinaria; tomaba asiento en un gabinete oscuro
para sustraerla del efecto de la luz, pero sus manos permanecían fuera de
la cortina.
Los fenómenos se producían después de un tiempo variable; Eva suspiraba,
se quejaba, hacía esfuerzos intermitentes que recordaban el trabajo del
parto, llegaban al paroxismo al comenzar y disminuian cuando el fenómeno
estaba formado; es decir, cuando se exteriorizaba una sustancia al
principio amorfa o polimorfa, que tomaba representaciones diversas,
generalmente de órganos más o menos complejos.
La sustancia se anunciaba con manchas blanco luminosas de la dimensión de
un guisante o mayor, diseminadas sobre la sombra negra de la médium,
principalmente del lado izquierdo. Este fenómeno premonitor podía aparecer
alrededor de una hora antes, aunque a veces, no se presentaba, y otras,
después de aparecer, no había ninguna otra manifestación. La sustancia
propiamente dicha se desprendía de todo el cuerpo de la médium, aunque
especialmente de los orificios naturales y de las extremidades del cuerpo
y de la coronilla. Pero, el que provenía de la boca, en la superficie
interna de los carrillos, del velo del paladar y de las encías, era el más
fácil de observar. Se presentaba como una pasta maleable, verdadera masa
protoplasmática de distintas formas: hilos numerosos y finos, cordones de
diverso espesor, rayos estrechos y rígidos, bandas anchas y aplanadas, o
membranas de contornos indefinidos e irregulares. La cantidad era
sumamente variable, podía ser ínfima o considerable y podía presentarse en
tres colores diferentes: blanco, negro o gris; pero el primero era más
frecuente, quizás por ser el más fácil de observar.
La visibilidad era muy variable y al tacto daba sensaciones diversas:
húmeda y fría, blanda y viscosa, y más rara vez, seca y endurecida, lo que
dependía de su forma. Se movía lentamente, ascendía, descendía, se paseaba
por las espaldas, por el pecho, por los brazos y los muslos de la médium,
con movimientos de reptación. A veces, sus evoluciones eran bruscas y
rápidas; también aparecía y desaparecía como un relámpago. Su sensibilidad
era muy marcada, y se confundía con la de la médium hiperestesiada. Si el
contacto era un poco fuerte o prolongado la médium acusaba un dolor
comparable con el que produciría un golpe sobre la carne viva. Era
sensible a la luz, sobre todo si era fuerte e inesperada y provocaba un
estremecimiento doloroso, aunque era difícil distinguir si se trataba de
dolor, reflejo o ambos. Tenía una especie de instinto; como el recelo de
un animal sin defensa; se replegaba a sí misma como el caracol y tenía
tendencia inmediata e irresistible a la organización, por lo que no
permanecía mucho tiempo en estado original, y a veces, no daba tiempo a
percibir la sustancia primordial.
Las representaciones eran muy variadas; podía ser un órgano, un rostro,
una mano o un dedo. En los casos más perfectos tenían todas las
apariencias y propiedades biológicas de un órgano vivo y en muchos casos
se formaban completamente frente a él, desde el principio hasta el final
del fenómeno. Tocó la representación de una mano y tuvo la sensación de un
miembro totalmente normal; apreciando el hueso y los dedos con sus uñas;
para ver luego como se reducía y desaparecía en la extremidad del cordón
de sustancia ectoplásmica.
En otra ocasión apareció una cabeza perfectamente formada, a una distancia
de 75 cm.de la cabeza de la médium y Geley pudo palpar el cráneo, pero un
instante después desapareció.
Pudo observar que los órganos materializados no eran inertes, sino
biológicamente vivos. Una mano, por ejemplo, tenía capacidad funcional, y
Geley, en ocasiones, fue tocado o asido intencionalmente. A veces,
parecían planos y luego adquirían volumen.
La desaparición era tan curiosa como la aparición; a veces instantánea,
otras progresiva, y en este caso se podía observar su retorno a la
sustancia original y luego la absorción de la sustancia.
La formación de la representación estaba en relación fisiológica y
psicológica con la médium y se apreciaba que toda impresión recibida por
el ectoplasma repercutía en el sujeto y recíprocamente; todo probaba
entonces, que el ectoplasma era la propia médium parcialmente
exteriorizada.
Geley no realizó el análisis biológico y microscópico de la sustancia por
escrúpulo moral; la idea de que la amputación provocaría el dolor, la
herida o aún la muerte de la médium lo contuvo. Años después se dieron las
condiciones de seguridad y se realizaron estudios que permitieron
comprobar que el ectoplasma está formado por elementos normales de los
tejidos orgánicos: proteínas, lípidos, leucocitos, etc.
