Recomendación necesaria

En el trabajo de atendimiento fraterno del Centro Espirita, delante del padre ansioso, explica con convicción el entrevistador:

– Las convulsiones de su hijo tienen origen espiritual, fruto de una subyugación. Un Espíritu se acerca a él y lo envuelve en vibraciones deletéreas, disparando la crisis.

– ¿Por qué esa agresión?

– Probablemente se trata de una venganza.

– No lo entiendo. El niño tiene cinco años, ¿Qué mal podría hacer?

– Somos todos Espíritus eternos. Ya hemos vivido muchas experiencias en la Tierra. No sabemos la naturaleza de los compromisos del niño ni de su envolvimiento con el desafecto que lo persigue. Seguir leyendo “Recomendación necesaria”

¿Por qué no reaccionan?

La subyugación es la forma más penosa de asedio espiritual. En la obsesión simple el individuo es perturbado por ideas infelices.

En la fascinación lo vemos convencido de ellas.

En la subyugación poco importa lo que piensa.

El obsesor controla sus movimientos.

Sobreponiéndose a sus reacciones, le impone gemidos, gritos, estertores, agonías, desmayos y desvaríos absolutamente incontrolables.

Animado por mórbidos propósitos y perseguidor invisible, tanto más se complace cuanto mayor sea la degradación que consigue someter a la víctima, llevándola, no es raro, a precipitarse en la soledad de cubículos destinados a inquietos y agresivos enfermos mentales. Seguir leyendo “¿Por qué no reaccionan?”

Posesión demoníaca

Definiendo el tercer tipo de obsesión en “El libro de los Médiums”, dice Kardec; “La subyugación es una restricción que paraliza la voluntad del que la sufre y le hace obrar a pesar suyo.” En una palabra: el paciente está bajo un verdadero yugo.

Y explica:

“La subyugación puede ser moral o corporal. En el primer caso, el subyugado es solicitado a tomar determinaciones muchas veces absurdas y comprometidas, que por una especie de ilusión las cree sensatas; es una especie de fascinación. En el segundo caso el Espíritu obra sobre los órganos materiales y provoca los movimientos involuntarios.”

Más adelante, destaca el Codificador: Seguir leyendo “Posesión demoníaca”

A costa de las propias lágrimas

Bondadoso Lupercio – reclamaba Eulalia al mentor espiritual en una reunión mediúmnica – ¿por qué esa enfermedad insidiosa que obliga a mi hijo estar en la cama desde hace más de cinco años?

– Es su karma, una expiación programada por la Justicia Divina.

– ¿No sería más fácil pagar sus deudas disfrutando de la plenitud de movimientos, participando en trabajos asistenciales en el Centro?

– El problema es que, envuelto en un proceso de fascinación, él, más allá de comprometerse en el crimen, desarrolló tendencias viciosas que fatalmente resurgirán si experimenta libertad de movimiento. La prisión en la cama es un precioso recurso educativo en su beneficio. Seguir leyendo “A costa de las propias lágrimas”

Gozadores del Más Allá

Fue el punto culminante, en la exposición moderna. Un concurso de esculturas. Muchos candidatos. Aficionados y profesionales disputando el codiciado premio. Decenas de creaciones artísticas fueron sometidas a respetables críticos que, después de una demorada apreciación, eligieron la vencedora. Con un metro de altura, monolítica, formas arredondeadas, con reentradas y bajos relieves, era literalmente impenetrable para los no entendidos.

Nunca sabrían lo que pretendía el autor. En que ignoto socavón de la memoria buscó inspiración para aquella “cosa”. Pero agradó a los entendidos, que aplaudieron la ligereza del conjunto y la forma decorativa.

En la ceremonia para la entrega de trofeos, convocado el autor, este informó:

– Soy solo representante del escultor. Mejor dicho, de la escultora. No fue posible inscribir el trabajo en su nombre. La regulación no lo permite. Seguir leyendo “Gozadores del Más Allá”

A la moda de la casa

Encontramos frecuentemente la fascinación en las reuniones mediúmnicas, donde es ejercitado el intercambio con el Más Allá. Inteligentes obsesores, encontrando médiums receptivos a su influencia, hacen de ellos instrumentos para sembrar la confusión. No es raro que estos mistificadores usurpen el nombre de personalidades ilustres, a fin de más fácilmente alcanzar sus objetivos.

