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«El poder del pensamiento es real, tanto para lo negativo como para
lo positivo, y tenemos, por tanto, que servirnos de él para lo positivo».
O.M.Aivanhov.
«Si
os proveéis y enriquecéis cada día con nuevos conocimientos podréis
formaros un futuro que será enteramente diferente al pasado. Esto es
seguro, matemático y absoluto como las grandes Leyes Universales. No
tenéis más que lanzaros hacia este trabajo espiritual la primera tarea es
la de vigilar el pensamiento. Hagáis lo que hagáis echad siempre una
mirada en vuestro fuero interno para saber qué hace vuestro pensamiento,
por dónde anda. Hay que estar siempre vigilantes, ser lúcidos,
conscientes, ... Cuántas veces he preguntado a alguien: "¿En que está
pensando?"Y no lo sabía; nunca se había ocupado de saberlo. Es
extraordinario, todo el día están pensado ¡y ni siquiera saben lo que
piensan! ¿Cómo queréis que lleguen a ser capaces en estas condiciones de
dominar las fuerzas instintivas, de orientarlas, de concentrarlas, de
utilizarlas? Es absolutamente imposible. Si dejáis entrar cualquier cosa
inconscientemente y sin ningún control, estas fuerzas llegarán algún día a
dominaros. Para ser dueños de ellas tenéis ante todo que controlar la
situación, es decir, ser siempre conscientes de los pensamientos y de los
sentimientos que pasan por vosotros. Esta es la cualidad más importante en
un discípulo: Ser consciente y saber, en cualquier momento la naturaleza
de las corrientes que le traspasan; en cuanto se desliza en él un
pensamiento o un sentimiento negativo, lo detiene de inmediato,
reemplazándolo o transformándolo.» (')
Para meditar hay que conocer la naturaleza del trabajo psíquico
«Para realizar el trabajo cada día sin fatiga, para sentirnos preparados,
activos, dinámicos, disponibles para realizar grandes tareas, hay que
saber manejar correctamente nuestro propio cerebro. Si queréis continuar
durante muchos años vuestras actividades espirituales, en lo sucesivo
prestad atención, no os precipitéis de golpe sobre un tema, a pesar de que
os guste, aunque lo deseéis vehementemente, ya que eso desencadenaría una
reacción violenta. Comenzad con suavidad, tranquilamente. Sumergíos en el
océano de la armonía cósmica a fin de conseguir fuerzas, y cuando os
sintáis recargados emprended un trabajo en el que todo vuestro ser
participe. Sí, porque no es solamente el intelecto, sino todo vuestro
cuerpo, toda la población compuesta por vuestras células la que debe ser
movilizada para realizar el trabajo espiritual.
Para meditar hay que conocer la naturaleza del trabajo psíquico. Así, por
ejemplo, nunca se debe exigir al cerebro concentrarse de forma brusca en
un tema, puesto que se violenta a las células nerviosas, se las bloquea y
resulta una jaqueca. Lo primero que hay que hacer es detenerse y
permanecer pasivo, controlando para que todas las células se apacigüen.
Ciertamente, sin entrenamiento no se conseguirá con rapidez, pero a la
larga unos pocos segundos bastarán. Es necesario, pues, trabajar primero
con dulzura, en paz, con amor, y sobre todo, sin forzar. E aquí el secreto
de una buena meditación. Y en el momento en que sintáis que vuestro
sistema nervioso está bien dispuesto, bien recargado -porque esta actitud
pasiva permite al organismo recuperar fuerzas-, podréis orientar vuestro
pensamiento hacia el tema elegido.»
El pensamiento, esencia viva.
«Un pensamiento puramente intelectual e impersonal, tal como uno relativo
a la geometría o al álgebra, se compondrá de materia mental puramente;
pero si el pensamiento llegara a contener algo de sentimiento, como
egoísmo o deseo personal, atraerá a su alrededor materia astral, además de
la mental. Si el pensamiento fuera de carácter espiritual, si está
matizado por el amor y la aspiración o por un sentimiento profundo y
abnegado, contendrá también algo de la gloria y del esplendor del plano
búdico.»
»Todo pensamiento preciso produce dos efectos: Primero, una vibración
radiante; segundo, una forma flotante. La vibración establecida en el
cuerpo mental, que irradia del mismo, va acompañada de un juego de
colores, el cual se describe como parecido al rocío de una catarata al
chocar en ella la luz del sol, pero elevado a un grado infinito de color y
de vívida delicadeza.»
