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Durante
siglos se ha hablado si existe un destino o meta personal para cada
individuo, y si todos llegamos realmente a alcanzarla. ¿Quién no se ha
cuestionado alguna vez si venimos a este mundo con un “plan” ya trazado
anteriormente?... Dejando a un lado estas cuestiones, e independientemente
del significado de ese plan, una cosa es cierta: seremos responsables de
todos y cada uno de nuestros actos, a pesar de las cosas que hayamos
decidido con anterioridad. Otros piensan que el destino no está formado y
venimos al mundo sin haber decidido nada, que todo depende de la
“suerte”... así cuando algo va mal nos conformamos pensando que es causa
de nuestra mala estrella, y de esta forma no hacemos nada para cambiar.
Quizá esto sea una forma ingenua de no enfrentarnos a ciertos aspectos de
nuestras vidas.
Para hablar de destino, habría que hablar de reencarnación, ya que está
fuertemente ligado a ella. Atendiendo a la base de que todos nos
reencarnamos para arreglar aquello que hicimos mal o para determinar
situaciones que no hicimos adecuadamente, podemos decir, desde este punto
que ciertamente el destino existe.
El destino es la “misión” que todo ser humano se compromete a cumplir para
la elevación de su alma, y para hacerlo, desde el mundo espiritual, pide
reencarnar de nuevo para poder llevarla a cabo, es decir: son las
diferentes etapas en la vida de cada alma, forjadas con los obstáculos,
oportunidades, alegrías, relaciones etc... que se conjugan para que
podamos alcanzar las metas adecuadas. Dependiendo de este “planning” que
desde el Plano Espiritual realizamos con la ayuda de nuestros Guías, y
atendiendo a un exhaustivo estudio de nuestras vivencias anteriores ( es
aquí donde el karma se estructura ); así será el trazado de nuestra
existencia y las dificultades que se nos presenten, obviamente,
fuertemente influenciadas por nuestro libre-albedrío a la hora de
decisiones y opciones personales.
Todos tenemos diversas opciones, dependiendo del proceso de “purificación”
de cada uno, pero una vez que se opta por un camino, hay que aceptar todas
las consecuencias aunque estas no sean las esperadas. ¿Cómo no errar en
esa “opción”? Examinando el corazón y la conciencia; vosotros los
encarnados sois auténticos “actores” a la hora de engañaros a vosotros
mismos, pues cuando hacéis algo equivocado, intentáis disfrazarlo con
vuestros mejores argumentos, terminando por creer que es lo mejor que
habéis podido hacer o no habéis podido evitar que ocurriese; de ahí tanta
decepción y frustraciones...
¿Porqué no intentamos conocernos mejor? Siempre hay una "vocecita" dentro
de nosotros, que nos dice lo correcto de lo incorrecto, lo justo de lo
injusto. Aprendamos a escucharla. Recapitulemos: si queréis entenderlo
así, el destino existe y todos tenemos un programa a cumplir... pero
también existe el libre-albedrío, la llave a nuestra dicha o infelicidad.
Hay que saber ser responsables ante las decisiones y actos que llevamos a
cabo.
Tenemos que intentar ser felices, pero no a costa de los demás, lo que nos
“endeudaría” aún más, sino domando nuestras inclinaciones egoístas y
sacando todo lo positivo de nuestro camino. Nunca estamos solos, no nos
dejemos paralizar por las tristezas, miedos o remordimientos; hay que
mirar hacia delante, porque siempre hay cosas buenas preparadas para venir
en el momento adecuado, cambiándolo todo... Dios siempre nos coloca lo que
necesitamos en nuestras vidas, por muy difícil que nos parezca la prueba
siempre encontraremos situaciones y personas que nos ayudarán.
Todos erramos miles de veces a lo largo de nuestras vidas anteriores, por
esto, que tenemos que centrarnos en el momento presente, en los instantes
en los que vivimos, porque en ellos están las oportunidades y las
herramientas adecuadas para cada caso, para empezar una vida nueva dentro
de esta. Hay que saber perdonar y perdonarnos, para poder seguir adelante
con más facilidad, despejando de nuestro camino rencores y miedos que
tanto nos entorpecen y nos hacen desdichados; cree en ti, confía en Dios,
oye a tu conciencia y síguela... Ten confianza, ora, busca un lugar donde
puedas hacer silencio dentro de ti mismo, estúdiate, lucha y vencerás.
