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Carlos Chagas, autor de la contribución latinoamericana más importante a
la ciencia médica del siglo veinte murió en 1934 en el Río de Janeiro. Son
varias las razones que justifican el recordar la figura y al obre de
Chagas. La primera es que ha sido el único caso en la historia de la
medicina en que descubren al mismo tiempo -¡y por la misma persona!- una
enfermedad infecciosa, el microorganismo que la produce y el agente
biológico que la transite. La meticulosidad y la precisión de las
observaciones que le condujeron a descubrir la enfermedad que lleva su
nombre deben ser tomadas como ejemplo de metodología científica.
Una segunda motivación es recrear las condiciones que hicieron posible tan
portentoso descubrimiento, realizado en un ambiente desfavorable, por un
médico sin formación como investigador, en un pueblo remoto de un país con
poca tradición científica.
Resulte interesante destacar la secuencia que utilizó Chagas para sus
observaciones ya que él usó el orden contrario al empleado habitualmente,
pues primero modificó al insecto transmisor (el triatoma, "chinche
hocicona" o "barbero", llamado así por la molesta costumbre de picar a la
cara de los humanos por las noches para iniciar su cena nocturna).
Más tarde encontró en el triatoma una nueva especie de tripanosoma, al que
llamó Tripanosoma cruzi ("tripanosoma", por tratarse de un protozoario
flagelado en forma de barrera y "cruzi" en honor de su maestro Oswaldo
Cruz).
Finalmente, buscó con gran tenacidad hasta encontrar en el ser humano la
enfermedad producida por estos tripanosomas.
La enfermedad de Chagas puede manifestarse por síntomas agudos (fiebre,
hinchazón de la cara o de los párpados y aumento de tamaño de los ganglios
linfáticos), por molestias crónicas (crecimiento y falla del corazón o
alteraciones del intestino grueso, entre otras) o bien pueden no producir
alteración alguna, aunque el individuo este infectado con tripanosomas a
lo largo de varias décadas.
Llama por ello la atención el hecho de que pesar de que casi todas las
manifestaciones de la enfermedad de Chagas, no son especificas, su
descubridor no vacila con atribuirlas con una enfermedad nueva. Además, la
rapidez con la que Chagas realizo sus descubrimientos contrasta
notablemente con la lentitud con la que en años posteriores sé a apreciado
la verdadera magnitud de la infección y la tardanza en avanzar los
conocimientos sobre el cuadro clínico, el tratamiento y la patogenia de
las lecciones cardiacas y gastrointestinales características de la
infección.
Según la organización mundial de la salud, la enfermedad de Chagas
constituye una amenaza permanente para casi la cuarta parte de la
población de América latina. Esta presente en 17 países latinoamericanos,
con un total estimado de cien millones de personas expuestas a la
enfermedad y de 16 a 18 millones de personas infectada. La enfermedad
persistirá mientras exista la vivienda inadecuada, la migración frecuente
de las personas y la rápida urbanización. Hasta que no cambien estas
condiciones, deberá continuarse la lucha contra la infección.
Las crónicas de la colonización del nuevo mundo contienen referencias
indirectas de la enfermedad de Changas, desde 1587 empezaron a aparecer
relatos del "MAL DE BICHO" o "MAL DEL CULO", asociadas a alteraciones del
intestino grueso. También se iniciaron descripciones del triatoma, entre
otras por el mismo Darwin, quien a visitar en Argentina la ciudad de
Mendoza describió los ataques nocturnos del agresivo "barbero". De hecho,
una hipótesis sostiene que la muerte de Darwin fue causada por la
enfermedad de Chagas.
Nada se sabía sobre el padecimiento, hasta que al menos de dos años,
Chagas realizó todo lo que había que hacer para revelar todo lo que se
podía descubrir con los medios disponibles en su época.
Los principales datos sobre la biografía de Chagas fueron escritos en 1959
por Carlos Chagas hijo, quien me envió amablemente un ejemplar hace
algunos años. El hijo es un notable fisiólogo, figura respetadísima en
Brasil, hizo valer su autoridad a favor de sus colegas científicos durante
en difícil periodo de los gobiernos militares. Por largos años fue
presidente de la Academia de Ciencias de América Latina, y de la Academia
Pontificia de Ciencias del Vaticano. En esa biografía dice, con la dulzura
del portugués: "é dificil ao filho fazer um retrato fiel do pai".
