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Hemos extraído el siguiente caso de una carta que nos ha escrito uno de
nuestros corresponsales de St-Étienne, en el mes de septiembre de 1857.
Después de haber hablado de diversas comunicaciones de las que ha sido
testigo, él agrega:
«Un
hecho más sorprendente ocurre en una familia que vive en nuestros
alrededores. De las mesas giratorias han pasado al sillón que habla;
después han atado un lápiz a la pata de ese sillón y éste ha indicado la
psicografía; ha sido practicada por un tiempo largo, más bien como juguete
que como cosa seria. En fin, la escritura ha designado a una de las
jovencitas de la casa y ha ordenado pasar las manos sobre su cabeza
después de haberla hecho acostar; ella se durmió casi inmediatamente y,
después de un cierto número de experiencias, esta muchacha se transfiguró:
ella tomaba los rasgos, la voz y los gestos de parientes muertos, de
abuelos que nunca había conocido y de un hermano fallecido desde hacía
algunos meses; esas transfiguraciones ocurrían sucesivamente en una misma
sesión. Ella hablaba un dialecto que no es más el de nuestra época: esto
me lo han dicho, porque yo no conozco ni el de antaño ni el actual; pero
lo que puedo afirmar es que en una sesión donde había tomado la apariencia
de su hermano – un hombre vigoroso –, esta jovencita de 13 años me ha
estrechado la mano con un rudo apretón. «Desde hace 18 meses o dos años
que ese fenómeno es constantemente repetido de la misma manera; sólo hoy
en día se produce espontánea y naturalmente, sin imposición de las manos.»
Aunque bastante raro, este fenómeno extraño de ningún modo
es excepcional; ya nos han hablado de varios hechos semejantes, y varias
veces nosotros mismos hemos sido testigo de algo análogo entre los
sonámbulos en estado de éxtasis e incluso entre los extáticos que no se
encontraban en estado sonambúlico. Además, es cierto que las emociones
violentas operan sobre la fisonomía un cambio que le da un carácter
completamente diferente al del estado normal. ¿No vemos igualmente a
personas cuyos rasgos móviles se prestan, según su voluntad, a
modificaciones que les permiten tomar la apariencia de otras personas? Por
lo tanto, vemos con esto que la rigidez del rostro no es tal que no pueda
sujetarse a modificaciones pasajeras más o menos profundas, y nada hay de
sorprendente en que un hecho semejante pueda producirse en el caso en
cuestión, aunque quizás por una causa independiente de la voluntad. He
aquí las respuestas que al respecto hemos obtenido de San Luis, en la
sesión de la Sociedad del 25 de febrero último.
1. El caso de transfiguración del cual acabamos de hablar, ¿es real?
Resp. Sí.
2. ¿Hay en ese fenómeno un efecto material?
Resp. El fenómeno de transfiguración puede tener lugar de una manera
material, a tal punto que, en las diversas fases que presenta, se podría
reproducirlo en el daguerrotipo.
3. ¿Cómo es producido este efecto?
Resp. La transfiguración, como vosotros la entendéis, no es sino una
modificación de la apariencia, un cambio, una alteración en los rasgos que
puede ser producida por la acción del propio Espíritu sobre su envoltura,
o por una influencia exterior. El cuerpo nunca cambia, pero a consecuencia
de una contracción nerviosa experimenta apariencias diversas.
4. ¿Puede suceder que los espectadores sean engañados por una falsa
apariencia?
Resp. Puede ocurrir también que el periespíritu desempeñe el papel que
conocéis. En el hecho citado hubo una contracción nerviosa, y la
imaginación lo ha aumentado mucho; además, este fenómeno es bastante raro.
5. El papel del periespíritu ¿sería análogo a lo que pasa en el fenómeno
de bicorporeidad?
Resp. Sí.
6. ¿Entonces es preciso que, en el caso de transfiguración, haya
desaparición del cuerpo real para los espectadores que no ven más que el
periespíritu bajo una forma diferente?
Resp. No una desaparición física, sino una oclusión. Entendeos sobre las
palabras.
7. Parece resultar de lo que acabáis de decir que en el fenómeno de
transfiguración pueden haber dos efectos:
1°) Alteración de los rasgos del cuerpo real como consecuencia de una
contracción nerviosa.
2°) Apariencia variable del periespíritu que se hace visible. ¿Es así que
debemos entenderlo?
Resp. Ciertamente.
8. ¿Cuál es la causa primera de ese fenómeno?
Resp. La voluntad del Espíritu.
