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En la Iglesia de la actualidad cada vez se más se muestra una brecha
inmensa entre las propuestas católicas y las bases de la doctrina
espirita, el mismo clero dirige su veto hacia el espiritismo desde el
mismo momento de su advenimiento en la Francia del siglo XIX, y las
modificaciones en las escrituras han ido forjando una rechazo hacia la
doctrina por parte de los fieles de la iglesia, no solo de la católica
sino también de las ramas protestantes del cristianismo.
Estas diferencias existentes entre el catolicismo y el espiritismo han
sido el producto de muchas enmiendas realizadas a las escrituras
originales y han permitido una manipulación consciente que ha tergiversado
el verdadero fundamento generalizador de las enseñanzas del Maestro,
promoviendo así un acomodo según hayan sido las conveniencias, de los
monarcas en primer lugar, y ya luego de los mismos dirigentes religiosos
de turno.
El cristianismo original perdió en el transcurso de estos ya mas de 2000
años el verdadero sentido de sus enseñanzas, ese cristianismo que nos
guiaba en el mismo sendero que Jesús trazó con su ejemplo y con sus
palabras, ese camino que llevaría al hombre a un cambio real en sus
concepciones espirituales, despertándolo del letargo del mal y
dirigiéndolo hacia la regeneración.
Ese cristianismo que fomenta el amor fraterno, que promueve el estudio y
la disciplina, y que sobre todo, es dirigido a todos los seres humanos sin
excepción, no discriminando por su estatus social o por su descendencia,
sino exaltando los meritos espirituales sobre los materiales, elevando la
humildad ante la opulencia, y liberándonos del yugo de la materia
mostrándonos el verdadero reino de Dios en la tierra.
¿Dónde ha quedado toda esa base fundamental de la doctrina del Cristo?,
¿hacia qué oscuro rincón de la moral nos ha llevado la manipulación de
aquellos que debían mostrarnos el camino?, esas épocas del oscurantismo no
sólo cubrieron la tierra de ignorancia y de temor, sino también
ensombrecieron los principios morales que el Divino Maestro nos legó con
el máximo sacrificio que llevó a cabo con tanto amor.
El espiritismo se levanta entonces, no solo como una nueva ciencia
encargada de traer la luz hacia el conocimiento espiritual, sino que
representa en su carácter más moral y religioso el renacimiento y
recuperación de aquel cristianismo primitivo que ahora levanta su voz con
más fuerza.
El mismo Kardec se daba cuenta de la importancia del hecho en el mismo
momento en que la codificación de la doctrina le guiaban hacia el rescate
de los valores fundamentales que las enseñanzas que el Cristo nos mostraba
de manera tan clara, evadiendo las modificaciones y recuperando el mensaje
original hemos podido verificar el resurgimiento de las máximas de Jesús
que guían nuestro pasos hacia el sendero correcto.
La iglesia al darse cuenta de esto busco vetar las mismas verdades que en
otrora escondiera de los ojos de las masas, pero en esta oportunidad la
verdad no podría ser lapidada ante la nueva posición que el espíritu
humano asumía frente a la realidad de su existencia, sintiendo y
reconociendo que solo la verdad sobreviviría al régimen de la lógica y del
buen juicio.
Los espiritas de hoy nos consideramos cristianos tal y como lo fueron
aquellos que en el comienzo de la buena nueva, que guiados por la luz del
Médico de las Almas, despertamos ante el llamado de la caridad y del
servicio fraterno, la iglesia de hoy día también es otra, ya su fuerza
política ha sido menguada y los corazones valiosos y espiritualizados que
sirven a esta santa casa han empezado a despertar ante la necesidad del
cambio, y llegará el día en que todos podremos mirar hacia la misma
dirección sin tener que fijar posiciones encontradas con el bien general.
por: Edgar Navarro
http://www.elconsolador.net/
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