El Bien y el Mal


SUMARIO:

1. Introducción. 2. Concepto. 3. Consideraciones Iniciales. 4. Origen del Bien y del Mal: 4.1. El mal no Puede Tener origen en Dios; 4.2. La Causa del Mal; 4.3. El Principio del Bien y del Mal. 5. Necesidades Humanas: 5.1 ¿Qué es una Necesidad?; 5.2 Vicios; 5.3. Dolor. 6. Bien versus mal: 6.1 Extender el Bien; 6.2 Desertor del Bien; 6.3. Resistir al Mal. 7. Conclusión.

1.INTRODUCCIÓN

¿Qué es el bien? ¿Y el mal? ¿El mal es la ausencia del bien? ¿Dónde está el origen del mal? ¿En Dios? ¿En los Hombres? Utilizamos esas preguntas para la introducción de este tema, que se subdividirá en: el origen del mal, las necesidades humanas y el bien versus el mal.


2. CONCEPTO

Bien – Designa, en general, el acuerdo entre lo que una cosa es como lo que ella deber ser. Es la actualización de las virtualidades inscritas en la naturaleza del ser. Relacionarse con perfección y con perfectibilidad. Según el Espiritismo, todo lo que está de acuerdo con la ley de Dios.

Mal – Para la moral, es lo contrario del bien. Aceptase, también, como mal, todo lo que constituye un obstáculo o contradicción a la perfección que el hombre es capaz de concebir y, muchas veces, de desear. Se divide en: mal metafísico (imperfección); mal físico (sufrimiento); mal moral (“pecado”). Según el Espiritismo, todo lo que no está de acuerdo con la ley de Dios.
 

3. CONSIDERACIONES INICIALES

La cuestión de los cambios de nuestras evaluaciones es uno de los puntos centrales para el entendimiento del bien y del mal. Malinovsky, etnólogo polaco, estudiando la moral sexual de los salvajes australianos, llegó a la conclusión de que todo lo que entre nosotros es considerado válido y hasta santo, allí es considerado mal. Aunque hay una moral objetiva, trazada por las leyes divinas, sólo captamos lo que nuestra visión interior consigue abarcar.

El valor de las cosas está constantemente alterándose, principalmente debido a la educación cultural de los diversos pueblos. El valor, a su vez, puede ser entendido como: valor moral (se refiere a la acción); valor estético (se refiere al deberse); valor religioso (se refiere al sentimiento de temor o de confianza en la divinidad). Siendo así, un hecho puede ser analizado, respectivamente, como proveniente de una acción mala, fea o “pecaminosa”. De acuerdo con la Doctrina Espírita, el problema del bien y del mal está relacionado con las leyes de Dios y el progreso alcanzado por el Espíritu a lo largo de sus varias encarnaciones. Es lo que veremos a continuación.

4. ORIGEN DEL BIEN Y DEL MAL

4.1. EL MAL NO PUEDE TENER ORIGEN EN DIOS

Muchos piensan que Dios, que es el creador del mundo y de todo lo que existe, también es el creador del mal. Para eso, las religiones dogmáticas elaboraron una serie de razonamientos sobre la demonología, o sea, el tratado sobre el diablo. Basándonos en esas imágenes, seríamos forzados a creer que existen dos dioses, peleándose recíprocamente.

La lógica y las enseñanzas espíritas nos apuntan, sin embargo, para la existencia de un único Dios, que es la inteligencia suprema, causa primaria de todas las cosas. Como uno de sus atributos es ser infinitamente bueno, Él no podría contener la más insignificante parcela del mal. Así, De Él no puede provenir el origen del mal. Pero el mal existe y debe tener un origen. ¿Dónde estaría? (Kardec, 1975, cap. III)
 

4.2. LA CAUSA DEL MAL

El mal existe y tiene una causa. Hay, sin embargo, males físicos y morales. Están los que no se pueden evitar (flagelos) y los que se pueden evitar (vicios) Sin embargo, los males más numerosos son los que el hombre crea por sus vicios, los que provienen de su orgullo, de su egoísmo, de su ambición, de su avaricia, de sus exceso en todo. En lo que alcanza a los flagelos naturales, el hombre recibió la inteligencia y con ella consigue suavizar mucho de esos problemas.

