El Dr. Demeure

KardecMuerto en Albi (Tara) el 25 de enero de 1865. El Sr. Demeure era un médico homeópata muy distinguido de Albi. Su carácter, tanto como su saber, le había conquistado la estimación y la veneración de sus conciudadanos. Su bondad y su caridad eran inagotables y a pesar de su avanzada edad, ningún trabajo le costaba ir a prestar sus cuidados a los pobres enfermos.

El precio de sus visitas era el menor de sus cuidados. Estaba más dispuesto a prestárselos al desgraciado, que a aquel que sabía que podía pagarle, porque decía que éste, a falta suya, podía siempre procurarse otro médico. Al primero no solamente daba los remedios gratuitamente, sino que a menudo le dejaba con que sufragar las necesidades materiales, lo que es a veces el más útil de los medicamentos. Se puede afirmar de él que era el cura de Ars de la medicina.

El Sr. Demeure había abrazado con ardor la doctrina espiritista, en la que encontró la clave de los más graves problemas, de los cuales había vanamente pedido la solución a la ciencia y a todas las filosofías. Su espíritu profundo e investigador le hizo inmediatamente  comprender toda su importancia. También fue uno de sus más celosos propagadores. Por correspondencia se habían establecido entre nosotros relaciones de viva y mutua simpatía. Supimos su muerte el 30 de enero, y nuestro primer pensamiento fue el de conversar con él.

He aquí la comunicación que nos dio el mismo día: “Heme aquí. Había prometido, cuando vivía, que después de mi muerte vendría, si me era posible, a dar la mano a mi querido maestro y amigo Allan Kardec.”

“La muerte dio a mi alma ese pesado sueño que se llama letargo, pero mi pensamiento velaba. He sacudido esa torpeza funesta, que prolonga la turbación que sigue a la muerte. Me he despertado, y de un salto he hecho el viaje.”

“¡Qué feliz soy!. No soy viejo ni achacoso. Mi cuerpo no era más que un disfraz sobrepuesto. Soy joven y hermoso, con esa eterna juventud de los espíritus, sin pliegues que arruguen las facciones, sin cabellos que encanezcan con el tiempo. Soy ligero como el ave que atraviesa de un vuelo rápido el horizonte de vuestro cielo nebuloso, y admiro, contemplo, bendigo, amo y me inclino, átomo, ante la grandeza, la sabiduría, la ciencia de nuestro Creador, ante las maravillas que me rodean.”

“Soy dichoso, ¡estoy en la gloria!, ¡Oh!, ¿Quién podrá jamás revelar las espléndidas hermosuras de la Tierra de los elegidos, los cielos, los mundos, los soles, su misión en el gran concurso de la armonía universal?. ¡Pues bien!, Yo probaré, maestro mío, voy a hacer de ello el estudio, vendré a depositaros el homenaje de mis trabajos de espíritu, que os dedico por adelantado. Hasta luego.”

Demeure

Las dos comunicaciones siguientes, dadas el 1 y el 2 de febrero, son relativas a la enfermedad de que estoy atacado en este momento. Aunque sean personales, las reproducimos porque prueban que el Sr. Demeure es tan bueno en espíritu como lo era siendo hombre.

“Mi buen amigo, tened confianza en nosotros y buen ánimo. Esta crisis, aunque fatigosa y dolorosa, no será duradera, y con los tratamientos prescritos podréis, según vuestros deseos, completar la obra que ha sido el objeto principal de vuestra existencia. No obstante, estoy siempre a vuestro lado con el Espíritu de Verdad, quien me permite tomar en su nombre la palabra como el último de vuestros amigos que ha venido entre los espíritus. Me hacen los honores de la bienvenida.

