Recurso infalible

La muerte, con raras excepciones, es traumatizante. Al final, el Espíritu deja un vehículo de carne del cual está tan íntimamente asociado que se le figura, generalmente, parte indisociable de su individualidad (o toda ella para los materialistas). Por otro lado, pocos están preparados para la jornada obligatoria, cuando dejamos la estrecha isla de las percepciones físicas rumbo al glorioso continente de las realidades espirituales.

Impregnados por intereses y preocupaciones materiales, los viajantes enfrentan comprensibles dificultades. En tal circunstancia, tanto el paciente que se debilita paulatinamente, como los familiares en dolorosa vigilia, pueden valerse de un recurso infalible: la oración.  Por sus características eminentemente espiritualizantes, representando un esfuerzo por superar los condicionamientos de la tierra para una comunión con el Cielo, ella favorece un “viaje” tranquilo para los que parten.

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Contra la insensatez

¿Sois vosotros tan insensatos que, habiendo comenzado por el Espíritu, acabéis ahora por la carne?” — Pablo. (Gálatas, 3:3.)

Uno de los mayores desastres en el camino de los discípulos es la falsa comprensión con que inician el esfuerzo en la región superior, marchando en sentido inverso hacia los círculos de la inferioridad. Dan, así, la idea de hombres que van a la búsqueda de oro, contentándose, enseguida, con el lodo del charco. Semejantes fracasos se hacen comunes, en los distintos sectores del pensamiento religioso.

Observamos enfermos que se dirigen a la espiritualidad elevada, alimentando nobles impulsos y tomados de preciosas intenciones; conseguida la cura, revelan, sin embargo, la mejor manera de aplicar las ventajas obtenidas en la adquisición del dinero fácil.

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Una broma del maestro

Había en un pueblo de la India un hombre de gran santidad. A los aldeanos les parecía una persona notable a la vez que extravagante. La verdad es que ese hombre les llamaba la atención al mismo tiempo que los confundía. El caso es que le pidieron que les predicase. El hombre, que siempre estaba en disponibilidad para los demás, no dudó en aceptar.

El día señalado para la prédica, no obstante, tuvo la intuición de que la actitud de los asistentes no era sincera y de que debían recibir una lección. Llegó el momento de la charla y todos los aldeanos se dispusieron a escuchar al hombre santo confiados en pasar un buen rato a su costa. El maestro se presentó ante ellos. Tras una breve pausa de silencio, preguntó:

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Muerte que no es muerte

Hermana mía: Vas a morir, vas a dejar este valle de lágrimas, este infecundo arenal donde has caminado algunos lustros sin encontrar un árbol que te prestara sombra, ni una fuente que calmara tu sed. ¡Pobre mártir…! Hace diez años que te vi por primera vez: entonces eras joven, simpática y graciosa; en tus ojos irradiaba la esperanza, tus labios sonreían, tus mejillas tenían el color de la rosa en capullo, tus rubios cabellos coronaban tu frente, tu talle gentil se inclinaba con elegante abandono.

La juventud te brindaba sus sueños de oro, y llena de actividad trabajabas incansable, esperando mañana estar mejor. Pero llegó un día en que la miseria se presentó en tu hogar, y desató los dulces lazos de la familia: tu padre y tus hermanos dejaron su nido y huyeron a la desbandada, como las errantes golondrinas; tú te quedaste sola. ¡Pobre Fermina…!

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Sociabilidad

“El hombre es un animal social”, ya lo decía, con acierto, un famoso pensador de la Antigüedad, queriendo significar con eso que él fue creado para vivir, o mejor, convivir con sus semejantes. La sociabilidad es instintiva y obedece a un imperativo categórico de la ley del progreso que rige a la Humanidad. Es que Dios, en Sus sabios designios, no nos hizo perfectos, nos hizo perfectibles; así para alcanzar la perfección a la que estamos destinados, todos necesitamos unos de los otros, pues no hay cómo desarrollar y modelar nuestras facultades intelectuales y morales si no en la convivencia social, en esa permuta constante de afectos, conocimientos y experiencias, sin la cual la suerte de nuestro espíritu sería el embrutecimiento y la debilitación.

