Los trabajadores de la última hora

Muchos, si no todos, conocemos la parábola de los trabajadores de la última hora. En ella el Maestro nos cuenta que un padre de familia salió muy de mañana a buscar trabajadores para su viña y concertó con ellos el sueldo de un denario por el día de trabajo. Salió otra vez unas horas más tarde y volvió contratar trabajadores por el mismo sueldo. Finalmente, casi ya al final de la jornada, contrató algunos trabajadores que le dijeron que nadie les había dado trabajo. También a estos los mandó a su viña a trabajar, pese a que quedaba no más que una hora para finalizar la jornada. Como todas las parábolas que nos dejó Jesús, también esta, sobre los trabajadores de la última hora, nos convocan a desarrollar una mirada nueva sobre los hechos de la vida.

Nos invita el Maestro a reconsiderar nuestras posturas, sopesar nuestros valores  desarrollar concepciones renovadas ante situaciones que tal vez nos parecen obvias, pero no lo son, sí asumimos el prisma de la justicia divina o la inmortalidad del alma.

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El poder del pensamiento y de la oración

La neurociencia continua su camino, tratando de desentrañar los secretos moleculares, genéticos y neuronales del cerebro. Buscando crear un mapa completo con todas las neuronas y sus rutas (conectomas), y confiriendo al cerebro la capacidad de ser el generador de nuestros pensamientos. Pero, ¿estarán buscando el origen del pensamiento en el lugar adecuado?

Se han registrado algunos casos, de personas que han llevado una vida completamente normal, sin ninguna disfunción cognitiva, sin disponer sin embargo de masa encefálica, sin disponer de cerebro. Algunos como el curioso caso de un alumno de la Universidad de Sheffield, en Reino Unido. Acudió a un médico y profesor de la Universidad, el doctor John Lorber porque le dolía la cabeza. Al ver que era algo más grande de lo normal, el doctor, quiso averiguar la razón y le hizo un escáner. Lo que el doctor no esperaba encontrar, fue una cabeza prácticamente llena de líquido cefalorraquídeo. Este alumno, con un cociente intelectual en la frontera de la genialidad, mostraba un cuadro crónico de hidrocefalia que le había borrado casi por completo el cerebro.

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Vida y valores (Enfermos y enfermedades)

Indudablemente, somos un gran cuerpo eléctrico. El ser humano, el alma humana es un conjunto de energías pensantes. Sí, todos nosotros. Todo cuanto existe, en el Universo, es formado por esa energía cósmica. Somos parte de esa energía cósmica. Consonante a los principios que regulan la vida del Universo, después del gran Creador que es Dios, la materia, el Espíritu, somos parte de ese Ser Espiritual. Somos Espíritu y tenemos unión con la materia, ese otro principio, a fin de que, a través de esos contactos con la materia, podamos desarrollar nuestras habilidades, nuestro intelecto, nuestras más profundas capacidades. Naturalmente, cuando pensamos así, vale la pena considerar que, si somos un conjunto de energías, tenemos una determinada frecuencia de vibración. Vibramos dentro de un determinado cuadro, dentro de un determinado espectro, que hace con que esas energías pulsen, y esa pulsación de la energía que nos compone, decimos que es nuestra vibración.

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Consciencia del error

El conocimiento espirita ha evitado que muchas mujeres se comprometan en el aborto provocado, ese “asesinato intrauterino”, pero, constituye, también, un tormento para aquellas que lo practicaron. Miedo, remordimiento, angustia, depresión, son algunas de sus reacciones.

Naturalmente eso ocurre siempre que somos informados de lo que nos espera frente a un comportamiento desajustado. Sin embargo, equivocados están los que pretenden ver en la Doctrina Espirita la reedición de doctrinas escatológicas fustigantes y anatematizadoras.

Apoyándose en la lógica y en el raciocinio y exaltando la libertad de conciencia, el Espiritismo no condena, esclarece; no amenaza, concientiza. Y mucho más que revelar el mal que hay en el hombre, tiene por objetivo ayudarlo a encontrar el Bien. Espíritus inmaduros, comprometidos con liviandades e inconsecuencias, somos todos, o no estaríamos en la Tierra, planeta de expiación y pruebas.

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La tabla de salvación

A mi mejor amiga la Sra Doña Sofia Cerutti, en la muerte de su hija. ¡Pobre Sofía! ¡Qué larga es tu expiación! ¡La profunda ternura de tus sentimientos, la clara inteligencia que te distingue, el verdadero interés que te inspira la desgracia, y otras buenas cualidades que posees, no han sido bastantes para borrar las culpas de tus pasadas existencias y has tenido que librar la copa de la amargura y apurar hasta la última gota, pobre mujer!… Llora, sí; llora, porque el llanto del dolor es el Jordán bendito que purifica a la humanidad.

En esas crisis supremas, en esos momentos de pruebas terribles, si a nuestros ojos no acudiera el llanto, caeríamos como herido del rayo y nuestro globo no hubiera contado apenas dos siglos de existencia. Tu queja es justa; no hay filósofo en el mundo que al perder el todo que le unía a la vida, no se olvide, siquiera por una hora, de todas las razones lógicas, de las consideraciones más profundas, de las deducciones mejor meditadas; el espíritu está unido íntimamente a la materia y no siempre está en completa elevación, no se empequeñece, se vulgariza, y toma una parte activa en nuestros dolores y en nuestras alegrías.

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El Espíritu de la Verdad

Durante el período histórico conocido como la Pax Augusta es cuando, en una noche tranquila y fría de abril, en los montes de Judea nace Jesús, el extraordinario pacificador de la humanidad. En aquel momento la Tierra recibe al ser más formidable y extraordinario que el pensamiento pueda concebir. En una gruta de piedra nace un niño que es el Rey de la humanidad. Viene a predicar las enseñanzas de amor y a cambiar la estructura de la realidad. Diecinueve siglos después Ernesto Renan, Inmortal de la academia de Francia, tendrá la oportunidad de decir que Jesús es tan grande que no cupo en la historia, su nacimiento dividió la historia antes y después de Él. Por doce años Jesús vive como un niño normal en la aldea de Belén. A esta edad se produce su primera visita al templo donde es encontrado dialogando con los rabinos, para asombro de todos. Retorna entonces al anonimato en Nazareth.

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¿Somos todos médiums?

Creo, por mis pesquisas y experiencias, que el intercambio mediúmnico no ocurre con la frecuencias que imaginamos. En general, lo que llamamos de mediúmnidad es solamente nuestra sensibilidad parapsíquica, o sea, nuestra percepción del mundo espiritual, de los espíritus y de las relaciones energéticas que establecemos con las cosas, ambientes y personas. Lo voy a explicar mejor.

Todos somos sensibles a las energías que nos rodean, así como somos sensibles a los pensamientos y emociones que muchos espíritus nos dirigen. Podemos, por ejemplo, sentir la presencia de un espíritu desequilibrado y tenemos, como reacción, una sensación desagradable, inexplicable… un dolor de cabeza, inquietud… o sentir irritación, angustia. Ese proceso, generalmente, es inconsciente. Claro que esas reacciones pueden ser de origen puramente fisiológico o anímico. Cada caso es un caso, no podemos generalizar…

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