La comida XI

ocultoLUEGO después, entró Leonardo en casa, donde esperó al padre para la comida. Ni siquiera miró para su madre que ahí precipitada, de un lado para otro, atenta a los preparativos de la comida.

Temiendo el trabajo, se cerró en el cuarto, hasta que la voz materna se hiciera escuchar a la puerta, llamándolo cariñosamente.

El padre ya había llegado, preparándose para la comida. Venia sudado, pero alegre, cargando dos cestos pesados de fresas, zanahorias, bananas y piñas. Pero Leonardo, se mantenía distante de cualquier expresión de reconocimiento y ni se dignó a mirar las frutas.

Puesta la mesa en un mantel muy limpio, de balde su madre le recomendaba compostura y silencio.

El jovencito lloriqueaba, entre lamentaciones y palabras feas.

– ¿Dónde está mi bistec? – reclamaba, gritando, en vista de la ausencia de la carne.
– ¿Sírvete dos huevos, hijo mío? – decía su madre cariñosa y buena.
– ¡No quiero! ¡No quiero!… -exclamaba el hijo ingrato.
– Las zanahorias y patatas están excelentes- acentuaba la señora con desvelo.

El pequeño malcriado, sin embargo, lejos de corresponder a la bondad de los padres, abandonó la mesa precipitadamente, dirigiéndose para la cocina, donde bebió casi un litro de leche a escondidas.

Espíritu Veneranda
Médium Francisco Cándido Xavier
Extraído del libro “Camino Oculto”
Traducido por Jacob

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