Ante los que partieron

Ningún sufrimiento en la Tierra será quizás comparable al de aquel corazón que se inclina sobre otro corazón congelado y querido que el ataúd transporta hacia el gran silencio. Ver la niebla de la muerte estamparse, inexorable, en la fisonomía de los que más amamos, y cerrarles los ojos en el adiós indescriptible, es como despedazar nuestra alma y proseguir viviendo. Digan aquellos que ya estrecharon contra el pecho un hijito transfigurado en ángel de la agonía; un esposo que se despide, buscando en vano mover los labios mudos; una compañera cuyas manos consagradas a la ternura cuelgan extintas; un amigo que cae desfallecido para no levantarse más, o un semblante materno acostumbrado a bendecir, y que nada más consigue expresar sino el dolor de la extrema separación, a través de la última lágrima.

Hablen aquellos que un día se inclinaron aplastados de soledad, frente a un túmulo; los que se arrastraron rezando en las cenizas que recubren el último recuerdo de los entes inolvidables; los que cayeron atravesados de añoranza cargando en el seno el esquife de sus propios sueños; los que tocaron, gimiendo, la losa inmóvil, y los que sollozaron de angustia en lo íntimo de sus pensamientos preguntando en vano por la presencia de los que partieron.

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Cuando sufrieres

¡Cuando sufrieres, medita en el indefinible poder de renovación que se engendra en los vencidos!…

Los gritos burlones con que festejaban los triunfos los déspotas de la antigüedad, han desaparecido; ellos tomaron el camino piadoso de la muerte y el de las cenizas que apagaron su ingrata memoria; pero la justicia tomó las lágrimas de cuantos cayeron bajo sus carros de guerra sangrientos para esculpir con ellas las leyes que, ennoblecen a la humanidad.

Los sarcasmos de los que traficaban con la vida de sus semejantes fueron sepultados en la estrechez de los sepulcros; pero el llanto de los esclavos, provocado por el látigo implacable del cautiverio, clarificó la visión de las naciones conscientes para que pudieran contemplar la luz inextinguible de la libertad.

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Contra la insensatez

¿Sois vosotros tan insensatos que, habiendo comenzado por el Espíritu, acabéis ahora por la carne?» — Pablo. (Gálatas, 3:3.)

Uno de los mayores desastres en el camino de los discípulos es la falsa comprensión con que inician el esfuerzo en la región superior, marchando en sentido inverso hacia los círculos de la inferioridad. Dan, así, la idea de hombres que partiesen a la procura de oro, contentándose, enseguida, con el lodo del charco. Semejantes fracasos se hacen comunes, en los distintos sectores del pensamiento religioso.

Observamos enfermos que se dirigen a la espiritualidad elevada, alimentando nobles impulsos y tomados de preciosas intenciones; conseguida la cura, revelan, todavía, la mejor manera de aplicar las ventajas obtenidas en la adquisición del dinero fácil.

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Contra la insensatez

¿Sois vosotros tan insensatos que, habiendo comenzado por el Espíritu, acabéis ahora por la carne?» — Pablo. (Gálatas, 3:3.)

Uno de los mayores desastres en el camino de los discípulos es la falsa comprensión con que inician el esfuerzo en la región superior, marchando en sentido inverso hacia los círculos de la inferioridad. Dan, así, la idea de hombres que van a la búsqueda de oro, contentándose, enseguida, con el lodo del charco. Semejantes fracasos se hacen comunes, en los distintos sectores del pensamiento religioso.

Observamos enfermos que se dirigen a la espiritualidad elevada, alimentando nobles impulsos y tomados de preciosas intenciones; conseguida la cura, revelan, sin embargo, la mejor manera de aplicar las ventajas obtenidas en la adquisición del dinero fácil.

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Deber Espirita

Con mucha propiedad afirmó Allan Kardec que los Espíritus elevados se unen con preferencia a los que buscan instruirse.Y quien busca instruirse elige el camino del máximo esfuerzo.

Toda escuela de educación es instituto de disciplina. Sin embargo, aquí y allá, aparecen alumnos viciados en recreo y pereza, soborno y cola. Estos, sin embargo, pueden obtener las más brillantes situaciones en el juego de las apariencias, pero nunca el respeto y la confianza de los profesores dignos del título que conquistaron.

En la Doctrina Espirita, escuela maternal de nuestras almas, hace más de un siglo surgen aprendices de todas las condiciones. A los que pedían fenómenos para cimentar la convicción, fue concedida por los instructores de la Humanidad la más alta copia de francas demostraciones de la supervivencia.