Geley concluyó que había una analogía evidente entre la fisiología normal
y la supranormal, por lo que era imperativo admitir la existencia de un
dinamismo superior organizador y director; y surgió, tal vez por instinto,
la nomenclatura adecuada para ser aplicada a los fenómenos de
materialización: IDEOPLASTIA, con el significado de modelo material vivo,
producido por la idea. De esta forma, la idea deja de ser la consecuencia
o un producto de la materia, sino que, al contrario, queda convertida en
el agente que moldea, que produce la forma y los atributos de la materia.
A la denominación de IDEOPLASTIA se agregó la expresión TELEPLASTIA, para
indicar que el fenómeno se produce aún fuera del organismo descentralizado
o desmaterializado.
En 1918 dictó una conferencia en el Colegio de Francia, que atrajo a
numerosos sabios, escritores y filósofos y alcanzó gran resonancia. Por
primera vez un sabio francés abordaba ante el público, el problema
metapsíquico, haciendo constar los fenómenos, afirmando su legitimidad y
no vacilando en defender públicamente, las experiencias de Mme. Bissonn y
de la médium Eva, hasta ese momento tan ásperamente atacadas por la
prensa. Al mismo tiempo apareció su obra capital "Del inconsciente al
consciente", concebida tanto por el pensador como el experimentador y que
constituye un documento filosófico de los más apreciados.
En 1919, su competencia intelectual, su fama de científco serio y
experimentador sagaz, lo convirtieron en el candidato ideal para Director
del Instituto Metapsíquico Internacional fundado por Juan Meyer y se
trasladó definitivamente a París. Desde esa Institución, aplicó
tesoneramente su inteligencia y capacidad de trabajo para investigar la
existencia del alma y establecer las leyes que la colocan por encima de
las leyes de la materia, así como también, para dar a conocer dentro de
los medios científicos la autenticidad de los hechos, mientras ponía en
evidencia su identificación con la doctrina de los espíritus codificada
por Allan Kardec.
Los ataques a su trabajo, ocasionados por la ignorancia o por intereses
ajenos a la investigación, no se hicieron esperar. A pesar de la
resistencia y de las más bajas calumnias, Geley logró darle un enérgico
impulso a las investigaciones metapsíquicas, amparado en su carácter
afable y paciente, que reflejaba una calma imperturbable, a sus
experiencias metódicas con los mejores médiums y a su empeño en un
movimiento renovador de la ciencia de espíritu.
En ese mismo año, examinó exhaustivamente al médium polaco Franek Kluski,
profesional liberal y poseedor de una vasta cultura integral que
demostraba en sus actividades como escritor, poeta y políglota, y que con
el mayor desinterés, se puso a la disposición del Instituto Metapsíquico
Internacional bajo las órdenes de Geley; después de haberse sometido a las
investigaciones en la Sociedad de Estudios Psíquicos de Varsovia, con la
que Geley estaba vinculado.
En Kluski los fenómenos se habían presentado desde la infancia y aceptados
con naturalidad, aunque desde los 20 a los 45 años, absorbido por sus
ocupaciones y compromisos de familia, no les había prestado atención; por
lo que Geley interpretó que sus facultades parecían hereditarias, puesto
que la mediumnidad espontánea había sido observada frecuentemente en
miembros de una misma familia.
En todos los trabajos con el médium y con la colaboración del Prof.
Charles Richet, utilizó escrupulosamente el método analítico, cronológico
y sintético, organizó las sesiones de manera similar a las realizadas con
Eva y se aseguró de descartar cualquier error o fraude. En este caso el
sensitivo presentaba escasas manifestaciones sensoriales; no necesitaba
ser hipnotizado para dar inicio al trance; lo conseguía espontáneamente,
aunque nunca quedaba totalmente inconsciente; volvía en sí al aumentar la
luz bruscamente y sentía un cansancio tan intenso, que lo obligaba a
permanecer acostado e inmóvil, para recuperarse de su agotamiento; sufría
palpitaciones, sed intensa, a veces vómitos de sangre y casi siempre
insomnio, después de las experiencias. En su caso, la sustancia se
desprendía en forma de gas o vapor, con un olor a ozono al inicio del
trance; luego, una neblina o vapor fosforescente flotaba en torno del
médium, y cuando la materialización se completaba, se veían rostros y
manos perfectamente formados y frecuentemente luminosos, que desaparecían
tan súbitamente como habían aparecido.
Estas manifestaciones pudieron ser apreciadas visual y táctilmente, no
sólo por Geley y Richet, sino por Camile Flammarion, su esposa y la señora
de Geley, quienes ocasionalmente concurrían a las sesiones, y con sorpresa
percibieron el contacto de las manos cálidas y vivas, mientras los rozaban
ligeramente. Durante estas experimentaciones se obtuvieron además,
múltiples pruebas objetivas por el procedimiento de los moldeados de
parafina.
