|
Pregunta - Divaldo (Divaldo
Pereira Franco), ¿podría decirnos quién fue Allan Kardec?
R - Allan Kardec, el insigne Codificador de la Doctrina Espírita,
fue el Emisario de Jesús para instaurar en la Tierra la excelencia de El
Consolador Prometido, que vino para restaurar la pulcritud de la Doctrina
vivida y enseñada por Él. Portador de cultura académica envidiable,
pedagogo, escritor e investigador de los fenómenos mediúmnicos que
proliferaron en Europa a partir de 1852, y especialmente de París, retiró
de ellos los contenidos filosóficos, ético-morales y religiosos que forman
la Doctrina Espírita, bajo una observación científica con criterio.
Anteriormente, cuando firmaba Denizard Rivail, escribió diversas Obras de
educación, habiendo traducido al alemán el libro Telémaco, de Fenelón, con
notas personales, que mereció comentarios elogiosos de su maestro
Pestalozzi, habiendo sido destacado con innumerables Diplomas, inclusive
por la Academia de Arrás.
De
férreo temperamento, enfrentó dificultades fuera de lo común, severas
luchas, superó calumnias y persecuciones de los pigmeos morales de su
tiempo, habiendo sido considerado, sin embargo, uno de los mayores
gramáticos franceses de su época. Como espírita, trabajó infatigablemente
hasta la muerte, casi prematura a los 65 años, dejando un legado incomún
de realizaciones, como las Obras fundamentales, las que le son
complementarias, la Revista Espírita que fundó, dirigió y escribió en ella
entre enero de 1858 hasta marzo de 1869, cuando desencarnó. Se casó con
Amélie-Grabrielle Boudet, poetisa, dibujante y ejemplo de esposa, que se
parecía mucho a la Sra. Pestalozzi. Después de la muerte del marido, en
condición de heredera universal de sus bienes, ofreció todos los derechos
de autor de las Obras espíritas elaboradas por él, redactadas y
publicadas, a favor de la preservación y continuación de la divulgación
del Espiritismo.
P - ¿Cuál es la importancia de la obra de Allan Kardec para la
Humanidad?
R - La importancia de la Obra de Allan Kardec es relevante e
incluso indispensable para la Humanidad de ayer, de hoy y del mañana,
porque en ella se encuentran las informaciones hábiles para el
conocimiento de la vida, del Cosmos, del origen de todo, de su finalidad y
de los objetivos existenciales del Espíritu. Una ciencia que explica todos
los fenómenos, por los cuales nos encontramos envueltos, es también
portadora de la filosofía que esclarece las razones del ser, del destino y
del dolor. Religión portadora de incomparable ética-moral, sus fundamentos
se encuentran enraizados en el Evangelio de Jesús, conforme Él lo vivió y
lo enseñó. Gracias a las obras de Allan Kardec nace una nueva madrugada de
luz para diluir definitivamente las tinieblas de la ignorancia.
P - ¿Cómo acompañó el Plano Espiritual el trabajo del Codificador?
R - Según los Benefactores espirituales, Allan Kardec era miembro
del equipo de El Consolador, que se reencarnó, permaneciendo en perfecta
sintonía con los Orientadores de la humanidad, de forma que pudiera
captarles el pensamiento y las directrices que debería seguir, a fin de
dejar la incomparable Obra, que es la Doctrina Espírita, en condiciones de
sobrevivir a todas las hecatombes morales de la sociedad, así como
enfrentar las conquistas de la Ciencia y de la Tecnología, manteniéndose
siempre actual. Ninguna de sus actitudes dejó de estar acompañada por el
apoyo de los venerados Guías, que siempre estuvieron a su lado,
inspirándolo y orientándolo en la elaboración del pensamiento espírita.
P - En el año 2004, el Movimiento Espírita, conmemora el
bicentenario del nacimiento de Allan Kardec, el Codificador de la Doctrina
Espírita. ¿Qué reflexiones deben ser cultivadas?
