Palabras del sembrador

Sembrador de la vida, siembra la buena simiente, los corazones en la Tierra se asemejan, muchas veces, a la propia tierra.

No maldecirás al desierto porque exhiba espectáculos de sequedad.

Le darás el consuelo de la fuente.

No aplastarás los propios dedos en las piedras del campo.

Removerás el obstáculo, amparando la era.

No impedirás el barro del charco.

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En el tesoro de las horas

Amigos míos, en nuestras reuniones del Espiritismo Evangélico, no nos olvidemos de la buena voluntad y de la cooperación.

Quince minutos de amparo fraternal, a través de la conversación educativa, representa un valioso tiempo en la construcción del bien.

Los orientadores de la Vida Mayor no se expresan junto a nosotros exclusivamente a través de la máquina mediúmnica, especializada en sus funciones técnicas. Más que eso, se aproximan a nuestra expresión verbal y toman la palabra por hilo de transmisión de enseñanzas preciosas, o por vehículo de medicación eficiente a los que nos acompañan, deteniendo problemas más asfixiantes que los nuestros.

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Más allá de la carne

Después de la muerte del cuerpo:

La frase amiga que hubiéramos proferido en el estímulo al bien, será un fragmento armonioso del cántico de nuestra felicidad.

La opinión caritativa que formulamos acerca de los otros, se convertirá en recurso de benignidad de la Justicia Divina, en el examen de nuestros errores.

 El pensamiento de fraternidad y comprensión con que nos acordamos del prójimo se transformará en factor de nuestro equilibrio.

El gesto de ayuda a los hermanos de nuestro camino nos ofrecerá la sublime cosecha de alegría.

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Confianza reciproca

Muchos compañeros en la Tierra se declaran indignos de trabajar en la mies del Bien, alegando que no merecen la confianza del Señor, cuando la lógica patenta otra cosa. Si el Señor no te observase la devoción afectiva, no te entregaría la formación de la familia, en cuya intimidad, criaturas diversas te aguardan cariño y cooperación; si no te apreciase el espíritu de responsabilidad, no te permitiría desenvolver tareas de inteligencia, a través de las cuales influyes un gran número de personas; si no creyese en tu nobleza de sentimientos, no te induciría a sublimar principios y actitudes, en la realización de las buenas obras, con las cuales aprendes a extenderle, en el mundo, el reino de amor; si no te reconociese el sentido de la elección, no te llevaría a examinar teorías del bien y del mal, para que abraces libremente el propio camino; si no te aceptase el discernimiento, no te facultaría la obtención de este o aquel título de competencia, con el cual consigues aliviar, mejorar, instruir o elevar la vida de los semejantes.

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Cree y sigue

«Así como tú me enviaste al mundo, también yo los he enviado al mundo.» —Jesús. (Juan, 17:18.)

Si abrazaste, mi amigo, la tarea espirita-cristiana, en nombre de la fe sublimada, sediento de vida superior, recuerda que el Maestro te envió el corazón renovado al vasto campo del mundo para servirlo.

No sólo enseñarás el buen camino. Actuarás de acuerdo con los principios elevados que pregonas. Dictarás directrices nobles para los demás, con todo, marcharás dentro de ellas, a tu vez. Proclamarás la necesidad de buen ánimo, pero siguiendo, adelante por el camino, sembrando alegrías y bendiciones, aun cuando seas incomprendido de todos.

No te contentarás en distribuir monedas y beneficios inmediatos. Darás siempre algo de ti mismo al que necesita.

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Ante los que partieron

Ningún sufrimiento en la Tierra será quizás comparable al de aquel corazón que se inclina sobre otro corazón congelado y querido que el ataúd transporta hacia el gran silencio. Ver la niebla de la muerte estamparse, inexorable, en la fisonomía de los que más amamos, y cerrarles los ojos en el adiós indescriptible, es como despedazar nuestra alma y proseguir viviendo. Digan aquellos que ya estrecharon contra el pecho un hijito transfigurado en ángel de la agonía; un esposo que se despide, buscando en vano mover los labios mudos; una compañera cuyas manos consagradas a la ternura cuelgan extintas; un amigo que cae desfallecido para no levantarse más, o un semblante materno acostumbrado a bendecir, y que nada más consigue expresar sino el dolor de la extrema separación, a través de la última lágrima.

Hablen aquellos que un día se inclinaron aplastados de soledad, frente a un túmulo; los que se arrastraron rezando en las cenizas que recubren el último recuerdo de los entes inolvidables; los que cayeron atravesados de añoranza cargando en el seno el esquife de sus propios sueños; los que tocaron, gimiendo, la losa inmóvil, y los que sollozaron de angustia en lo íntimo de sus pensamientos preguntando en vano por la presencia de los que partieron.

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Cuando sufrieres

¡Cuando sufrieres, medita en el indefinible poder de renovación que se engendra en los vencidos!…

Los gritos burlones con que festejaban los triunfos los déspotas de la antigüedad, han desaparecido; ellos tomaron el camino piadoso de la muerte y el de las cenizas que apagaron su ingrata memoria; pero la justicia tomó las lágrimas de cuantos cayeron bajo sus carros de guerra sangrientos para esculpir con ellas las leyes que, ennoblecen a la humanidad.

Los sarcasmos de los que traficaban con la vida de sus semejantes fueron sepultados en la estrechez de los sepulcros; pero el llanto de los esclavos, provocado por el látigo implacable del cautiverio, clarificó la visión de las naciones conscientes para que pudieran contemplar la luz inextinguible de la libertad.

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Contra la insensatez

¿Sois vosotros tan insensatos que, habiendo comenzado por el Espíritu, acabéis ahora por la carne?» — Pablo. (Gálatas, 3:3.)

Uno de los mayores desastres en el camino de los discípulos es la falsa comprensión con que inician el esfuerzo en la región superior, marchando en sentido inverso hacia los círculos de la inferioridad. Dan, así, la idea de hombres que partiesen a la procura de oro, contentándose, enseguida, con el lodo del charco. Semejantes fracasos se hacen comunes, en los distintos sectores del pensamiento religioso.

Observamos enfermos que se dirigen a la espiritualidad elevada, alimentando nobles impulsos y tomados de preciosas intenciones; conseguida la cura, revelan, todavía, la mejor manera de aplicar las ventajas obtenidas en la adquisición del dinero fácil.

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Contra la insensatez

¿Sois vosotros tan insensatos que, habiendo comenzado por el Espíritu, acabéis ahora por la carne?» — Pablo. (Gálatas, 3:3.)

Uno de los mayores desastres en el camino de los discípulos es la falsa comprensión con que inician el esfuerzo en la región superior, marchando en sentido inverso hacia los círculos de la inferioridad. Dan, así, la idea de hombres que van a la búsqueda de oro, contentándose, enseguida, con el lodo del charco. Semejantes fracasos se hacen comunes, en los distintos sectores del pensamiento religioso.

Observamos enfermos que se dirigen a la espiritualidad elevada, alimentando nobles impulsos y tomados de preciosas intenciones; conseguida la cura, revelan, sin embargo, la mejor manera de aplicar las ventajas obtenidas en la adquisición del dinero fácil.

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