Un año después, Geley fundó el Boletín del "Instituto Metapsíquico
Internacional" luego convertido en "Revista Metapsíquica", donde se
publicaron los artículos de eminentes estudiosos como Ernesto Bozzano,
Gabriel Bozzano y Charles Richet entre otros.
Este último científico, galardonado con el premio Nobel de Medicina,
colaboró en sus investigaciones durante años, lo que le permitió tener un
conocimiento amplio de su personalidad y emitir su juicio ecuánime:
"Competencia absoluta en todos los dominios objetivos y subjetivos de la
Metapsíquica, conocimiento profundo de las condiciones psico-fisiológicas
y médicas de la mediumnidad, cortesía elegante, capacidad incomparable
para el trabajo. Geley poseía todas las cualidades exigidas y además las
rebasaba. Tenía sobre todo, el ardor, el entusiasmo, la convicción en la
ciencia, la pasión de la investigación científica. Y, aunque su sagacidad
y su perseverancia fuesen grandes, las considero menores que su celo
admirable. Fue gracias a este celo ardiente que él pudo, durante 6 años,
asumir la dirección real del movimiento metapsíquico, no sólo en Francia,
sino en el mundo entero".
Entre 1921 y 1923 Geley estudió las facultades del ingeniero polaco
Stephan Ossowiecki, médium, clarividente y productor de efectos de
telekinesia; mientras simultáneamente, trabajaba en sesiones con el médium
Jean Guzik, también polaco, con quien pudo presenciar raros fenómenos de
ectoplasma en formas de animales y sorprenderse con el contacto de la cola
de un cachorro salido de los vestidos del médium o con otras formas de
animales que exhalaban olor. Todos estos fenómenos quedaron plasmados en
centenares de moldes de parafina, sorprendentes por su perfección,
examinadas por perplejos peritos, quienes no encontraron la explicación a
la ausencia de las costuras necesarias para su elaboración. Esto dio lugar
a la famosa "manifestación de los 34", así llamada la participación de las
más altas personalidades francesas y extranjeras de la ciencia, de la
medicina, la literatura y la policía científica, en la comprobación de los
fenómenos obtenidos con Jean Guzik, amparada en extremas e irreprochables
condiciones de control.
Geley no se satisfacía con poco y era muy exigente con su trabajo.
Experimentó también con la fotografía y las apariciones. Se interesó en la
transmisión del fluido magnético, al que llamó momificador cuando observó
la alteración o destrucción de algunos parásitos microscópicos por la
acción fluídica; lo que lo llevó a concluir que la energía del médium era
indirectamente microbicida, pues producía ese efecto gracias al refuerzo
que provocaba en los tejidos. Estas conclusiones le permitieron relacionar
el fenómeno con la metapsíquica curativa, luego ampliamente difundida en
el Espiritismo experimental. Así mismo, se interesó en el estudio de la
clarividencia y de las comunicaciones mediúmnicas cruzadas que habían
comenzado a investigarse en la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de
Londres (SPR).
El pretendido fracaso del médium Guzik en la Sorbona fue la señal de una
campaña contra la Metapsíquica, y todo elemento se reputó bueno para
alimentar la arremetida de injurias y calumnias. No importaba si se
trataba de chismes estúpidos, falsificación de hechos, mentiras y
testimonios falsos; todo servía para que la prensa y el público le dieran
acogida. Entre los más belicosos adversarios, estaba Paul Heuzé quien,
insertó en "L'Opinion" una serie de crónicas difamatorias que causaron la
satisfacción de algunos interesados, sobre todo de los dogmáticos.
Durante los Congresos Metapsíquicos efectuados en Copenhague, en 1921, y
en Varsovia, en 1923, Geley tuvo una actuación muy destacada, convertido
ya en una figura de renombre internacional, merecedora de respeto como
científico de gran credibilidad. Todo este trabajo quedó documentado en
muchos escritos y entre sus obras fundamentales se pueden mencionar:
"Ensayo de la revisión general y de la interpretación sintética del
Espiritismo" (1897), "El ser inconsciente" (1899), "Monismo idealista y
palingenesia" (1912), "Las correspondencias cruzadas" (1914), "La
fisiología llamada supranormal y los fenómenos de ideoplastia" (1918),
"Del inconsciente al consciente" (1919), "La ectoplasmia y la
clarividencia" (1924).
Luego de tan intensa investigación formuló teorías para la estructura de
la materia y estudió la psicología humana integral, según su propia
denominación, refiriéndose a la psicología normal, anormal y supranormal o
paranormal. Estudió el mediumnismo utilizando todos los medios científicos
a su alcance, y tratándose de un idealista, fue un defensor del hombre
como manifestación espiritual.