Libre Albedrío

843 –¿Tiene el hombre el libre albedrío de sus actos?
–Puesto que tiene la libertad de pensar, tiene la de actuar. Sin libre
albedrío el hombre sería una máquina.
844 –¿Disfruta el hombre de libre albedrío desde su nacimiento?
–Hay libertad de actuar desde que haya voluntad de hacerlo. En los
primeros tiempos de la vida la libertad es casi nula; se desarrolla y
cambia de objeto con las facultades. Teniendo el niño pensamientos
relacionados con las necesidades de su edad, aplica su libre albedrío a
las cosas que le son necesarias.
845 –Las predisposiciones instintivas que trae el hombre al nacer, ¿no son
obstáculos al ejercicio de su libre albedrío?
–Las predisposiciones instintivas son las que tenía el Espíritu antes de
su encarnación. Conforme fuere él más o menos adelantado, pueden
solicitarle para actos reprensibles, y será secundado en eso por Espíritus
que simpatizan con esas disposiciones; pero no existe arrastramiento
irresistible, cuando se tiene la voluntad de resistir. Recordad que querer
es poder. (361)
846 –¿No ejerce influencia el organismo sobre los actos de la vida? Y si
ejerce influencia, ¿no lo hace en perjuicio del libre arbitrio?
–Ciertamente, el Espíritu es influenciado por la materia que lo puede
entorpecer en sus manifestaciones. He aquí porque, en los mundos donde los
cuerpos son menos materiales que sobre la Tierra, las facultades se
desarrollan con más libertad; pero el instrumento no da la facultad. Por
lo demás, deben distinguirse aquí las facultades morales de las
intelectuales. Si un hombre tiene el instinto de homicida, seguramente es
su propio Espíritu quien lo posee y quien lo transmite, pero no sus
órganos. El que anula su pensamiento para no ocuparse más que de la
materia, se hace semejante al bruto y peor aún; porque no piensa más en
prevenirse contra el mal, y en esto es en lo que falta, puesto que obra
así por su voluntad. (Véase números 367 y siguientes. Influencia del
organismo).
847 –La deformación de las facultades, ¿quita al hombre el libre albedrío?
– Aquel cuya inteligencia está turbada por una causa cualquiera, no es
dueño de su pensamiento y por tanto carece de libertad. Esta deformación
es a menudo un castigo para el Espíritu, que en una existencia anterior,
pudo haber sido vano y orgulloso y haber hecho mal uso de sus facultades.
Puede renacer en el cuerpo de un idiota, como el déspota en el de un
esclavo y el mal rico en el de un pordiosero; pero el Espíritu sufre ese
constreñimiento, del cual tiene perfecta conciencia. Tal es la acción de
la materia. (371 y siguientes).
848 –La aberración de las facultades intelectuales a consecuencia de la
embriaguez, ¿excusa los actos reprensibles?
– No; porque el ebrio se ha privado voluntariamente de su razón por
satisfacer pasiones brutales y en vez de una falta, comete dos.
849 –¿Cuál es la facultad dominante en el hombre salvaje, el instinto o el
libre albedrío?
– El instinto, lo cual no le priva de obrar con entera libertad respecto a
ciertas cosas. Pero, como el niño, aplica esa libertad a sus necesidades y
se desarrolla con la inteligencia. Por consiguiente, tú que eres más
ilustrado que un salvaje, eres más responsable de lo que haces, que él.
850 –La posición social, ¿no es a veces un obstáculo a la entera libertad
en los actos?
– El mundo tiene sin dudas sus exigencias. Dios es justo y todo lo toma en
cuenta; pero os hace responsables de vuestros escasos esfuerzos para
vencer los obstáculos.
Extraído del libro "El libro de los espíritus"
Allan Kardec
Continua
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