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El dormir y los sueños |
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– ¿El Espíritu encarnado permanece voluntariamente en su envoltura
corporal?– Es como si preguntases si el prisionero se alegra con la prisión. El Espíritu encarnado aspira sin cesar a su liberación y cuanto más grosera es la envoltura, más desea librarse de ella. 401 –
Durante el sueño, ¿descansa el alma como el cuerpo? 402 – ¿Cómo podemos apreciar la libertad del
Espíritu durante el sueño? El sueño libera parcialmente el alma del cuerpo. Cuando se duerme, se está por un momento en el mismo estado en que se encuentra el hombre, de manera fija, después de la muerte. Los Espíritus que con prontitud se separan de la materia en el acto de la muerte, han tenido sueños inteligentes. Cuando duermen, se reúnen a la sociedad de otros seres superiores a ellos; viajan, hablan y se instruyen con ellos, y hasta trabajan en obras que encuentran hechas al morir. Esto debe enseñaros una vez más, a no temer a la muerte, puesto que morís todos los días, según las palabras del santo. Esto respecto de los Espíritus elevados. Pero, la mayoría de los hombres que, al morir, han de permanecer largas horas en turbación, en esa incertidumbre de que os han hablado, esos van a mundos inferiores a la Tierra, a donde les llaman antiguos afectos, o buscan quizá placeres más bajos que los que tienen y doctrinas más viles aún, más innobles, más nocivas que las que entre vosotros profesan. Y lo que engendra la simpatía en la Tierra no es otra cosa que el hecho de sentirse uno al despertar, aproximado por el corazón a aquellos con quienes se acaban de pasar ocho o nueve horas de dicha o de placer. Explica también esas antipatías invencibles el conocer en el fondo del corazón que tales gentes tienen distinta conciencia de la nuestra; porque las reconocemos sin haberlas visto nunca con los ojos. Explica asimismo la indiferencia; porque no nos inclinamos a buscar nuevos amigos, sabiendo que tenemos otros que nos aman y nos quieren. En una palabra, el sueño influye en vuestra vida más de lo que pensáis. Por medio del sueño, los Espíritus encarnados están siempre en relación con el mundo de los Espíritus; y por esto los superiores consienten sin mucha repugnancia en encarnarse entre vosotros. Dios ha querido que, durante su contacto con el vicio, puedan ir a renovarse en las fuentes del bien, para que ellos, que vienen a instruir a otros, no fallen también. El sueño es la puerta que Dios les abrió para que vayan hasta sus amigos del cielo. Es el recreo después del trabajo, mientras esperan la gran liberación, la liberación final que debe restituirlos a su verdadero medio. El sueño es el recuerdo de lo que vuestro Espíritu ha visto mientras dormíais; pero observad que no siempre soñáis; porque no recordáis siempre lo que habéis visto. Vuestra alma no está en pleno desdoblamiento y muchas veces el sueño no es más que el recuerdo de la turbación que se une a vuestra partida o a vuestro regreso, al cual se junta el de lo que habéis hecho o lo que os preocupó en estado de vigilia. Y de no ser así, ¿cómo explicaríais esos sueños absurdos que tiene tanto el más sabio, como el más ignorante? Los Espíritus malos se aprovechan también de los sueños para atormentar a las almas débiles y pusilánimes. Por lo demás, dentro de poco veréis desarrollarse otra especie de sueños, que aunque tan antigua como la que conocéis, la ignoráis ahora. El sueño de Juana, de Jacob, de los Profetas judaicos y de algunos adivinos hindúes. Ese sueño es el recuerdo del alma, completamente separada del cuerpo, el recuerdo de esa segunda vida de la que siempre os hablo. Procurad distinguir bien estas dos especies de sueños en aquellos que recordáis; pues sin ello caeríais en contradicciones y errores que serían funestos a vuestra fe. Los sueños son producto de la emancipación del alma, que se hace más independiente por la suspensión de la vida activa y de relación. De aquí una especie de clarividencia indefinida que se extiende a los más lejanos lugares, o a los que jamás se han visto y a veces hasta a otros mundos, así como el recuerdo que trae a la memoria los acontecimientos ocurridos en la presente existencia o en las existencias anteriores. La rareza de las imágenes de lo que ocurre o ha ocurrido en mundos desconocidos, entremezcladas con las cosas del mundo actual, forman esos conjuntos estrambóticos y confusos que parece que no tienen sentido ni trabazón. La incoherencia de los sueños se explica también por los claros que produce el recuerdo incompleto de lo que se nos ha aparecido mientras dormimos. Tal sucedería con un relato del cual se hubiesen sacado al acaso frases o partes de estas, pues reunidos los fragmentos restantes carecerían de significación razonable. 403 – ¿Por qué no nos recordamos siempre de los
sueños? 404 – ¿Qué debe pensarse de la significación
atribuida a los sueños? 405 – Con frecuencia se ven en sueños cosas que
parecen presentimientos y que no se cumplen, ¿de dónde procede esto? 406 – Cuándo vemos en sueños a personas que viven
aún, a quienes conocemos perfectamente, realizando actos en que ni
siquiera piensan, ¿no es efecto de la imaginación? 407 – ¿Es necesario el sueño completo para la
emancipación del Espíritu? Por esto el dormitar o un simple entorpecimiento de los sentidos, ofrece a veces las mismas imágenes que el sueño. 408 – A veces nos parece oír dentro de nosotros
mismos palabras claramente pronunciadas, que ninguna relación tiene con lo
que nos ocupa, ¿de dónde procede esto? 409 – Con frecuencia, en un estado que no es aún el de
dormitar, cuando tenemos los ojos cerrados, vemos imágenes distintas,
figuras cuyos más mínimos detalles apreciamos. ¿Es esto efecto de visión o
de imaginación? 410 – A veces mientras la gente duerme o dormita
tiene ideas que parecen muy buenas y que a pesar de los esfuerzos que hace
para recordarlas, se borran de la memoria. ¿De dónde provienen esas ideas? – ¿Para qué sirven esas ideas o consejos, puesto que no
los recordamos ni podemos aprovecharlos? 411 – El Espíritu encarnado, en los momentos en que se desprende
de la materia y actúa como Espíritu, ¿conoce la época de su muerte? 412 – La actividad del Espíritu durante el descanso
o sueño del cuerpo, ¿puede hacer que éste experimente cansancio al
despertarse? Extraído del libro "El libro de los espíritus" |
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