Diferentes ordenes de espíritus


96
– ¿Los Espíritus son iguales o existe entre ellos alguna jerarquía?
–Pertenecen a diferentes órdenes, según el grado de perfección al que han llegado

97 – ¿Existe un número determinado de órdenes o grados de perfección entre los Espíritus?
–Es ilimitado el número, pues no existe entre esos órdenes una línea de demarcación trazada a modo de barrera, y así se pueden multiplicar o restringir voluntariamente las divisiones. Pero, si consideramos los caracteres generales, pueden reducirse a tres principales. Puede colocarse en primer lugar a los que hayan alcanzado la perfección: los Espíritus puros. En el segundo, a los que están a mitad de la escala: el deseo del bien es su preocupación. Los de último orden están aún al principio de la escala: los Espíritus imperfectos, caracterizados por la ignorancia, el deseo del mal y todas las malas pasiones que le retardan el progreso.

98 – ¿Los Espíritus del segundo orden tienen sólo el deseo del bien o tendrán también el poder de practicarlo?
–Ellos disponen de ese poder, según su grado de perfección, pues, unos poseen la ciencia, otros la sabiduría y la bondad, pero, todos tienen aún pruebas que soportar.

99 – ¿Los Espíritus del tercer orden, son todos esencialmente malos?
– No; pues algunos no hacen ni bien ni mal; otros al contrario se complacen en el mal y quedan satisfechos cuando encuentran la oportunidad de hacerlo. Además, hay Espíritus ligeros o duendes, más enredadores que perversos, que se complacen más en la chismografía que en la maldad, y encuentran placer en engañar y causar pequeñas contrariedades, de las que se ríen.

100 Observaciones preliminares: La clasificación de los Espíritus se basa en su grado de progreso, en las cualidades que han adquirido y en las imperfecciones de las que han de despojarse aún. Esta clasificación, además, no tiene nada de absoluta; cada categoría no representa un carácter nítido sino en su conjunto. Pero, la transición es insensible de un grado a otro y en los límites la pequeña diferencia se apaga como en los reinos de la Naturaleza, como en los colores del arco iris y también como en los diferentes períodos de la vida del hombre. Se puede, pues, formar un número mayor o menor de clases, según el punto de vista bajo el cual se considere la cuestión. Ocurre lo mismo que en todos los sistemas de clasificaciones científicas: esos sistemas pueden ser más o menos completos, más o menos racionales, más o menos cómodos para la inteligencia, pero cualesquiera que sean no cambian en nada las bases de la Ciencia. Los Espíritus consultados sobre esta cuestión han podido, pues, discordar en el número de categorías, sin que esto tenga consecuencias. Algunos han hecho un arma de esta contradicción aparente, sin reflexionar que los Espíritus no dan importancia a lo que es puramente convencional. Para ellos el pensamiento lo es todo, dejando a nuestra voluntad la forma, la elección de los términos, las clasificaciones, los sistemas, en una palabra.

Añadamos aún esta consideración que nunca debe perderse de vista: es que entre los Espíritus, lo mismo que entre los hombres, los hay muy ignorantes y que nunca se estará bastante prevenido contra la tendencia de creer que todos han de ser, porque son Espíritus. Toda clasificación exige método, análisis y conocimiento profundo del asunto. Ahora bien, en el mundo de los Espíritus, los que tienen conocimientos limitados no son, como no lo son los ignorantes en la Tierra, hábiles para abarcar el conjunto y formular un sistema. No conocen o no comprenden, sino muy imperfectamente, cualquier clasificación; para ellos, todos los Espíritus que le son superiores son de primer orden, sin que puedan apreciar las diferencias de saber, capacidad y moralidad que les distinguen, como entre nosotros un hombre rudo con relación a los hombres civilizados. Incluso los mismos que están aptos pueden variar en los detalles según su punto de vista, sobre todo cuando una división no tiene nada de absoluta. Linneo, Jussieu y Tournefort tuvieron cada uno su método y la Botánica no varió por eso; porque no inventaron ellos las plantas, ni sus caracteres, sino que observaron sus analogías con arreglo a las cuales formaron los grupos o clases. Fue así, también, como hemos procedido; no inventamos a los Espíritus, ni sus caracteres. Vimos y observamos, juzgándolos por sus palabras y hechos, y después los clasificamos con arreglo a sus semejanzas, basándonos en datos que ellos mismos nos suministraron.

