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¿Es
el Espiritismo una Ciencia?
¿Bajo qué criterios?
¿Qué es lo qué caracteriza a la ciencia Espírita?
¿Ha desmentido la ciencia los postulados espíritas?
¿Que contribuciones puede dar la doctrina espírita al presente y al futuro
de las ciencias?
La presente ponencia intentará contestar estas preguntas o más bien
indicar caminos para la profundización de su comprensión, y que dada su
profundidad, lo haremos en cuatro momentos distintos:
1.- Evolución de los criterios científicos.
2.- Las dimensiones científicas de la codificación y de los principios
doctrinarios.
3.- El acercamiento de los recientes descubrimientos científicos a los
principios espíritas.
4.- La contribución del Espiritismo al presente y al futuro de las
ciencias.
1.- La Evolución de los criterios científicos
En la antigüedad, las ciencias eran consideradas de naturaleza deductiva,
porque partían de principios generales, de enseñanzas tradicionales, para
aplicaciones deductivas en casos particulares. En el mundo moderno vamos a
asistir a una verdadera revolución en cuanto a la manera de acercarnos al
conocimiento de las leyes que rigen el mundo, con el advenimiento de la
revolución científica, con la construcción de un nuevo método para conocer
o sea el método inductivo de Francis Bacon y la revolución racionalista de
Descartes. Nace de ahí el conocido método científico o método
experimental, el cuál echaba por tierra la antigua idea de acercamiento a
la verdad, a través de la revelación, e impuso un nuevo criterio para su
verificación: - la comprobación de los hechos a través de pruebas
concretas, que pudiesen ser repetidas mediante la experimentación y la
observación rigurosa de los hechos; obteniéndose de ahí las conclusiones
generales y a través de la inducción se llegaría al descubrimiento de las
leyes del fenómeno.
Los criterios de validez científica que resultaron de todo este proceso
evolutivo, se puede resumir, afirmando que para poseer un status de
ciencia, una determinada área debe de tener:
-Un Conjunto de objetos ( materiales o conceptuales) un campo de acción
característico.
-Unas Teorías o conjunto de propiedades fundadas en determinados
principios generales.
-Un método científico (procedimientos de que se vale para ampliar los
conocimientos y criterios que rigen sobre la validez de las
demostraciones).
-Un aspecto descriptivo: enumeración objetiva de cuerpos y de sus
propiedades.
-Un aspecto especulativo: hipótesis formuladas con el fin de explicar
algunos fenómenos en condiciones conocidas.
-Un aspecto experimental: provocar determinados fenómenos en condiciones
conocidas o controladas para verificar las relaciones de causa y efecto.
-Un aspecto deductivo: de elaboración teórica por métodos lógicos para
inferir consecuencias de unos hechos o de unas hipótesis, que permitan
emitir conclusiones y elaborar sistemas teóricos coherentes entre sí y con
una realidad objetiva.
Sin embargo, los criterios científicos continuaron avanzando después del
advenimiento del método experimental. Nicolas Abbagnano, uno de los más
respetados filósofos contemporáneos, nos muestra, que las concepciones de
ciencia han avanzando mucho hasta los días de hoy, tornándose cada vez más
amplio el abanico de lo que debe o no considerarse como científico.
Pasamos de una concepción muy cerrada de una ciencia experimentalista,
organicista y mecanicista - que no incluía la psicología, porque ésta
manejaba algo muy imponderable para el experimentalismo reinante - y por
supuesto excluía también el naciente Espiritismo, hasta otra más profunda
y amplia, que desde las investigaciones más sofisticadas en el campo de la
física, de la biología, de la neurología, de la parapsicología, etc., ha
dado condiciones para la aparición de nuevas áreas como por ejemplo la
psicobiofísica, la psicotrónica, la parapsicología, la parapsiquiatría, la
psicobiofísica, etc. Esta concepción concibe la ciencia como un sistema
auto correctivo, o sea, que entiende que la ciencia no pueda dar la última
palabra, pues siempre se puede conocer más sobre todo.