Carlos Justiniano Riveiro Chagas nace en Oliveira, al oeste de minas
Gerais, el 9 de Julio de 1879. El abuelo paterno es uno de los grandes
hacendados de la región. El padre, José Justiniano Chagas, compra una
plantación de café y se casa con Mariana Cándida Chagas. El pequeño Carlos
queda huérfano de padre a los cuatro años cuando su madre tiene tan solo
24 años. A los 7 años es enviado al colegio de jesuitas de Tú, en el
estado de Sao Paulo. En 1888 se firma en Brasil la abolición de la
esclavitud, lo que da lugar a festejos ruidos y a no pocos incidentes
graves. Carlos huye del colegio preocupado por la suerte de su madre,
quien enternecida lo cambia de escuela a San Juan del Rey donde se encarga
de su educación el padre Sacramentado. Este humanista, naturalista y poeta
siembra en su joven discípulo el gusto por la observación de la naturaleza
y el placer de la lectura y la interpretación artística. Se cimienta una
sólida relación entre el maestro ejemplar y el alumno dedicado.
Al terminar ese periodo de aprendizaje Chagas se traslada a Oro Prieto
donde se matricula en la escuela Ingenieros de Minas, aspiración de los
jóvenes pudientes de la antigua Villa Rica de la época colonial, en la que
se espolvoreaba con polvo de oro las cabezas de los esclavos en las
grandes fiestas.
A los 16 años sobrevive un ataque de Beri-Beri y regresa a Oliveira, donde
su tío Carlos Riveiro de Castro acaba de instalar una clínica médica y lo
convence de abandonar la ingeniería para iniciar la carrera de médico, con
el argumento que el país requiere con urgencia resolver sus gravísimos
problemas de salud para alcanzar la independencia económica –en alguna
ocasión se de escribió la situación de Brasil a principios de siglo como
"un enorme hospital". Convencido por el tío, se matriculo en la Facultad
de Medicina de Río de Janeiro, azotada entonces por la fiebre amarilla.
A pesar de que en esos años se introdujo la luz eléctrica, la dedicación
de los alumnos se media todavía por él numero de velas en una noches de
estudio; Carlos Chagas fue catalogado como "alumno de dos velas". Además
de su extraordinaria capacidad de trabajo destaco como estudiante por su
inteligencia y tenacidad.
Por esos años brillaba la figura de Oswaldo Cruz; Ejemplo de generosidad y
desinterés logro erradicar la fiebre amarilla de los puertos brasileños.
Entre el maestro, apenas siete años mayor, y el alumno se estableció una
amistad ejemplar. Oswaldo Cruz después de trabajar varios años en el
Instituto Pasteur de París creó en Manguinhos un instituto modelo para la
producción de sueros y vacunas, en el que además se realizo excelente
investigación. Envió a sus discípulos a Francia y Alemania y sostuvo un
intercambio fructífero con científicos europeos que visitaban su
instituto: Prowazek, Giemsa, Hartman y otros. En 1903 Cruz fue nombrado
director de la Sanidad Pública brasileña, puesto desde el que reformó, en
una obra titánica, la organización sanitaria de su país.
En un principio Chagas no aceptaba ingresar al Instituto Oswaldo Cruz como
investigador y en su vez de ello accede a un puesto menor en un hospital
de Jurujuba, en donde además abre un consultorio privado. La estrechez
económica le obliga aceptar el ofrecimiento de trabajar para la compañía
Docas de Santos en la prevención del paludismo que afecta seriamente a los
trabajadores. A los 26 años realiza la primera campaña antipalúdica eficaz
en Brasil; terminada su misión regresa a Río, donde había dejado a su
familia. Ingresa entonces al Instituto Oswaldo Cruz y se dedica al estudio
de los protozoarios.
En 1908 Oswaldo Cruz encomienda a Chagas una nueva campaña contra el
paludismo relacionada con la construcción del Ferrocarril Central
Brasileño, esta vez en el pueblo de Lassance, en el estado de Minas Gerais.
Ahí, en medio de una actividad febril que nadie puede fecundar, trabajando
en un viejo vagón de ferrocarril habilitado como laboratorio, consultorio
y habitación encuentra al transmisor, al tripanosoma y describe el cuadro
clínico de lo que se conocerá poco después como la enfermedad de Chagas
(en portugués "Molestias de Chagas").
Lo primero que llamó su atención fue la presencia de triatomas, que se
encontraban en gran número en las grietas de las paredes y los techos de
las casuchas miserables de los trabajadores. Un solo jacal pudo contener
centenares y hasta miles de insectos. Tan pronto como se extingue la luz,
los insectos "barberos" atacan a los habitantes y desaparecen al volver la
luz, haciendo difícil su captura.
Al examinar el contenido del intestino de los "barberos" encontró grandes
cantidades de triposomas. Quiso probar con monos locales si la picadura
del insecto provoca alguna infección, pero al no encontrar monos exentos
de infecciones sanguíneas envío triatomas infectados con tripanosomas al
Instituto Oswaldo Cruz para que hiciera la inoculación experimental.