Médium ideal para ellos: el personalista. Elogiando su vanidad fácilmente lo seducen.

A titulo de curiosidad literaria, tengo en mi biblioteca un libro psicografiado, atribuido a Allan Kardec.

El más ligero examen revela tratarse de una obra apócrifa, dictada por un mistificador que envolvió al médium y a aquellos que lo asistían. Las ideas allí presentadas están lejos de expresar la lucidez, claridad y objetividad del codificador de la Doctrina Espirita. Seguir leyendo “A la moda de la casa”

La inteligencia fascinada

Un análisis superficial podrá sugerir la idea de que la fascinación alcanza solo las personas destituidas de inteligencia, suficientemente ingenuas para asimilar las fantasías sugeridas por los obsesores.

Kardec explica, en “El libro de los Médiums”, que no es así:

“Sería un error creer que este genero de obsesión solo están sujetos a las personas sencillas, ignorantes y faltas de sentido común. De ella no se encuentran exentos ni los hombres de más espíritu, los más instruidos y los más inteligentes sobre otros aspectos, lo que prueba que tal situación es efecto de una causa extraña, cuya influencia ellos sufren.”

Encontramos ejemplos en todos los sectores de la actividad humana. Hombres cultos y sensibles, dotados de respetable agudeza mental, pero envueltos en perturbadores procesos obsesivos. Se sitúan como médiums de las sombras, fascinados por extravagantes ideas que, encontrando receptividad en las mentes distraídas del Bien, generan perturbadores movimientos sociales, en siembras de desequilibrio, sufrimiento y muerte. Seguir leyendo “La inteligencia fascinada”

El ciego que no quiere ver

El lector ciertamente tendrá algunas dudas en relación a los problemas generados por la mujer que perseguía al joven servidor espirita:

¿Dónde estaban los protectores espirituales del Centro y de ella misma, que permitieron semejante acontecimiento?

¿Por qué no promovieron alejar a los Espíritus obsesores?

¿No puede el Bien siempre más?

Para que podamos responder satisfactoriamente es preciso considerar algo fundamental: La fascinación no es unilateral. La obsediada no fue víctima de un asalto. Simplemente se rindió a las ideas que le eran sugeridas. Seguir leyendo “El ciego que no quiere ver”

La asistida insistente

Era un joven trabajador de la siembra espirita a quien llamaremos Ricardo. Soltero, dedicaba sus horas al trabajo asistencial y a las reuniones doctrinarias. Integrado en uno de los grupos de visita, comparecía en un barrio humilde, atendiendo a familias pobres. De entre ellas una sufridora madre de varios hijos, que enfrentaba serios problemas con el marido alcohólico.

Encaminada al Centro, frecuentaba reuniones en que Ricardo leía y comentaba libros espiritas. Era admirable la asiduidad y el interés de ella, aunque notoriamente no estuviese asimilando casi nada, frente a sus pocas letras.

En el retorno al hogar, en compañía de su madre, Ricardo era invariablemente buscado por la asistida, que le pedía explicaciones sobre el estudio de la noche. Acababa siguiendo con ellos hasta las cercanías del lugar donde cogía al autobús. Aquella insistencia comenzó a incomodar a Ricardo. Peor: estaba preocupado. Ella parecía ver en él algo más que un simple servidor de la casa espirita. Seguir leyendo “La asistida insistente”

Terreno fértil

Cuando obsesores de sagaz inteligencia pretenden apartar lideres religiosos de sus tareas, nunca descartan la fascinación afectiva, explotando sus tendencias.

En el medio espirita vemos respetables jefes de familia, con responsabilidad en la dirección de instituciones, involucrándose en perturbadoras experiencias pasionales patrocinadas por agentes de las sombras.