Allan Kardec, ya se había adelantado desde 1857, en ese sentido, cuando
afirmó que: “Caminando a la par del progreso, el Espiritismo jamás será
superado, porque, si nuevos descubrimientos le demostrasen que está en un
error acerca de un punto cualquiera, él se modificará en ese punto. Si una
nueva verdad se revelara, él la aceptará”. (Génesis, cap. 1: 55) Desde
luego se nota que aunque este criterio científico más avanzado haya
surgido en la segunda mitad del siglo XX, ya estaba contenido en la
arquitectura misma de la Doctrina Espírita desde su origen.
El avance de los criterios científicos, ha permitido un nuevo espacio para
el conocimiento humano y para la expansión de las ciencias del espíritu
hacia los centros de investigación de la ciencia. Examinemos si los
procesos utilizados para la codificación del Espiritismo y los principios
doctrinarios generados de las investigaciones, se encajan o no en los
criterios científicos.
2.- Las dimensiones científicas del Espiritismo
El mismo Allan Kardec definió el Espiritismo como “la ciencia que estudia
el origen, naturaleza y destino de los espíritus, así como sus relaciones
con el mundo corporal”. Dice también que es una ciencia de observación
(estudiando las relaciones que pueden establecerse con los espíritus) y
una doctrina filosófica. (lo que comprende todas las consecuencias morales
que se desprenden de semejantes relaciones)”. (¿Qué es el Espiritismo?
- Allan Kardec)
Cotejando esta definición con los criterios científicos arriba descritos,
verificamos que el Espiritismo posee un objeto científico (“el origen, la
naturaleza y destino de los espíritus; y sus relaciones con el mundo
corporal”), porque en aquel momento ninguna ciencia se planteaba este
objeto de estudio, sino que este era un tema de las religiones, del
misticismo y de la superchería y no de la ciencia. También percibimos que
Kardec la define, como ciencia de observación, como ciencia práctica, que
como detallaremos adelante, utilizó el método experimental como las demás
ciencias. El propio codificador, en “La Génesis” nos explica diciendo:
“Como método de elaboración, el Espiritismo utiliza exactamente el mismo
que las ciencias positivas, es decir, aplica el método experimental. Se
presentan hechos de un nuevo orden que no pueden explicarse mediante las
leyes conocidas: el espiritismo los observa, compara y analiza, y del
efecto se remonta a las causas y de estas a la ley que los gobierna, luego
deduce las consecuencias y busca sus aplicaciones útiles. “No establece
ninguna teoría preconcebida, motivo por el cual no ha formulado hipótesis
sobre la existencia e intervención de los espíritus, como tampoco sobre el
periespíritu, la reencarnación, ni ningún otro de los principios de la
doctrina; ha terminado por ACEPTAR la existencia de los espíritus, cuando
su existencia se mostró EVIDENTE a través de la observación de los hechos,
y de igual manera se ha procedido con los demás principios”. “No son los
hechos que han venido a confirmar a la teoría, sino ésta es la que ha
llegado posteriormente para explicar y resumir a los hechos. Es
rigurosamente exacto decir que el Espiritismo es una ciencia de
observación y no producto de la imaginación.
Todavía más, no ha dicho, el insigne maestro Lionés, que el Espiritismo
sería sólo una ciencia de observación, sino que era a la vez una doctrina
filosófica que expresaría las consecuencias morales de los descubrimientos
que la primera hiciera. Lo que León Denis corrobora afirmando tajantemente
que “El Espiritismo es una ciencia porque descansa sobre principios
positivos de los que pueden extraerse deducciones científicas
incontestables”. No es disociable ésta doble dimensión (ciencia de
observación - doctrina filosófica), que para Herculano Pires es triple
(ciencia - filosofía - religión).
Podemos preguntarnos en este punto: ¿Cómo ha utilizado el codificador el
método científico, para investigar el imponderable y “misterioso” mundo de
los espíritus? ¿Son fiables sus hallazgos? Para contestar con seguridad,
es menester analizar el método de Kardec en la codificación y recordar
quién era Él.
Fue un profesor formado en la rigurosa escuela de Pestallozi, llamado
Hipollite León Denizard Rivail, agnóstico, aunque proveniente de una
familia religiosa. Dedicó casi toda su vida a luchar por mejorar y
humanizar más la enseñanza francesa. En esencia, siempre fue un “educador
de almas”. Ha publicado numerosas obras sobre educación, muchas de ellas
han sido adoptadas por las más importantes universidades francesas. Fue
llamado por Camille Flammarion, el buen sentido encarnado.
