Ante el sexo

andreluizNunca escarnezca del sexo, porque el sexo es manantial de creación divina, que no puede responder por los abusos de aquellos que lo deslucen. Psicológicamente, cada persona mantiene, en materia de sexo, problemática diferente.

En cualquier área del sexo, reflexione antes de comprometerse, toda vez que la palabra empeñada genera vínculo en el espíritu.

No intente igualar las necesidades afectivas de los otros con sus necesidades afectivas, porque aunque el amor sea luz uniforme y sublime en todos, el entendimiento y posición del amor se gradúan de mil modos en la senda de la evolución.

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Antes de la cuna

andreluzAntes de la cuna, en la espiritualidad, examinada sus propias necesidades de perfeccionamientos, habrá usted pedido:

La deficiencia corporal que le induzca a la elevación de sentimientos; esa o aquella lesión física que favorezca los ejercicios de disciplina; determinada mutilación que le inhiba el arrastramiento a la agresividad exagerada; el complejo psicológico que le renueve las ideas; el hogar amargo donde pueda aprender cuánto vale el afecto; el trazo de prueba que le impone obstáculos en el grupo social, a fin de olvidar raíces de orgullo; el reencuentro con los adversarios del pasado, ahora en la forma de parientes difíciles, atendiendo al rescate de antiguas deudas; la imposibilidad temporal a la obtención de un título académico, de manera a frenarse en contra los desmanes intelectuales; la internación pasajera en ambiente de pauperismo, de manera a desenvolver su propia habilitación en el trabajo personal.

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Al levantarse

andreluizAgradezca a Dios la bendición de la vida, por la mañana.

Si usted no tiene el hábito de orar, formule pensamientos de serenidad y optimismo, por algunos momentos, antes de retomar las propias actividades.

Levántese con calma.

Si debe despertar a alguien, use bondad y gentileza, reconociendo que gritería o juegos de mal gusto no auxilian en ningún tiempo.

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Ante los otros

andreluizNunca desestime la importancia de los demás.

Frecuentemente solo pensamos en la crítica con que los otros nos puedan herir, olvidándonos de que es igualmente de los otros que recibimos la fuerza para vivir.

El auxilio al prójimo es su mejor inversión. Valorice a los otros a fin de que los otros lo valoricen a usted.

Piense que los otros, no en términos de ser ángeles o perversos, sino en la condición de seres humanos con necesidades y sueños, problemas y luchas, semejantes a los suyos.

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Calma

andreluizSi usted está a punto de explotar mentalmente deténgase por algunos instantes para pensar.

Si el motivo es molestia en el propio cuerpo, la intranquilidad trae lo peor.

Si la razón es la enfermedad en una persona querida, su desajuste es factor agravante.

Si usted sufrió perjuicios materiales, la reclamación es una bomba atrasada, lanzando un nuevo caso.

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Ganando resistencia

andreluzUsted reconoce que su resistencia necesita aumentar; por eso mismo no desprecie el esfuerzo en el bien un tanto más allá del nivel.

Si el trabajo le parece fatigante, soporte un poco más las dificultades que vienen con los encargos.

Donde le parezca haber ejercitado ya el máximo de humildad, apáguese un tanto más en provecho de otro para que su grupo alcance la seguridad ideal.

Demuéstrese un poco más de paciencia, en los momentos de inquietud y evitará disgustos incalculables.

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Aproveche la ocasión

andreluizNo es el compañero dócil que exige su comprensión fraternal más inmediata. Es aquel que aun lucha por domar la ferocidad de la ira, dentro del propio pecho.

No es el hermano lleno de entendimiento evangélico que reclama sus atenciones impostergables. Es aquel que aún no consiguió eliminar la víbora de la malicia en el campo del corazón.

No es el amigo que marcha en paz, en la senda del bien, quien solicita su cuidado insistente. Es aquel que se perdió en el berenjenal de la discordia y de la incomprensión, sin fuerzas para volver al camino recto.

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Amargura

andreluizSi la amargura le toca a la puerta, entorpeciéndole la cabeza o paralizándole los brazos, huya de esa intoxicación mental en cuanto pueda.

Si usted está enfermo, atienda al cuerpo enfermizo, en la convicción de que no es con lágrimas que usted recuperará el reloj defectuoso.

Si usted erró, busque reconsiderar la propia falta, reajustando el camino sin vanidad, reconociendo que usted no es el primero y no será el último en encontrarse en una cuenta desajustada que ruega corrección.

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Frente a Jesús

andreluizReconocerse en todos los instantes con la presencia invisible de Jesús, que nos ampara en las obras del bien eterno.

El Cristo de Dios nos aceptó desde los orígenes de la Tierra.

En las menores realizaciones identificarse con la Voluntad Superior, promoviendo en todas partes la seguridad y la felicidad de los seres.

Cada corazón humano es una pieza de luz potencial y Jesús es el Artífice Sublime.

No olvidar que el Señor trabaja por nosotros sin descanso.

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Frente a la Doctrina Espirita

andre_luiz_espirituEvitar discusiones estériles, eludiendo así la creación de situaciones embarazosas que perjudiquen el desenvolvimiento saludable de la obra doctrinaria.

El espíritu de verdadera fraternidad supera todas las divergencias.

No limitar la práctica doctrinaria exclusivamente dentro del hogar, tratando de contribuir, de igual modo, en el movimiento espírita en su expresión social, fomentando además la creación y mantenimiento de núcleos doctrinarios en las zonas rurales.

Todos estamos unidos en los débitos colectivos.

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Frente a la Codificación Kardeciana

andreluzRecordemos constantemente las enseñanzas insustituibles y siempre actuales que iluminan las páginas de la Codificación Kardeciana, de las que extractamos algunos temas:

Así como Cristo dijo: “No penséis que he venido para abrogar la ley […] no he venido para abrogar, sino para cumplir”, de igual modo afirma el Espiritismo: “No vengo a destruir la ley cristiana, sino a cumplirla”. Porque él no enseña nada que sea contrario a lo que Cristo enseñó, sino que lo desarrolla, lo completa y explica en términos claros para todo el mundo aquello que sólo se había dicho bajo formas alegóricas. El Evangelio según el Espiritismo, 1:7.

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