Acontecimientos.12 de mayo de 1856

(Sesión personal en casa del Sr. Baudin)

Pregunta (a la Verdad)

– ¿Qué piensas del Sr. M…? ¿Es un hombre que tendrá influencia en los acontecimientos?

Respuesta – Mucho ruido. Tiene buenas ideas; es un hombre de acción, pero no es una cabeza.

P.- ¿Hay que tomar al pie de la letra lo que se ha manifestado, es decir, que le corresponde el rol de destruir lo que existe?

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Acontecimientos

Pregunta – La comunicación recibida el otro día hace presumir, por lo que parece, acontecimientos muy graves. ¿Podrías darnos algunas explicaciones al respecto?

Respuesta – No podemos precisar los hechos. Lo que podemos decir es que habrá muchas ruinas y desolación, pues han llegado los tiempos predichos de una renovación de la humanidad.

P. – ¿Qué causará esas ruinas? ¿Será un cataclismo?

R. – No habrá ningún cataclismo de orden material, tal como lo entendéis, pero flagelos de toda especie asolarán las naciones; la guerra diezmará los pueblos; las instituciones anticuadas se ahogarán en olas de sangre. Es preciso que el viejo mundo se aniquile para que se abra una nueva era para el progreso.

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Jesús y Dios III

“…herederos de Dios y coherederos de Jesucristo.”

En el examen del problema de la identidad de Jesús con Dios, del Hijo con el Padre, es justo y conveniente que auscultemos también, la opinión de los apóstoles. Precisamos conocer el pensamiento, el testimonio de aquellos que fueran, vasos escogidos para el ministerio evangélico.

Dice Allan Kardec, con la prudencia y sensatez que le caracterizan el espíritu, (“Obras Póstumas”, Estudio sobre la naturaleza del Cristo, VI – Opinión de los Apóstoles, FEB, 13ª ed., Pág. 140); “De todas las opiniones, las de mayor valor son, incontestablemente, las de los Apóstoles, dado a que éstos lo asistieron en su misión y dado también a que, si él les hubiese dado instrucciones secretas, respecto a su naturaleza, algunos trazos de esas instrucciones se descubrirían en los escritos de ellos.

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Jesús y Dios II

“Padre mío, en tus manos entrego mi alma.”

El espiritismo va ganando terreno, no solo en los corazones, sino también en la conciencia de la Humanidad, en virtud de la lógica de su Doctrina y de la claridad con que estudia y elucida los problemas de la evolución espiritual. Y como los explica con simplicidad, sus adeptos se ven enfrentados cada día a más variadas exigencias, desde las más simples a las más  complicadas.

Se percibe en el hombre moderno, la ansia por el conocimiento. Y como alguien que está sediento, procura naturalmente, quitar su sed y ven en el Espiritismo, bajo la iluminación del Evangelio, a la fuente generosa que a todos ampara, en la sublime misión de servir. Innegablemente, viene siendo la Doctrina Espírita, el pozo de Jacob de la actualidad.

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Jesús y Dios I

Aquellos que afirman, o por lo menos creen, que Jesús y Dios son la misma entidad se fundamentan sin duda, en las siguientes palabras del Maestro: “Mi Padre y Yo somos Uno.”

Sin embargo, basándonos en esas palabras para afirmarnos en la creencia de que Jesús es el propio Dios, seremos forzosa e inevitablemente compelidos igualmente a equiparar al Maestro con los discípulos, al Cristo con los Apóstoles, pues en el Evangelio según Juan (14:20) está escrito: “…estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”.

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Cuerpo humano

Puede considerarse, por la complejidad de sus funciones y por la finalidad a que se destina, como la maquina más perfecta de la que se tiene conocimiento. Analizándolo, en el contexto de la escala evolutiva del reino animal, lo observaremos en el ápice de la creación en el plano terrestre, por ser el vehículo de manifestación de la máxima inteligencia a través del cerebro y del pleno amor simbólicamente expresado a través del corazón.

Lo que no se puede olvidar es que, tanto su concepción como su perfeccionamiento, funcional y estético, obedecen a un planeamiento superior que, en último análisis, visa proporcionar la oportunidad de evolución del Espíritu en el planeta Tierra. Las células, con sus diferentes formas, dimensiones y funciones, son las unidades constitucionales básicas del cuerpo humano.

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Primera revelación de mi misión. 30 de abril de 1856

(En casa del Sr. Roustan; médium: Srta. Japhet)

Hacía algún tiempo que asistía a las sesiones que se realizaban en casa del Sr. Roustan, y había comenzado allí la revisión de mi trabajo, que posteriormente constituiría El libro de los Espíritus. En una de esas sesiones íntimas, a la que sólo concurrían siete u ocho personas, se conversaba acerca de diferentes cuestiones, relativas a los acontecimientos que podrían conducir a una transformación social, cuando el médium tomó la cesta y escribió espontáneamente lo que sigue:

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Cerca de Dios

Entre el alma, lista para reencarnar en la Tierra, y el Mensajero Divino se entabló un expresivo diálogo:

– Ángel bueno – dijo ella -, ya hice numerosos viajes al mundo. Me cansé de placeres envenenados y posesiones inútiles… Si puedo pedir algo, desearía ahora colocarme en servicio, cerca de Dios, aunque deba hallarme entre los hombres…

– ¿Sabes efectivamente a qué aspiras? ¿Qué responsabilidad buscas? – replicó el interpelado. Cuando fallan aquellos que sirven a la vida, cerca de Dios, la obra de la vida, en torno de ellos, es perturbada en los más íntimos mecanismos.

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Historia de un doméstico

En una familia de alto rango había un joven doméstico cuya figura inteligente y fina nos hizo impresión por su aire distinguido. Nada en sus maneras indicaba bajeza. Su celo por el servicio de sus amos no se parecía en nada a ese obsequio servil propio de las gentes de su condición. Al año siguiente habiendo vuelto a visitar aquella familia no vimos al joven y preguntamos si se había despedido.

Nos contestaron: “No, se fue a pasar algunos días a su país y en él murió. Nosotros lo sentimos mucho, porque era un excelente sujeto, y tenía sentimientos verdaderamente más elevados que su posición. Nos era muy simpático y nos ha dado pruebas del mayor afecto.”

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