Este profesor humanista, heredero de la más rigurosa tradición
racionalista decimonónica, fue atraído por amigos suyos a asistir algunos
“fenómenos insólitos” llamados mesas giratorias, con los cuales la
sociedad francesa se estaba entreteniendo. ¿Qué reacción tuvo éste
racionalista ante tales fenómenos? Expresó: “Yo creeré en ello cuando lo
vea y cuando se haya probado que una mesa tiene un cerebro para pensar,
nervios para sentir y que puede volverse sonámbula, hasta entonces
permitidme no ver en ello más que un cuento aburrido.”
Esta es la clara posición de un racionalista del siglo XIX y no de un
místico o supersticioso.
Como científico que era, ha sido capaz de comprender con claridad los
distintos papeles que jugaban la ciencia y el espiritismo en desvelar los
enigmas y fenómenos del mundo de los “muertos”. Kardec dice: “Las ciencias
vulgares están basadas en las propiedades de la materia que a nuestro
antojo podemos manipular y someter a nuestros experimentos. Los fenómenos
espíritas están basados en la acción de inteligencias que, teniendo
voluntad propia, nos prueban a cada instante que no se hallan a merced de
nuestros caprichos. No pueden pues observarse de la misma manera, sino que
hemos de colocarnos en condiciones especiales y en distintos puntos de
partida, y querer someterlos a los procedimientos ordinarios de la
investigación, es lo mismo que establecer analogías que no existen. La
ciencia, propiamente tal, es, pues, incompetente, como ciencia, para
pronunciarse en la cuestión del Espiritismo (...).
Al reconocer la incompetencia de los métodos y conocimientos científicos
de que disponía la ciencia de la época, se vio forzado a crear un nuevo
sistema, también científico, para afrontar el reto. Y para eso creó la
siguiente metodología de investigación y control del fenómeno y de
sistematización doctrinaria de sus conclusiones.
“Hasta hoy se pensaba que ese método sólo era aplicable a la materia,
mientras que lo es igualmente para las cosas metafísicas”. Dice el
codificador sobre eso.
1º- Elección de colaboradores mediúmnicos insospechables, tanto en lo que
refiere en su aspecto moral, cuanto en lo que se refiere a la pureza de
sus facultades;
2º- Análisis riguroso de las comunicaciones,(Observación rigurosa de los
HECHOS) desde el punto de vista lógico, así como su cotejo con las
verdades científicas demostradas, descartándose todo material que no
pudiese ser justificado lógicamente”;
3º- Control de las entidades espirituales comunicantes, por medio de la
coherencia de sus comunicaciones y del tenor de su lenguaje;
4º- Consenso universal, vale decir, concordancia de varias comunicaciones,
obtenidas por diferentes médiums, en forma simultanea y en lugares
diversos, acerca de un mismo tema.
Desde luego, se puede imaginar lo difícil y a la vez fascinante que pudo
resultarle al lúcido e inquieto pensamiento del profesor Rivail. Así que
para orientarse en esta empresa de distinguir, clasificar, organizar,
codificar y, al final, transmitir el conocimiento proveniente de este
“misterioso mundo invisible” se ha fijado en uno de los criterios más
centrales de la ciencia, o sea, la universalidad. Nos explica en la
introducción al Evangelio Según el Espiritismo (1864) que: “La única
garantía seria de las enseñanzas de los espíritus está en la concordancia
que existe entre las revelaciones hechas espontáneamente, por intermedió
de un gran número de médiums, extraños unos a los otros, y en diversos
lugares”.
Ahí reside la razón para afirmar que las leyes y los principios bajo las
cuales se sostiene la Doctrina Espírita son universales, porque se
encuentran en la naturaleza misma e independientes de la voluntad de una
persona o de un grupo de ellas, más bien se encuentran inscritas en los
códigos sagrados de las leyes naturales. Comprobada la veracidad de la
presencia de inteligencias desencarnadas como causa de los hechos
espíritas, habría que añadir al conocido principio material y sus leyes
como base de los fenómenos de la naturaleza, el principio espiritual, que
desde aquel momento pasaría a ocupar un lugar en el abanico de
posibilidades explicativas de la ciencia.