Los Espíritus admiten generalmente tres categorías principales o tres grandes divisiones. En la última, que está al principio de la escala, están comprendidos los Espíritus imperfectos, caracterizados por el predominio de la materia sobre el espíritu y la propensión al mal. Los de la segunda están caracterizados por el predominio del Espíritu sobre la materia y por el deseo del bien: son los Espíritus buenos. La primera, en fin, comprende los Espíritus puros, que alcanzaron el grado supremo de perfección. Esta división nos parece perfectamente racional y presenta caracteres bien definidos. Sólo nos restaba resaltar, por medio de un número suficiente de subdivisiones, las principales diferencias del conjunto; fue lo que hicimos, con el concurso de los Espíritus, cuyas instrucciones benévolas jamás nos faltaron. Con la ayuda de este cuadro será más fácil determinar el orden y el grado de superioridad o inferioridad de los Espíritus con los cuales podemos entrar en comunicación y como consecuencia, el grado de confianza y de estimación que se merecen.

De cierta forma es la clave de la Ciencia Espírita, porque solo él puede informarnos de las anomalías que representan las comunicaciones, ilustrándonos acerca de las desigualdades intelectuales y morales de los Espíritus. No obstante, observaremos que los Espíritus no pertenecen siempre y exclusivamente a tal o cual clase, pues, realizándose gradualmente su progreso y con frecuencia más en un sentido que en otro, pueden reunir caracteres de diversas categorías, lo que se puede apreciar por su lenguaje y por sus actos.

Tercer orden Espíritus imperfectos

101 Caracteres Generales. –Predominio de la materia sobre el espíritu. Propensión al mal. Ignorancia, orgullo, egoísmo y todas las malas pasiones que son su consecuencia. Tienen intuición de Dios, pero no lo comprenden. No todos son esencialmente malos; en algunos abunda más la irreflexión, la inconsecuencia y la malicia que la verdadera perversidad. Unos no hacen ni bien ni mal; pero por lo mismo que no practican el bien, demuestran su inferioridad. Otros, por el contrario, se complacen en el mal y están satisfechos cuando hallan ocasión de hacerlo. Pueden reunir la perversidad y la malicia a la inteligencia, pero cualquiera que sea su desarrollo intelectual, sus ideas son poco elevadas y sus sentimientos más o menos inferiores. Sus conocimientos sobre las cosas del mundo espírita son limitados y lo poco que saben se confunde con las ideas y preocupaciones de la vida corporal. Sólo pueden darnos nociones falsas e incompletas, pero, el observador atento encuentra con frecuencia en sus comunicaciones, aunque imperfectas, la confirmación de las grandes verdades enseñadas por los Espíritus superiores. Su carácter se revela por su lenguaje. Todo Espíritu que revele un mal pensamiento en sus comunicaciones, puede ser clasificado en el tercer orden. Por consiguiente, todo pensamiento malo que se nos sugiera, procede de un Espíritu de este orden. Ven la felicidad de los buenos y eso es un tormento incesante para ellos, porque sufren todas las angustias que la envidia y los celos pueden producir. Conservan el recuerdo y la percepción de los sufrimientos de la vida corporal y con frecuencia esa impresión, es más penosa que la realidad. Sufren, pues, verdaderamente, por los males que soportaron y por los que hicieron soportar a otros y como sufren por largo tiempo, creen que sufrirán siempre: Dios, para castigarlos, quiere que ellos crean así.

Puede dividírseles en cinco clases principales.

102 Décima clase. – ESPÍRITUS IMPUROS. – Están inclinados al mal y lo hacen objeto de sus maquinaciones. Como Espíritus dan consejos desleales, fomentan la discordia y la desconfianza; para engañar mejor asumen cualquier apariencia. Buscan a los hombres de carácter bastante débil para que cedan a sus sugestiones, a fin de perjudicarlos, satisfechos en poder retardar su progreso y en hacerles sucumbir en las pruebas que pasan.

