Historia de un presidiario

amaliadsYo quisiera, hijos míos, procuraros toda la luz que necesitan vuestras inteligencias para que podáis dar en la actual existencia un paso agigantado en el camino de vuestra vida hacia la perfección infinita que tanto anheláis.

Me he propuesto, desde el espacio, contaros historias reales de la vida, para que, deleitándoos, su lectura no os canse y sepáis encontrar en ellas el verdadero sentido, el fondo íntimo, que manifiestan estas mis narraciones de ultratumba. Leedme, pues, en espíritu, y dejad la letra. Y, como me he propuesto, repito, ser vuestra Madre y Maestra, cariñosamente unas veces, enérgica otras, trataré de inculcaros, en mis historietas, las ideas de amor y enseñanza, que son la base eterna del progreso del espíritu. Empiezo:

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Historia de dos almas. Part 2

Amalia– «Siéntate y descansa, me dijo mi guía, y todo cuanto se te presente, asiéntalo y guárdalo en tu libro de memorias.»

Así lo hice. Y ahora aprovecho la ocasión que se me presenta con esta linda historieta, para dar nueva vida a lo que ya un día había sido mío.

Estando escribiendo y tomando apuntes del natural, pensaba: Si ya no dispongo de un cuerpo para poder escribir ¿qué haré yo con estos apuntes, si de nada me han de servir? Y entonces oí a mi guía que me hablaba:

—«Mujer de poca fe, ¿acaso, en la tierra, para escribir, no necesitabas: tú la inspiración de los de arriba? Pues ahora, en lugar de esperar la inspiración, serás tú quien la darás; y no te faltarán en la tierra seres afines a ti que la reciban.»

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Historia de dos almas

amalia-domingo-soler-399Como todo mi afán ha sido constantemente buscar el porqué de los acontecimientos de la vida, siempre recuerdo, entre tantos, uno que me había preocupado bastante; y es el de una amiga da la infancia con la que había mezclado mis juguetes durante nuestros infantiles juegos y, por lo tanto, nos teníamos muchísimo cariño.

Pasando de la infancia a la edad de las ilusiones, recuerdo que mi amiga, siempre que de amores se trataba, me decía:

—¡Ay, Amalia!, tú ya ves cómo me asedian mis adoradores, pero yo no siento simpatía ni amor por ninguno de ellos, y sí oigo, como si una voz oculta me; dijera:

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El buen espiritista

amaliadsEl buen espiritista, no es el que visita los centros donde puede satisfacer mejor su curiosidad, sino el que se une a una agrupación para prestar toda suerte de servicios a la misma y contribuir a que progrese en todos los sentidos, tomando parte muy activa, según lo permitan sus fuerzas, tanto en la instrucción moral y material de sus asociados, como en practicar obras de virtud, sosteniendo al desvalido y enseñando al que no sabe o al que sabe menos.

¿Qué méritos puede tener el espiritista que espera al día de la sesión para pasar un rato de simple  espectador, aplaudiendo o murmurando después, de las facultades buenas o malas de los médium, estableciendo comparaciones y fomentando la rivalidad entre los centros? Vale mucho más dedicarse algunos días de la se mana al estudio, que nos ha de llevar al conocimiento de lo que se debe hacer en las sesiones, para su mayor progreso, acostumbrándose a conocer ese mundo espiritual que nos rodea constantemente; poder salvar los escollos que tiene la práctica del mediunismo y saber distinguir a los espíritus que vienen en misión de instruirnos, de los que sólo acuden afectando diferentes formas con refinada hipocresía y con el deliberado propósito de poner la discordia entre los hermanos de una misma creencia.

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El amor es un mito

amaliadsEra una noche hermosa de verano, cuando estábamos varios amigos reunidos en el Salón del Prado, en Madrid, junto a la fuente de las Cuatro Estaciones. No sé por qué, nos dio la humorada de hablar sobre el Espiritismo y el amor. La discusión era muy animada: casi todos se reían a costa del amor y del Espiritismo, echando a volar disparatadas ocurrencias y chistes graciosísimos, a que tanto se prestan las dos sublimidades, miradas a ras de tierra. Nos llamó la atención la mudez de Leopoldo, el más dicharachero y el más elocuente de todos otras veces. Este joven es ilustrado y conocido escritor. Le preguntaron:

-¿Qué le sucede, señor trapense?, ¿está usted enfermo?

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Estrella

AmaliaFue una hermosa niña a quien hace tres años inscribieron en el registro civil con tan precioso nombre; sobre su blanca frente no cayó el agua del bautismo, y creo que sus miradas no se habrán fijado en ningún altar. ¿Para qué, teniendo los brazos de su tierna madre y las apasionadas caricias de un amantísimo padre?

