Perfeccionamiento y purificación

campettiEn el capítulo XVII, Sed perfectos, de El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec hace una interesante selección de varios versículos del texto de Mateo (5:44 y 46 al 48) para explicar los caracteres de la perfección: Amad a vuestros enemigos; haced el bien a los que os odian y orad por los que os persiguen y calumnian. –Porque, si solo amaséis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis de eso? ¿No hacen así también los publicanos? –Sí saludaseis únicamente a vuestros hermanos, ¿qué os haría diferentes de los otros? ¿No hacen lo mismo los paganos? –Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial.

En la Historia de la Humanidad, ha habido pensadores renuentes a aceptar el hecho de que los seres humanos son imperfectos y que jamás alcanzarán la perfección divina. No obstante, en ese fragmento de Mateo, Jesús, ciertamente, invita al hombre a ser perfecto, como lo es el Padre celestial. Cabe preguntarse, entonces, ¿será que, efectivamente, la criatura humana tendría, de alguna manera, las condiciones para ser perfecta como Dios?

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