Parábola del siervo vigilante

“Estad preparados y tened encendidas vuestras lámparas. Sed como los criados que esperan a su amo de retorno de las bodas para abrirle tan pronto como llegue y llame. ¡Dichosos los criados a quienes el amo encuentra en vela a su llegada! Os aseguro que los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos él mismo. Si llega a medianoche o de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ellos! Tened en cuenta que si el amo de casa supiera a qué hora iba a venir el ladrón, estaría en guardia y no dejaría que asaltaran su casa. Estad preparados también vosotros, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del Hombre. ” (Lucas, XII, 35-40).

En la esfera espiritual, como en la material, la cualidad indispensable del siervo es ser vigilante. Siervo vigilante es el que trata con celo los menesteres que le son afectos, correspondiendo, como debe, al salario por el cual se ajustó, y satisfaciendo, al mismo tiempo, las órdenes que recibe de su señor. La desidia en el trabajo, no sólo rebaja la reputación del operario, sino que también lesiona los intereses de sus superiores.

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Sexo en los espíritus

1-¿El Espíritu tiene sexo?

Esa pregunta fue hecha por Allan Kardec, en la pregunta 200, de El Libro de los Espíritus. La respuesta de los mentores espirituales, “No como lo entendéis, porque los sexos dependen de la constitución orgánica”, es afirmativa. No obstante, trae una importante excepción: no se trata de una condición morfológica. No hay órganos sexuales masculinos o femeninos en la personalidad inmortal, estableciendo la distinción.

2–Si no es una cuestión de forma física, ¿cómo se entiende, entonces una sexualidad espiritual?

Una condición psicológica. Decimos que es un Espíritu masculino si en él predominan características eminentemente masculinas; si ocurre lo contrario, es femenino.

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