Querido maestro, ¡qué feliz soy de haber muerto a tiempo para estar con ellos en este momento!. Si hubiese muerto más pronto, quizás os hubiera podido evitar esta crisis que no preveía. Hacía muy poco tiempo que estaba desencarnado para ocuparme de otro asunto más que de lo espiritual. Pero ahora os velará, querido maestro, vuestro hermano y amigo que está contento de ser espíritu para poder estar a vuestro lado, y cuidados en vuestra enfermedad. Conocéis el proverbio:

«Ayúdate, y el cielo te ayudará. » Ayudad, pues, a los buenos espíritus en los cuidados que os tienen, conformándoos estrictamente con sus prescripciones.”

“Hace aquí demasiado calor. Ese carbón os es nocivo. Mientras estéis enfermo, no lo encendáis. Contribuye a aumentar vuestra opresión. Los gases que de él se desprenden son deletéreos.” “Vuestro amigo.”

Demeure

“Soy yo, Demeure, el amigo de Kardec. Vengo a manifestarle que estaba cerca de él en el acto del accidente que ha tenido, y que pudo ser funesto sin una intervención eficaz, a la que he tenido la suerte de concurrir. Según mis observaciones y las noticias que he tomado de buena fuente, es evidente para mí que cuanto más pronto se verifique su desencarnación más pronto podrá reencarnarse para poder acabar su obra. Sin embargo, le es preciso dar, antes de partir, la última mano a las obras que deben completar la teoría doctrinal, de la cual es el iniciador, y se hace culpable de homicidio voluntario contribuyendo, por exceso de trabajo, a lo defectuoso de su organización que le amenaza de una repentina partida para nuestros mundos. No debe temerse señalarle toda la verdad, para que esté sobre aviso y siga literalmente nuestras prescripciones.”

Demeure

La comunicación siguiente fue obtenida en Montauban el 26 de enero, al día siguiente de su muerte, en el círculo de los amigos espiritistas que había en aquella ciudad.

“Antonio Demeure. No he muerto para vosotros, mis buenos amigos, sino para aquellos que no conocen esta santa doctrina que reúne a los que se han amado en esta Tierra, y han tenido los mismos pensamientos de amor y de caridad.”

“Soy feliz, más feliz de lo que podía esperar, porque gozo de una lucidez rara entre los espíritus separados de la materia hace tan poco tiempo. Tened valor, amigos míos, estaré a menudo cerca de vosotros, y no dejaré de instruiros sobre muchas materias que ignoramos cuando estamos sujetos a nuestra pobre materia, que nos oculta tantas magnificencias y tantos goces. Rogad por los que están privados de esta dicha, porque no saben el mal que se hacen a sí mismos.”

“No continuaré hoy mucho tiempo, pero os diré que no me encuentro del todo extraño en este mundo de los invisibles. Me parece que lo he habitado siempre. Soy feliz, porque veo a mis amigos y puedo comunicarme con ellos todas las veces que lo deseo.”

“No lloréis, amigos míos. Me haríais sentir el haberos conocido.

Dejad obrar al tiempo, y Dios os conducirá a esta morada en que debemos todos encontrarnos reunidos. Buenas noches, amigos míos, que Dios os consuele. Estoy aquí, cerca de vosotros.”

Demeure

Otra carta de Montauban contiene el relato siguiente:

“Ocultamos a la Sra. G…, médium vidente y sonámbula muy lúcida, la muerte del Sr. Demeure, para no afectar su extrema sensibilidad, y él buen doctor, comprendiendo sin duda nuestras miras, había evitado manifestarse a ella. El 10 de febrero último, estábamos reunidos a invitación de nuestros guías, que decían querían aliviar a la Sra. G… de una torcedura de pie, de la cual sufría cruelmente desde la víspera. Nada más sabíamos y estábamos lejos de pensar en la sorpresa que nos preparaban. Apenas estuvo esta señora en estado de sonambulismo, dio gritos desgarradores, señalando el pie. He aquí lo que pasó:

“La Sra. G… veía un espíritu encorvado sobre su pierna, ocultando sus facciones. Hacía fricciones, y como si hiciera maceraciones, ejerciendo de tiempo en tiempo en la parte enferma una tracción longitudinal, absolutamente como habría podido hacerlo un médico. La operación era tan dolorosa, que la paciente se abandonaba a veces a los gritos más espantosos y a grandes convulsiones. Pero la crisis no fue de mucha duración. Al cabo de diez minutos, toda señal de torcedura había desaparecido; ninguna hinchazón, el pie había tomado su apariencia normal.