El método que Kardec utilizó para la investigación de los fenómenos
espíritas, como hemos demostrado, no exime a otros investigadores de otras
áreas del conocimiento humano, e importante insistir en eso, fue
acompañado por una comunidad de sabios de su tiempo y del nuestro, que han
investigado y llegaran a las mismas conclusiones que él, como Albert de
Rochas (oficial francés, director de la Escuela Politécnica de París),
Gabriel Delanne, Camille Flammarión (astrónomo francés), César Lombroso
(criminalista italiano), Gustavo Geley (médico francés, fundador del
Instituto Metapsíquico Internacional ), Zoellner (alemán), William Crookes
(físico británico, galardonado con el premio Nóbel de Química en 1907),
Alexander Aksakoff (concejal de Estado de Rusia), Charles Richet (Premio
Nóbel de fisiología, de la Universidad de París), Joseph Rhine (Profesor
de la Universidad de Duke EEUU fundador de la parapsicología), y tantos
otros que desde la segunda mitad del siglo XIX hasta hoy, siguen
investigando y comprobando la realidad de los hechos, dieron base al
nacimiento del moderno espiritualismo científico, como denomina Herculano
Pires, y que la Doctrina Espírita ha venido a inaugurar.
Sin embargo, es menester seguir indagando en las bases científicas de la
Doctrina Espírita, porque no es suficiente tener un método de
investigación válido. Más que nada es necesario verificar si las
conclusiones de esta investigación, o sea si la teoría que se ha formulado
a partir de la observación de los hechos y la enseñanza dada por los
Espíritus superiores fue debilitada o destruida por el avance de las
Ciencias. Así, sometamos algunos de los principales pilares del
Espiritismo a la siguiente pregunta: ¿El avance de la ciencia ha derribado
las bases del Espiritismo?
3.- El acercamiento de la ciencia a los principios del Espiritismo
Los más recientes descubrimientos de la física cuántica sobre la
naturaleza íntima de la materia apuntaron a resultados sorprendentes.
Veamos algunos ejemplos.
Se sabe que con los descubrimientos que la física atómica ha hecho sobre
la consistencia más intima de la materia ha puesto por los suelos algunos
conceptos clásicos. Según Fritjof Capra, uno de los más notables físicos y
filósofos de la actualidad, autor del best seller “El Tao de la Física”,
donde defiende que la física a través de sofisticadas investigaciones y
los místicos orientales mediante la meditación, han llegado a conclusiones
semejantes. Y presenta como la propuesta más avanzada de la física
contemporánea, la teoría de BOOTSTRAP de Chew: y la teoría del Orden
implicado de Bohm. Ambas coinciden en la idea de que la realidad física no
es la única que existe en el universo. Que la comprensión científica del
universo demanda la existencia de otra dimensión de realidad, que Bohm
llama de orden implicado. También, en contra de la concepción mecanicista
del universo, empiezan a reconocer que “la conciencia sea un aspecto
esencial en el universo” y que el universo solo puede ser comprendido como
una “red dinámica de fenómenos relacionados entre sí”.
El mismo autor en su libro “La totalidad y el orden implicado” de 1988,
llega al punto de admitir que: “Este orden implicado supone una realidad
que va muchísimo más allá de lo que llamamos materia. La materia no es de
por sí más que un rizo en este trasfondo”. Sigue afirmando : “Es muy
probable que, más allá, se encuentre un nuevo dominio, o un conjunto de
dominios, acerca de cuya naturaleza no tenemos, por ahora, la más pequeña
idea”. (...) El universo está empezando a parecer más a un gran
pensamiento, que a una maquinaría. Albert Einstein, sobre la ilusoria
solidez de la materia consideró: “Podemos considerar la materia como
estando constituida por las regiones de espacio en las cuales el campo es
extremamente intenso(...) No hay lugar en esta nueva clase de física para
el campo y la materia, porque el campo es la única realidad”. Según Jean
Charon, de la Universidad de la Sorbona (Paris), premio Nóbel de física de
1983, en su conocida obra “El espíritu ese desconocido”, aseveró que :
“Algunas partículas elementales, encierran un espacio y un tiempo del
espíritu, principalmente en las estructuras vivas o pensantes, que se
instruyen por la experiencia de manera irreversible. Estas informaciones
se almacenan en “partículas mind (espirituales)” que encierran un espacio,
donde jamás pierden su contenido informativo y que subsisten más allá de
nuestra muerte corporal. Delante de estos contundentes descubrimientos de
las ciencias físicas los postulados espíritas han sido fortalecidos.
