La oración de la noche XV

ocultoERA tarde, cuando volvió a casa.

Lo esperaban los padres cariñosos para una leve cena.

Observando que el día terminaba, sin que Jesús viniese, en persona, a enseñarle el camino del Cielo, Leonardo se mantenía enfadado y testarudo.

A la noche, cuando su madre lo llamó para la oración de gracias, respondió, nervioso:

– ¿Para qué rezar más? El día pasó sin que Jesús cumpliese la promesa… Esperé, ansioso, que me viniese a revelar la senda celestial.

Iba a lloriquear, pero la palabra materna acudió, consoladora:

– ¡No te enfades, hijo mío! El Maestro, ciertamente, espera que mejores el corazón.

Herido en la vanidad, el jovencito no se contuvo:

– ¡Ah! -dijo, irrespetuoso – ¿quieres decir que soy malo, que no cumplo con mis deberes? ¿quieres decir que soy perverso?

Cerrando los puños, gritaba, irritado:

– ¡No lo soy! ¡no lo soy!

Calmándolo, añadía la madre desvelada:

-No te estoy acusando, hijo mío. Sé que debemos confiar en tu carácter, reconozco que has sido correcto en las obligaciones diarias, pero no podemos esperar que Jesús venga hasta nosotros, sin perfeccionarnos el corazón.

Contempló a Leonardo, bondadosa y acentuó:

-No podemos hacer tan gran trabajo en un solo día.

Consolado por la paciencia materna, él oró de mala voluntad y se acostó.

Espíritu Veneranda
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Camino Oculto”
Traducido por Jacob

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