La Sra. G… estaba curada.” “Sin embargo, el espíritu permanecía siempre oculto del médium, y persistía en no mostrar sus facciones. Casi se le conocía el ademán de escaparse, cuando nuestra enferma, que pocos minutos antes no podía dar un paso, de un salto se puso en medio de la habitación para coger y apretar la mano de su doctor espiritual.

Sin embargo, el espíritu había también desviado su cabeza, abandonando sólo la mano en la suya. En este momento, la Sra. G… dio un grito y cayó desmayada sobre el pavimento: acababa de reconocer al Sr. Demeure en el espíritu que la había curado. Durante el síncope recibía cuidados solícitos de muchos espíritus simpáticos.

En fin, habiendo reaparecido la lucidez sonambúlica, habló con los espíritus, cambiando con ellos apretones de manos, particularmente con el espíritu del doctor, que correspondía a sus muestras de afecto, comunicándole un fluido reparador.”

Esta escena, ¿no es acaso tierna y conmovedora?, ¿Y no se creería ver a todos estos personajes representando su papel como si estuvieran en la vida humana?, ¿No es ésta una prueba entre mil de que los espíritus son seres muy reales, teniendo un cuerpo y obrando como lo hacían en la Tierra?.

Éramos felices de volver a encontrar a nuestro amigo espiritualizado con su buen corazón y su delicada solicitud. Había sido durante su vida el médico del médium. Conocía su extremada sensibilidad, y la había tratado como a su propia hija. Esta prueba de identidad dada a los que el espíritu amaba, ¿no es interesante y muy oportuna para que la vida futura se mire bajo un aspecto más consolador?.

Observación. La situación del Sr. Demeure como espíritu es la que podía hacer presentir su vida tan digna y tan útilmente empleada. Pero otro hecho no menos instructivo resalta de estas comunicaciones: ésta es la actividad que despliega casi inmediatamente después de su muerte para ser útil. Por su alta inteligencia y sus cualidades morales, pertenece al orden de los espíritus muy avanzados. Es dichoso, pero su dicha no está en la inacción.

Hacía algunos días que curaba a los enfermos como médico, y apenas desprendido, se apresura a cuidarlos como espíritu. ¿Qué se gana, pues, con estar en el otro mundo, dirán ciertas personas, si no se goza en el descanso?. A esto les preguntaremos a su vez: ¿Creéis que no es nada el no tener los cuidados, ni las necesidades, ni los achaques de la vida, el ser libre y poder recorrer sin fatigarse el espacio, con la rapidez del pensamiento, ir a ver a sus amigos a todas horas a cualquier distancia que se encuentren?. Y añadamos que cuando estéis en el otro mundo, nadie os forzará a trabajar.

Podréis estar en una ociosa beatitud tanto tiempo como os plazca, pero os cansaréis pronto de este reposo egoísta, y seréis los primeros en pedir una ocupación. Entonces se os responderá: Si os fastidia la ociosidad, procurad buscar vosotros mismos el modo de ocuparos en algo: las ocasiones de hacerse útil no faltan, tanto en el mundo de los espíritus como entre los hombres. Así es que la actividad espiritual no se impone. Es una necesidad, una satisfacción para los espíritus que buscan las ocupaciones en relación con sus gustos y sus aptitudes, y eligen con preferencia las que pueden ayudar a su adelanto.

Allan Kardec
Extraído del libro «El cielo y el infierno»

1 comentario en “El Dr. Demeure”

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