Al compañero espirita

emmanuel..1Afirma Allan Kardec que se reconoce al verdadero espírita en su transformación moral y en los esfuerzos que realiza para dominar sus malas inclinaciones. Quien se transforma por dentro piensa en sí mismo, y quien razona sobre sí rompe las amarras de los preconceptos y asciende a los grados de la renovación por las vías del Espíritu y con el rumbo hacia el conocimiento superior.

Es por eso que el raciocinio lógico te sacó de los ámbitos de las incertidumbres. Ya no son más para nosotros los claustros nebulosos de la fe petrificada, en lo que se desenvolvía nuestro entendimiento en multimilenaria gestación.

Cesó ya para nosotros la nutrición mental por endósmosis en el vientre de los pensamientos convencionales. Sin embargo, por el hecho de estar cambiando insensatamente en tu nivel evolutivo, casi siempre te encuentras en la más dolorosa sociedad, la sociedad de los que trabajan en el mundo por el beneficio del mundo, inadaptados al mundo y sin que éste los reconozca y comprenda.

Hablas y frecuentemente tus palabras vuelan sin eco.

Actúas y tus acciones nobles sufren a menudo el menosprecio de tus seres más queridos.

Liberas tu propia alma esclavizándote a deberes mayores.

Auxilias desdeñado.

Comprendes sin hacer críticas.

Trabajas padeciendo.

Consuelan y flagelan tus sentimientos.

Cultivas el bien y arrasan tu sembrado.

Importa comprender, no obstante, que cuantos consumen sus energías en el cumplimiento del bien se transforman en luz viva, y los que conquistan tal virtud nunca más morarán en las tinieblas.

Continúa adelante, pues, con tu trabajo por la conquista de la luz, porque así las tinieblas no han de empañar indefinidamente los valores del Espíritu. Si te preocupas por las grandes dificultades que tienes, reflexiona en la semilla que penetra en la tierra oscura para perpetuar y garantir la continuidad de la vida; pero si el ejemplo de un ser pequeñito no te satisface, medita en la enseñanza del mayor y más glorioso Espíritu que anduvo por los caminos terrenos.

Él transitó por esta estancia de los hombres sin tener un lugar seguro donde reposar. Al nacer fue atendido compartiendo el albergue con los animales; mientras estuvo encarnado en la tierra no tuvo techo fijo bajo el cual resguardar su cuerpo; transmitió su mensaje liberador en recintos que le ofrecieron en el momento, y en razón de que las tinieblas no soportaban sus fulguraciones de eternidad y porque no deseaban su presencia, caído en medio de ellas, procedieron a suspenderlo de la cruz para que se extinguiese entre dos mal vivientes.

Él, mientras tanto, ni el más leve reproche profirió, y cual ocurre con la semilla que reposa multiplicada de la retorta oscura a la que fue relegada para trasformar el encierro en pan redivivo, Jesús también, al 3º día del supremo desprecio volvió a al plenitud de su amor, y al convertirse su sacrificio en luz renaciente retomó la obra de concordia y de fraternidad en la Tierra, diciendo a sus compañeros sorprendidos y asustados; “Que la paz sea con vosotros”.

Espíritu Emmanuel/Andre Luiz
Medium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro «Opinión espírita»

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