El Espiritista, la Conciencia, la Esperanza, el Amor

El iniciado en la Doctrina de los Espíritus, debe vivir la preocupación constante de evaluarse, hacer reflexión, procurando mejorar siempre su conducta, aceptando el prójimo como se presenta, por tanto, es feliz.

El materialista, aquel que no cree en el espíritu, se dice superior, racional en todas las situaciones, hallando defectos en todos, nunca en su persona, viviendo una fingida felicidad, por tanto es infeliz.

El espiritismo, por su doctrina, enseña al hombre, que el dolor es la temple de la vida terrena, no debiendo, el espiritista, sublevarse cuando tenga que pasar por la experiencia del dolor, pero procurar transformarla en energía positiva, que lo ayudara a soportar todas las pruebas con dignidad.

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Sexo y compromisos

El problema del sexo es, invariablemente, problema del espíritu.

Reencarnado para la superior aspiración de las recuperaciones morales, en vista de los impositivos de la evolución, el espíritu elabora, con los recursos de que dispone, el domicilio de células que se tornan en valioso instrumento para las operaciones de rescate y crédito, en la esfera física.

Abusos del ayer surgen como limitaciones del hoy.

Desgastes del pasado aparecen como carencia de ahora.

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Interpretando los símbolos

Una vez un monje mendicante llegó a un monasterio en busca de alojamiento. Según la tradición lo normal era entablar con el recién llegado un debate sobre distintos aspectos de la enseñanza budista en el que se ponía a prueba tanto al huésped como a los monjes del cenobio. Pero aquel día todos estaban muy cansados, así que el abad decidió que el debate corriera a cargo de un monje que, además de tuerto, tenía pocas luces.

El abad decidió aconsejarlo:

-Como no tienes mucho conocimiento ni facilidad de palabra, procura que el debate se haga en silencio, y además intenta que sea lo más corto posible.

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Los diez leprosos

16. – Un día en que iba para Jerusalén, y pasaba por los confines de Samaria y de Galilea, – estando cerca de la entrada de una aldea, le salieron al encuentro diez leprosos, que se pararon de lejos. – Y alzaron sus voces diciéndole: ¡Jesús, nuestro Señor, ten piedad de nosotros! Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban, fueron curados. Entonces, uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió sobre sus pasos, glorificando a Dios en alta voz; y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano.

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Antes de todo, perdón

Falsas nociones del carácter insisten en el culto a la personalidad, estimulando el egoísmo y los males que de él surgen.

Conceptos retrógrados repetidos maquinalmente, prescriben la manutención del clima de odios y amarguras, en nombre del honor.

Consideraciones obsoletas, transmitidas de generación a generación, atentan contra la armonía de la familia humana con funestas consecuencias.

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Conflicto

“Hallo entonces esta ley en mí cuando quiero hacer el bien, el mal está conmigo.” — Pablo (Romanos, 7:21.)

Los discípulos sinceros del Evangelio, a la manera de Pablo de Tarso, encuentran grandes conflictos en su propia naturaleza. Casi siempre son enfrentados por enormes dificultades en los testimonios.

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El espíritu y la carne

Andrés, Juan, Simón Pedro, Felipe y Natanael (Bartolomé), estos los primeros discípulos convocados por Jesús, según la cronología de Juan (capítulo I)

Está en Mateo (capítulo IV), casi idéntico a Marcos (capítulo I):

Y paseando a lo largo del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, también llamado Pedro, y Andrés, lanzando la red al mar, pues eran pescadores. Y les dijo:

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