El concepto de universo - red, está claramente descrito en la pregunta 540
del Libro de los Espíritus “Así pues todo sirve, todo se eslabona en la
naturaleza, desde el átomo primitivo hasta el arcángel, pues él mismo
comenzó en un átomo. Admirable ley de la armonía, cuyo conjunto no puede
aprehender aún vuestro Espíritu limitado”.
El acercamiento de la Física a formas desconocidas de la materia torna
posible, quizá en poco tiempo, comprender la existencia de lo que los
Espíritus llamaron de “Fluido Cósmico Universal”:
“Pero al elemento material, ha de añadirse el fluido universal, que hace
las veces de intermediario entre el espíritu y la materia propiamente
dicha”.
Sobre la existencia del “vacío” en la pregunta 22 del Libro de los
Espíritus dice: “(...) pero la materia existe en estados que son
desconocidos. Puede ser, por ejemplo tan etérea y sutil que no produzca
ninguna impresión sobre vuestros sentidos. Sin embargo, sigue siendo
materia, aunque para vosotros no lo sea”. En la cuestión 36 del mismo
libro se puede leer: “Nada está vacío. Lo que a ti te parece vacío se
halla ocupado por una materia que se sustrae a tus sentidos y a tus
instrumentos de observación”.
Estas afirmaciones ocurrieron antes del descubrimiento de la
radioactividad en 1896 y bien antes de la teoría einsteiniana de la
relatividad.
Las consecuencias científicas y morales de estos importantes
descubrimientos permiten comprender la existencia de Dios, desde la visión
de La Doctrina Espírita, como “inteligencia suprema y causa primera de
todas las cosas”, como una percepción razonable.
Pero, no por los caminos de la religión dogmática o del misticismo, sino
bajo los mismos principios que llevaron Spinoza, Newton, Einstein y tantos
otros eminentes pensadores de todos los tiempos, que aceptaron que, como
contestaron los espíritus superiores a Kardec, “no puede haber efecto sin
causa; buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra
razón os contestará”.
La mayor contribución que la ciencia Espírita ha dado sobre la existencia
de Dios, fue (des)humanizar a Dios, descubrimiento éste que en sí mismo es
revolucionario para la ciencia, para la filosofía y para las religiones.
Se sabe que desde siempre se ha intentado descubrir los secretos que las
estrellas guardaban y contestar un pregunta crucial: ¿qué hay allá en
aquellos brillantes mundos lejanos?.
La pluralidad de los mundos habitados es el principio espírita en que la
Doctrina deja de ser una doctrina de carácter terrenal y tornarse en una
doctrina cósmica o doctrina universal, pues al plantear que la vida
inteligente o no, lejos de ser nuestro privilegio, está presente en cada
rincón del cosmos.
Un sencillo ejemplo que el famoso Astrónomo ingles, Sir James Jean es
elocuente para desmantelar cualquier exclusivismo de los terráqueos: Sus
observaciones llevaron a las siguientes comparaciones para que entendamos,
que dimensiones representamos en el universo, transmitidos por Juana de
Angelis en “El borde del Infinito”: “Si tomamos un glóbulo rojo (que mide
7 micrones, cada micrón representa la milésima parte del milímetro). - El
Sol seria este glóbulo rojo. La órbita de la Tierra alrededor del Sol,
podría tener la dimensión de la cabeza de un alfiler. La de los astros,
alrededor del Sol , como el de una moneda de 100 pesetas. Entre tanto la
Vía Láctea, mediría la distancia que existe entre el extremo de la América
del Norte y el extremo sur de la América del Sur. Entonces a nuestro
Sistema solar le correspondería el tamaño de esa pequeñina moneda colocada
en cualquier lugar de ese espacio... "
No menos importantes son las consecuencias de las referidas descubiertas,
con énfasis en las “partículas mind” del Dr. Charon, sobre el principio de
la Existencia y supervivencia del Espíritu, principio que no fue inventado
por la doctrina Espírita, se sabe que es muy antiguo.
Con eso, queda abierto un nuevo derrotero para la investigación
científica, donde la relación espíritu-materia, gracias a la pionera
aportación de la Doctrina, que la ciencia ahora se acerca a comprobar,
pasa a ser incluida en el campo de la ciencia, ya que ha inaugurado la era
del espiritualismo científico.
