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402. ¿Está bien que se acepte una remuneración pecuniaria por el ejercicio
de la mediumnidad?
Cuando un médium decida convertir sus facultades en una fuente de ingresos
monetarios será mejor que olvide sus posibilidades psíquicas y no se
aventure en el delicado terreno de los estudios espirituales. La
remuneración en dinero, en lo que respecta a las cuestiones profundas del
alma, establece un comercio criminal del que el médium deberá esperar, en
lo futuro, los más dolorosos rescates. La mediumnidad no se cuenta entre
los oficios del mundo, y los Espíritus esclarecidos en la verdad y en el
bien conocen más que sus hermanos encarnados las necesidades de sus
intermediarios.
403. ¿Es razonable que los médiums acudan, para obtener la solución de
cuestiones materiales, a sus mentores del plano invisible?
No se ha de echar al olvido que el campo de las actividades materiales es
la escuela sagrada de los Espíritus que se han incorporado al mundo
terrestre. Si no es posible, para los amigos espirituales, quebrantar la
ley de libertad propia de sus hermanos, no es lícito que el médium busque
la solución de los problemas materiales acudiendo a los Espíritus amigos.
El mundo es el camino en el que el alma debe probar la experiencia,
testificar la fe, desarrollar las tendencias superiores, conocer el bien,
aprender lo mejor y enriquecer sus dotes individuales. El médium que se
arriesga a desviar sus facultades psíquicas, llevándolas al terreno de lo
material del mundo, está en marcha hacia las groseras manifestaciones de
los planos inferiores, donde podrá contraer las más penosas deudas.
404. ¿Debe el médium sacrificar el cumplimiento de sus obligaciones, en
cuanto a su trabajo cotidiano y al sagrado ambiente de la familia, en
favor de la propaganda doctrinaria?
El médium sólo debe dar a los servicios de la Doctrina la cuota de tiempo
de que puede disponer, fuera de las labores sagradas del pan de cada día y
el cumplimiento de sus elevados deberes familiares. La ejecución de esas
obligaciones tiene un carácter sagrado y es imprescindible que no resbale
por el declive de las situaciones parasitarias o del fanatismo religioso.
En el trabajo de la verdad Jesús marcha antes que cualquier esfuerzo
humano, y nadie debe abrigar la pretensión de convertir a otro cuando en
las tareas del mundo hay siempre oportunidad para obtener el necesario
conocimiento de sí mismo. Ningún médium se engañe a este respecto. Es
preferible sufrir la incomprensión de los compañeros antes que transigir
en cuestiones de principios, incurriendo en la irresponsabilidad o en las
penosas deudas de la conciencia.
405. ¿Es admisible que los espiritistas se valgan de un apostolado
mediúmnico para buscar solución a todas las dificultades que los afecta en
la vida?
El médium no debe ser sobrecargado con exigencias de sus compañeros
relativas a los problemas de la existencia. Es justo que sus hermanos sean
ayudados por las facultades de aquél en circunstancias excepcionales de la
vida, como puede serlo un caso de enfermedad u otros similares. No
obstante, asediar a un médium con pedidos de toda clase es desvirtuar la
tarea de un amigo, inutilizando sus posibilidades más preciosas. Por otra
parte, no se debe repetir, en el Espiritismo sincero, la actitud mental de
los católicos de la Iglesia Romana, que se prosternan ante la "imagen" de
un "santo", olvidando todos los valores del propio esfuerzo.
Los núcleos espiritistas deben tomar en cuenta que en sus trabajos hay
quien está acompañándolos desde el plano superior y que recibirán siempre
la ayuda espiritual de sus hermanos liberados de la carne. Además, la
solución de este o aquel problema particular depende de los méritos de
cada cual. Proceder en forma opuesta equivale a anular el instrumento
mediúmnico, ofreciendo un doloroso testimonio de incomprensión.
406. Cuando un investigador quiere valerse de los servicios de un médium,
¿es justo que someta al instrumento mediumnico a todo tipo de
experiencias, a fin de corroborar sus propios puntos de vista?
Depende del carácter de tales experiencias. Pero, sean ellas cuales
fueren, el médium requiere sumo cuidado, porque en el camino de los logros
espirituales cada investigador encuentra el material que busca. Y quien se
acerque a una fuente espiritual contaminándola con su mala fe y su
insinceridad no podrá, por cierto, saciar su sed con un agua pura.
407. Para que alguien se certifique de la verdad que el Espiritismo
encierra, ¿basta con recurrir a un buen médium?
Los estudiosos del Espiritismo que aún no tienen una convicción firme y
seria en el dominio de la fe, deben reconocer que en trabajos de esa
índole no es suficiente con acudir a un buen médium. El mediador no obrará
milagros dentro de la Naturaleza. Es menester que el investigador, a la
par de una curiosidad sana, posea valores morales que son imprescindibles,
como sinceridad y amor al bien, sirviendo a una vida recta y fértil en
acciones puras.
408. ¿Sería beneficiosa la creación de asociaciones de ayuda material a
los médiums?
En el Espiritismo es siempre un buen acuerdo evitar la materialización de
iniciativas tendientes a establecer en el mundo una nueva casta
sacerdotal. Sea cual fuere el sector de la sociedad humana en que se
desempeñen, los médiums deben ofrendar un mismo tributo al trabajo, a la
lucha y al sufrimiento, los cuales son indispensables para la conquista
del techo y del pan material. Además, debemos considerar, por encima de
toda protección precaria del mundo, el amparo que da Jesús a sus operarios
de buena voluntad. Toda expresión de sincero sacrificio está impregnada de
luz divina, todo trabajo sincero es elevación y todo dolor es luz, cuando
se soporta con serenidad y confianza en el Maestro de los maestros.
