Atributos de la divinidad

10 ¿Puede el hombre comprender la naturaleza íntima de Dios?

«No; y este es uno de los sentidos que le falta aún.»

11 ¿Será dado al hombre algún día comprender el misterio de la Divinidad?

«Cuando su espíritu no esté ya ofuscado por la materia y cuando, por medio de la perfección, se haya aproximado a ella, la verá y la comprenderá.»

La inferioridad de las facultades del hombre no le permite comprender la naturaleza íntima de Dios. En la infancia de la humanidad, a menudo el hombre la confunde con la criatura cuyas imperfecciones le atribuye; pero a medida que en él se desarrolla el sentido moral, su pensamiento penetra mejor el fondo de las cosas, y se forma de ellas una idea de Dios más exacta y más conforme con la sana razón, aunque incompleta siempre.

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Pruebas de la existencia de Dios

4 ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios?

«En el axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os contestará.»

Para creer en Dios, basta pasear la vista por las obras de la creación. El universo existe; luego tiene una causa. Dudar de la existencia de Dios equivaldría a negar que todo efecto procede de una causa, y afirmar que la nada ha podido hacer algo.

5 ¿Qué consecuencia puede sacarse del sentimiento intuitivo que de la existencia de Dios tienen todos los hombres?

«Que Dios existe; porque, ¿de dónde provendría ese sentimiento si no estuviese basado en algo? También esto es una consecuencia del principio de que no hay efecto sin causa.»

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Dios y el infinito

1 ¿Qué es Dios?

«Dios es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas.» (9)

2 ¿Qué debe entenderse por lo infinito?

«Lo que no tiene principio ni fin; lo desconocido, porque todo lo desconocido es infinito.»

3 ¿Podría decirse que Dios es lo infinito?

«Definición incompleta. Pobreza del lenguaje de los hombres que es insuficiente para definir las cosas superiores a su inteligencia.»

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M. Letil

M. Letil, fabricante cerca de París, murió en abril de 1864 de una manera horrible. Habiéndose encendido una caldera de barniz hirviendo, y derramándose sobre él, en un instante fue cubierto de una materia inflamada, y comprendió enseguida que estaba perdido. Solo a la sazón en el obrador con un joven aprendiz, tuvo el valor de ir hasta su casa, distante más de doscientos metros. Cuando pudieron darle los primeros auxilios, las carnes estaban quemadas y le caían del cuerpo y de la cara. Vivió así doce horas entre los más horribles sufrimientos, conservando, a pesar de esto, toda su presencia de espíritu hasta el último momento, y poniendo en orden sus asuntos con entera lucidez. Durante esta cruel agonía no se le oyó ninguna queja, ningún murmullo, y murió rogando a Dios.

Era un hombre muy honrado, de un carácter dulce y benévolo, amado y estimado de todos los que le habían conocido. Había abrazado con entusiasmo las ideas espiritistas, pero con poca reflexión, por cuyo motivo, como tenía alguna mediúmnidad, fue juguete de numerosas mistificaciones, que sin embargo no quebrantaron su fe. En ciertas circunstancias su confianza en lo que le decían los espíritus llegaba hasta la candidez.

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Pascal Lavich

El Havre, 9 de agosto de 1863

Este espíritu se comunicó espontáneamente al médium, sin que éste le hubiese conocido en su vida, ni siquiera de nombre.

“Creo en la bondad de Dios, que se servirá tener misericordia de mi pobre espíritu. ¡He sufrido mucho, mucho!… Mi cuerpo pereció en el mar. Mi espíritu estaba siempre adherido a mi cuerpo, y largo tiempo estuvo errante sobre las olas…”

La comunicación fue interrumpida, prosiguiéndola el espíritu al día siguiente:

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Sobre las sociedades espiritistas XXVIII

Los falsos profetas no están sólo entre los encarnados, están también y en mucho mayor número entre los espíritus orgullosos que bajo falsas apariencias de amor y caridad, siembran la desunión y retardan la obra emancipadora de la Humanidad, esparciendo sus sistemas absurdos que hacen aceptar por los médiums; y para fascinar mejor a los que quieren engañar, para dar más peso a sus teorías, toman sin escrúpulo los nombres que los hombres sólo pronuncian con respeto, los de los santos justamente venerados, de Jesús, de María y aun de Dios. Estos son los que siembran las levaduras de antagonismo entre los grupos, que les conducen a aislarse los unos de los otros y mirarse con mal ojo. Esto sólo bastaría para descubrirles, porque obrando de este modo, ello mismos dan el más formal mentís a lo que pretenden ser. Ciegos, pues, son los hombres que se dejan coger en una red tan grosera. Pero hay muchos otros medios de reconocerles.

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Sobre las sociedades espiritistas XXVII

El Espiritismo debería ser un escudo contra el Espíritu de discordia y desunión; pero este Espíritu en todo tiempo sacude su ponzoña sobre los humanos, porque está celoso de la felicidad que procura la paz y la unión.

¡Espiritistas! Él podrá, pues, penetrar en vuestras asambleas y no lo dudéis, procurará sembrar en ellas la defección, pero será impotente contra los que están animados de la verdadera caridad. Estad preparados y velad cesar en la puerta de vuestro corazón, como en la de vuestras reuniones para no dejar penetrar al enemigo.