9. ¿Todos los Espíritus pueden producirlo?
Resp. No; los Espíritus no siempre pueden hacer lo que quieren.
10. ¿Cómo explicar la fuerza anormal de esta jovencita, transfigurada en
la persona de su hermano?
Resp. ¿No posee el Espíritu una gran fuerza? Además, es la del cuerpo en
su estado normal.
Nota – Este hecho no tiene nada de sorprendente; a menudo vemos a las
personas más débiles, dotadas momentáneamente de una fuerza muscular
prodigiosa debido a una causa sobreexcitante.
11. Puesto que, en el fenómeno de transfiguración, el ojo del observador
puede ver una imagen diferente de la realidad, ¿sucede lo mismo en ciertas
manifestaciones físicas? Por ejemplo, cuando una mesa se eleva sin el
contacto de las manos y la vemos por encima del piso, ¿es realmente la
mesa que se desplaza?
Resp. ¿Otra vez lo preguntáis?
12. ¿Qué es lo que la levanta?
Resp. La fuerza del Espíritu.
Nota – Este fenómeno ya había sido explicado por San Luis, y nosotros
hemos tratado esta cuestión de una manera completa en los números de mayo
y de junio de 1858, con referencia a la teoría de las manifestaciones
físicas.¡ Nos ha sido dicho que, en este caso, la mesa o cualquier otro
objeto que se mueve se anima de una vida ficticia momentánea, que le
permite obedecer a la voluntad del Espíritu.1
Ciertas personas han querido ver en este hecho una simple ilusión de
óptica que las haría observar, por una especie de espejismo, una mesa en
el espacio, mientras que la misma está realmente en el piso. Si fuera así,
la cuestión no sería menos digna de atención; es de notar que aquellos que
quieren negar o denigrar los fenómenos espíritas, los expliquen a través
de causas que por sí mismas serían verdaderos prodigios y bien más
difíciles de comprender; ahora bien, ¿por qué pues, tratan esto con tanto
desdén? Si la causa que ellos señalan es real, ¿por qué no profundizarla?
El físico busca entender el menor movimiento anormal de la aguja imantada;
el químico, el más ligero cambio en la atracción molecular;2 ¿por qué,
entonces, se vería con indiferencia a fenómenos tan raros como los que
acabamos de hablar, aunque fuesen el resultado de un simple desvío del
rayo visual o de una nueva aplicación de las leyes conocidas? Esto no es
lógico. Ciertamente no sería imposible que, por un efecto de óptica,
análogo al que nos hace ver un objeto en el agua más alto de lo que está –
como consecuencia de la refracción del rayo luminoso –, una mesa nos
pareciera estar en el espacio, cuando en realidad estaría en el piso; pero
hay un hecho que resuelve perentoriamente la cuestión: es cuando la mesa
cae ruidosamente en el piso y se quiebra; esto no nos parece ser una
ilusión de óptica. Volvamos a la transfiguración. Si una contracción
muscular puede modificar los rasgos del rostro, esto sólo podrá suceder
dentro de un cierto límite; pero seguramente si una jovencita toma la
apariencia de un anciano, ningún efecto fisiológico le hará crecer la
barba; por lo tanto, es preciso buscar la causa en otro lugar. Si nos
remitimos a lo que hemos dicho precedentemente sobre el papel del
periespíritu en todos los casos de apariciones,3 inclusive de personas
vivas, se ha de comprender que ahí está la clave del fenómeno de
transfiguración. En efecto, puesto que el periespíritu puede aislarse del
cuerpo y volverse visible; ya que por su extrema sutileza puede tomar
diversas apariencias a voluntad del Espíritu, se concebirá sin dificultad
que así ocurra con una persona transfigurada: el cuerpo continúa siendo el
mismo; solamente el periespíritu ha cambiado de aspecto. Pero entonces –
se dirá –, ¿en qué se vuelve el cuerpo? ¿Por qué el observador no ve una
imagen doble, de un lado el cuerpo real y del otro el periespíritu
transfigurado? Hechos extraños, de los cuales próximamente hablaremos,4
prueban que debido a una especie de fascinación que se opera en el
observador en esta circunstancia, el cuerpo real puede, de algún modo, ser
ocultado por el periespíritu.