Identificado con la doctrina de los espíritus codificada por Allan Kardec,
vivió en el marco de su concepción ética, y su fe absoluta estuvo
constantemente al servicio del razonamiento, que según René Sudré era
"rápido como una flecha" y preciso a toda prueba. Logró pleno y
justificado éxito en sus investigaciones, proponiendo nuevas concepciones
científicas de la vida en su más amplio significado, afirmando: "Sobre la
claridad de esas nociones tan simples: la palingenesia, la sobrevivencia,
la comunicación de los espíritus, etc., todas las oscuridades de la
Psicología normal y anormal, desaparecen".
Su concepto sobre las consecuencias morales y sociales aportadas por la
filosofía de la palingenesia, nos permite conocer íntimamente a Gustavo
Geley. En el siguiente párrafo está resumida toda la idea de este
investigador y filósofo con respecto a la vida del hombre y a la armonía
universal.
"Esas consecuencias se resumen en algunas prescripciones:
Trabajar, amar cada uno a su prójimo, auxiliarse mutuamente, rechazar
todos los sentimientos bajos e inferiores tales como el egoísmo y sobre
todo el odio y el espíritu de venganza.
Evitar todo lo que a otro pueda perjudicar. No despreciar a nadie; no ver
a los imbéciles, los inicuos y los criminales como seres inferiores; ser
por consiguiente, profundamente indulgente con las faltas de los otros, y
en la medida de lo posible, abstenerse de juzgar. En fin, extender nuestra
piedad y nuestra ayuda hasta los animales, a los cuales les evitaremos el
sufrimiento lo más posible, y a los que apenas en caso extremo, daremos
muerte.
Cuando los hombres comprendan la infinita evolución, sabrán conciliar los
principios de la libertad individual y de la solidaridad social.
Comprenderán que tienen el derecho del libre desenvolvimiento, pero que
serán rigurosamente solidarios, en ese libre desenvolvimiento, no sólo con
sus semejantes, sino con todo lo que piensa, con todo lo que vive, con
todo lo que existe.
Las quimeras de hoy serán las espléndidas realidades de mañana."
Todos se vieron obligados a reconocer su honestidad cuando, sorprendiendo
al médium Erto en el momento de falsificar sus producciones luminosas,
Geley no vaciló en hacerlo público en la Revista Metapsíquica en su
edición de mayo-junio de 1924, y terminar con un consejo para los
experimentadores, a propósito del control indispensable sobre los médiums.
Esta advertencia iba a ser la última, pues el 14 de julio de 1924,
mientras Francia celebraba su fiesta nacional, llegó a París una triste
noticia: el Dr. Gustave Geley, respetado Director del Instituto de
Metapsíquica Internacional acabada de fallecer en un accidente aéreo en
Varsovia.
Hacía 3 semanas que había viajado a Praga con el objeto de dictar un ciclo
de conferencias, y más tarde a Varsovia, para hacer nuevos experimentos
con los sensitivos polacos y obtener nuevos moldes de parafina. Ese día de
fiesta, también festejado por los polacos, las actividades en el
aeropuerto estaban reducidas y no conseguía un piloto dispuesto a realizar
el vuelo.
Después de varias negativas, encontró a George Clément quien consintió en
hacer el viaje. Geley saludó a los amigos y compañeros de trabajo que lo
despedían, la hélice del avión arrancó y un minuto después remontaba el
vuelo. Apenas el avión había alcanzado altura, todavía en Varsovia, el
aparato capoteó y cayó pesadamente en un campo sembrado de papas. El ruido
de la caída atrajo a los campesinos de los alrededores; pero al llegar
comprobaron que el pasajero y su piloto habían perdido la vida. El hecho
produjo tremenda consternación, no obstante algunos aprovecharon el
desconcierto para apoderarse del reloj y de la billetera del Dr. Geley.
Por otra parte, como era de esperar los moldes de parafina quedaron
pulverizados.
Quedaban su viuda y dos hijas, una de las cuales había contraído
matrimonio hacía unos meses. Las honras fúnebres se celebraron el 21 de
julio en la Catedral de Varsovia y los restos fueron inhumados en Francia
en el panteón de la familia.
Su amigo Gaston Bourniquel en su artículo In memoriam despidió a Gustave
Geley con estas palabras: "La muerte brutal ha sorprendido a nuestro amigo
en el campo del honor, pudiéramos decir en plena acción, en su puesto de
trabajo. Jamás una vida fue tan fecunda y tan dignamente aprovechada. Que
ella nos sostenga, que ella nos sirva de ejemplo, y que cada uno de
nosotros pueda decir como él: Cumplí mi deber; realicé mi obra con ardor y
sin resabios de amargura; mi tarea ha terminado. ¡Qué mis sucesores la
continúen! |