Treinta días después se encontró en la sangre de un mono grandes
cantidades de un tripanosoma, diferente morfológicamente de todas las
especies hasta entonces conocidas. Inoculó entonces a cobayos, perros,
conejos y otros tipos de monos. El triposoma produjo al cabo de varias
semanas, la muerte de los cobayos y los monos.
Después de estudiar el ciclo de desarrollo del triposoma en animales de
laboratorio y en el insecto transmisor y al desconocer el huésped
definitivo del parásito, realizó más investigaciones. Buscó entonces el
parásito en humanos que vivían en habitaciones infectadas por los
"barberos". El 23 de abril de 1908 encontró el primer caso de
triponosomiasis en una niña de dos años, de nombre Berenice; tenía la
paciente fiebre elevada y crecimiento del hígado, del bazo y de los
ganglios linfáticos. La hinchazón de la cara de la niña y de otros
pacientes que después estudió, le hizo pensar que el parásito alteraba el
tiroides, producía hipotiroidismo y en casos extrememos cretinismo.
Inmediatamente después de haber encontrado los tripanosomas, Chagas
inoculó dos cobayos y un mono tití con sangre de Berenice. Losa cobayos
murieron a los seis días de la inoculación y al octavo día el mono
presentó tripanosomas en la sangre. Repitió dos veces más los experimentos
de inoculación de sangre de dos niños infectados; José dio resultados
positivos mientras que la sangre de Joaquina no produjo infección. El
mismo escribió "es importante confirmar la absoluta imposibilidad de
infección accidental de los animales empleados en las pruebas ya que
fueron aislados todo el tiempo en jaulas cubiertas de tela fina para
protegerlos de la picadura de insectos hematófagos. Por otro lado, estos
resultados están en acuerdo completo con los experimentos de laboratorio
realizados con la técnica más estricta, libre de cualquier fuente de
error, que fueron la base de nuestras conclusiones finales"
Entre los muchos hechos notables relacionados con el descubrimiento de la
enfermedad de Chagas destaquemos uno más. A pesar de que en sus
experimentos los animales morían rápidamente a consecuencia de la
infección con el tripanosoma, Chagas previó la posibilidad de que
existieran manifestaciones crónicas de la enfermedad; algunas no fueron
encontradas por los médicos brasileños sino hasta medio siglo después de
la descripción original.
En 1909 Chagas anuncio su descubrimiento en dos comunicaciones breves en
los Andes del Instituto Oswaldo Cruz y ese mismo año publico un informe
completo sobre la enfermedad, el parásito y los resultados de los
experimentos que realizo para demostrar la infectividad del agente
etiológico.
El éxito fue completo e inmediato. Una delegación de médicos e
investigadores dirigida por Oswaldo Cruz se trasladó a Lassance para
visitar a Chagas; Después de examinar sus hallazgos decidieron dar el
nombre de su colega a la nueva enfermedad. Miguel Couto, el médico clínico
más apreciado de su tiempo en Brasil lo contó así:
"Carlos Chagas nos esperaba con su museo de rarezas - varias docenas de
pacientes de todas ellas edades, algunos idiotas, otras paralíticos, otros
cardíacos, tiroideos, mixedematosos y astémicos. Sobre la mesa había
desparramados microscopios que mostraban tripanosomas en movimiento o
lesiones patológicas. En las jaulas se encontraban animales de
experimentación infectados y frascos llenos de triatomas en todos los
estados de desarrollo…. Todos los elementos de su demostración fueron
examinados por nosotros. Los médicos ahí reunidos, autoridades
indiscutibles no tuvieron nada que añadir o negar al análisis de los
síntomas o a sus interpretaciones… fue un trabajo definitivo, al que el
tiempo añadiría detalles, sin modificar la concepción original".
Fue el propio Couto quien, en una solemne cena de académicos médicos,
anunció a Chagas, que la enfermedad había sido bautizada con el nombre de
su descubridor. En 1919 recibió el primero y el más preciado de los
premios, que vendrían después en cascada: el Premio Schaudinn, otorgado
cada cuatro años al mejor trabajo en parasitología y medicina tropical en
el mundo.
A medida que aumentó su prestigio por el descubrimiento, incrementó su
voluntad por fomentar la salud pública. Realizó con éxito la campaña para
controlar la gripe española que hizo terribles estragos en la población
del Río de Janeiro. Al crearse el nuevo departamento nacional de salud
publica, aceptó el puesto del director general. Desarrolló campañas contra
la tuberculosis, sífilis y la lepra, como parte de una profunda
reorganización administrativa que realizó entre 1920 y 1926.
