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En la zona del inconsciente, en sus raíces energéticas por la
característica de la inmortalidad, se expresa nuestra alma, o espíritu,
con todo acervo adquirido.Nuestro psiquismo aún es una caja de
secretos, a pesar de los estudios y valiosas investigaciones que en
nuestros días vienen dándose. Las investigaciones anatómicas y,
principalmente, las fisiológicas han propiciado bastantes conocimientos;
entretanto, los horizontes que se van descorriendo revelan un campo
inmenso de posibilidades merecedoras de nuevas atenciones. Mientras más
avanzamos, mayor es el terreno a recorrer. Sabemos de la existencia, en la
psique humana, de un campo consciente, con el cual mantenemos nuestras
relaciones con el mundo que nos rodea, y otro campo, como que oculto, que
poco percibimos: el campo del inconsciente, de rica fenomenología,
deslizándose en energías dimensionales diversas y mucho más avanzadas.
(Ver gráfico 2).
Digamos
que en el campo consciente se reflejan nuestros esquemas intelectuales,
aunque tengan origen en la zona inconsciente. En la zona del inconsciente,
en sus raíces energéticas, por la característica de la inmortalidad, se
expresa nuestra alma, o espíritu, con todo su bagaje adquirido. En los
estudios e investigaciones modernas, se afirma que el campo conciente, por
ser reducido, es el más pobre de expresiones, mientras que el
inconsciente, o zona espiritual, reuniendo inmensos departamentos de
variados campos dimensionales, por su complejidad, representa el comando
del psiquismo.
MÁS ALLÁ DEL INTELECTO – Los que limitan sus realizaciones
exclusivamente a través de los mecanismos intelectuales quedan como
reducidos a dos dimensiones; cuando aparece en escena la tercera
dimensión, con las incrustaciones de las emociones, se creen devorados por
un mundo que trasciende a sus propios límites – los fenómenos exceden la
conceptualización intelectual. Algunos escapan por la tolerancia, la
lógica y el entendimiento; otros tantos desean dominar el bloque
fenoménico por las exclusivas razones del intelecto, involucrándose, con
ello, en las redes de inquietantes raciocinios, desembocando en la
intolerancia de los inconformes y aún en las ansiedades de los pequeños
trastornos reactivos, concluyendo que la vida no posee finalidad; buscan
en la exageración del tecnicismo materialista la solución de sus
inquietudes. Todos los hechos exteriores, las cosas que en el planeta
ocurren y son anotadas por la zona consciente, son recortes bien
superficiales de insondables secretos. Recaudamos muy poco y comprendemos
aún menos lo que pasa a nuestra alrededor. Consideremos, también, que la
reducción perceptiva de nuestro psiquismo esta relacionada con las
condiciones de la naturaleza humana, pues, como bien percibimos, esta más
constituida de un tipo hominal que por su restricta y limitada
comprensión, no posee condiciones de evaluar las razones de su propia
existencia.
IMPULSO EVOLUTIVO - La vida del hombre encarnado es una psique
«de pasada» buscando evolución; aún en la fase de las reducidas
posibilidades perceptivas de la zona consciente, podrá evaluar las
aparentes imperfecciones, así como, rasgos prodigiosos. Esas son
oscilaciones necesarias dentro del impulso evolutivo; en el campo de
proposiciones psicológicas, cada ser recauda lo que debe y lo que puede,
aunque las experiencias vividas representen obstáculos para los campos
inmortales del Espíritu.
El
lenguaje científico ni siempre ofrece elementos para que el individuo se
revele psicológicamente, pues el lenguaje y las medidas de la ciencia no
consiguen acompañar los inmensos vuelos de las sensaciones íntimas. La
zona consciente es limitada; no brinda condiciones para aperturas mayores
que las emociones necesitan. La conciencia no posee condiciones de
precisas evaluaciones debido a los derrames psicológicos de las emociones;
podrá, sí, retener algunos parámetros, más, aún así, sin posibilidades de
responder por la realidad de las efusiones emocionales. La idea es
consecuencia de las impresiones propias de cada ser; cada cual percibe de
acuerdo con el bagaje psicológico que lleva. Esas variaciones colocaron a
la ciencia en condiciones de defensa, solamente aceptando, por eso, lo que
la mayoría percibe. La medida de la verdad esta relacionada con el
potencial perceptivo de la mayoría. Si la mayoría estuviera circulando en
posiciones mediocres, la verdad tendrá el colorido de la mediocridad, que,
sin embargo siendo verdad, no posee condiciones de vuelos mayores – se
extiende y se amplia horizontalmente, pero sin posibilidades de
verticalización que reflejen una posición superior.
