El camino XIX

ocultoLEONARDO estaba perplejo. Entendía, ahora, las visitas del Maestro Invisible. Tenía el rostro bañado en lágrimas y el corazón entristecido. Pero, como no guardaba perfecta comprensión de todo, se arriesgó a considerar, aun:

-Señor, reconozco que no respeté las señales que me distes. Estaba ciego… Perdóname y ayúdame, por amor al Padre de Bondad Infinita…

Los sollozos de amargura intima lo obligaron a un pequeño intervalo. El jovencito, pues, creó fuerzas nuevas y preguntó:

– ¿Con todo, Señor, y el camino para el Cielo?

Jesús, entonces, sonrió benevolente y esclareció:

-El camino celeste es el día que el Padre nos concede, cuando aprovechado por nosotros en la práctica del bien. Cada hora, de ese modo, se transforma en bendecido trecho de ese camino divino, que andaremos hasta el encuentro con la grandeza y la perfección del Supremo Creador, y cada oportunidad de buen servicio, durante el día, es una señal de la confianza de Dios, depositada en nosotros. Quien aprovecha la oportunidad de ser útil, camina para lo Alto y avanza en la senda sublime, pero los que huyen del trabajo edificante pierden el tiempo y se demoran en la retaguardia, luchando con los peligrosos monstruos de la pereza y del mal.

El Maestro hizo una larga pausa y, después, acariciando la frente de Leonardo, que se deshacía en llanto, pregunto:

– ¿Por qué huiste de la ocasión de ser bueno, hijo mío?

Espíritu Veneranda
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Camino Oculto”
Traducido por Jacob

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