El problema de la muerte

El hombre consciente de las realidades de la vida considera la desencarnación como irrecusable invitación a la anticipada preparación del viaje que, inevitablemente, realizará.

Cuidadosas estadísticas esclarecen que, en cada minuto, en la Tierra, desencarnan 75 personas, en un total aproximado de 40 millones anualmente…

La barrera que oculta el Mundo Espiritual es muy frágil y se rompe incesantemente, sonando para cada conciencia el instante propicio del despertar más allá del cuerpo.

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Crónica de un desesperado

El confiar me ha costado mucho,
no lo puedo remediar,
no confiaba ni en mí,
mi dolor no iba a cesar.

Debes confiar, es lo que me decían,
nada de lo que pasa es casual, es lo que oía,
todo me iba mal, sin trabajo con críticas que aguantar,
no soportaba mi vida ya, todo me daba igual y estaba harto de tanto pelear,
sensaciones y malestar era algo normal, desesperado y abatido era mi vida real.

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El Suicidio

El suicidio es una infracción a las leyes de Dios, considerada una de las más grabes que el ser humano puede practicar delante de su Creador.

Suicidio directo: es la destrucción violenta del propio cuerpo.

Suicidio indirecto: Los excesos al ingerir alcohol, desequilibrios en la alimentación, drogas, deportes de riesgos.

Sea cual fuese la forma de suicidio, el que lo hace responderá por su gesto según el grado de comprensión y evolución, existiendo circunstancias “atenuantes” (dolencias mentales, ignorancia, obsesiones) y “agravantes” (conocimiento de las leyes de causa y efecto, practicar el acto con una sana conciencia)

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¡Dos niños!

I

Una tarde, y casi a la misma hora, mi tranquilo gabinete de trabajo fue invadido por dos familias, compuesta la primera de un matrimonio joven y dichoso, con un hijo que cuenta medio año: quizá no me hubiera fijado tanto en estudiar su dicha, si no hubiese visto junto a ellos a dos mujeres y un niño de cuatro meses, madre, hija y nieto, tres personas distintas y una sola calamidad verdadera, en cuyos semblantes aparecían las huellas de profundas amarguras. La alegría del matrimonio feliz y del hijo sonriente realzaba la desgracia del grupo infeliz.

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Abandonado, pero no a solas

Tristeza pertinaz porfía por dominar los paneles coloridos de tu alma, convirtiendo aspiraciones abrigadas años tras años en amargura, haciendo experimentos resabios de profundas nostalgias.

Desfilan, rápidamente, todos los cuadros que marcaron tu espíritu con los surcos vigorosos de la decepción.

Amigos engañados que te engañaron; hermanos insensatos que te ofendieron; bocas irresponsables que te hirieron con las astillas de la maledicencia; manos, que se decían protectoras, que golpearon tu honorabilidad; corazones que parecían dedicados y que prosiguieron su marcha…

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No poseáis oro

9. No poseáis oro, ni plata, ni dinero en vuestras fajas. – Ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón, porque digno es el trabajador de su alimento.

10. Y en cualquier ciudad o aldea que entrareis, preguntad quién hay en ella digno, y estaos allí hasta que salgáis. – Y cuando entréis en la casa, saludadla diciendo: Paz sea en esta casa. Y si aquella casa fuese digna, vendrá sobre ella vuestra paz; mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá a vosotros. Y todo el que no os recibiere, ni oyere vuestra palabra, al salir fuera de la casa o de la ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. – En verdad os digo que será más tolerable a la tierra de los de Sodoma y de Gomorra en el día del juicio, que a aquella ciudad.

(San Mateo, cap. X, v. de 9 a 15).

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Hechizos

Augusto Comte enseñaba que el hombre religioso, análogamente a sus antepasados de los períodos primitivos, se prende a múltiples hechizos por la necesidad de una fe materializada, siendo la religión una creencia que lo esclaviza y humilla. Y en la actualidad no faltan aquellos que afirman, apoyados en grosero materialismo, que la «religión es el opio para las masas».

Examinando la cuestión, estamos de acuerdo que la ignorancia engendró, desde épocas muy remotas, pequeños hechizos para retener en sus mallas a cuantos no disponían de lucidez espiritual para elucidar los problemas de la fe en sus variadas manifestaciones…

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El Espiritista, la Conciencia, la Esperanza, el Amor

El iniciado en la Doctrina de los Espíritus, debe vivir la preocupación constante de evaluarse, hacer reflexión, procurando mejorar siempre su conducta, aceptando el prójimo como se presenta, por tanto, es feliz.

El materialista, aquel que no cree en el espíritu, se dice superior, racional en todas las situaciones, hallando defectos en todos, nunca en su persona, viviendo una fingida felicidad, por tanto es infeliz.

El espiritismo, por su doctrina, enseña al hombre, que el dolor es la temple de la vida terrena, no debiendo, el espiritista, sublevarse cuando tenga que pasar por la experiencia del dolor, pero procurar transformarla en energía positiva, que lo ayudara a soportar todas las pruebas con dignidad.

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