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Creer en vano

«Por lo cual también sois salvos si lo retuviereis tal como os lo tengo anunciado, sino es que creísteis en vano.» – Pablo. (1 Corintios, 15:2.)

Como acontece a muchas flores que no llegan a fructificar en la estación adecuada, existen innumerables almas, en los servicios de la creencia, que no alcanzan en largos períodos de lucha terrestre la iluminación de sí mismas, por haber creído en vano en las veredas de la vida.

Pablo de Tarso fue muy explícito cuando aseveró a los Corintios que ellos serían salvos si retuviesen el Evangelio. La revelación de Jesús es campo extenso donde hay lugar para todos los hombres, refiriéndonos a los diversos servicios. Muchos llegan a la obra, sin embargo, no pasan más allá de la letra, cooperando en las organizaciones puramente intelectuales; unos improvisan sistemas teológicos, otros contribuyen en la estadística y otros aun se preocupan con la localización histórica del Señor.

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Condición común

«Inmediatamente, el padre del niño, clamando con lágrimas, dijo: ¡Yo creo, Señor! ayuda mi incredulidad.» – (Marcos, 9:24)

Aquel hombre de la multitud, aproximándose a Jesús con el hijo enfermo, constituye una expresión representativa del espíritu común de la humanidad terrestre.

Los círculos religiosos comentan excesivamente la fe en Dios, sin embargo, en los instantes de la tempestad, son escasos los devotos que permanecen firmes en la confianza.

Se revelan las masas muy atentas a los ceremoniales del culto exterior, participan de las edificaciones alusivas a la creencia, con todo, ante las dificultades del escándalo, casi toda la gente resbala en el despeñadero de las acusaciones recíprocas.

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Contabilidad y destino

Observemos a un instituto bancario en sus operaciones rutinarias.

Todo cliente en dificultades en él comparece, rogando ciertos favores. Vemos allí aquellos que por estar excesivamente comprometidos, requieren más vastos recursos, buscando la solución de grandes cuentas en más amplio sector de servicio; los que solicitan la reforma de los títulos que no pueden pagar en el día justo; los que suplican moratoria adecuada a las aflicciones que atraviesan; y los que se deciden a aceptar intereses pesados y desolladores, en la suprema tentativa de liquidar.

los débitos que contrajeran en otros campos de expectativa y de acción.

Todos luchan y sufren, condicionados a las regulaciones a que se sujetan, trabajando por la quitación que les devolverá el nombre a la respetabilidad debida. Así, también, en la Contabilidad Divina, todos nosotros, en el balance de antiguos débitos, imploramos esa o aquella providencia adecuada a nuestras necesidades.

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Cuando ores

“Y, cuando estuvieras orando, perdonad.” – Jesús. (Marcos, 11:25).

La sincera actitud del alma en la oración no obedece a los movimientos mecánicos vulgares.

En las operaciones de la lucha común, la criatura atiende, invariablemente, a los automatismos de la experiencia material que se modifica de manera imperceptible, en los círculos del tiempo; sin embargo, cuando se vuelve el alma a los santuarios divinos del plano superior, a través de la oración, se pone la conciencia en contacto con el sentido eterno y creador de la vida íntima.

Examine cada aprendiz las sensaciones que experimenta colocándose en la posición de ruego a lo Alto, comprendiendo que se le hace indispensable la manutención de la paz interna delante de las criaturas y cuadros circunstanciales del camino.

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Colaboración

En su condición de movimiento renovador de las conciencias, la Nueva Revelación viene a despertar al hombre para que ocupe el lugar determinado que la Providencia le confiere, y lo esclarece por sobre todo acerca de que el egoísmo, hijo de la ignorancia y responsable de los desvaríos del alma, es una peligrosa ilusión. Nos trae la llave de los principios religiosos, viene a impulsarnos a que respetemos las leyes más simples de la vida, así como nos revela la obligación de colaborar a la que no conseguiremos huir.

La vida, pródiga de sabiduría en todas partes, nos demuestra el principio de cooperación en todos sus planos.

El gusano enriquece la tierra y la tierra sustenta al gusano.

El manantial auxilia a los árboles y los árboles conservan el manantial.

El suelo ampara a la simiente y la simiente valoriza al suelo.

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Conocimiento superior

En la adquisición del conocimiento superior, no creas que el deslumbramiento substituya al trabajo. Ni juzgues que el benefactor espiritual, por más azulgo, pueda efectuar la obra que te compete.

El profesor aclara. El alumno, sin embargo, debe poner en ecuación los problemas de la escuela.

El médico auxilia. El enfermo, sin embargo, debe seguir sus indicaciones.

Toda realización pide esfuerzo.

Toda construcción pide tiempo.

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