Recorramos ahora a un importante hallazgo de las ciencias biológicas que
ayuda a comprender desde el punto de vista de la ciencia los misterios de
la vida.
Tratase del descubrimiento de los Campos “L” o “campos de vida” por las
investigaciones del Dr. Saxton Burr de la Universidad de Yale, cuando, a
lo largo de 30 años de investigación, descubrió que “el modelo u
organización de cualquier sistema biológico está establecido por un
completo campo electrodinámico”.
O sea, alrededor de los seres vivos había un campo eletroctromagnético que
los modelaban y los dirigían. Ha logrado, con esto encontrar un camino
para solventar el enigma del por qué los sistemas biológicos tienden a la
organización y a la regeneración mientras los sistemas físicos tienden
siempre al desorden o entropía.
Allan Kardec desde 1857 ya había hablado de estos “campos de vida” que los
espíritus denominaron el periespíritu, definiéndolo como “cuerpo fluídico
semimaterial que liga el Espíritu al cuerpo de carne”, cuya función es ser
un organizador biológico, con elevado papel en la psicodinámica del
individuo. Las propias ciencias, todavía, no han asimilado todo el impacto
revelador de tales descubrimientos, ya que mucho trabajo aún va a demandar
la profundización y la reforma del inmenso sistema de enseñanza,
investigación y control científico del mundo de la producción. Hemos de
convenir, que tales descubrimientos no han hecho mas que levantar una
pequeña parte del “velo”; pero ya admiten que hay algo allí, que no son
capaces de conocer todavía. Todo esto refuerza el papel pionero de la
revelación de los Espíritus. En el campo de las investigaciones sobre la
relación entre “el cerebro y la mente” los descubrimientos también
refuerzan las tesis espíritas. El Dr. Wilder Penfild, neurocirujano
canadiense de reconocimiento mundial fundador del Instituto Neurológico de
Montreal donde a lo largo de treinta años se dedicó a dirigir equipos de
científicos y cirujanos, buscando soluciones para problemas como la
epilepsia, el aprendizaje del lenguaje, de la memoria, de los estados de
la conciencia, etc., ha logrado impresionantes avances en esta área.
Inclusive desarrolló estudios junto a Ramón y Cajal y Del Rio Ortega en
Madrid. En su libro “El misterio de la mente” demuestra que la dinámica
cerebral no es capaz de explicar el funcionamiento de la mente. Ha
concluido: “no es posible que no exista una mente independiente del
cerebro, que lo programa y sobrevive a la muerte del cuerpo”. Con eso
queda derribado las afirmaciones de la ciencia en las que asevera que el
cerebro es el centro de todas las actividades Psicofisiologicas, en las
que la que el pensamiento es una especie de “sudor Cerebral”. Se necesita,
por supuesto, una amplia revisión conceptual y experimental. Para eso han
venido las nuevas ciencias de la psicotrónica; la parapsicología,
neuropsicología, neurofisiología la psicobiofísica, etc. El Dr. Brain
Weiss, conocido psiquiatra del Hospital de Miami, autor del best seller
“Muchas vidas, muchos maestros”, ha llegado a conclusiones que
impresionaron la comunidad científica y reforzaron los principios
espíritas de la reencarnación y de la comunicabilidad de los espíritus. A
través de la regresión hipnótica de memoria de varios de sus pacientes ha
logrado entrar en varias vidas anteriores que ellos habían tenido. Y
además ha establecido contacto con varios “maestros”, como él los llamó, y
que sabemos que se trata de espíritus superiores, que le orientaron con
gran sabiduría. Antes de que el Dr. Weiss concluyese como una realidad la
reencarnación y como una ley natural, lo mismo que el Dr. Ian Stvenson, el
Dr. Barnerji, Hernani Santana, y tantos otros científicos del siglo XX, ya
había sido enseñada la reencarnación mediante las revelaciones de la
doctrina espírita y comprobada con bases científicas hace más de 140 años
y que las doctrinas orientales promulgaron hace milenios. El Espiritismo
del mismo modo que con los anteriores principios ha venido a aportar
pruebas científicas y filosóficas sobre la reencarnación, demostrando que
la reencarnación no es nada más que una ley de la naturaleza y que no es
un delirio de los espiritistas e investigadores del mundo de los
espíritus, y que pasa a dar sentido comprensible a la palabra justicia en
el alfabeto divino. Así, con estas confirmaciones científicas de las leyes
que rigen el mundo espiritual, se pone fin a la era del dualismo entre el
mundo natural y el mundo sobrenatural, inaugurando la era en que los
asuntos que antes eran exclusivos del manejo del misticismo, de la
superchería y de las religiones dogmáticas, ahora pertenezcan también al
mundo de la ciencia.
