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Juana de Ángelis.
médium Divaldo P. Franco
Cuando
se sumergió en el cuerpo físico, para el ministerio que debería
desenvolver, todo eran expectativas y promesas. Dotado con extraordinario
patrimonio de bendiciones, especialmente en el área de la Mediumnidad,
diversos Mensajeros de Luz prometieron inspirarlo y ampararlo durante todo
el tiempo que se encontrase en la trayectoria física, advirtiéndolo de los
peligros de la travesía en el mar embravecido de las pasiones y de las
luchas que debería emprender para alcanzar el puerto de seguridad.
Orfandad, persecuciones rudas en la infancia, soledad y amargura
establecieron el cerco que le podría haber dificultado el avance, sin
embargo, las providencias superiores lo auxiliaron para vencer esos
ásperos desafíos y para crecer interiormente, rumbo al objetivo de
iluminación. Adversarios de ayer que se habían reencarnado también, lo
acribillaron de aflicciones y crueldad durante toda la existencia
orgánica, pero él consiguió amarlos, sin devolver jamás los mismos dardos,
aguijones y el mal que le dirigían. Experimentó abandono y descrédito,
necesidades de todo orden, tentaciones incontables que le rondaron los
pasos amenazándole la integridad moral, mas no cedió al dinero, al sexo, a
las proyecciones engañosas de la sociedad, ni a los sentimientos viles.
Siempre se mantuvo en un clima de armonía, sintonizando con las Fuentes
Generadoras de la Vida, de donde absorbía coraje y fuerzas para no
desfallecer. Trabajando infatigablemente, alargó el campo de la
solidaridad, y encendiendo la antorcha de la fe racional que distendía a
través de los singulares testimonios mediúmnicos, iluminó vidas que se
tornaron faroles y amparo para otras tantas existencias. Nunca se exaltó y
jamás se entregó al desánimo, ni aun hallándose bajo la metralla de
perversas acusaciones, permaneciendo fiel al deber, sin presentar defensas
personales o justificativos para sus actos.
Lentamente, por el ejemplo, por la probidad y por el esfuerzo de héroe
cristiano, sensibilizó al pueblo y a sus líderes, que pasaron a amarlo, se
tornó parámetro de comportamiento, transformándose en persona de
referencia para las informaciones seguras sobre el Mundo Espiritual y los
fenómenos de la Mediumnidad. Su palabra dulce y ungida de bondad siempre
sonaba enseñando, dando la dirección y el camino adecuados hacia la senda
del bien a las personas que lo buscaban. En continuo contacto con su Ángel
tutelar, nunca lo decepcionó, extraviándose en la senda del deber,
manteniendo disciplina y fidelidad al compromiso asumido.
Abandonado por unos y por otros, afectos y amigos, conocidos o no, jamás
dejó de realizar su compromiso con la Vida, nunca desertando de sus
tareas. Las enfermedades le minaron las energías, mas él se renovaba a
través de la oración y del ejercicio interminable de la caridad. La
claridad de los ojos disminuyó hasta casi apagarse, mientras tanto la
visión interior se torno más poderosa para penetrar en los arcanos de la
Espiritualidad.
Nunca
se excusó de ayudar y tampoco fue trabajoso a nadie. Sus silencios
homéricos hablaron más alto que las discusiones perturbadoras y los
debates insensatos que acontecían a su alrededor y lejos de él, sobre la
Doctrina que esposaba y sus sublimes enseñanzas. Se convirtió en la mayor
antena psíquica de su tiempo, consiguiendo viajar fuera del cuerpo, cuando
se encontraba parcialmente desdoblado por el sueño natural, así como
penetrar en mentes y corazones para poder ayudarlos mejor, tornándose
maleable a los Espíritus que lo utilizaron por casi setenta y cinco años
de devoción y de renuncia en la Mediumnidad luminosa. Por eso, el suyo fue
un apostolado incomparable. ...Y al desencarnar, suave y dulcemente,
permitiendo que el cuerpo se aquietase, ascendió en los rumbos del
Infinito, siendo recibido por Jesús, que lo acogió con su bondad,
aseverándole: Descansa, por un poco, hijo mío, a fin de olvidar las
tristezas de la Tierra y disfrutar de las inefables alegrías del Reino de
los Cielos.
información extraída del ANUARIO ESPIRITA 2003.
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