La señal del Cordero Pascual
Publicado por admin el Mayo 12, 2008 en [Mensajes]

Que la Paz de Dios sea con vosotros, mis amados esenios de las montañas. De nuevo el pensamiento de vuestro Maestro se hace sentir en vosotros, convertido en palabras que os llegan como rayos de luz alumbrando vuestro camino.

Días aciagos os toca vivir en esta hora final de ciclo en que la humanidad que os rodea ha llevado al máximum los horrores creados por sus ambiciones y egoísmos, por su soberbia desmedida y sus corrupciones sin límite.

El amor tantas veces sembrado por mí en esta tierra se ha secado al contacto del fuego de las pasiones humanas, y vosotros, mis mártires de la hora postrera, mis apóstoles del final de ciclo vivís entre el espanto y la incertidumbre que os hacen en extremo penosa la vida y a veces os cierran todos los horizontes y entorpecen vuestros caminos.

Yo os digo, vivid como la crisálida encerrada en su capullo de seda y no os lancéis al mundo que inconsciente -más que malvado- es como un dragón que todo lo devora y lo destruye, segando vidas, apartándoos a unos de otros con su aliento de fuego.

Encerrados en vuestros hogares, en la oración y el trabajo hallaréis vuestra defensa como en otra hora del pueblo de Israel, que a la voz de alerta de Moisés, puso en sus puertas la señal de sangre del Cordero Pascual para que los ángeles de la Justicia Divina no hiriesen a los hijos de Dios. No con señales de sangre sino con el retiro, la oración y el trabajo os defenderéis de la vorágine próxima a desatarse por la inconsciencia y corrupción de este mundo que corre enloquecido sin ver el abismo a donde corre sin freno.

Breves palabras son éstas, por la debilidad del instrumento que me sirve, pero vendré otra vez entre vosotros a nuestro festín de bodas, en que yo mismo os entraré al santuario íntimo de mis discípulos y amigos perseverantes, en mi sendero del amor fraterno, que vosotros habéis querido libremente seguir.

Agradecido estoy a vosotros que me habéis dado el medio de derramar sobre este mundo enloquecido por las pasiones, el rosal blanco de estos libros que son mi ofrenda postrera a la humanidad que, en su gran mayoría, ni los quiere ni es capaz de comprenderlos. Tan pequeños os creéis y habéis podido ayudar al Maestro a realizar su deseo.

Os dejo en prenda de amor, mi bendición y mi paz.

Extraído del libro “Llave de oro”

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