Ese fenómeno, objeto de este artículo, nos ha sido comunicado desde hace
un buen tiempo, y si aún no habíamos hablado del mismo es porque no nos
proponemos hacer de nuestra Revista un simple catálogo de hechos para
alimentar la curiosidad, o una árida recopilación sin apreciaciones ni
comentarios; nuestra tarea sería demasiado fácil, y nosotros la tomamos
más en serio; ante todo nos dirigimos a los hombres de razonamiento, a
quienes – como nosotros – quieren conocer las cosas, tanto como sea
posible. Ahora bien, la experiencia nos ha enseñado que los hechos, por
más extraños y multiplicados que sean, de ninguna manera son elementos de
convicción; y lo son tanto menos como más extraños fueren. Cuanto más
extraordinario es un hecho, más anormal parece y menos se está dispuesto a
creer en él; quieren ver, y cuando han visto, todavía dudan; desconfían de
la ilusión y de confabulaciones. Esto no es así cuando en los hechos se
encuentra una razón de ser por una causa plausible . Vemos todos los días
a personas que en otros tiempos rechazaban los fenómenos espíritas
atribuyéndolos a la imaginación y a una credulidad ciega, y que hoy en día
son fervorosos adeptos, precisamente porque ahora esos fenómenos no tienen
nada que repugne a la razón; ellas los explican, comprenden su posibilidad
y creen incluso sin haber visto. Por lo tanto, antes de hablar de ciertos
hechos, nosotros hemos esperado que los principios fundamentales
estuviesen lo suficientemente desarrollados como para poder explicar su
causa; el de la transfiguración está entre este número. El Espiritismo es
para nosotros más que una creencia: es una ciencia, y nos sentimos felices
de ver que nuestros lectores nos han comprendido
Allan Kardec - Marzo de 1859
1 Véanse la RE may. 1858–I +: Teoría de
las manifestaciones físicas – Primer ar tículo, págs . 121-125, y la RE
jun. 1858–I +: Teoría de las manifestaciones físicas – Segundo artículo,
págs. 149-153. [Cf. tb. las N. del T. 144, 155, 213 y 245 del año 1858.]
(RE mar. 1859–III: Fenómeno de transfiguración, pág. 64.)
2 Pequeño error tipográfico en el original francés:
donde dice attraction musculaire (atracción muscular) léase attraction
moléculaire (atracción molecular). (Nota Nº 4 de 1859 [ó Nº 27] de la
Editora USFF: Union Spirite Française et Francophone, pág. 65.)
3 Cf. la RE dic. 1858–I: Apariciones, págs. 321-324 [v. N. del T.
275 del año 1858] y tb. la RE dic. 1858–IV: Fenómeno de bicorporeidad,
págs. 328-331. [N. del T. 290 de 1858.] (RE mar. 1859–III: Fenómeno de
transfiguración, pág. 65.)
4 Este art. de la Revista Espírita de marzo de 1859 ha a servir de
base para formar los ítems 122 y 123 del cap. VII (Bicorporeidad y
transfiguración) de El Libro de los Médiums -Transfiguración, siendo que
los ítems 124 y 125, titulados Invisibilidad , también hablan sobre el
asunto en cuestión. Este último ítem remite a la RE feb. 1859–II: Los
agéneres , págs. 36- 41, demostrando así cuán importante es esta Colección
de la Revista. En septiembre de 1860 el incansable Codificador realiza su
primer Voyage Spirite en 1862 [153 a] (Viaje Espírita en 1862) [154 a], y
entre las varias ciudades visitadas en nombre de la Doctrina amada (Sens,
Mâcon, Lyon – su tierra natal –, etc.), Kardec se dirige a Saint-Étienne
[que está situada a 50 km al sudoeste de Lyon], en cuyos aledaños
ocurrieron los hechos relatados en este art., y él mismo atestigua [181 b]
el fenómeno de transfiguración de la jovencita: ¡tal era el espíritu
investigador de Allan Kardec! Allí también ausculta los hechos con el
padre de la joven, así como con el médico local y con varios otros
testigos oculares, muy honorables todos ellos y completamente dignos de fe
(RE nov. 1860–I: Boletín de la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas
–Viernes 5 de octubre de 1860: sesión particular - Comunicaciones
diversas, pág. 330). Finalmente, un corresponsal de la Revue Spirite
realiza un interesante estudio sobre esta muchacha de los alrededores de
St-Étienne [consultando a otro Espíritu y citando tb. los ítems
anteriormente referidos de Le Livre des Médiums], estudio que Kardec
publica en la RE may. 1861–V: Cuestiones y problemas diversos, preguntas 3
a 5, pág. 154. (RE mar. 1859–III: Fenómeno de transfiguración, pág. 65.)
La Revista espirita Nº8
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