Divaldo Franco: Gira Europea 2016

divaldo-francoEl día miércoles 25 pasado, el médium y orador espírita Divaldo Franco pronunció una conferencia en la ciudad de Frankfurt au Main, Alemania, sobre el tema Curación y Auto-curación.

El acto se llevó a cabo en la DJH Jugendherberge Frankfurt, y contó con la presencia de más de 190 personas.

La disertación comenzó con la evocación del pensamiento de Protágoras, filósofo del siglo V a. C., quien expresó que el hombre es la medida de todas las cosas, con lo que estableció el principio de la relatividad de la observación de la realidad por los seres humanos. En ese mismo sentido, 23 siglos después del filósofo griego, Emmanuel Kant expresó que la percepción de la realidad varía, de acuerdo con el estado mental de cada observador y de sus contenidos interiores. Por eso, cada individuo tendría una relación muy particular con la realidad, al percibir los fenómenos exteriores e interactuar con ellos de maneras diferentes. La Psicología moderna, pues, llegaría a la conclusión de que somos el resultado de nuestras emociones. Esa introducción tendería a explicarnos que los estados de salud y de enfermedad, así como también los procesos de curación y auto-curación dependen directamente de cómo percibimos la realidad (sea interna o externa) y cómo interactuamos con ella.

Se citó un párrafo del mensaje, La paciencia, del capítulo 9 de El Evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec, que expresa que el dolor es una bendición que Dios envía a sus elegidos. Tal afirmación, aunque aparentemente resulte extraña, adquiere un sentido profundo, positivo y lógico a la luz de la reencarnación. A partir de reconocer que hemos pasado por diversas experiencias corporales, y que hemos cometido equivocaciones que generaron en nosotros desequilibrios psicológicos y energéticos, fácil sería comprender las aflicciones del presente, como los efectos de nuestros actos negativos del pasado. En la actual reencarnación, tendríamos la oportunidad de borrar las desarmonías espirituales y energéticas, mediante la reparación de nuestras emociones y la eliminación de nuestras culpas. El dolor, por consiguiente, sería una bendición, en la medida en que representaría la misericordia de Dios, que nos propicia la oportunidad de volver a comenzar, a nosotros, que somos reincidentes en nuestras equivocaciones.

El estado natural de la criatura humana sería el estado de salud, de equilibrio. Pero a consecuencia de nuestro razonamiento aún mal orientado, de nuestras emociones inferiores y del desborde de nuestras pasiones, cuando optamos por los placeres negativos, como resultado del ego, generaríamos en nosotros los estados de falta de armonía, de desequilibrio. La divinidad habría creado un código de leyes naturales perfectas a fin de conservar el equilibrio universal. Cada vez que transgredimos esas leyes, quebramos la armonía e instalamos en nosotros el desequilibrio, de lo que resulta el estado de enfermedad.

La recuperación de ese estado – de conformidad con lo explicado -, podría fácilmente lograrse por medio de la ejercitación del Amor. Las reparaciones de nuestros actos mal orientados no necesariamente deberían producirse a través del sufrimiento. Jesús habría afirmado que el amor cubre la multitud de pecados, dejando en claro que la cura de nuestros desequilibrios y de nuestras patologías se puede obtener mediante el amor, evitando la prolongación de nuestros padecimientos. La Ley de Amor sería la base de la propuesta filosófica y psicoterapéutica del Evangelio de Jesús. Además, acerca del amor, Él lo habría presentado como la potencia más poderosa del universo. Albert Einstein habría afirmado, también, en una carta a su hija, que el amor sería una fuerza mucho más poderosa que la gravedad, que el electromagnetismo, que la fuerza cuántica intensa y que la fuerza cuántica débil.

Divaldo se refirió al enfoque relacionado con la salud, enunciado por el médico cirujano y cancerólogo estadounidense Dr. Bernie Siegel, quien habría expresado que deberíamos desarrollar 4 tipos de fe como base para nuestra salud: la fe en Dios, en el médico, en el tratamiento y en uno mismo. En esa misma línea de pensamiento, con respecto a la cura y la auto-cura por el poder de la mente y el equilibrio de nuestras emociones, la Organización Mundial de la Salud habría propuesto que cada individuo fuese el médico de sí mismo, y que siempre consultase a su propia conciencia, a los efectos de la eliminación de las tendencias nocivas y las culpas, y para una mejor orientación de su vida.

También fueron expuestas las experiencias y los descubrimientos de los neurocientíficos Dres. Michael Persinger y Vilayanur Ramachandran. A partir de imágenes obtenidas mediante tomografías con emisión de positrones, se verificó que una determinada zona del cerebro humano produciría una reacción luminosa, cada vez que la persona escuchaba el nombre de Dios, en cualquier idioma, cualquiera fuera la denominación. Esa zona cerebral habría sido denominada el punto de Dios, demostrando que somos seres portadores de la Divinidad dentro de nosotros, de conformidad con lo expresado por Jesús y confirmado por la Doctrina Espírita. A partir de ese descubrimiento, la Dra. en física Danah Zohar comenzó estudios en ese campo, y concluyó que el ser humano tendría un tercer tipo de inteligencia, mucho más importante que la inteligencia intelectual y la emocional. Sería la inteligencia espiritual, relacionada con la forma cómo el indivíduo se conecta con la trascendencia y con su realidad profunda (espiritual).

En la conclusión de las reflexiones acerca del binomio salud- enfermedad y de la cura y la autocura, Divaldo manifestó que debemos tener conciencia en cuanto a que somos Espíritus inmortales, que edificamos nuestra salud o el estado patológico mediante nuestras acciones, nuestros pensamientos y las emociones que cultivamos, en perfecta correspondencia con la ley de acción y reacción. De esa forma, sería ideal que nos propusiéramos sonreír más, hacer más el bien, amar más, siendo gentiles y agradecidos, y al realizar el viaje hacia nuestro interior elimináramos nuestros conflictos, procurando superar nuestras malas tendencias, con lo que convertiríamos nuestra existencia en una permanente primavera de amor, paz, esperanza y sueños.

Texto: Júlio Zacarchenco
Fotos: Lucas Milagre

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