Entre esos mismos fue creciendo llena de vida, rebosando salud y robustez. ¿A qué enseñar a la niña figuras de madera y decirle que son tal o cual santo o la misma madre de Dios, amante y protectora de los niños, si ella estaba rodeada de todo el amor que humanamente se encuentra sobre la Tierra? No necesitaba que le contaran historias más o menos fabulosas, siendo ella la protagonista real de un poema de amor. Tres años ha permanecido Estrella en este mundo, adorada de sus padres y de sus abuelos, mimada y querida de sus hermanos.

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El evangelio

AmaliaA mi querido hermano en creencias Doctor Eduardo de los Reyes

¿Por qué misterio extraño, cuando un amor profundo nos presta nueva vida que inflama el corazón por recompensa hayamos en este pobre mundo, afecto compasivo o amarga decepción?. ¿Por qué en constante lucha miramos en la tierra la helada indiferencia y el amoroso afán?. ¿Por qué siempre sostienen encarnizada guerra afectos posteriores con otros que se van?. Y cuando por ventura dos almas se adivinan y logran confundirse formando un solo ser, y locos, delirantes, frenéticos caminan libando en su delirio la copa del placer. ¿Por qué la muerte airada destruye con premura la vida de uno de ellos con rapidez fatal?. ¿Por qué serán tan breves las horas de ventura?. ¿Por qué es el infortunio, la herencia del mortal?.

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¡Susana!

amaliaVoy a referir agrandes rasgos, una verídica historia, que ha dormido en mi mente algunos años y que quizá hubiera permanecido inédita muchos más, si un incidente, al parecer casual, no hubiese dado vida a mis aletargadas reminiscencias.

Por espacio de dos o tres meses, he visto todas las mañanas, temprano, a una niña de unos diez años, llamada Antonieta, que estaba sirviendo en una vaquería: venía a traerme un jarro de leche, y me llamaba la atención la rudeza de sus modales, pues Antonieta, al verme, ni siquiera me daba los buenos días. Endeble y raquítica, tenía toda la vida en los ojos, cuya mirada era dulce y triste. Dirigíale yo siempre frases cariñosas, y ella no hacía más que sonreírse.

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Ciento cincuenta años

amalia«Ha muerto en Belgoroff (Rusia) un mendigo de ciento cincuenta años, cuya vida novelesca e interesante tiene episodios realmente fantásticos. Este hombre, llamado Andrés Basisikoff, comenzó a mendigar desde los quince años. Primero se hizo el manco, después el sordo, luego el cojo, más tarde el ciego, y desde los sesenta años en adelante hacía un sordomudo casi perfecto. «Pues bien, por virtud de tales engaños, el bueno de Andrés Basisikoff consiguió reunir una fortuna de varios miles de rublos, con la cual adquirió tres posadas que puso a nombre de uno de sus hijos, sin perjuicio de seguir pidiendo como cualquier pelele.

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Por gratitud

amaliaDe Reillo (Cuenca) me escribe un espiritista, diciéndome que en dicha localidad, vivía un matrimonio completamente dichoso, en unión de su única hija, hermosa niña de 13 años, inteligente, juiciosa, discreta, cariñosa, reuniendo, en fin, todas las buenas cualidades que puede tener un ser en la tierra; y cuando eran más felices, cuando todo sonreía en torno de ellos, una noche, la niña se acercó inadvertidamente a un mechero de gas que iluminaba la escalera de su casa y sus vestidos ardieron rápidamente, y fueron inútiles cuantos esfuerzos emplearon sus padres y vecinos para apagar las llamas, la niña murió carbonizada y sus padres están completamente desesperados, desean ardientemente saber el porqué de una muerte tan temprana y tan horrorosa, siendo la niña tan buena, que era el símbolo de la perfección humana.

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El génesis y la ciencia

amaliadsNo diremos que las hipótesis sentadas por los grandes sabios, lleven todas ellas el sello de la verdad absoluta que nunca será patrimonio del hombre; porque entonces éste se igualaría a Dios; y siempre habrá tanta distancia de Dios al hombre, como de lo infinito a lo infinitesimal. Esa eterna línea divisoria existirá en todas las edades, mas no por esto el trabajo de la inteligencia humana deja de ser admirable, encantador, asombroso, sorprendente. Nada más bello, nada más grande, nada más sublime y más consolador, que ver los titánicos esfuerzos de esas imaginaciones generosas, que con una ingeniosidad y actividad, y con un afán incansable, dedican todo el tiempo a estudiar los grandes principios que sirven de base a la vida de la humanidad. Qué importa que el fruto de todos esos trabajos no esté aún completamente sazonado, si el fruto, en razón de la verdad suprema, nunca estará al alcance de la inteligencia del hombre.

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