En las manifestaciones pueden ser reconocidos por su lenguaje, pues, la trivialidad y la bajeza de las expresiones, tanto en los Espíritus como en los hombres, es siempre indicio de inferioridad moral y hasta intelectual. Sus comunicaciones revelan la bajeza de sus inclinaciones y si intentan engañar hablando de manera sensata, no pueden sostener por mucho tiempo su papel y acaban siempre revelando su origen. Ciertos pueblos los han considerado como divinidades maléficas, otros los han designado con los nombres de demonios, genios malos y Espíritus del mal. Cuando están encarnados, los seres que ellos animan, tienen inclinación a todos los vicios que engendran las pasiones viles y degradantes: la sensualidad, la crueldad, la mentira, la hipocresía, la codicia y la sórdida avaricia. Hacen el mal por el placer de hacerlo, sin motivo la mayor parte de las veces y a causa del odio que tienen al bien, casi siempre escogen a sus víctimas entre las personas honestas. Cualquiera que sea la categoría social a la que pertenezcan, son azote de la Humanidad, y el barniz de la civilización no los libra del oprobio y de la ignominia.

103 Novena clase. – ESPÍRITUS LIGEROS. – Son ignorantes, maliciosos, inconsecuentes y burlones. Se entrometen en todo y responden a todo sin preocuparse con la verdad. Se complacen en ocasionar pequeños disgustos y pequeñas alegrías, en atormentar, en inducir maliciosamente al error por medio de engaños y travesuras. A esta clase pertenecen los Espíritus vulgarmente designados con los nombres de gnomos, duendes, diablillos y trasgos. Están bajo la dependencia de los Espíritus superiores, que los ocupan con frecuencia, como lo hacemos con nuestros servidores. En sus comunicaciones con los hombres, su lenguaje es a veces espiritual y chistoso, pero, casi siempre, sin contenido. Comprenden la extravagancia y la ridiculez humanas, que exponen en frases mordaces y satíricas. Cuando usurpan algún nombre, lo hacen más por malicia que por perversidad.

104 Octava clase. – ESPÍRITUS PSEUDOSABIOS. – Sus conocimientos son bastante amplios, pero creen saber más de lo que realmente saben. Habiendo progresado, a veces, en diversos sentidos, su lenguaje tiene un carácter grave que puede confundir sobre su capacidad e iluminación interior. Pero, en general, eso no pasa de ser un reflejo de los prejuicios e ideas sistemáticas de la vida terrena. Es una mezcla de algunas verdades al lado de los errores más absurdos, en los cuales se percibe la presunción, el orgullo, la envidia y la obstinación de que no han podido emanciparse.

105 Séptima clase. – ESPÍRITUS NEUTROS. – No son ni bastante buenos para practicar el bien, ni bastante malos para hacer el mal; se inclinan igualmente al uno y al otro, y no se elevan por encima de la condición vulgar de la Humanidad, tanto en lo moral como en inteligencia. Sienten apego por las cosas de este mundo, cuyas alegrías groseras echan de menos.

106 Sexta clase. – ESPÍRITUS GOLPEADORES Y PERTURBADORES. – Estos Espíritus no forman, propiamente hablando, una clase distinta por sus cualidades personales, pudiendo pertenecer a todas las clases del tercer orden. A menudo anuncian su presencia por efectos sensibles y físicos, como golpes, movimiento y desarreglo anormal de los cuerpos sólidos, agitación del aire, etc. Parece que están más apegados a la materia que los otros y que son los principales agentes de las perturbaciones de los elementos del globo, ya obren en el aire, en el agua, en el fuego, en los cuerpos duros, o en las entrañas de la tierra. Se reconoce que estos fenómenos no se deben a una causa fortuita y física, cuando tienen un carácter intencional e inteligente. Todos los Espíritus pueden producir estos fenómenos, pero los Espíritus elevados los dejan, por lo general, como atribuciones de los Espíritus subalternos, más aptos para las cosas materiales que para las inteligentes. Cuando juzgan que las manifestaciones de este género son útiles se sirven de esos Espíritus como de auxiliares.