R - Al celebrar el bicentenario del nacimiento del preclaro maestro
Allan Kardec, nos damos cuenta de las altas responsabilidades que nos
pesan sobre los hombros, en la condición de espíritas que luchamos por
ser, buscando no empañarle la memoria con nuestros actos y proseguir
iluminando conciencias, conforme él lo hacía, mediante la divulgación
correcta de los postulados doctrinarios, especialmente viviéndolos en
nuestro día a día. La humanidad agoniza, los dolores aumentan, el ser
humano desvaría. La Ciencia y la Tecnología que trajeron mucho confort y
posibilidades para la evolución social, moral, intelectual, en la Tierra,
no consiguieron acabar con la miseria económica y moral, no logrando
ofrecer paz ni felicidad al hombre ni a la mujer. Cabe al Espiritismo esa
tarea de esclarecer y responsabilizar a la criatura, a fin de que
encuentre su lugar al Sol, enriquecido de alegría de vivir y de coraje
para la lucha de la sublimación personal. Solamente a través de las
respuestas claras e insuperables del Espiritismo es que podremos disfrutar
de plenitud, liberándonos del estado primario que todavía firma nuestra
existencia. Son reflexiones de ese porte las que debemos cultivar en este
periodo y en el futuro.
P - Observamos la relación existente entre el Mensaje Espírita con
el Mensaje de los Evangelios. ¿Cuál sería la relación existente entre
Jesús y Allan Kardec?
R - Si Jesús no hubiese venido primero no tendríamos el Espiritismo
después. Como que el Maestro sabía que su mensaje sería desnaturalizado
por las pasiones humanas, alteradas sus enseñanzas y adaptadas a los
mezquinos intereses del inmediatismo de las criaturas, prometió «que
rogaría al Padre y Él enviaría el Consolador, para repetir sus lecciones,
enseñar nuevas cosas que entonces no se podían entender », conforme viene
sucediendo. De este modo, el Mensaje Espírita es una actualización del
Evangelio de Jesús y Allan Kardec es el excelente discípulo que imitó al
Maestro, actualizándole los pasos con fidelidad, enseñando al mundo como
debe ser feliz la criatura humana.
P - En cierta oportunidad, usted afirmó que Jesús utilizaría el
Espiritismo para cambiar el paisaje de la Tierra. En sus muchos viajes por
los 5 continentes, ¿ha visto usted ese cambio? ¿O cómo ocurrirá?
R - Sin ninguna duda, el Espiritismo viene, en el momento propio, a
instaurar el reino de Dios, en la Tierra, a pesar de las dificultades
vividas, incluso en el seno de su Movimiento, como es natural. Por donde
he andado y encuentro el Espiritismo o lo divulgo, después percibo el
cambio que su doctrina opera en las vidas, transformándolas para mejor,
conduciéndolas de forma compatible con su ética, dignificando al ser
humano. Es natural que una Doctrina todavía nueva de vivencia en la Tierra
– tan sólo 147 años desde la publicación de El Libro de los Espíritus –
permanezca algo desconocida, siendo, solamente ahora mejor divulgada
gracias a los recursos de la Multimedia y de la disminución de la
intolerancia cultural, religiosa y científica, consiguiendo, de esta
forma, penetrar las mentes y los corazones individualmente, para después
esparcirse por la sociedad como un todo armonioso. Cuando los grupos
humanos tomen conciencia de su inmortalidad, de la reencarnación, del
intercambio que existe entre los denominados muertos y los llamados vivos,
de la pluralidad de los mundos habitados y de la excelencia del amor, se
modificarán las Leyes, los comportamientos y las propuestas de la
sociedad.
P - ¿Las futuras generaciones observarán más atentas la misión de
Allan Kardec y la del Espiritismo, como marcos de una nueva era para la
humanidad? ¿Qué nos pueden decir los Benefactores espirituales al
respecto?
R - Nuestros Mentores espirituales nos informan que Allan Kardec
hoy es mucho más estudiado, conocido, observado, que en los días que
estuvo con nosotros en su cuerpo físico. Elucidan que todos aquellos que
tienen contacto con la Doctrina alteran su comportamiento para mejor y
trazan directrices de esperanza para el futuro, colocando las bases de la
Era del Espíritu Inmortal que empezó el 18 de abril de 1857. Allan Kardec
será, sin duda, conocido como el gran nauta que enfrentó los abismos
voraces de los tumultuosos días de la cultura, conduciéndola triunfante a
las playas de la paz y de la felicidad anheladas por todos. Vivir la
Doctrina Espírita conforme él nos ofreció es el deber que no podemos
postergar, demostrando la grandeza de que ella se reviste, gracias a su
noble Codificador.
(Entrevista concedida a Luis Hu Rivas, para «La Revista Espírita»)
La revista espirita Nº4
|