»Esta vibración radiante tiende a reproducir su propio ritmo de movimiento
en cualquier cuerpo mental con el que choque; es decir, que tiende a
producir pensamientos de la misma índole de los que dieron origen a la
vibración. Se ha de notar que la vibración radiante no lleva consigo el
tema del pensamiento, sino el carácter del mismo.»
»El segundo efecto, el de la forma flotante, es producido por el cuerpo
mental al proyectar una proporción vibrante de sí mismo, formada según el
carácter del pensamiento; éste atrae así materia del grado correspondiente
de finura, que toma de la esencia elemental del plano mental. Esta es una
forma de pensamiento pura y simple, pues está compuesta de materia mental
exclusivamente. Si está compuesta de la materia más fina, poseerá gran
poder y energía y podrá emplearse como poderoso agente, si lo dirige una
voluntad fuerte y constante. Así, cuando uno piensa en un objeto concreto,
por ejemplo, un libro, una casa, un paisaje, etc., construye una minúscula
imagen del mismo con materia de su cuerpo mental. Esta imagen flota cerca
de su cabeza; ordinariamente enfrente a la altura de los ojos. Se mantiene
así mientras la persona contemple el objeto y hasta un poco después; la
permanencia depende de la intensidad y la claridad del pensamiento.
Los principios subyacentes en la producción de todas las formas de
pensamiento-emoción son:
1- El color está determinado por la calidad del pensamiento o de la
emoción.
2- La forma será determinada por la naturaleza del pensamiento o de la
emoción.
3- La nitidez del delineamiento la determina la precisión del pensamiento
o de la emoción.
¿De que dependemos la duración de una forma mental?
La duración o vida de una forma mental depende:
1-De la intensidad inicial; 2- De la fuerza que reciba posteriormente por
la repetición del pensamiento, sea por su originador o por otros. Tal vida
puede ser reforzada constantemente, mediante la repetición; pues un
pensamiento, sobre el que se reflexiona adquiere gran estabilidad de
forma. Además, atrae formas mentales de carácter similar, fortaleciéndose
mutuamente, creando así, una forma de gran energía e intensidad.
Se ha de agregar que una forma mental parece tener el deseo instintivo de
prolongar su vida; tiende además a reaccionar sobre su creador, evocando
en él la renovación del sentimiento que la originó. Reaccionará también
aunque no tan perfectamente, sobre todos aquellos con los cuales se ponga
en contacto.
Los colores con que se expresan las formas mentales son idénticos a los
del aura. La brillantez y profundidad de los colores dan comúnmente, la
medida de la fuerza y de la actividad del sentimiento. De modo que las
formas mentales de una persona reaccionan sobre ella misma, con tendencia
a reproducirse y establecer así modos de pensar y de sentir que pueden ser
beneficiosos, si son de carácter elevado; pero, con frecuencia, limitan y
entorpecen el desenvolvimiento obscureciendo la visión mental y
facilitando la formación de prejuicios, ideas o actitudes fijas, que
pueden llegar a convertirse en verdaderos vicios.
Somos res responsables de lo que pensamos.
Cada ser humano deja tras sí un rastro de formas mentales, cuando
caminamos por la calle lo hacemos en medio de un mar de pensamientos
ajenos. Si uno deja su mente en blanco por un momento, esos pensamientos
ajenos en seguida la llenan; si uno de esos pensamientos llega a atraer la
atención de la mente, esta se apodera de él, se lo apropia,
fortaleciéndolo con su fuerza, luego lo lanza de nuevo para que afecte a
otros. El hombre, por tanto, no es responsable por los pensamientos que
flotan y se introducen en su mente; pero sí es responsable si los toma,
reflexiona sobre ellos y luego los lanza de nuevo fortalecidos.»
»Una forma mental de amor y de deseo de proteger, dirigida con fuerza a
algún ser amado, actúa como agente protector y de resguardo; buscará todas
las oportunidades de servir y de defender; fortalecerá las fuerzas amigas
y debilitará a las contrarias que choquen con el aura del ser protegido.
Hasta puede protegerlo de la impureza, de la irritabilidad, del temor,
etc.»
»Los pensamientos amistosos y los buenos deseos sinceros crean y mantienen
lo que equivale prácticamente a un "Ángel Guardián", siempre al lado de la
persona en quien se piensa, no importa dónde esté. Se ve, pues, que el
envío de un pensamiento de amor, de una persona a otra, implica la
transferencia de una cierta cantidad, tanto de energía como de materia, de
quien envía a quién recibe.»
»Si el pensamiento es lo suficiente fuerte, la distancia no importa en
absoluto; pero un pensamiento débil y mal definido sólo es eficaz en un
área limitada.»
Merche Aguirre
Revista de divulgación espirita, El Espiritismo |