Según orden Espíritus buenos

107 Caracteres generales. – Predominio del espíritu sobre la materia. Deseo del bien. Sus cualidades y poder para hacer el bien están relacionados con el progreso que han alcanzado. Unos poseen la ciencia, otros la sabiduría y la bondad. Los más avanzados reúnen el saber y las cualidades morales. No estando aún completamente desmaterializados, conservan más o menos, según su categoría, los vestigios de la existencia corporal, sea en la forma del lenguaje, o en sus hábitos, donde se descubren, hasta algunas de sus manías; de otro modo serían Espíritus perfectos.

Comprenden a Dios y el infinito y disfrutan ya de la felicidad de los buenos. Son dichosos por el bien que hacen y por el mal que impiden que se haga. El amor que los une es para ellos origen de inefable bondad, que no se altera, ni por la envidia, ni por el remordimiento, ni por ninguna de las malas pasiones, que atormentan a los Espíritus imperfectos; pero todos tienen aún pruebas que soportar, hasta que alcancen la perfección absoluta. Como Espíritus, suscitan buenos pensamientos, alejan a los hombres del camino del mal, protegen la vida de aquellos que se muestran dignos y neutralizan la influencia de los Espíritus imperfectos en aquellos que no se complacen en soportarla. Cuando están encarnados son buenos y benévolos con los

semejantes. No los mueve, ni el orgullo, ni el egoísmo, ni la ambición. No sienten odio, rencor, envidia o celos y hacen el bien por el bien. A este orden pertenecen los Espíritus conocidos por las creencias vulgares con el nombre de genios buenos, genios protectores y Espíritus del bien. En épocas de superstición e ignorancia, los consideraron divinidades bienhechoras. Puede clasificárseles en cuatro grupos principales:

108 Quinta clase. –ESPÍRITUS BENÉVOLOS.- Su cualidad dominante es la bondad. Se complacen en prestar servicios a los hombres y protegerlos, pero su saber es limitado. Su progreso es más efectivo en el sentido moral que en el intelectual.

109 Cuarta clase. –ESPÍRITUS SABIOS. – Son los que se distinguen principalmente por la extensión de sus conocimientos. Se preocupan menos con las cuestiones morales que con las científicas, para las cuales tienen más aptitud. Sólo consideran la Ciencia desde el punto de vista de su utilidad, y no la mezclan con ninguna de las pasiones propias de los Espíritus imperfectos.

110 Tercera clase. – ESPÍRITUS DE GRAN SABIDURÍA.– Se caracterizan por las cualidades morales de naturaleza más elevada. Sin que sus conocimientos sean ilimitados, están dotados de una capacidad intelectual que les posibilita formarse un juicio recto sobre los hombres y las cosas.

111 Segunda clase. – ESPÍRITUS SUPERIORES. – Reúnen la ciencia, la sabiduría y la bondad. Su lenguaje, que sólo revela benevolencia, es constantemente digno, elevado y con frecuencia sublime. Su superioridad los hace más aptos que los otros para darnos las nociones más justas sobre las cosas del mundo incorporal, dentro de los límites de lo que les es permitido conocer a los hombres. Se comunican voluntariamente con los que de buena fe buscan la verdad y cuya alma está bastante emancipada de los lazos terrenales para comprenderla. Pero se separan de los que sólo actúan por curiosidad, o a quienes la influencia de la materia aleja de la práctica del bien. Cuando, por excepción, encarnan en la Tierra, es para cumplir  una misión de progreso, ofreciéndonos el modelo de perfección a que puede aspirar la Humanidad en este mundo.