Desertan de compromisos conyugales y espirituales creyendo atender al glorioso llamamiento del amor, al lado de “almas gemelas”. Aprenden a costa de penosas frustraciones que el amor legítimo nunca comete el desatino de sobreponerse al deber.

Cuando no encuentran receptividad en aquellos que pretenden desviar, los obsesores les imponen problemas involucrando gente cercana. Ejemplo destacado en este sentido ocurrió con el apóstol Pablo, narrado por el Espíritu Emmanuel, en el libro “Pablo y Esteban”, psicografía de Francisco Cándido Xavier. Seguir leyendo “Terreno fértil”

Indeseable inquilino

En la obsesión simple el obsediado permanece en pleno uso de sus facultades mentales, conservando el discernimiento.

Reconoce que su conducta es irregular, no es raro, ridícula, como lavar repetidamente las manos o comprobar hasta la extenuación si cerró la puerta o desenchufó un aparato eléctrico.

La fascinación es más envolvente. Desarrollada por hábiles obsesores, estos no se limitan al bombardeo de ideas infelices. Actuando con sutileza e inteligencia, tratan de convencer al obsediado de las fantasías que le sugieren. Es como si le colocasen gafas con lentes desajustadas, confundiéndole la visión. Eso establece una diferencia fundamental entre los dos tipos de envolvimiento: En la obsesión simple el obsediado sabe que está equivocado en los absurdos en que incurre. Seguir leyendo “Indeseable inquilino”

Terapia mosaica

Situar la Medicina como bendecido instrumento en favor de la salud humana es, como resaltaría Nelson Rodrigues, el controvertido dramaturgo brasileño, el “obvio ululante”

La gran dificultad es que los médicos, con raras excepciones, se vinculan al materialismo. Se muestran, por eso, incapaces de diagnósticos, pronósticos y terapias más acertadas. Ignoran que muchos males de los pacientes tienen origen espiritual, relacionándose con desajustes de vidas pasadas y presiones obsesivas de la vida presente.

Según la óptica sarcástica de Voltaire, “Recetan medicinas que saben poco para enfermos que saben aun menos, a personas que no saben nada.”

Principalmente en el campo psíquico se multiplican escuelas psicológicas y psicoanalíticas, lideradas por profesionales respetables que teorizan a partir de especulaciones. Seguir leyendo “Terapia mosaica”

Psicoanálisis

Reclinado en una confortable butaca, el paciente habla largamente de su vida pasada, particularmente de la infancia y de la adolescencia.

El medico anota aquel torrente de informaciones. A la manera de perspicaz detective, procura identificar el origen de los males que lo afligen.

¿Serían represiones infantiles? ¿Frustraciones de la libido? ¿Accidentes psicológicos? ¿Traumas? Todas las posibilidades son analizadas exhaustivamente por el profesional, buscando aquellos recuerdos en busca de la llave liberadora. Descubrir la causa del mal él comenzaría a ser mejorado.

Tenemos aquí una imagen clásica del psicoanálisis, según la teoría propuesta por Sigmund Frued, su genial creador. Curiosamente, la víctima de la obsesión simple puede encontrar la cura de sus padecimientos sometiéndose a la terapia freudiana. Seguir leyendo “Psicoanálisis”

Hemorragia espiritual

Sentía debilidad. Más que eso, cansancio. Dolores en las piernas, inapetencia. Voluntad irresistible de amontonarse en un rincón, descansar.

Fue al médico.

El examen de sangre reveló la causa: anemia. Otras pruebas encontraron el origen: imperceptible y persistente hemorragia intestinal, producida por una ulcera indolora. Por allí se derramaba su vitalidad. Algo semejante ocurre con la víctima de la obsesión simple.

Asimilando las sugestiones del obsesor relacionadas con la salud, los negocios, los sentimientos o envolviendo problemas existenciales, el obsediado pasa a obrar bajo fuerte tensión, perdiendo energías como si sufriese una insidiosa hemorragia espiritual. Seguir leyendo “Hemorragia espiritual”

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