El reencuentro XVII

ocultoSE ESFORZABA por salir, cuando escuchó la misma voz de la noche anterior: ¡Leonardo! ¡Leonardo!

Estaba el Señor delante de él, más bello que nunca. El jovencito cayó de rodillas, pero notó que Jesús no tenía la misma alegría de antes. Parecía triste, muy triste. Mostraba en los ojos profundos y sublimes el llanto que no llegaba a caer. Y hasta la Naturaleza parecía comulgar con el Maestro, porque las aves silenciaron y las olas bulliciosas y limpias del lago inmenso se aquietaron, de manso, obedeciendo a un extraño poder.

Leonardo quiso preguntar por el motivo de tanta modificación, pero le faltó valor. Jesús lo contemplaba con infinita dulzura, aliada, pues, la decepción tan grande, que Leonardo se inclinó para el suelo, le abrazo los pies, humillado y lloroso.

Como Jesús nada dijo, el jovencito se explicó, tímido:

-Señor, te esperé en vano el día entero… ¿Porque no viniste a enseñarme el camino del Cielo, tu que eres bueno y poderoso? ¿Por qué no me diste las señales prometidas?

-¿Cómo? – exclamo el Cristo, sorprendido, te di el camino celeste y, por diez veces, te indiqué las señales de la revelación divina. Entretanto, no quisiste ver. Trabaje contigo, de balde, horas enteras, insistiendo para que vieras y comprendieras…

Leonardo abrió mucho los ojos lacrimosos y preguntó:

– ¿Qué dices, Señor? …

Espíritu Veneranda
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Camino Oculto”
Traducido por Jacob

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.