Primer orden -Espíritus Puros

112 Caracteres generales. – No sufren influencia de la materia. Superioridad intelectual y moral absoluta con relación a los Espíritus de las otras órdenes

113 Primera clase. Clase única.- Recorrieron todos los grados de la escala y se despojaron de todas las impurezas de la materia. Habiendo alcanzado la suma de perfección de que es susceptible la criatura, no han de sufrir pruebas ni expiaciones. No estando sujetos a la reencarnación en cuerpos perecederos, viven la vida eterna, que disfrutan en el seno de Dios. Gozan de inalterable felicidad, puesto que no están sujetos, ni a las necesidades, ni a las vicisitudes de la vida material; pero esa felicidad no consiste en la ociosidad monótona en el transcurso de una contemplación perpetua. Son los ministros de Dios, cuyas órdenes acerca de la conservación de la armonía universal, ejecutan. Comandan a todos los Espíritus que le son inferiores, les ayudan a perfeccionarse y les designan sus misiones. Asistir a los hombres en sus aflicciones, excitarlos al bien o a la expiación de las faltas que los mantienen alejados de la felicidad suprema es para ellos una dulce ocupación. Se les designa a veces con los nombres de ángeles, arcángeles o serafines.

Los hombres pueden comunicarse con ellos, pero sería muy presuntuoso el que pretendiese tenerlos constantemente a sus órdenes.

 Progresión de los espíritus

114 –¿Los Espíritus son buenos o malos por su naturaleza, o bien se van mejorando ellos mismos?
– Son los mismos Espíritus quienes se mejoran y al mejorarse pasan de un orden inferior a otro superior.

115 –¿Hay Espíritus que fueron creados buenos y otros malos?
– Dios creó a todos los Espíritus sencillos e ignorantes, es decir, faltos de ciencia. Dio a cada uno determinada misión con el fin de ilustrarlos y hacerles alcanzar progresivamente la perfección por medio del conocimiento de la verdad y aproximarlos a él. La felicidad eterna y pura es para los que alcancen esa perfección. Los Espíritus adquieren esos conocimientos, pasando por las pruebas que Dios les impone. Algunos aceptan esas pruebas con sumisión, llegando así más prontamente al objeto de su destino. Otros no las soportan sino murmurando y por sus faltas permanecen distantes de la perfección y de la felicidad prometida.

– Según esto, los Espíritus serían en su origen, como son los niños, ignorantes y sin experiencia, adquiriendo poco a poco los conocimientos que les faltan recorriendo las diferentes etapas de la vida.

– Sí, la comparación es justa; el niño rebelde permanece ignorante e imperfecto; según su docilidad se aprovecha más o menos; sin embargo, la vida del hombre tiene término y la de los Espíritus se extiende en lo infinito.

116 – ¿Hay Espíritus que permanecerán perpetuamente en las órdenes inferiores?
– No; todos llegarán a ser perfectos. Cambian de orden, pero con lentitud; porque como ya dijimos, un padre justo y misericordioso no puede desterrar eternamente a sus hijos. ¿Pretenderíais que Dios, que es tan grande, tan bueno, tan justo, fuese peor que vosotros?

117 – ¿Depende de los Espíritus apresurar su progreso hacia la perfección?
– Ciertamente y lo alcanzan con mayor o menor rapidez según su deseo y su sumisión a la voluntad de Dios. ¿Acaso un niño dócil no se instruye con mayor rapidez que un niño rebelde?

118 – ¿Pueden degenerar los Espíritus?
– No; a medida que avanzan, comprenden lo que les separa de la perfección. Cuando terminan una prueba quedan con el conocimiento de ella y no lo olvidan. Pueden permanecer estacionarios, pero no retroceden.

119 – ¿No podría Dios librar a los Espíritus de las pruebas que han de sufrir para alcanzar el primer orden?
– Si hubiesen sido creados perfectos no tendrían mérito para disfrutar de los beneficios de esa perfección. ¿Dónde estaría el merecimiento sin la lucha? Además, la desigualdad que existe entre ellos es necesaria para sus personalidades y la misión que cumplen en los diferentes grados de la escala está en los designios de la Providencia, para la armonía de Universo. Puesto que en la vida social todos los hombres pueden alcanzar las funciones más importantes, se podría preguntar también ¿por qué el soberano de un país no promueve a cada uno de sus soldados a general? ¿Por qué todos los empleados subalternos no son empleados superiores y maestros todos los discípulos? Pues entre la vida social y la espiritual existe aún la diferencia de que la primera es limitada y no permite siempre alcanzar todos los grados, mientras la vida espiritual es indefinida y deja a cada cual la posibilidad de elevarse al grado supremo.