4.- La contribución del Espiritismo en el presente y futuro de las
ciencias
Kardec nos enseña el punto de conexión entre la ciencia espírita y las
demás ciencias: “El espiritismo, al estudiar uno de los elementos que
constituyen el universo (el principio espiritual) entra en contacto con la
casi totalidad de las ciencias y, por eso su llegada debía ser posterior a
la creación de estas”. De ahí podemos deducir que el Espiritismo se
relaciona con todas las ramas del saber humanos, pero, ¡Ojo!, sólo podemos
llegar a esta conclusión sí fuéramos más allá de la dimensión del
Espiritismo como ciencia de observación y le comprendemos como Doctrina
Filosófica, Social y Moral. Esta unidad es esencial, ya que sin ella la
doctrina quedaría desfigurada y disminuida en su infinito potencial de
transformación social y moral de la criatura. Por eso hemos de coincidir
con el codificador cuando destaca el impacto que la asimilación de los
conceptos espíritas para las sociedades aseverando que “este conocimiento
al generalizarse, ocasionará profundas modificaciones en los hábitos, el
carácter, las costumbres y las creencias, todo lo cual tiene una
influencia enorme en las relaciones sociales”. (Génesis, cap. 1) Veamos,
de modo breve, algunas aportaciones que la Doctrina pueda dar a algunas
áreas. Hay una rama de las ciencias que no solemos notar muy nítidamente
las aportaciones espíritas. Tratase de las Ciencias Humanas y Sociales. Y
también ahí se puede percibir un potencial de anticipación y interferencia
que la doctrina de los Espíritus posee. En las Leyes Morales, descritas en
la tercera parte de “El libro de los Espíritus” hallamos todo un contenido
antropológico, sociológico, jurídico y normativo, etc. desde de donde
podemos intuir toda una nueva propuesta de relaciones sociales, económicas
y políticas para las sociedades humanas, basadas en la moral cristiana. La
Doctrina Espírita se anticipó a muchas conquistas sociales concretadas a
finales del siglo XIX y del siglo XX, como por ejemplo, sobre la noción de
los derechos del trabajador, del derecho de la mujer a la igualdad, del
derecho a la vida, de la libertad como un patrimonio del Espíritu, del
concepto de civilización como civilización moral y no solamente
tecnológica y material; de la felicidad en relación a la posesión de lo
necesario a la conciencia tranquila y a la fe en el porvenir; de la
solidaridad social, como compromiso social con el amparo de los más
débiles por el Estado, por la sociedad civil y como compromiso de caridad
de todos para con todos.
La visión espírita de progreso social, está expresada en el concepto de
sociedad civilizada completa, sobre la que esclarecen los Espíritus en la
pregunta 793 del “Libro de los Espíritus” definiendo que “La reconoceréis
en el desarrollo moral. Os creéis muy adelantados porque habéis hecho
grandes descubrimientos e inventos maravillosos; (...) pero no tendréis
verdadero derecho a llamaros civilizados, hasta que no hayáis desterrado
de vuestras sociedades los vicios que la deshonran, y que viváis como
hermanos, practicando la caridad cristiana. Hasta entonces no seréis más
que pueblos ilustrados”. Los patrones civilizadores que estructuran
nuestra sociedad actual están anclados en la posesión de bienes, en el
logro del status social bajo criterios de competitividad inhumanos; por el
lucro desmedido. En síntesis por el egoísmo. La doctrina espírita, aunque
no desprecie las conquistas de carácter material, intelectual y
tecnológicas de la ciencia actual, desplaza estos criterios civilizadores
hacia la dimensión moral. Sin embargo, no se puede negar los avances que
las ciencias humanas y sociales han logrado en poco más de un siglo, por
ejemplo, en el campo de los derechos sociales, de los sistemas económicos,
etc. Pero, ¿Acaso la globalización no es un fenómeno que por sí sólo
prueba lo parcial y desigual que fueron muchas de estas conquistas.