409. ¿Cómo tiene que proceder el médium sincero para la valorización de su
apostolado?
El médium sincero debe comprender que, antes de pensar en el
adoctrinamiento de los Espíritus o de sus compañeros de luchas en la
Tierra, se hace necesaria la autoiluminación por el conocimiento, por el
cumplimiento de los deberes más elevados y por el esfuerzo propio para la
perfecta asimilación de los principios doctrinarios. Al llevar a cabo esa
tarea, no ha de descuidar en ningún momento la vigilancia de sí mismo, y
debe tratar de aprovechar las posibilidades que Jesús le ha concedido en
la realización de un trabajo estable y útil. No tiene que cultivar el
sufrimiento con quejas inadecuadas y excesivas, ni recurrir en todo
instante a la asistencia de sus guías, como si persistiese en mantener una
actitud de niño inexperto. Ininterrumpidos deben ser, sobre, todo, el
estudio de la Doctrina y el cultivo de la autoevangelización. El médium
sincero sabe estar alerta, huyendo de la explotación material o
sentimental, y comprende en toda ocasión que el más necesitado de
misericordia es él mismo, a fin de dar pleno testimonio de su apostolado.
410. ¿En qué reside el mayor escollo con que tropieza el apostolado
mediúmnico?
El principal enemigo del médium está dentro de él. Con frecuencia suele
ser el individualismo, y también la ambición, la ignorancia, o la rebeldía
que se expresa en el voluntario desconocimiento de sus deberes a la luz
del Evangelio, factores de inferioridad moral que a menudo lo llevan a la
falta de autovigilancia, a la ligereza y a la confusión. Contra ese
adversario le es preciso poner en movimiento sus energías íntimas por
medio del estudio, el cultivo de la humildad y la buena voluntad, con el
mejor esfuerzo de autoeducación de que sea capaz, inspirándose en el
Evangelio.
El segundo de los dos antagonistas más poderosos del apostolado mediúmnico
no reside en el campo de las actividades contrarias a la expansión de la
Doctrina, sino en el propio seno de las organizaciones espiritistas, y es
esa clase de adeptos que se han convencido de la realidad de los fenómenos
mediúmnicos, sin convertirse de corazón al Evangelio. Estos traen a las
filas del Consolador sus caprichos personales, pasiones inferiores,
tendencias dañosas y opiniones cristalizadas en el endurecimiento del
corazón. No admiten la realidad de sus deficiencias y la exigüidad de sus
caudales íntimos. Habituados al estancamiento, esos hermanos infelices
desdeñan el propio esfuerzo, que es el único camino de edificación
decisiva y sincera, y ante las menores dificultades que les presenta la
vida recurren a los Espíritus amigos, como si el apostolado mediúmnico
fuese un consultorio de adivino. Incapaces de trabajo interior mediante la
edificación de sí mismos en la fe y en la confianza en Dios, se declaran
necesitados de consuelo. Si sus caprichos inferiores y cuestiones
personales no son atendidos como ellos quisieran, están siempre dispuestos
a acusar y burlarse. Hablan de caridad, pero rebajan todos los principios
fraternos. No conocen otro interés fuera del que satisface su propio
egoísmo. Son irónicos, acusadores, y proceden casi siempre como niños
irreflexivos e inquietos. También son ellos los elementos de confusión que
no ingresan al templo de Jesús ni permiten a sus hermanos entrar. Esa
clase de enemigos del apostolado mediúmnico es muy común y se muestra
tenaz en los procedimientos que utiliza para insinuarse, de ahí que sea
perentorio que el misionero del bien y de la luz se preserve por medio de
la oración y la vigilancia. Y como la verdad debe surgir siempre en el
momento oportuno, para que el campo del apostolado no se torne estéril, es
urgente eludirlos.
411. ¿Dónde reside la luz definitiva para obtener la victoria del
apostolado mediúmnico?
Esa divina claridad está en el Evangelio de Jesús, con el cual el
misionero debe hallarse plenamente identificado para la sagrada
realización de su labor. Un médium sin Evangelio puede proporcionar las
más elevadas informaciones al conjunto de las filosofías y ciencias
fragmentarias de la Tierra. Podrá ser un profesional de predicamento, un
agente de experiencias de lo Invisible, pero no un apóstol de corazón.
Sólo la aplicación al estudio, inspirándose en el Divino Maestro, prepara
en lo íntimo del trabajador la capacidad de iluminación para el amor y de
resistencia a las energías destructoras, porque el médium evangelizado
sabe cultivar la humildad en el amor a la tarea cotidiana, en la
tolerancia esclarecida, en el esfuerzo educativo de sí mismo y en el
significado de la existencia. Y sabe también erguirse en defensa de su
tarea de amor, defendiendo la verdad en el momento oportuno, sin transigir
con lo que se oponga a sus principios. Así pues, el apostolado mediúmnico
no está constituido tan sólo por la puesta en movimiento de las energías
psíquicas en sus manifestaciones fenoménicas y mecánicas, porque exige el
trabajo y el sacrificio del corazón, donde la luz de la verificación y del
conocimiento es la que nace del entendimiento y de la dedicación al
estudio, junto a Jesucristo.
Continua. |