120 – ¿Todos los Espíritus pasan por la experiencia del mal para llegar al bien?
– No por la experiencia del mal, sino, por la de la ignorancia.

121 – ¿Por qué ciertos Espíritus han seguido el camino del bien y otros el del mal?
– ¿No tienen libre albedrío? Dios no los creó malos, sino sencillos e ignorantes, es decir, igualmente aptos para el bien, que para el mal. Los que llegan a ser malos, lo son por su voluntad.

122 – ¿Cómo pueden los Espíritus, en su origen, cuando no tienen conciencia de sí mismos, disfrutar de la libertad de elegir entre el bien y el mal? ¿Existe en ellos un principio, o cualquier tendencia que los incline más a un camino que al otro?
– El libre albedrío se desarrolla a medida que el Espíritu adquiere conciencia de sí mismo. Si la elección se debiese a una causa independiente de su voluntad, no existiría la libertad. La causa no está en él, está fuera de él, en las influencias a que cede en virtud de su voluntad libre. Es la gran figura de la caída del hombre y del pecado original; unos cedieron a la tentación, otros la resistieron.

–¿De dónde provienen las influencias que se ejercen sobre él?

–De los Espíritus imperfectos que procuran apoderarse de él para dominarlo, y que se alegran cuando le hacen sucumbir. Esto es lo que se ha intentado simbolizar en la figura de Satanás.

–¿No sufre esta influencia el Espíritu más que en su origen?

– Le sigue en su vida de Espíritu, hasta que tenga tanto dominio sobre sí mismo, que los malos desistan de obsesionarle.

123 – ¿Por qué ha permitido Dios que los Espíritus puedan seguir el camino del mal?
–¿Cómo os atrevéis a pedirle a Dios cuenta de sus actos? ¿Pensáis que podéis penetrar en sus designios? Sin embargo, podéis decir así: La sabiduría de Dios está en la libertad que a cada uno concede de elegir, porque así cada uno tiene el mérito de sus obras.

124 – Puesto que hay Espíritus que desde el principio siguen el camino del bien absoluto y otros el del mal absoluto, ¿existen indudablemente grados entre estos dos extremos?
– Ciertamente que sí, y están allí la gran mayoría de Espíritus.

125 – Los Espíritus que han seguido el camino del mal, ¿podrán alcanzar el mismo grado de superioridad que los otros?
– Sí; pero, las eternidades serán más largas para ellos.

– Por esta expresión –las eternidades– debe entenderse la idea que los Espíritus inferiores se hacen de la perpetuidad de sus sufrimientos, puesto que no les es dado ver su término, y esa idea se renueva en todas las pruebas en que sucumben.

126 – Los Espíritus que alcanzaron el grado supremo de perfección, después de haber incurrido en el mal, ¿tienen a los ojos de Dios, menos mérito que los otros?
– Dios contempla a los extraviados de igual manera, y los ama con el mismo afecto. Se les llama malos porque sucumbieron; pero antes eran Espíritus sencillos.

127 – ¿Los Espíritus son creados iguales en facultades intelectuales?
– Son creados iguales, pero no sabiendo de donde provienen es preciso que el libre arbitrio siga su curso. Progresan con más o menos rapidez tanto en inteligencia como en moralidad.

Los Espíritus que desde el principio siguieron el camino del bien, no por eso son Espíritus perfectos. Si no tienen malas tendencias, han de adquirir, sin embargo, experiencia y los conocimientos necesarios para llegar a la perfección. Podemos compararlos a los niños que, cualquiera que sea la bondad de sus naturales instintos, tienen necesidad de desarrollarse, de ilustrarse, y que no llegan sin transición de la infancia a la madurez. Así como tenemos hombres buenos y malos desde la infancia, así también hay Espíritus buenos y malos desde el principio, con la diferencia capital, de que el niño tiene instintos completamente formados, mientras que el Espíritu, al ser formado, no es ni bueno ni malo, sino que tiene todas las tendencias y en virtud de su libre albedrío toma una u otra dirección.

Extraído de "El libro de los espíritus"
Allan Kardec

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