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El
nacimiento de Cristo que tanto se ha sublimado y que afirma que nació por
obra y gracia del Espíritu Santo del seno de una virgen es una creencia
que no es solamente patrimonio del cristianismo, sino que también forma
parte de otras religiones. Grandes maestros como Krisnha y Buda; fueron
según la tradición religiosa, nacidos de madres vírgenes. El dogma de la
Inmaculada Concepción fue establecido por la Iglesia Católica el siglo
pasado. Pero la verdad es bien distinta, pues todos ellos, todos los
grandes seres que pasaron por nuestro mundo, incluido el más grande:
Jesús, nacieron como has nacido tú, querido lector, y como he nacido yo.
Jesús como el primer hijo de María, nació de una virgen, pues virgen era
su joven genitora cuando dejó el templo de Jerusalén para casarse con
José. El concepto de los nacimientos milagrosos obedece tan solo a la
ingenua suposición del sacerdocio organizado que ha querido valorizarlo
por encima del mecanismo natural y sagrado de la concepción carnal humana.
Es el resultado de entender el proceso sexual como si fuera algo inferior
y pecaminoso, pero la realidad es que todos los Espíritus, inferiores y
superiores han ingresado siempre en la carne terrena a través del acto
sexual, que lejos de ser indigno, es un mecanismo establecido por Dios
para el advenimiento del hombre.
Resurrección Espiritual
Todos los casos de resurrección de los que nos hablan los Evangelios
obedecen a las mismas reglas y normas naturales que elucidan que un hecho
de estas características no ha ocurrido nunca ni ocurrirá. Una vez
realmente muerto el individuo, desligado y liberado completamente su
Espíritu de su prisión carnal y entrando ésta en descomposición a causa de
la pérdida del fluido vital, es imposible la vuelta a la vida de ese
cuerpo; pues los elementos que se la proporcionaban lo han abandonado.
Seguidamente nos ocuparemos en analizar los tres casos que nos muestra el
Evangelio que son los de "La hija de Jairo", en San Marcos, cap. V, v. del
21 al 24 y del 35 al 43" ; "El hijo de la viuda de Nain", San Lucas, cap.
VII, v. del 11 al 17" ; y la más conocida "resurrección"; la de Lázaro.
Verdaderamente ninguno de ellos estaba muerto cuando Jesús llegó, sobre
todo en el caso de la hija de Jairo, pues el mismo Cristo les dice a los
que la creían muerta: "¿Por qué hacéis este ruido, y estáis llorando ? la
muchacha no está muerta, sino que duerme." Y en el de la viuda de Nain
ocurrió de la siguiente manera: "Y se acercó Jesús y tocó el féretro. (Y
los que lo llevaban se pararon). Y dijo: Mancebo, a ti te digo, levántate.
Y se sentó el que había estado muerto, y comenzó a hablar". Sin duda, es
el caso de Lázaro, en el que más se apoyan los teólogos dogmáticos y todos
aquellos que aceptan la fantástica creencia de la resurrección de los
muertos. Sin embargo todos estos casos son perfectamente explicables desde
el punto de vista de algunas enfermedades desconocidas por los hombres de
aquella época. En ninguno de los tres casos hay una sola evidencia que nos
haga pensar que estuvieron muertos, y mucho menos en el primero. El hecho
de que en los dos siguientes los protagonistas estuviesen uno dentro de un
féretro y el otro enterrado no dice nada a favor de estar muertos.
Pensemos por un momento en las miles de personas que a lo largo de toda la
historia fueron dados por muertos, sin estarlo realmente, y enterrados
vivos. No hace tanto tiempo de esto que digo. Incluso en nuestra época les
resulta difícil a los médicos establecer cuando una persona está muerta
realmente.
Es muy posible que los casos bíblicos al igual que muchos otros sean
debidos a enfermedades como la catalepsia, la letargia, etc, muy parecidas
en su sintomatología a la muerte. Aunque me da igual que fuesen
consecuencia de estas enfermedades o por otras causas, pues la realidad es
que no estaban muertos. El hecho de que Lázaro oliera mal y estuviera
rígido, llevando cuatro días dentro de aquella gruta no demuestra nada,
pues el cuerpo humano es capaz de pasar muchos días sin alimento y el
hedor tal vez fuera producido por la multiplicación de la fauna microbiana
a causa de la época calurosa en que esto ocurrió. También es muy posible
que Lázaro sufriese algún proceso leproso, enfermedad muy habitual en
aquellos tiempos.
El Cristo lo único que hizo fue transmitirles sus poderosos fluidos
magnéticos, devolviéndoles la vitalidad y restituyéndoles la salud
perdida. Con toda seguridad, de no haber sido por él, es muy posible que
hubieran muerto. Por tanto y por todo lo dicho, ocurrió una curación
extraordinaria, pero no milagrosa. Las energías que utilizó Jesús se
encuentran dentro de las leyes trascendentes naturales, desconocidas aún
por una gran parte de la humanidad pero que no son derogaciones de las
leyes divinas ni hechos de naturaleza fantasiosa.
La resurrección de Cristo, un mito mas.
La resurrección de Jesús a lo tres días de su crucifixión forma un dogma y
un pilar incuestionable y no sujeto a análisis o controversias en el cual
se sostiene el cristianismo institucionalizado. Pero nosotros,
librepensadores no sujetos a instituciones religiosas ni a hombres con
iguales o más defectos que nosotros, y con la ayuda de ese fanal de luz
que constituye la Doctrina Espirita, seguiremos nuestro camino en pos de
la verdad y no de mitos y doctrinas de hombres.
Ya hemos visto que el fenómeno resurrección tal y como lo cree la religión
cristiana es falso y teniendo también en cuenta que Dios es infinitamente
justo, no ha podido resucitar a nadie y por lógica hemos de concluir que
Jesús tampoco resucitó en la forma que muchos creen sino que se apareció
después de su muerte con su cuerpo espiritual o como el Espiritismo
denomina: Peri espíritu. Así, al igual que tantos otros hechos
considerados milagrosos por la ignorancia humana, el fenómeno que estamos
tratando es explicado satisfactoriamente por medio de leyes naturales y
hemos de saber que jamás nadie resucitó. Por lo que la teología de la
resurrección es totalmente falsa si se entiende como tal la vuelta de los
muertos, de sus tumbas, como si de una película de terror se tratara. El
término resurrección hemos de entenderlo como: resucitar el Espíritu al
mundo espiritual, volver al lugar de donde todos procedemos.
Extraído del libro Mediumnismo y Espiritismo por Juan Luis Sánchez |