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En la causalidad actual de los disturbios psicológicos, como en aquellas
anteriores, siempre se encontrará el amor-ausente como responsable.
Animalizado por los instintos predominantes, es el responsable de los
compromisos morales y psicológicos, que engendraron los disturbios
complejos desencadenantes de las personalidades psicopáticas, exigiéndoles
ahora la alteración de la conducta interior, a fin de lograr el
equilibrio, sin los trastornos afligentes.
La conquista del amor es el resultado de procesos emocionales maduros,
vivenciados por la conquista del Sí.
Inicialmente se da la paulatina conscientización de la propia humanidad
latente, cuando relampaguean los sentimientos de solidaridad, de
interdependencia en el grupo social, de afectividad desinteresada, de
participación en el proceso de crecimiento de la sociedad. Cada conquista
que va siendo adquirida ofrece una mayor perspectiva de un posible
desarrollo, en cuanto las necesidades de la evolución diseñan espacios más
amplios de movimiento emocional.
El problema del espacio físico, que contribuye para la agresividad animal,
a medida que se torna reducido para la población que lo habita, pasa a ser
enfocado de manera diversa, en razón de que el sentimiento de amor
demuestra que la persona al lado o distante no es más la competidora,
aquella adversaria de su libertad, sino que se trata de la participante de
las mismas alegrías y oportunidades que se presentan favorables a todos
los seres.
El pensamiento de amor, irradiando esa onda de simpatía afectuosa,
estimula las neuronas para producir enzimas saludables que responden por
la armonía del sistema nervioso simpático y estimula las glándulas de
secreción endocrina, superando así las toxinas de cualquier naturaleza que
son responsables de los procesos degenerativos y por la deficiencia
inmunológica, que facilita la instalación de las dolencias. Por otro lado,
frente al enriquecimiento emocional que el amor proporciona, la alegría de
vivir estimula la multiplicación de inmunoglobulinas que preservan el
organismo físico de varias infecciones, tornándose motor de un estado
saludable. Al mismo tiempo, la irradiación psíquica producida por el amor
dirige vibraciones específicas en favor de las personas enfocadas que,
permitiéndose sintonizar con esa faja, se benefician de sus ondas cargadas
de vitalidad saludable.
El universo es estructurado en energía que se expande en forma de rayos,
ondas, vibraciones... El ser humano, a su vez, es un dínamo productor de
fuerza que viene descubriendo y administrando todo cuanto le rodea. A
medida que penetra la sonda del conocimiento en el que yacía ignorado,
descubre la armonía en todo cuanto está presente, identificando un factor
común, causal, predominante en la naturaleza, que puede ser decodificado
como el "hálito del amor", del cual surgieron los elementos constitutivos
del cosmos.
La identificación de esa fuerza poderosa, que es el amor, posibilita su
utilización de manera consciente en favor de sí mismo, así como de todas
las formas vivas.
Las plantas absorben las emanaciones del amor, sienten su ausencia o
sufren el efecto de los rayos desintegrantes del odio, que es el amor
enloquecido y destructor. Los animales se enternecen, se domestican,
cuando son sometidos al dinamismo del amor que educa y crea hábitos,
vitalizándose con la ternura, debilitándose con su falta o extinguiéndose
con las actitudes que se le oponen.
El ser humano es más sensible, porque es portador de más amplias
posibilidades nerviosas de captación, por eso vive en función del amor o
se desorganiza en razón de su carencia.
Amorterapia, por tanto, es el proceso mediante el cual se puede contribuir
conscientemente en favor de una sociedad más saludable, en consecuencia
más justa y noble. Esa terapia surge del auto-amor, cuando el ser se
enriquece de estima por sí mismo, descubriendo su lugar de importancia
bajo el sol de la vida y resplandeciente de alegría reparte con las demás
personas el sentimiento que lo señala, ampliándolo de manera vigorosa en
beneficio de las otras criaturas. En cuanto que, las irradiaciones del
odio, de la sospecha, de los celos, de la envidia y de la sensualidad son
portadoras de elementos nocivos, con alto tenor de energías destructivas,
el amor emite ondas de paz, de seguridad, sustentando el ánimo decaído por
la confianza que transmite, de bondad por la exteriorización del afecto,
de paz en razón del bienestar que proporciona, de salud como efecto de la
fuente en donde se origina. Al descubrir la potencia de la energía del
amor, se hace posible canalizarla terapéuticamente en beneficio propio así
como del prójimo.
Desaparecen entonces, la competición enfermiza y perversa, el dominio
arbitrario y devorador del egoísmo, surgiendo una conducta diferente entre
los individuos, quienes se descubrirán portadores de inestimables recursos
de paz y de salud, promotores del progreso y realizadores de la felicidad
en la tierra.
Extraido del libro "Amor, invencible amor"
Dictado por el espíritu Juana de Angelis
Obra psicografiado por Divaldo Pereira Franco
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