VERDADES ESPIRITUALES – Todo hombre siente, en el fondo de su
archivo psicológico, dificultades cuando asuntos nuevos son ventilados y
no hacen parte de los conceptos científicos en vigencia. Sin embargo, los
que perciben las nuevas verdades espirituales, lanzadas como elementos
propulsores de la evolución, pasan por las irritaciones de la
incomprensión y sólo encuentran algún sosiego en busca de la soledad;
sufren solos, no son comprendidos, mas todo soportan con la certeza de que
aquella verdad existe aunque no sea reconocida. El hombre moderno, que ya
percibe muchas cosas referentes al mundo espiritual, no puede más quedarse
atado al presente; aún participando de las técnicas y conocimientos más
sanos, necesita estar vinculado al pasado de la humanidad, por ser suyo y
por corresponder a sus vivencias pasadas. Sin esta ligazón, estará
aturdido, sin entender sus impulsos y las variaciones del momento
presente; busca de modo desatinado, caminos, valiéndose de tecnicismo sin
alma, a fin de explicar su posición; lanza mano de los descubrimientos
científicos como sus auténticos dioses, sin condiciones de sumergirse en
las verdades de la vida.
El puente de unión entre el pasado y el presente representa el hilo de una
cadena de hechos, la puerta por donde pasan las experiencias de la vida,
que van dando lastre al Espíritu y ampliando sus bases. El momento
presente del hombre, preso a sus experiencias ancestrales, podrá proveer
caminos y seguir rutas sin inquietudes y alucinaciones proféticas;
confiando en la inmortalidad y en las ecuaciones de su propio rosario
reencarnatorio, podrá sentir y ver desfilar, delante de sí, las promesas y
realizaciones para un dignificante futuro.
ARCHIVOS DEL PSIQUISMO-Nuevos horizontes están aclarando el
psiquismo humano con los hechos de la paranormalidad, que tuvieron sus
bases en las investigaciones psicológicas. Freud, que intentó explicar la
existencia del inconsciente en medidas concienciales, no alcanzó la meta
espiritual; sin embargo tuvo el mérito de llevar al Espíritu para la
Universidad, con el nombre de Inconsciente. El propio psicoanálisis
intenta penetrar en los misterios del psiquismo, a fin de descifrar sus
estructuraciones. Es camino arduo, difícil, laberíntico, pero que, por eso
mismo, exige buenas herramientas, donde el buen sentido debe estar al
frente de todo. No se puede caminar en esa zarza ardiente sin una guía
psicológica bien adecuada. El psicoanálisis ha ofrecido buenas condiciones
y permitido la sumersión en las fuentes del psiquismo; aún así, delante
del desarrollo de los métodos y de sus posibilidades, los más audaces
cambiarán y confundirán campos de valoración e investigación con métodos
terapéuticos. Conocer un método, evaluar un proceso que pueda aclarar
ciertas estructuras del psiquismo, no debe ser confundido con conducta
terapéutica, aunque el discernimiento de ciertas fuentes pueda disputar
para el descubrimiento de métodos de tratamiento.
Psicoanálisis es camino para el descubrimiento de las estructuras
espirituales o del inconsciente; es el gran método para investigar la
naturaleza humana, el gran método de la antropología y que jamás debe ser
retirado de la psicología. La psicología y la psiquiatría necesitan de los
métodos psicoanalíticos de investigación, con el fin de crear y movilizar
métodos terapéuticos más eficientes.
CAMPOS DE ENERGÍA – No hay ninguna duda de que el psicoanálisis
está relacionado a nombres como los de Freud, Adler y Jung, en su
nacimiento; fueron ellos verdaderos misioneros que colocaron las ideas de
una energía actuante en los abismos del psiquismo. El descubrimiento de
esos campos actuantes de energías – la gleba del inconsciente – tuvo
debida acogida por el mundo científico, a pesar de los desentendimientos y
de las calurosas discusiones. Hoy, sin embargo, debemos discernir cuales
deben ser los campos del inconsciente. ¿Será que ellos representan una
consecuencia del trabajo neuronal de la zona conciente, como muchos desean
y tienen como verdad? ¿O será que la zona del inconsciente transciende el
esquema psicológico de la zona consciente, teniendo sus propias leyes e
independiente posición? La psicología, siendo Ciencia del alma, no puede
quedar adscrita a las medidas de la materia; insistir en esas posiciones
es progreso regresivo del pensamiento. Psicología, o ciencia del espíritu,
busca los fenómenos psíquicos más allá del cerebro. Por el cerebro el
espíritu actúa y se expande en rica fenomenología. El cerebro es estación
receptora y no productora de los fenómenos relacionados al pensamiento.
Los estudios de psicología tuvieron gran entendimiento con la psiquiatría,
en virtud de su fenomenología, de donde fueron recogidos buenos conceptos
que permitieron mayores penetraciones en el campo espiritual. Freud dio su
contribución, Jung llegó más lejos por haber sentido el valor de las bases
psicológicas en la mejor evaluación y comprensión de la patología mental.
Jung, en nuestro entender, con sus conceptos, fue propiciando a la
psicología una estructura espiritual; su visión del inconsciente
proporcionó ampliar las fronteras psicológicas.
Dr. Jorge Andrea dos Santos
Tomado de la Revista «Visão Espírita» No. 3
Extraido de la revista espirita Nº2 |