En el sentido moral, el mal sólo puede estar asentado en una determinación humana, que se fundamenta en el libre albedrío. En cuanto el libre albedrío no existía, el hombre no cometía el mal, porque no tenía responsabilidades por sus acciones. Conforme los amigos espirituales fueron facultándonos tal libertad, tuvimos que hacer elecciones y con eso errar y consecuentemente practicar el mal.

4.3 EL PRINCIPIO DEL BIEN Y DEL MAL

El bien y el mal como principios pueden ser encontrados en el libro de la naturaleza. El conocimiento de ellos requiere experiencia. Tomemos las figuras de Adán y Eva. Ellos comieron el fruto prohibido, instigados por la serpiente. Para conocer el bien y el mal tuvieron que probarlos. Pero Adán podía haber pensado: no voy a inmiscuirme en eso, pues fueron la serpiente y Eva que me tentaron. Sin embargo, en ese momento, Dios le pasa la noción de responsabilidad. La “conciencia moral” comienza con la responsabilidad.

Cuando comenzamos a dar valor a la moral, nuestro progreso comienza a fundamentarse. El Espíritu André Luiz, en el libro Evolución en Dos Mundos, psicografiado por Francisco Cándido Xavier, nos trazó la trayectoria del principio inteligente a través de los varios reinos de la naturaleza. El principio inteligente es conducido por los “Operarios Espirituales”. La repetición de los actos crea la herencia y el automatismo. Al adentrar en la fase hominal, él adquiere el pensamiento continuo, el libre albedrío y la razón. Poco a poco esos operarios espirituales van entregando el aprendizaje al libre albedrío, bajo la propia responsabilidad.

5. NECESIDADES HUMANAS
 
5.1 ¿QUÉ ES UNA NECESIDAD?

Necesidad es la conciencia de que nos falta algo. ¿Por qué nos falta algo? Porque la necesidad, siendo un estado de espíritu y un atributo del hombre subjetivo, impone al hombre este o aquel deseo. Las necesidades pueden ser:
a) prioritarias: comer, beber, dormir, etc.;
b) secundarias: vestirse bien, pasear, el cine etc.

En términos espirituales, las necesidades se van depurando conforme vamos recorriendo nuevos grados de evolución espiritual. Hay, así, mucha sabiduría en el proverbio: “Dios, líbrame de mis necesidades”. Deberíamos dejar de lado los apetitos de la carne y dirigirnos para las enseñanzas del Espíritu.

5.2. VICIOS

Los vicios son las acciones que tienden para mal. Allan Kardec dice: “Si el hombre se conformase rigurosamente con las leyes divinas, no hay duda de que se ahorraría los más agudos males y viviría dichoso en la Tierra”. El animal, por ejemplo, sólo come para preservar su vida; el hombre, dotado de inteligencia, come más con los ojos que con la boca. El vicio surge no por el hecho de atender las necesidades, sino en el exceso con que se atiende las necesidades. Hay un dictado que dice: “debemos comer para vivir y no vivir para comer”. En ese sentido, la persona que se alimenta demasiado acaba volviéndose glotón, lo que le impide de estar bien con su físico. Lo mismo se dice de aquel que se excede en las bebidas alcohólicas, en la sexualidad etc. Es preciso, pues, recordar que todos sufrimos las consecuencias de nuestras acciones, sean buenas o malas. (Kardec, 1975, cap. III)

