Los juguetes

¿Qué son los juguetes? Alhajillas curiosas y de poco valor, que sirven para entretenimiento de los niños. De este modo han calificado los hombres formales a esa caterva dé objetos que llenan los escaparates de las quincallerías; pues sabido es que en esas tiendas de gran lujo donde se encuentran maravillas del arte para adornar salones y gabinetes, hay también, en abundancia, toda clase de juguetes, colocados con gusto artístico en los aparadores, donde se ven casas en miniatura, desde la cocina hasta la alcoba, desde el comedor hasta el salón de recepciones, ocupando todas las piezas las muñecas correspondientes y los muebles propios de cada habitación. Seguir leyendo “Los juguetes”

Estudios sobre el Espiritismo

En mi artículo dedicado al estudio del Espiritismo por boca del brigadier Montero, quedábanme algunas dudas por aclarar y esperé impaciente la visita de mi amigo, el cual vino a verme a la hora que yo le había citado. No bien hubimos tomado asiento, le interrogué, diciéndole:

-¿Cómo y cuándo empezó usted el estudio del Espiritismo?

-Del modo más sencillo. Como cuando uno tiene una pena se consuela hablando siempre de lo mismo, yo contaba la muerte de mi hija a todo el que me quería escuchar, y cuando no encontraba a ningún amigo, me iba a los cuarteles, les daba cigarrillos a los soldados, y repetía mi relación. Seguir leyendo “Estudios sobre el Espiritismo”

¡Los grandes de ayer!

Siempre que encuentro en mi camino alguno de esos desventurados que no tiene casa ni hogar, murmuro con profunda tristeza, con inmensa compasión: ¡He aquí un grande de ayer! Para carecer de todo, para no tener un rincón donde cobijarse, ¡Cuántos crímenes se deben haber cometido!… Esto pensé cuando leí últimamente el siguiente suelto:

Muerta por el Alcohol.

–Anoche fue encontrada muerta en uno de los calabozos del cuartelillo de la guardia municipal, de la calle de San Sadurní, una mujer de unos sesenta años, sorda y muda, de la que se ignora su nombre, quien por la tarde había sido encerrada por habérsela encontrado tendida en el rellano de la escalera de la casa número 9 de la indicada calle, por el guardia Emilio, después de haberla auxiliado en la casa de socorro del distrito y diagnosticar los médicos que presentaba síntomas de alcoholismo agudo. Seguir leyendo “¡Los grandes de ayer!”

¡Hay que pagar!

De Santiago de Cuba me escribe Antonio Giro, diciéndome lo siguiente:

“Hermana mía: Leyendo en sus periódicos relatos de existencias pasadas, viendo que el que mal siembra hoy, malos frutos recogerá mañana, y que éstos son las calamidades de este mundo, dispénseme una y mil veces que la moleste, pero como curioso que soy de aprender los asuntos de ultratumba, quisiera que le preguntara al guía de sus trabajos, cuando tenga oportunidad, el porqué se ha visto envuelto en llamas el sacerdote católico, párroco de la catedral de esta ciudad. Se ha comunicado diciendo que la ley era justa. Él era muy bueno. Adjunto el relato de la catástrofe”. Seguir leyendo “¡Hay que pagar!”

El martirio de un niño

París 18. A las 19.40 en la morgue se ha efectuado una “confrontación” o careo de lo más horrible, aun en aquel recinto en que lo horrible es lo común. Tres personas han sido puestas delante del cadáver de un niño que fue encontrado tirado en la calle, el que murió víctima de los tormentos que le prodigaba su propio padre.

Llámese este hombre Gregoire, quien con cinismo que solamente explica la alienación mental ha confesado que efectivamente martirizaba a su hijo, y que lo abandonó vivo en la calle de Vaneau. Seguir leyendo “El martirio de un niño”

La razón

Al Sr. D. Manuel Oncins (dualista)

A usanza del insigne don Quijote,
desfacedor de entuertos y de agravios:
el que a Cervantes le valió que el mote
de loco le pusieran muchos sabios.

Siguiendo yo al hidalgo caballero
en su afanosa y singular tarea,
hoy me cumple decirte que no quiero
que tengas del gran Ser tan pobre idea. Seguir leyendo “La razón”

El espíritu de la concepción

¡Pobre Ser! Cuán penosa fue tu peregrinación en la tierra, y con cuánta resignación sufriste la terrible prueba que tu pedirías en la erraticidad. Tú eras joven y simpática, tu voz de ruiseñor y tu gracia andaluza, eran el encanto de todos los que te trataban. Adorada de tu esposo y querida de tus hijos, cruzabas por una senda de flores que para ti brotaron en el erial de la vida.

¡Eras feliz!, las mujeres te envidiaban, los hombres te bendecían: la buena sociedad te recibía en sus salones y los pobres rogaban por ti. ¿Qué más podías desear? Pero esto era demasiada felicidad para la tierra; tu esposo para asegurarte un porvenir, cruzó los mares hasta llegar a las playas de Filipinas. Tu hija Lucia, aquella blanca rosa de los Alpes, aquella humilde violeta de los prados, dejó este planeta por otro mundo mejor, y los dos hijos que te quedaban se fueron a besar la tierra bendita que descubrió Colón y te quedaste sola, con tus recuerdos y tu esperanza en Dios. Eras buena cristiana, pero tu Dios era el de la ley mosaica, terrible y sombrío, iracundo y vengativo: y. tus noches fueron. tristes y desconsoladoras. Seguir leyendo “El espíritu de la concepción”

El ramo de violetas

Entre los amigos que dejé en Madrid, se cuentan Don Andrés del Valle y su esposa, Cristina Ruiz: son dos seres unidos por verdadero cariño. Una tarde fui con ellos a un lindo huerto de su propiedad, que cultiva Andrés con mucho esmero. Me llamó la atención los muchos cuadros que había de violetas.

