La Semana Santa

¡Semana Santa, que recuerda al hombre
la gran historia que salvara al mundo,
epopeya grandiosa, cuyo nombre
inspira al corazón amor profundo!

¡Suceso que a través de la edades,
hoy conmemora la cristiana grey,
y olvidando las locas vanidades
practican de Jesús la santa Ley!

El mísero bendigo hoy abandona
su triste albergue, y en feliz morada,
el regio manto y la imperial corona,
ante sus plantas mira prosternada!

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El espiritismo no es un fenómeno

Hay que reconocer que todo lo que toca nuestra pobre humanidad, lo reduce a su misma pequeñez y a su nivel mezquino y miserable. La idea sublime y grandiosa que desciende de lo alto, para mitigar los crueles sufrimientos de los hombres, se cubriría de lodo, si ello pudiera ser, es decir, si la esencia de donde procede ese ideal le permitiera mancharse. Lo dijo Víctor Hugo: “La gota de rocío que pende de las hojas de las plantas como líquido brillante, se transforma en barro, al tocar nuestro mísero suelo”.

¡Pobres humanos! ¡Cuán atrasados, cuán pequeños y cuán imperfectos somos! El Espiritismo no podía escapar a esa intrusión, digámoslo así, de la pequeñez humana en su grandeza; del fanatismo ignorante de los hombres, en su transparente claridad. Pero, lo repetimos: A pesar de todo, sigue inmutable su marcha ascensional y bienhechora, porque procede de la Fuente de todo amor y poder, y como obra divina, no puede ser detenido su paso hacia adelante.

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El olvido

Entre los dones que el eterno hiciera
a su modelo, a su mejor hechura,
para que goces su existir tuviera
y a su Creador amase la criatura;
para que su grandeza comprendiera
y fuese resignada en su amargura;
presente de valor harto crecido
se dignó dar al hombre, en el olvido.

Tal vez alguno al escuchar mi acento
de mis palabras con desdén se ría,
pues solo en el olvido halle el tormento
que a la humana razón, tanto extravía…
Mi aserto he de probar, para ello cuento
no con frases brillantes de poesía,
que solo busco protección y ayuda
en decir la verdad lisa y desnuda.

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A mi querida amiga La Sra. Dª Adela Cruz de Séneca

¡Cuánto tiempo hace ya! Tras densa bruma
te vi desaparecer dulce y riente,
y al contemplar del mar la blanca espuma
mi corazón suspira tristemente.

Tal vez ya nunca de tus negros ojos
extasiarme podrá tierna mirada,
ni formen para mí tus labios rojos
una sonrisa dulce y delicada.

Tu misma estrella iluminó mi cuna,
y a su fulgor incierto, triste y frío;
contemplamos, las dos, de la fortuna
su tinte melancólico y sombrío.

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El álbum de Estefanía

Guardas en blanco la primera hoja
del libro virginal de tus amores,
para que en ella deje mi congoja
una hoja seca entre tan bellas flores

Más tú lo quieres, con sencillo acento
les pides ecos a mi pobre lira.
¡En la brisa leerás mi pensamiento…
Que siempre el aura de dolor suspira

Yo suspiro también: guardo en mi alma
un sentimiento de dolor profundo.
¡Un desengaño arrebató mi calma
y un cementerio me parece el mundo!

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Improvisación

Mujer de corazón, genio eminente,
ensueño realizado del poeta;
tú haces latir el corazón doliente
en el dolor inmenso de “Violeta”.

Yo he visto otras mujeres, que han cantado
resonando su voz en el vacío;
pero que en nuestra mente no han dejado
más que un recuerdo indiferente y frío;

Más tú no eres así, sabes del alma
despertar las dormidas emociones;
por ti se llora la perdida calma
y se abrigan de amor las ilusiones.

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El poeta

Es un destello sagrado
de un gran Ser Omnipotente,
y si ese mundo ha brillado
es porque luz le ha prestado
el esplendor de su frente.

Él como padre amoroso
olvida la ingratitud,
y siempre noble y grandioso
muestra al hombre vanidoso
el germen de la virtud.

Va aliviando el padecer
en su azarosa misión,
porque es el poeta un ser,
que al mundo le da placer
llorando su decepción.

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El oro y el talento

En el sagrado templo del destino
el oro y el talento se encontraron,
y parándose un rato en su camino
con arrogante audacia se miraron.

¿A dónde vas cansado peregrino?
Los labios mofadores pronunciaron
del oro seductor: ¿vas tras la gloria
esa vana creación de la memoria?

Me inspiras compasión siempre anhelando,
siempre corriendo en pos de la esperanza;
siempre consuelo a tu dolor buscando,
y siempre padecer tu vista alcanza

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A la memoria de mi padre

Eras joven, feliz, pero la muerte
tendió sobre tu sien su mano fría:
¿Por qué habrá sido tan fatal tu suerte?
¿Por qué tan horrible tu agonía?…

Tu vida de placer y de ventura,
tu existencia de goces y de encanto.
¡Quién dijera que muerte prematura
te hiciera derramar copioso llanto!

Cuando reconociste que la hora
era llegada de fatal partida,
exclamaste con voz desgarradora:
“¿Cuál será? ¡Oh cielos, mi segunda vida!

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