El brutal ataque a las Torres Gemelas y la reacción bélica, no menos
brutal, generada a raíz de esto, ¿no podemos también catalogarlo como buen
ejemplo de ello? La Doctrina Espírita, en cambio, desde hace más de 140
años viene mostrando nuevos rumbos para las sociedades, cuando dice que
las desigualdades sociales son “obra humana y no divina”; invitando al
hombre a solucionar las graves fracturas sociales que persisten en la faz
del planeta. Cuando orienta que “todos tienen derecho a lo necesario”; que
los débiles no deben quedarse a merced de la buena voluntad, por que todos
tenemos el deber de hacer la caridad, que es la “benevolencia para con
todos”, que es mucho más que dejar caer de nuestros bolsillos nuestros
humillantes y amargos óbolos.
El Espiritismo proyecta un haz de luz sobre cada una de las ciencias del
hombre, a favor de su real espiritualización de las enseñanzas de Jesús,
“la ética de todas las éticas y de todos los tiempos”. Por eso indica
Kardec las señales por lo que se reconocería una civilización completa:
“Sería aquella en que se encuentra menos egoísmo, codicia y orgullo; donde
los hábitos son más intelectuales y morales que materiales; donde la
inteligencia puede desarrollarse con más libertad; donde hay más bondad,
buena fe y generosidad reciprocas; donde están menos arraigados los
prejuicios de casta y nacimiento; donde las leyes no consagran ningún
privilegio; donde se distribuye la justicia con menos parcialidad; donde
el débil encuentra siempre apoyo contra el fuerte; donde mejor se respete
la vida, las creencias, las opiniones del hombre; donde menos infelicidad
hay y donde, en fin, todo hombre de buena voluntad está siempre seguro de
no carecer de lo necesario”.
Para las ciencias del espíritu, nacidas desde la codificación espírita,
como la psicología, la ciencia Espírita ha traído las más importantes
aportaciones, penetrando su sonda de investigación en el hombre integral,
se enfrenta con el espíritu inmortal, explicando así, racional y
lógicamente, las matrices donde se encuentran los factores que propician
las psicopatologías, las neurosis, las psicosis y las obsesiones. Como nos
enseña Vianna de Carvalho “Se trata del encuentro técnico con la
anterioridad del Espíritu -su inmortalidad y reencarnación- que se
convierte en llave preciosa para comprender los acontecimientos del
proceso de la evolución a través de la justicia incomparable del amor”.
Una de las áreas que más se beneficiará con la asimilación de los
conceptos espíritas es la educación porque comprendiendo mejor que el
hombre es un espíritu inmortal reencarnado, que no empezó en la cuna ni se
acabará en la tumba; que no es una “hoja blanca”, revisará sus programas,
métodos y fines, buscando equilibrar mejor las dimensiones intelectuales y
morales de la formación humana, favoreciendo el imparable proceso
ascendiente del Ser.
En el campo de las áreas médicas, las enseñanzas Espíritas pueden aportar
mucho en la construcción de un nuevo paradigma para conceptuar y actuar
sobre las enfermedades y sobre el equilibrio de la salud, cuando incorpore
en sus manuales que la salud o enfermedad residen en las matrices
espirituales del ser, en su periespíritu, gracias a las huellas de sus
viajes reencarnatorios. Podríamos seguir buscando las posibilidades de
aportación espírita para tantas otras áreas y seguramente lo
encontraríamos, pero creemos que las evidencias aquí presentadas son
suficientes para, como mínimo, generar la saludable duda.
Los aspectos científicos del Espiritismo, como hemos visto representan la
seguridad del conocimiento positivo de la espiritualidad y sus leyes, que
al final concurren al perfeccionamiento de la humanidad. Sin embargo,
recordando que el Maestro Jesús aseveró “conoceréis la verdad y la verdad
os liberará”, es necesario que los conocimientos científicos que sostienen
la Doctrina Espírita desplieguen todo su potencial libertador, y esto sólo
es posible a través de la vivencia de la inolvidable moral enseñada por
ella, que no es distinta de la moral cristiana. Por esta razón Kardec ha
puesto como lema espírita: “Fuera de la Caridad no hay salvación”.
Reinaldo Nobre Pontes |