-¡Qué delirio tenéis por esta flor humilde! –Dije a mis amigos. Seguir leyendo “El ramo de violetas”

La familia universal

Tiene el hombre la desgracia de no conocer la vida infinita del Espíritu; y la comprende muy imperfectamente, y decimos esto, porque algunas veces recibimos cartas escritas por hombres que revelan claro entendimiento, y sin embargo, en cuestiones espiritistas caminan tan a ciegas, que se pierden completamente en un mar de confusiones.

Últimamente nos escribió un espiritista de muy buena intención, y nos preguntaba que, siendo sus abuelos y sus padres cristianos rancios, si el faltar ahora en lo más mínimo a sus enseñanzas y creencias seria ofender su memoria, si faltaría a su deber para con aquellos espíritus tan queridos si causará su enojo y sus padres y abuelos le retirarían su protección, de la que tanto necesitaba su abatido Espíritu; que esta duda le atormentaba, porque, ¿Qué sería de él sin la buena influencia de sus mayores?. Seguir leyendo “La familia universal”

La modestia

-¡Ay, mamá! ¿Cuándo nos volvemos a Barcelona?

-¡Muchacho! ¿Estás en tu juicio? ¿Acabamos de llegar, como quien dice, y ya te quieres

volver?

-Es que estoy muy aburrido, y como el director del colegio y el médico le dijeron a papá que no me dejaran coger un libro, ni Dios entra en la biblioteca; la tiene cerrada a cal y canto, y no sé qué hacer; acostumbrado como estoy a leer de noche y de día, me aburro soberanamente. Seguir leyendo “La modestia”

¡Qué malo es ser malo!

Continuamente recibo cartas y periódicos con anotaciones para que pregunte a los espíritus sobre el epílogo de varias historias a cual más tristes y terribles, pero como no siempre tengo un buen médium a mi disposición, no puedo complacer a los muchos espiritistas que a mí se dirigen en demanda de averiguaciones referentes al pasado de algunos mártires de sí mismos.

Hace algún tiempo que desde Irún, me escribieron diciéndome lo siguiente: Amalia; un favor te voy a pedir (si es que puedes hacer). Seguir leyendo “¡Qué malo es ser malo!”

La constancia

El comenzar el bien, de todos es; mas perseverar en el bien, es de pocos. Cuando una nueva idea se presenta en el mundo, muchos se asocian a ella por mera curiosidad, por el interés momentáneo de la novedad del minuto. La fiebre del entusiasmo es flor de un día; por la mañana abre su corola, y por la tarde se inclina marchita, sin que el rocío del estudio logre darle vida. ¡Cuántos nobles pensamientos mueren al nacer por esa tendencia que tenemos a la volubilidad! ¡Cuántos propósitos de regeneración se quedan en proyecto porque obedecemos a la ley de la inconsciencia!

Ley creada por el hombre, porque éste, en su libre albedrío, crea la sinrazón de las cosas, y la inconstancia está en oposición de las leyes eternas de la creación. Estudiemos la naturaleza, y veremos cómo todas las especies hacen constantemente un mismo trabajo, y cómo los elementos periódicamente nos, ofrecen sus necesarias metamorfosis para la continuidad y renovación de la vida; sólo el hombre, como el Satán de la leyenda, se rebela contra la suprema voluntad de su destino. Y ¿qué es el hombre inconstante en la vida íntima? Seguir leyendo “La constancia”

El espiritismo es un auténtico cristiano

El Espiritismo tomando su punto de partida en las mismas palabras de Cristo, como Cristo tomó el suyo en las de Moisés, es una consecuencia directa de su doctrina. A la vaga idea de la vida futura, añade la revelación de la existencia del mundo invisible que nos rodea y puebla el espacio, y precisando así la creencia, le da un cuerpo, una consistencia, una realidad en el pensamiento. Él define los lazos que unen el alma al cuerpo, y levanta el velo que ocultaba a los hombres los misterios del nacimiento y de la muerte.

Por el Espiritismo el hombre sabe de donde viene, a donde va, porqué está en la Tierra, porqué sufre en ella temporalmente, y ve en todas partes la justicia de Dios. Sabe que el alma progresa sin cesar a través de una serie de existencias sucesivas, hasta adquirir el grado de perfección que pueda aproximarle a Dios. Con la reencarnación se destruyen las preocupaciones de razas y castas, puesto que el mismo Espíritu puede renacer rico o pobre, gran señor o proletariado, libre o esclavo, hombre o mujer. Seguir leyendo “El espiritismo es un auténtico cristiano”

El último vals

Estando un verano en Deva, fuimos una tarde con varios bañistas a dar un largo paseo por el campo. Llegamos a una quinta, descansamos en la era, que era muy espaciosa y, afortunadamente para los jóvenes, apareció como llovido del cielo, un chico italiano que llevaba un organillo, con lo que enseguida se improvisó un baile. Todas las niñas bailaron, menos una linda jovencita que iba acompañada de su abuela. Un caballero llamado Álvarez, que iba con sus dos hijas, le dijo a la anciana señora:

-¿Por qué no baila Susana?

-Porque mientras yo viva no bailará; el baile es la perdición de la juventud. Seguir leyendo “El último vals”

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