5.3. DOLOR

El dolor es teológico y lleva consigo un destino. Es una alerta de la naturaleza, que anuncia algún mal que está alcanzándonos y que necesitamos enfrentar. Si no fuese por el dolor, sucumbiríamos a muchas dolencias sin siquiera darnos cuenta del peligro. Por el podemos saber lo que fuimos y, también, lo que teníamos intención de ser. El es siempre positivo; en el sufrimiento, estamos purgando algo y preparándonos para el futuro. De acuerdo con Allan Kardec, “El dolor es el aguijón que impulsa al Espíritu para adelante, en la senda del progreso”. Si el Espíritu nada tuviese que temer, ninguna necesidad lo induciría a buscar lo mejor; quedaría inactivo, como entorpecido. Reportándonos a la alimentación, se podría decir que al ingerir alimentos en exceso, tendríamos un malestar físico, una especie de centinela del equilibrio.

6. BIEN VERSUS MAL

6.1. EXTENDER EL BIEN

“No te dejes vencer por el mal, pero vencer el mal con el bien”. Pablo. (Romanos, 12,21)

El Espíritu Emmanuel nos recuerda que la naturaleza es pródiga en ofrecernos ejemplo vivos para nuestro cambio de comportamiento. Después de un temporal (mal), en que parece haber destruido el paisaje, nuevas fuerzas se congregan para la obra de rehacimiento: “El sol envía luz sobre el lodazal, curando las llagas del suelo, el viento acaricia la arboleda y le enjuga los ramos, el cántico de las aves sustituir la voz del trombón… El árbol de ramas rotas o heridas se regenera, en silencio, a fin de producir nuevas flores y nuevos frutos”. Nos incita, con eso, a aprender con la naturaleza, o sea, incluso sufrimiento los mayores de los males, deberíamos concentrarnos en el bien, extendiéndolo al infinito, porque el mal es pasajero y fruto de la ignorancia humana. (Xavier, sdp, cap. 35)

6.2. DESERTOR DEL BIEN

Si supiéramos, de antemano, el tributo de dolor que la vida nos cobrará, evitaríamos el homicidio, la calumnia, la ingratitud y el egoísmo. Lo mismo sucede con aquel que se esquiva del bien. El Espíritu Emmanuel dice: “Si el desertor del bien consiguiese observar las peligrosas trampas con que las tinieblas le robaran la alegría de vivir, se determinaría feliz, bajo las esposas santificantes de los más pesados deberes”.

Acordémosno de que vinimos a este mundo para cumplir una misión, un deber. En ese sentido, la esposa de Heidegger decía que Dios habría condenado a su marido a ser filósofo. Para nosotros, que nos compenetramos con la necesidad de practicar el bien, podríamos decir que Dios nos condenó a ser benevolente. (Xavier, sdp, cap. 38)

6.3 RESISTIR AL MAL

Jesús decía que la cizaña debería crecer junto con el trigo. Con todo, en el momento aplazado separaría uno del otro. El trigo representa el bien; la cizaña, el mal. Los dos deben crecer juntos, o sea, no hay dualismo entre uno y otro, pues el mal es siempre visualizado como la ausencia del bien. El solo surge cuando el bien no se hace presente. Es como el ladrón que roba. Él sólo roba porque no hubo antes una prevención. Resistir al mal significa soportar pacientemente su presencia, pero sin perder de vista el bien. Habrá tentaciones, desánimo, malos entendidos e incomprensión ajenas. Nada de eso debe quitarnos el deseo de continuar firmes en nuestra jornada evolutiva, pues “a su tiempo de segar si no hubiésemos desfallecidos”.

7. CONCLUSIÓN

No nos detengamos apenas en practicar actos de caridad; seamos también caritativos. Auxiliemos al prójimo, no por una especie de convención social, sino como un arrobo que parte del interior de nuestro corazón.

Sérgio Biagi Gregório

8. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA


KARDEC, A. La Génesis – Los milagros y las Predicciones Según el Espiritismo. 17. ed. Rio de Janeiro: FEB, 1975 XAVIER, F. C. Fuente Viva, por el Espíritu Emmanuel. Rio de Janeiro: FEB, [s.d.p.] San Pablo, mayo del 2005
 

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