En 1925 Chagas fue presa, como otros muchos grandes descubridores, de la
envidia y insidia; un grupo de académicos puso en duda la importancia e
inclusive la existencia misma de la enfermedad de Chagas, obligándole a
hacer en la Academia de Medicina una larga réplica de varias horas, de la
que salió triunfante. Sin embargó, por muchos años quedó la falsa noción
de que la enfermedad de Chagas no era un problema de salud pública.
Profundamente
De 1926 a 1934 transcurrieron los años más tranquilos y felices de su
vida, colmado de honores y de amistad con grandes científicos europeos.
Finalmente creo el Centro Internacional de Leprología en Río, del que
asumió la dirección.
Carlos Chagas murió a los 55 años en su mesa de trabajo a consecuencia de
un infarto cardiaco. El día anterior –cuenta su hijo- preparó hasta la una
y media de la noche la conferencia que debía dar ese día sobre u tema que
conocía mejor que nadie… ¡la enfermedad de Chagas!
Chagas pudo hacer posible el sueño de su juventud: contribuir a mejorar el
estado de salud de su país. En sus cuadernos de trabajo hizo anotaciones,
reflejos fieles de la profunda motivación de su vida profesional: "En
estas tierras feraces, recubiertas palmo a palmo de vegetación exuberante,
de abundantes frutos y flores maravillosos; en esta fecundación y opulenta
naturaleza tropical las mismas energías creadoras que estimulan y
fortalecen la vida animal y vegetal hace nacer y proliferar factores de
destrucción y de muerte… que agreden constantemente el organismo humano".
En otra ocasión lo escribió "al lado de privilegios incomparables hay
graves defectos que corregir, al lado de la vida exuberante la muerte
acecha constantemente". Un año antes de su muerte dijo a una generación de
médicos graduados: "Señores las aplicaciones prácticas de la higiene y de
la medicina tropical a destruido el prejuicio de un clima fatal; el método
científico a conquistado la insalubridad de los trópicos".
Más de una vez los historiadores médicos anglosajones se han preguntado
¿qué sucedió? ¿Cómo es posible que en un remoto pueblo brasileño se
hicieran una de las contribuciones más grandes de la medicina?. Se dieron
en Chagas una conjunción de factores afortunados: inteligencia, capacidad
de trabajo, creatividad, recia formación, estimulo de maestros
excepcionales y colegas médicos, compatriotas y del extranjero. Pero sobre
todo ello, la motivación fundamental parece haber derivado de su
inconformidad por la miseria en la que vivía la gente del campo y de su
voluntad férrea por remediar la angustia y precaria situación de salud.
Por todo ello, recordar la vida y la obra de Carlos Chagas no es solo un
ejercicio académico; es una lección sobre la fuerza de la inteligencia
puesta al servicio de la voluntad de mejorar la suerte de los desposeídos.
Extraído Martínez-Palomo, A., 1996, Capítulo X, "Ciencia, Salud y
Desarrollo", El Colegio Nacional, p: 117- 125, México.
Biografía:
Chagas, Carlos (1879-1934), médico brasileño, conocido por el
descubrimiento de la enfermedad que lleva su nombre (véase
Tripanosomiasis) y también por la erradicación de la malaria por medio de
la eliminación, mediante insecticidas, de los mosquitos transmisores del
agente causal.
Nació en Oliveira el 9 de julio de 1879. En 1903, se licenció en Medicina
en Río de Janeiro. Un año antes había ingresado en el Instituto
Seroterápico de Manguinhos (actual Fundación Oswaldo Cruz), del cual, a
partir de 1917, asumió la dirección, sustituyendo a su maestro y amigo
Oswaldo Cruz. En 1925 fue nombrado profesor de Medicina tropical en la
Facultad de Medicina de Río de Janeiro.
En 1905 organizó y dirigió una campaña contra la malaria aplicando el uso
de insecticidas para erradicar la enfermedad. Descubrió el protozoo
causante de la tripanosomiasis americana en 1909, cuando dirigía una
comisión, iniciada dos años antes, encargada de combatir dicha enfermedad
en el estado de Minas Gerais. En homenaje a Oswaldo Cruz, se le dio el
nombre de Trypanosoma cruzi (véase Tripanosoma). Su estudio sobre esta
enfermedad, conocida mundialmente como mal de Chagas, ha sido el más
completo hasta ahora realizado por un único investigador. Tal estudio
comprendía todos los aspectos de la enfermedad: anatomía, patología,
epidemiología, etiología, formas clínicas y medios de transmisión.
Sus hijos, Evandro y Carlos Chagas también se dedicaron a la carrera
científica. Carlos Chagas murió en la ciudad de Río de Janeiro en 1934.
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