El deber

denis_1_okLa práctica constante del deber nos conduce al perfeccionamiento. Para acelerar éste, conviene primero estudiarse a sí mismo con atención y someter nuestros actos a un juicio escrupuloso. No se puede remediar el mal sin conocerlo. Podemos, incluso, estudiarnos en los demás hombres. Si cualquier vicio, si cualquier enojoso defecto nos choca en ellos, indaguemos con cuidado si existe en nosotros un germen idéntico, y, si lo descubrimos, dediquémonos a arrancárnoslo.

Consideremos nuestra alma como lo que es realmente, es decir, una obra admirable, aunque muy imperfecta, y hemos de notar que estamos en el deber de embellecerla y adornarla sin cesar. Este pensamiento de nuestra imperfección nos hará más modestos y alejará de nosotros la presunción y la necia vanidad.

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Perdida de seres queridos

LedenisSi existe una prueba penosa es la pérdida de los seres amados, cuando uno tras otro se les ve desaparecer, arrebatados por la muerte, entonces comienza a nuestro alrededor la soledad llena de angustias.

Estas separaciones, aunque momentáneas, nos ponen de manifiesto la puerilidad de nuestras preocupaciones materiales, y nos invitan a prepararnos para emprender nuestro gran viaje hacia la Vida Espiritual.

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El Espiritismo y la Guerra

LedenisUn velo de tristeza y de duelo cubre y se extiende sobre el país que sufre una guerra. Muchos son los hermanos que lloran por la perdida de sus seres amados. Es preciso en presencia de tal cúmulo de males proyectar el pensamiento hacia los principios eternos que rigen a las almas y a las cosas. Solo en el Espiritismo encontramos la solución de los múltiples problemas que un drama así plantea, en el beberemos los consuelos capaces de mitigar el dolor. Muchos son los que preguntan:

– ¿Por qué permite Dios tantos crímenes y calamidades?.

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El Espiritismo y la Mujer

LedenisSe encuentran, en ambos sexos, excelentes médiums; es la mujer, sin embargo, en la que parecen otorgadas las más bellas facultades psíquicas. De allí el eminente papel que le está reservado en la difusión del nuevo Espiritualismo.

Observando las imperfecciones inherentes a toda criatura humana, no puede la mujer, para quien la estudia imparcialmente, dejar de ser objeto de sorpresa y alguna veces de admiración. No es únicamente en sus trazos personales que se realizan, en la Naturaleza y en el Arte, los tipos de belleza, de la piedad y de la caridad; en lo que se refiere a los poderes íntimos, la intuición y la adivinación, siempre fue ella superior al hombre. Es entre las hijas de Eva que la antigüedad obtuvo sus célebres videntes y sibilas. Esos maravillosos poderes, esos dones de lo Alto, la Iglesia entendió, en la Edad Media, que debía avistar y suprimir, mediante los procesos instaurados contra lo que se llamó brujería.

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El estudio

LedenisEl estudio es la fuente de dulces y nobles goces; nos libera de las preocupaciones vulgares y nos hace olvidar los males de la vida. El libro es un amigo sincero que nos pone buena cara lo mismo en los días felices que en los de mala fortuna. Hablamos del libro serio, útil, que instruye, consuela y reanima, y no del libro frívolo que distrae y con harta frecuencia desmoraliza.

No se penetra lo bastante en el verdadero carácter del buen libro. Es como una voz que nos habla a través del tiempo y nos relata los trabajos, las luchas y los descubrimientos de aquellos que nos precedieron en el camino de la vida, y que en provecho nuestro suavizaron sus asperezas. ¿No constituye una de las escasas felicidades de este mundo el poder comunicar por medio del pensamiento con los grandes espíritus de todos los siglos y de todos los países?

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El fin supremo

denis_1_okHombre, mi hermano, ten fe en tu destino, porque es grande. Naciste con facultades incultas, aspiraciones infinitas, y la eternidad se te consagra para desarrollar las unas y satisfacer las otras. Crecer de vida en vida, alumbrarte por el estudio, purificarte por el dolor, adquirir una ciencia siempre más vasta, calidades siempre más nobles; he aquí lo que está reservado para ti.

Dios hizo más todavía por ti, te dio los medios de colaborar en su obra; de participar en la ley del progreso ilimitado, abriendo nuevas vías a tus semejantes, elevando a tus hermanos, atrayéndoles a ti, iniciándoles a los esplendores de la verdad y de la belleza, a las sublimes armonías del universo.

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El gran problema del mundo

Ledenis“Todo el mundo reconoce hoy la necesidad de una educación moral capaz de regenerar a la sociedad y de sacar a Francia (y al mundo) del estado de decadencia que, acentuándose cada día, amenaza llevarlos a la caída y a la ruina.

Durante largo tiempo se ha creído hacer bastante con difundir la instrucción, pero la instrucción sin la enseñanza moral es impotente y estéril. Ante todo, es menester hacer del niño un hombre, que conozca sus deberes como conoce sus derechos. No basta desarrollar las inteligencias, es preciso formar los caracteres, fortificar las almas y las conciencias.

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El orgullo, riqueza y pobreza

denis_1_okDe todos los vicios, el más temible es el orgullo, pues siembra tras de sí los gérmenes de casi todos los demás vicios. En cuanto ha penetrado en un alma como en una plaza conquistada, se adueña de ella, se acomoda a su gusto y se fortifica en ella hasta el punto de hacerse inexpugnable. Es la hidra monstruosa siempre preñada y cuyos vástagos son monstruos como ella.

¡Desgraciado el hombre que se dejó sorprender! No podrá liberarse sino a costa de terribles luchas, a consecuencia de sufrimientos dolorosos, de existencias oscuras, de todo un porvenir de envilecimiento y de humillación, pues este es el único remedio eficaz para los males que engendra el orgullo.

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Espíritu y materia

Leon-DenisNo hay efecto sin causa; nada procede de nada. Estos son los axiomas, es decir las verdades indiscutibles. Entonces, como se comprueba en cada uno de nosotros la existencia de fuerzas, de potencias que no pueden estar consideradas como materiales, es necesario, para explicar la causa, remontarnos a otra fuente distinta a la materia, a este principio que nombramos alma o espíritu.

Cuando, descendiendo en el fondo de nosotros mismos queremos aprender a conocernos, a analizar nuestras facultades; cuando, apartando de nuestra alma la espuma que acumula allí la vida, el envoltorio espeso cuyos perjuicios, errores y sofismas revistieron nuestra inteligencia, penetramos en los dobleces más íntimos de nuestro ser, nos encontramos allí cara a cara con estos principios augustos sin los cuales no habría grandeza para la humanidad: el amor al bien, el sentimiento de la justicia y del progreso.

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Fe, esperanza y consuelos

LedenisLa fe es la confianza del hombre en sus destinos, el sentimiento que le lleva hacia el Poder infinito; es la certidumbre de haber entrado en el camino que conduce a la verdad. La fe ciega es como un farol cuyo rojo resplandor no puede traspasar la niebla; la fe esclarecida es un faro poderoso que ilumina con una viva claridad el camino que se ha de recorrer. No se adquiere esta fe sin haber pasado por los tormentos de la duda, por todas las torturas que vienen a sitiar a los investigadores. Éstos no obtienen más que una abrumadora incertidumbre, y flotan durante mucho tiempo entre dos corrientes contrarias. ¡Dichoso el que cree, sabe, ve y camina de un modo seguro! Su fe es profunda, inquebrantable. Le hace capaz de salvar los mayores obstáculos.

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