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Manifestaciones visuales

16. Por su naturaleza y estado normal el periespíritu es invisible, lo que tiene de común con una porción de fluidos que sabemos que existen y que nunca, sin embargo, hemos visto. Pero, lo mismo que ciertos fluidos, puede también sufrir modificaciones que le hacen perceptible a la vista, sea por una especie de condensación, sea por un cambio en su disposición molecular. Hasta puede adquirir las propiedades de un cuerpo sólido y tangible, pero puede súbitamente volver a su estado etéreo o invisible. Se puede formar idea de este efecto, por el del vapor, que es susceptible de pasar de la invisibilidad al estado brumoso, después líquido, luego sólido y viceversa.

Estos diferentes estados del periespíritu son resultado de la voluntad del Espíritu, no de una causa física exterior, como en el gas. Cuando un Espíritu aparece, es porque pone su periespíritu en el estado referido para hacerlo visible. Mas no basta siempre su voluntad; se necesita, para que pueda operarse esta modificación del periespíritu, un concurso de circunstancias independientes de él.

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Luis y la costurera de botines

Hace siete u ocho meses, el llamado Luis G…, zapatero, cortejaba a Victorina R…, costurera de botines, con la cual debía casarse muy próximamente, pues las proclamas estaban publicándose. En estas circunstancias, los jóvenes se consideraban como definitivamente unidos, y por medida de economía, el zapatero iba cada día a comer a casa de su futura.

Un día que Luis fue, como de costumbre, a cenar a casa de la costurera, sobrevino alguna disputa por una bagatela. Ambos se obstinaron de tal modo y llegó el asunto a tal estado, que Luis dejó la mesa y partió jurando no volver más. Al día siguiente, el zapatero fue a pedir perdón. La noche es buena consejera, como se sabe, pero la obrera, quizá prejuzgando, según la escena de la víspera, lo que podría acontecer cuando no habría tiempo de desdecirse, rehusó reconciliarse. Ni las protestas, ni las lágrimas, ni la desesperación, pudieron ablandarla.

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Los ángeles según el Espiritismo

12. No puede dudarse de que hay seres dotados de todas las cualidades atribuidas a los ángeles. La revelación espiritista confirma sobre este punto la creencia de todos los pueblos. Pero además nos hace conocer la naturaleza y origen de esos seres. Las almas o espíritus son creados sencillos e ignorantes esto es, sin conocimiento y sin conciencia del bien y del mal, pero aptos para adquirir todo lo que les falta, y lo adquieren por el trabajo. El fin, que es la perfección, es el mismo para todos: llegan a él más o menos pronto en virtud de su libre albedrío y en razón a sus esfuerzos. Todos tienen los mismos grados que recorrer, el mismo trabajo que realizar. Dios no señala una parte ni mayor ni más fácil a los unos que a los otros, porque todos son sus hijos, y siendo justo, no tiene preferencia por ninguno. Él les asegura: “He aquí la ley que debe ser vuestra regla de conducta. Ella sola puede conduciros al fin. Toco lo que está conforme a esta ley, es el bien, todo lo que es contrario a ella es el mal, sois libres de observarla o de infringirla, y así seréis los árbitros de vuestra propia suerte.” Dios no ha creado, pues el mal. Todas sus leyes son para el bien. El mismo hombre es quien crea el mal infringiendo las leyes de Dios. Si las observase escrupulosamente, no se apartaría jamás del buen camino.

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El Magnetismo y el Espiritismo

Cuando aparecieron los primeros fenómenos espíritas, algunas personas pensaron que este descubrimiento (si lo podemos llamar así) iba asestar un golpe fatal al Magnetismo, y que de ello resultaría como con los inventos, donde el más perfeccionado hace olvidar a su antecesor. Este error no tardó en disiparse y rápidamente se reconoció el parentesco próximo de estas dos ciencias.

En efecto, ambas son basadas en la existencia y en la manifestación del alma, y lejos de combatirse, pueden y deben prestarse mutuo apoyo: ellas se completan y se explican entre sí. Sus respectivos adeptos difieren, no obstante, en algunos puntos: ciertos magnetistas aún no admiten la existencia o, por lo menos, la manifestación de los Espíritus; creen que pueden explicarlo todo por la sola acción del fluido magnético, opinión que nosotros nos limitamos a constatar, reservándonos para debatirla más adelante.

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Sobre las sociedades espiritistas XXV

La mayor parte de las veces, ¿con qué fin pedís comunicaciones a los Espíritus? Para obtener un buen escrito y enseñarlo a vuestros conocidos como muestra de nuestro talento, los conserváis preciosamente en vuestros álbumes, pero en vuestros corazones no hay cabida.

¿Creéis que porque nos lisonjeáis venimos a tomar puesto en vuestras asambleas como en un concurso haciendo gala de elocuencia para que podáis decir que la sesión ha sido muy interesante? ¿Qué os queda cuando habéis encontrado una comunicación admirable? ¿Creéis que venimos buscando vuestros aplausos?

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