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Para el gran público, el estrés es una situación psicológicamente agresiva
que repercute en el cuerpo. Este, sin embargo, es apenas uno de los
aspectos del estrés, su versión psicosomática, hay otros, sin embargo, a
ser considerados.
En verdad, el ser humano vive en estado de estrés permanentemente,
bombardeado por factores estresantes diversos – físico, psico-emocionales,
y espirituales – que le exigen constante adaptación al mundo que lo rodea.
Los factores estresantes emocionales tanto pueden ser tristes, como la
muerte de un ente querido, el desempleo, o felices, como el éxito del
atleta o las alegrías del reencuentro – todos desencadenan, del mismo
modo, los mecanismos y las consecuencias del estrés. Lo mismo ocurre en
relación a las impresiones nerviosas, como en el estado de cólera, miedo,
etc., así como frente a los fenómenos físicos nocivos – frío, calor,
fatiga, agentes tóxicos o infecciosos, ayunos, ejercicios físicos
exagerados, etc. En verdad, el estrés es la respuesta no específica que el
cuerpo da a toda la demanda que le es hecha. El corresponde a la
interacción entre una fuerza y la resistencia del organismo a esta fuerza.
Es el complejo agresión-reacción.
Si la agresión es ocasionada por una gran diversidad de factores, la
reacción comporta una parte idéntica, común a todos los individuos, y una
parte propia de cada uno, denominada “coping” o aspecto específico de la
reacción no específica.
En 1936, Hans Seley, descubridor del estrés, publicó sus primeros trabajos
sobre el asunto. En 1950, describió el Síndrome General de Adaptación –
Reacción de Alarma, estado de Resistencia y de Agotamiento, con sus
aspectos bioquímicos y endocrinos, mostrando cuál es la reacción no
específica del organismo a las agresiones del mundo exterior. Para él, la
intensidad de la demanda, la duración y la repetición determinan la
respuesta. Y condiciona el buen o mal estrés a la eficiencia o no de la
fase de adaptación. Para Seley, todo individuo tiene un capital de energía
biológica diferente y puede consumir sus reservas conforme tenga mal
estrés.
En la reacción de alarma, la primera respuesta del organismo al estrés,
entra en acción el sistema hipotálamo-simpático-adrenérgico que prepara el
organismo para la lucha o fuga. Entran en juego la adrenalina y la
noradrenalina, con eso, hay mucha producción de glicogenia, taquicardia,
respiración acelerada, concentración de la sangre en los vasos principales
y en los músculos estriados, inhibición de los sistemas digestivos, sexual
e inmunológica. Después de eso, otro sistema va a entrar en juego, el
hipotálamo- hipofiso-suprarrenal con producción de ACTH y corticoides.
Esos sistemas entran en funcionamiento en la fase de reacción y el
organismo puede sufrir agotamiento o entrar en la fase de exhaustación,
teniendo como resultado final enfermedad y muerte. Son numerosas las
dolencias de adaptación, entre ellas, hipertensión, úlcera, hemorroides,
ataques cardíacos, accidente vascular cerebral, diabetes, jaquecas, etc.
Hoy, como avance de los estudios, se considera el sistema
limbo-hipotálamo-hipófisis-suprarrenaliano (LHHS). A través del hipotálamo
en la zona parvocelular mediana del núcleo paraventricular (Corticotrophin
Releasing Factor) y la Argenina Bazodepresiva (AVP) – determinan la
liberación de ACTH por la hipófisis y está al cortisol por la suprarrenal.
Como vemos, el estrés está ligado al centro de las emociones en el
hipotálamo, así es importante el estudio de factores como el miedo, la
rabia, etc., en sus mecanismos y reacciones. Así, cuando el individuo
siente rabia, por ejemplo, es como si él estuviese delante de un predador,
de un peligro inminente y esto desencadena la reacción.
Como vimos, cada individuo tiene una reacción específica frente al estrés.
Él coloca sus estrategias de ajuste cognitivos y comportamientos, “coping”,
para hacer frente a los agentes estresantes. Las investigaciones han
demostrado que enfermedades como la depresión están absolutamente unidas
al estrés. Una investigación amplía, realizada en 52 países, de la cual
participó el Dr. Álvaro Avezum, de Brasil, a cerca de los factores de
riesgo de la dolencia cardiaca, demostró que los psico-sociales entran en
más del 30% de los casos.
El estrés es el campo de la medicina que reunifica cuerpo y alma. Su
estudio está, por tanto, íntimamente ligado a la espiritualidad. Según las
lecciones espirituales dadas en 1947, en el libro En el Mundo Mayor,
nuestro cerebro tiene tres áreas distintas: la inicial, donde habita el
automatismo y que está en el plano subconsciente, la del cortex motor que
engloba las conquistas del hoy y está en el área del consciente y la de
los lóbulos frontales que representan el ideal y la metas superiores y
están vinculados a los superconsciente. Esta clasificación encuentra
respaldo en el libro de Paul Maclean, de 1986, The Triune Brain in
Evolution, que nos habla a cerca de esas tres regiones, afirmando que
vemos el mundo a través de tres cerebros distintos.
Aprendemos también con los Instructores Espirituales que somos seres en
evolución. Cuanto más cerca nos encontramos de la animalidad, más obramos
con instintos y sensaciones. Con el paso del tiempo, y la evolución
espiritual consecuente, pasamos a tener sentimientos, siendo el amor, el
más sublime de ellos. Si estamos esclavizados a los instintos, la manera
por la cual hacemos cara a los factores estresantes es muy primitiva y
resulta casi siempre en un mal estrés. Aprendemos también que es preciso
humildad para vencer la animalidad inferior. Infelizmente, sin embargo, en
nuestras relaciones en sociedad y en el hogar estamos muy lejos de ese
sentimiento sublime que está íntimamente ligado al amor. Así, la fe es
importante porque abre las puertas del corazón para sentir y vivir el amor
divino en nuestras vidas. A través de la oración, de la meditación, de la
comprensión del valor del dolor, tenemos la posibilidad de conocernos a
nosotros mismos y la reacción de forma más equilibrada a las tensiones de
la existencia humana. Comprendemos, igualmente, que es necesario
entrenamiento para el perdón y para la eliminación de la rabia, de la
envidia, de la amargura y de otros sentimientos negativos.
Nuestra búsqueda de la paz para vivir en el hogar, en el ambiente de
trabajo, dentro de la sociedad tiene que ser centralizada en Jesús, el
Médico de las Almas, que afirmó tener la paz verdadera para ofrecernos.
Chico Xavier dijo con mucha sabiduría: "La paz en nosotros no resulta de
circunstancias externas y sí de nuestra tranquilidad de conciencia en el
deber cumplido." Para vencer positivamente el estrés es necesario guardar
la paz, tenerla como patrimonio. Y esta pacificación interior que es
responsable por el éxito de “Coping”, sólo será una conquista definitiva
cuando hubiera armonía entre los tres cerebros. Para eso, no obstante, es
imprescindible no olvidar que es necesario fe en Dios y obediencia a sus
Leyes.
Por Marlene Rossi Severino Nobre
Dra. Marlene Nobre es presidenta de la Asociación Médica Espírita de
Brasil e Internacional. |