Siendo el fin supremo de la sociedad promover el bienestar y la felicidad de todos los que la componen, para que tal sea alcanzado hay necesidad de que cada uno de nosotros observe ciertas reglas de procedimiento dictadas por la Justicia y por la Moral, absteniéndose de todo lo que las pueda destruir.

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La mejoría de la muerte

Delante del agonizante el sentimiento más fuerte en aquellos que se unen a él afectivamente es la de la pérdida personal.

“¡Mi marido no puede morir! ¡Él es mi apoyo, mi seguridad!”

“¡Mi esposa querida! ¡No me dejes no podré vivir sin ti!”

“¡Hijo mío, hijo mío! ¡No te vayas! ¡Eres muy joven!

“¿Qué será de mi vejez sin tu amparo?”

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Vida y valores (El problema de la tentación)

Existe una dificultad en el ser humano, que es necesario parar muchas veces para pensar al respecto. Es la dificultad de las tentaciones. Al fin y al cabo, ¿Qué fenómeno es ese? Casi siempre, en la problemática de las tentaciones, hacemos un juicio de nosotros mismos, y damos una mala interpretación de las cosas, de nuestras posibilidades. Hay veces que valoramos nuestra condición por encima de lo debido, súper valorizamos nuestras posibilidades, juramos que no cederemos en determinadas cuestiones, que no caeremos en determinadas circunstancias, y acabamos por adoptar posturas de las cuales somos llevados por la tentación. A veces, tenemos la tentación de traicionar, de traicionar a un amigo, de engañar a la esposa, de engañar al marido, de traicionar a una persona que es querida por nosotros. ¿Por qué nos ocurre esa tentación? Otras veces, tenemos la tentación de hurtar. Si, de robar. Y esa tentación se manifiesta desde la cleptomanía, en que personas hurtan cosas de tiendas, de mercados, hasta el impuesto de renta fraudulento. Es un hurto. Si, es un hurto. Tenemos la tentación de beber. Comenzamos con la primera copa y juramos que quedaremos sobrios, que podremos conducir el coche, y juramos…

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Comunicaciones apócrifas XXXI

¡Vamos, hijos, unid vuestras filas! Quiere decir, que vuestra buena unión haga vuestra fuerza. ¡Vosotros que trabajáis en la fundación de un grande edificio, velad y trabajad siempre para consolidarlo por su base, y entonces podréis levantarlo bien alto, bien alto!

El progreso es inmenso sobre todo nuestro globo; una cantidad innumerable de prosélitos se forman bajo nuestra bandera; muchos escépticos y aun de los más incrédulos se acercan también.

¡Marchad, hijos, marchad con el corazón alto, lleno de fe, el camino que seguís es hermoso; no os paréis; seguid siempre la línea recta, servid de guías a aquellos que vienen después de vosotros, ellos serán felices, muy felices!

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Parábola del siervo vigilante

“Estad preparados y tened encendidas vuestras lámparas. Sed como los criados que esperan a su amo de retorno de las bodas para abrirle tan pronto como llegue y llame. ¡Dichosos los criados a quienes el amo encuentra en vela a su llegada! Os aseguro que los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos él mismo. Si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ellos! Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa. Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre. ” (Lucas, XII, 35-40).

En la esfera espiritual, como en la material, la cualidad indispensable del siervo es ser vigilante. Siervo vigilante es el que trata con celo los menesteres que le son afectos, correspondiendo, como debe, al salario por el cual se ajustó, y satisfaciendo, al mismo tiempo, las órdenes que recibe de su señor. La desidia en el trabajo, no sólo rebaja la reputación del operario, sino que también lesiona los intereses de sus superiores.

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Sexo en los espíritus

1-¿El Espíritu tiene sexo?

Esa pregunta fue hecha por Allan Kardec, en la pregunta 200, de El Libro de los Espíritus. La respuesta de los mentores espirituales, “No como lo entendéis, porque los sexos dependen de la constitución orgánica”, es afirmativa. No obstante, trae una importante excepción: no se trata de una condición morfológica. No hay órganos sexuales masculinos o femeninos en la personalidad inmortal, estableciendo la distinción.

2–Si no es una cuestión de forma física, ¿cómo se entiende, entonces una sexualidad espiritual?

Una condición psicológica. Decimos que es un Espíritu masculino si en él predominan características eminentemente masculinas; si ocurre lo contrario, es femenino.

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