Estudiar a Kardec y vivir de acuerdo con sus libertadoras enseñanzas

Cuantos afirman que la obra de Allan Kardec está superada, se equivocan. La realidad es que la Codificación elaborada por el insigne pedagogo y filósofo lionés, bajo la orientación del plano espiritual superior, permanece inédita para la gran mayoría, principalmente para muchos que hoy se encuentran vinculados a las filas del movimiento espírita. Por eso mismo, se impone el imperativo inaplazable de estudiar a los que anhelan conocer la verdad del Cristianismo redivivo, verdad que la Doctrina Espírita restaura en la actualidad terrestre.

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Preparemos el mañana feliz

El tiempo pasa y nos encuentra atados a los deberes, las luchas, las realizaciones, en fin, como un fardo persistente a la condición expiatoria de nuestro mundo. Es habitual ese modo de pensar. Casi siempre se afirma que nuestro mundo es un mundo dolores y de lagrimas sufridas, o que, en la Tierra, todo es dolor, tragedia y lamentación. Se piensa, comúnmente, que el nivel de situación del planeta impone a sus habitantes la convivencia obligatoria con las frustraciones continuas, con las decepciones o desencantos con que tantos se enredan en los caminos.

Se acrecienta, en el rol de dificultades atribuidas al Orbe, que cada día se va tornando más difícil tener amigos verdaderos, en esa escalada creciente de perfidias y de falta de sinceridad.

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Señal de Cristo

En el servicio del Amor Cristiano a que te entregas, no permitas que tus propias limitaciones te impidan accionar. Prosigue en el rumbo del bien, dando felicidad al prójimo, a pesar de estar sediento mientras distribuyes la linfa cristalina, la contribución que nace del sudor y de las lágrimas, lleva la señal que la torna legítima.

Muchos compañeros señalarán tus fallas, procurando inhibir el verbo que colocas a disposición de la buena nueva. ¡Pese a ello, continúa!, bien sabes que cuando el Señor lo considere conveniente, tendrás los labios sellados y en silencio.

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Caridad y raciocinio

¡Todos pensamos en la caridad, todos hablamos de la caridad!…

La caridad, sin duda alguna, es el corazón que habla, sin embargo, en las situaciones difíciles de la vida hay que oír al raciocinio, a fin de que ella sea lo que debe ser.

Nada duele tanto como ver a un ser querido sufriendo bajo los efectos de un cáncer. El corazón llora. Pero si la radiografía sugiere un trabajo operatorio, el raciocinio nos indica someter a ese organismo atormentado a la acción de la cirugía, en una suprema tentativa por lograr su recuperación.

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La sonrisa de la fe

Las cirugías en los niños pequeños dejan a todos, principalmente a los padres, con el corazón en la mano.

Entregar la vida del ser amado en las manos de un extraño, es una tarea de lo más dolorosa.

En un momento, él está allí contigo, jugando, abrazando, divirtiéndose, sin saber lo que le espera más adelante. Luego, está en una camilla del hospital, inconsciente – bajo anestesia general.

Tal vez sea la primera lección de desapego que la vida da a los padres. Y así fue con aquella niñita de tres años. Llegó al hospital, juguetona, a las siete de la mañana, como si fuera un día normal de juegos.

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La tolerancia

-¡Ay, madre! ¡Qué mañana tan hermosa…! Ya tenías tú razón que en el campo se debe madrugar para disfrutar de los encantos que tiene la Naturaleza.

-Me alegro que te convenzas, hijo mío, de que es una ingratitud no levantarse temprano para admirar la grandeza de Dios, porque lo que es la salida del Sol, aunque todos los días es lo mismo, como tú me decías ayer, no por eso deja de ser menos admirable la vida que difunde con su luz, con su calor; parece que el Sol dice a la Humanidad: ¡Buenos días! ¡Buenos días! Ya estoy entre vosotros.

-Sí, mamá, sí; tienes muchísima razón. ¡Estoy contentísimo de haber venido; qué bien hemos almorzado! Pero ahora falta lo mejor; falta la historia.

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Segundo advenimiento del Cristo

43. – Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, que renuncie a sí mismo, cargue con su cruz, y que me siga; –porque aquel que quiera salvar su vida la perderá y aquel que perdiere su vida por amor a mí la reencontrará. ¿Y de qué le serviría a un hombre ganar todo el mundo y perder su alma? ¿A cambio de qué podría el hombre rescatar su alma; después que la hubiese perdido?– Porque el Hijo del hombre debe venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras. En verdad os digo, hay algunos de los que están aquí que no experimentarán la muerte si no hubieran visto al Hijo del hombre venir en su reino. (San Mateo, Cap. XVI, v. del 24 al 28).

44. – Entonces el Sumo Sacerdote levantándose en medio de la asamblea, interrogó a Jesús diciéndole: ¿No respondes en cuanto a lo que éstos atestiguan contra tí? – Mas Jesús permaneció en silencio y nada dijo. El Sumo Sacerdote le preguntó aún, y le dijo: ¿Sois el Cristo, el hijo de Dios bendito para siempre? – Jesús le respondió: Yo lo soy y veréis un día al Hijo del hombre sentado a la derecha de la majestad de Dios y viniendo sobre las nubes del cielo. Luego el Sumo Sacerdote, rasgando su vestidura dijo: ¿Para qué tenemos necesidad de más testigos?” (San Marcos, Cap. XIV, v. del 60 al 63).

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El hilo invisible

Todos sabemos que es muy difícil caminar por esta vida en que vivimos, pues, en la mayoría de las veces, ésta cargada de sufrimientos y desengaños, sin que podamos encontrar un rincón que haya paz y felicidad. En casi todos los hogares de este mundo, si los sufrimientos no vienen de un lado, vienen de otro.

Cuando la parte económica es buena, surgen otros problemas, pero a todos los seres humanos nos llegan los sufrimientos y las pruebas que esta vida nos depara, para que cada cual vayamos dando de sí, lo que se alberga en nuestro interior, y surgen de la forma más sencilla y natural, dentro de la propia familia, con las personas más cercanas, con los compañeros de trabajo, etc.

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